Los asesinatos del sostén fueron una serie de asesinatos cometidos contra cinco trabajadoras sexuales entre 1967 y 1971 en Stamford (Connecticut). La mayoría de las víctimas eran afroamericanas o padecían una adicción activa; todas habían sido estranguladas, en ocasiones con sus propios sostenes, de ahí el nombre con el que se conocieron estos asesinatos.
Benjamin Franklin Miller, un autoproclamado predicador de Norwalk, fue acusado y posteriormente absuelto por demencia, pasando los siguientes 15 años en un centro psiquiátrico antes de ser puesto en libertad tras recurrir la sentencia en 1988. Su culpabilidad ha sido cuestionada y sigue siendo objeto de debate hasta el día de hoy.
Asesinatos Los asesinatos comenzaron el 4 de agosto de 1967 o poco después, cuando se denunció la desaparición en Stamford de Rose Ellen Pazda, de 29 años (conocida como «Sissi Rush»). A pesar de los esfuerzos de las autoridades, no pudieron localizarla hasta el 4 de abril de 1969, cuando se encontraron sus restos esqueléticos. Debido al avanzado estado de descomposición, el forense no pudo determinar la fecha exacta de su muerte.
El 2 de mayo de 1968, se denunció la desaparición de Donna Roberts, de 22 años, y fue hallada muerta al día siguiente; a ella le siguió Gloria Conn, de 21 años, el 8 de septiembre, cuyo cadáver fue hallado a solo cincuenta metros del lugar donde había sido asesinada Roberts. Conn, de Mount Vernon (Nueva York), fue la única víctima que no era natural de Connecticut.
La siguiente víctima fue Gail Thompson, de 19 años, que fue hallada estrangulada el 10 de julio de 1971 en una casa abandonada. El 22 de agosto, la quinta y última víctima confirmada, Alma T. Henry, de 34 años, fue encontrada en el interior de un contenedor de basura por dos conductores que pasaban por allí de camino a ver un partido de fútbol americano. Se diferenciaba significativamente de las víctimas anteriores, ya que no se sabía que fuera trabajadora sexual ni que tuviera una adicción activa, sino que vivía con su marido y sus cuatro hijos en Southfield Village, un complejo de viviendas sociales de Stamford.
Según las conclusiones de los investigadores, los asesinatos cesaron tras su muerte. Se estableció rápidamente un vínculo entre ellos por el hecho de que todas las víctimas habían sido halladas en un radio de 400 metros a lo largo de Merritt Parkway y porque tres de ellas (Roberts, Conn y Henry) habían sido estranguladas con sus propios sostenes.
Investigación En abril de 1969, la policía de Stamford recibió una llamada de un hombre que se identificó como un predicador llamado James Miller. El autor de la llamada les indicó dónde podían encontrar los restos de Pazda, alegando a su vez que le habían revelado la ubicación durante una conversación telefónica con un hombre al que no conocía. Como querían interrogarlo en persona, los investigadores elaboraron una lista de todos los clérigos del estado que llevaban el apellido Miller, lo que finalmente les llevó a fijarse en un residente de Norwalk: un hombre blanco de 42 años llamado Benjamin Franklin Miller.
Según los investigadores, Benjamin Franklin Miller Jr., natural de Aurora (Illinois), se trasladó a Connecticut en 1948 y, en pocos años, cambió varias veces de profesión. Ya de adolescente había mostrado signos de un trastorno mental y, debido a ello, fue encarcelado o internado en repetidas ocasiones en clínicas psiquiátricas a partir de 1951. En 1962, encontró trabajo como empleado de correos en el Servicio Postal, donde trabajó hasta principios de 1972. Miller estaba casado y tenía una hija de 12 años, pero sus familiares y compañeros de trabajo lo consideraban una persona solitaria.
Debido a su carácter introvertido y a sus dificultades para comunicarse, Miller no tenía amigos íntimos ni relaciones significativas con sus familiares. Como fanático religioso, repartía folletos religiosos mientras clasificaba el correo en el trabajo y, según se decía, admiraba al evangelista Billy Graham. De vez en cuando, mostraba un comportamiento preocupante: a menudo se sentía ansioso, temeroso, agitado o deprimido; le atormentaban pensamientos obsesivos, padecía hipocondría y tenía problemas para dormir. Miller dedicaba la mayor parte de su tiempo libre a asistir a la iglesia de la comunidad afroamericana de Stamford y, a partir de mediados de la década de 1960, se convirtió en un predicador autoproclamado que difundía sus creencias y doctrinas religiosas en una esquina, prestando especial atención a las niñas y mujeres negras.
La investigación de los asesinatos fue criticada por la mencionada comunidad afroamericana de Stamford, que acusó a la policía de negligencia debido a que las víctimas eran mujeres negras y pobres. Algunos exigieron que se llevara a cabo una investigación interna en el departamento de policía de la ciudad y que se castigara a los agentes negligentes por haber violado los derechos civiles.
Detención y enjuiciamiento de Miller Una vez incluido entre los sospechosos, Miller fue interrogado en varias ocasiones entre finales de 1971 y principios de 1972. Aunque negó su implicación en los asesinatos, admitió haber mantenido relaciones sexuales en su coche con una de las víctimas, Gail Thompson. Los exámenes forenses no revelaron rastros biológicos ni signos de relaciones sexuales en el cuerpo de Thompson inmediatamente antes de su muerte, pero las sospechas contra Miller aumentaron cuando proporcionó detalles sobre el asesinato que eran desconocidos para el público. Según los investigadores, cuando se le mostraron fotografías de las víctimas, Miller supuestamente afirmó que Thompson había sido estrangulada con un pañuelo, no con un sostén —lo cual contrastaba con lo que se había dicho en los medios de comunicación, que afirmaban que las cinco habían sido estranguladas con sujetadores—.
A finales de 1971, Miller accedió a someterse a una prueba de polígrafo, pero los resultados no fueron concluyentes debido a su estado mental alterado. Como consecuencia, se le ordenó someterse a una evaluación psiquiátrica, que concluyó que Miller padecía esquizofrenia. Por este motivo, fue internado para recibir tratamiento en el Hospital Fairfield Hills el 17 de febrero y, durante su internamiento, mostró síntomas de hipocondría y delirios clínicos.
Al cabo de un tiempo, Miller confesó de repente los asesinatos a un psiquiatra y declaró que quería hablar con los investigadores que trabajaban en el caso. El 29 de febrero, Miller confesó haber asesinado a siete mujeres en total y, según los investigadores, describió con detalle el asesinato de Thompson e indicó dónde habían sido abandonados los cadáveres de otras tres víctimas. Un día más tarde recreó varios aspectos de las escenas del crimen in situ. A raíz de ello, fue detenido frente al Hospital Fairfield Hills el 18 de marzo y acusado formalmente de los cinco asesinatos. Tras su detención, representantes del Departamento de Policía de Stamford celebraron una rueda de prensa para anunciar que habían detenido a un sospechoso, pero se negaron a dar detalles sobre lo que había llevado a su detención. El anuncio fue recibido con escepticismo por parte de miembros de la comunidad negra de Stamford, que creían que Miller no era más que un chivo expiatorio.
Tras la lectura de cargos, Miller se retractó de su confesión. En el juicio, su padre compareció como testigo de la defensa y declaró ante el tribunal que su hijo le había llamado después de confesar los asesinatos, alegando que estaba loco y que los policías le habían engañado para que confesara sin verificar sus afirmaciones. También afirmó que habían utilizado tácticas coercitivas, como amenazarle con golpearle, revelar su infidelidad, hacerle perder su trabajo y la custodia de su hijo si no firmaba la confesión. Cuando se le presionó para que explicara lo ocurrido en las reconstrucciones de la escena del crimen, dijo que era incapaz de recordar las circunstancias de los asesinatos e incluso hizo afirmaciones objetivamente inexactas, a pesar de conocer la zona y de expresar dudas sobre las conclusiones de los investigadores.
La defensa de Miller presentó una moción para que se le sometiera a una evaluación, cuyos resultados demostraron que no podía ser considerado legalmente responsable de sus actos debido a su trastorno de personalidad y a las alucinaciones que lo acompañaban. En febrero de 1973, la fiscalía accedió a retirar dos de los cargos de asesinato, y Miller fue finalmente absuelto por demencia de los tres restantes. Se le condenó a pasar los siguientes 25 años en un centro psiquiátrico y, tras concluir el juicio, fue trasladado a uno de ellos.
El sospechoso alternativo Tras el juicio de Miller, sus familiares contrataron a unos abogados que obtuvieron acceso completo a su expediente penal. Estudiaron el contenido y descubrieron la existencia de otro posible sospechoso, pero la fiscalía no lo reveló durante el juicio, por lo que se presentó un recurso de apelación.
El sospechoso alternativo era un residente de Stamford llamado Robert Lupinacci, que fue detenido en julio de 1972 mientras intentaba estrangular a una trabajadora sexual negra en el mismo barrio donde se habían encontrado las otras víctimas. Los investigadores descubrieron que pasaba gran parte de su tiempo libre en los barrios rojos de la ciudad y que conocía a muchas trabajadoras sexuales y proxenetas, a pesar de ser un conocido racista. Los cadáveres de las tres mujeres supuestamente asesinadas por Miller fueron hallados a menos de treinta metros del lugar donde fue detenido Lupinacci, y su coche fue visto en varias ocasiones cerca de las escenas del crimen. En 1967, fue visto en varios bares de las afueras de Port Chester (Nueva York), frecuentado por una de las víctimas, y los empleados del Hotel Hazelton informaron al año siguiente de que habían visto a una de las víctimas alojada en la misma habitación de hotel que Lupinacci.
En 1971, Lupinacci trabajaba en el mismo motel en el que se alojaba Gail Thompson, con quien, al parecer, tenía relación. Se sabía que tenía un impulso sexual desmesurado y que estaba obsesionado con el sexo, por lo que solía ver y coleccionar fotografías y vídeos pornográficos. Tras su detención, la policía encontró una baraja de cartas pornográficas en el maletero de su coche, en la que destacaba la ausencia de la reina de corazones; se encontró una carta similar cerca del cadáver de Thompson. Además, Thompson fue vista por última vez subiendo a un coche cuyo color y características coincidían con los del coche de Lupinacci, y tras descubrir sus restos, la policía encontró a un testigo que afirmó haber visto un vehículo similar al de Lupinacci circulando por la zona en varias ocasiones. Al registrar el maletero de su coche, los investigadores encontraron varios mechones de pelo de mujer, que más tarde se determinó que pertenecían a una mujer negra. Y, por último, era socio de un club llamado «The German-American Club», situado en el barrio de Gray Rocks Place, en Stamford, desde donde Henry desapareció en agosto de 1971.
Segundo juicio y consecuencias En 1988, el Tribunal de Apelación del Segundo Circuito aceptó la petición de los abogados y ordenó un nuevo juicio para Miller. En el nuevo juicio, el tribunal dictaminó que su confesión no era válida porque la policía de Stamford había utilizado tácticas coercitivas durante los interrogatorios, y el juez dictaminó que probablemente se trataba de un error judicial. Teniendo en cuenta la salud mental de Miller; la escasa credibilidad de su confesión; sus problemas de salud y las pruebas que apuntaban a la culpabilidad de Lupinacci, se retiraron todos los cargos contra él y fue absuelto oficialmente.