Las inundaciones de Valladolid de 1636 tuvieron lugar el 4 de febrero de 1636, tras una avenida de los ríos Pisuerga y Esgueva que anegó la ciudad castellana de Valladolid (España). Provocada por el deshielo repentino de las nieves de la Montaña Palentina y por lluvias continuadas durante cuarenta y ocho horas, causó según los cómputos de la época más de ciento cincuenta muertos y la ruina de unos ochocientos edificios, entre ellos numerosos conventos, iglesias y edificios públicos. Está considerada la mayor catástrofe de este tipo padecida por la ciudad.

Antecedentes El traslado definitivo de la corte a Madrid en 1606 había privado a Valladolid de su breve condición de capital y abierto un periodo de declive del que la ciudad no llegó a reponerse. A esa pérdida de peso político se sumó, ya en el reinado de Felipe IV de España, una sucesión de calamidades que comenzó en 1626 con una violenta crecida del Pisuerga y del Esgueva en la que hubo que lamentar cuantiosos daños. Entre 1629 y 1631 la pérdida de las cosechas provocó una hambruna que llegó al extremo de que los pobres morían en las calles sin poder ser socorridos; el consistorio, sin fondos para atajarla, hubo de recurrir a la caridad de las corporaciones y del vecindario, y consta que la Universidad entregó al ayuntamiento trescientos ducados de sus propios caudales para el socorro de los necesitados.

La crecida El 4 de febrero de 1636, tras unos vientos intensos que deshicieron con rapidez las nieves de la montaña y unas lluvias que se prolongaron durante cuarenta y ocho horas, el Pisuerga y el Esgueva comenzaron a crecer simultáneamente hacia las siete de la mañana. Tres horas después las aguas del Pisuerga rebasaban ya el pretil del Puente Mayor y las del Esgueva habían invadido las calles principales de la ciudad. La rapidez de la avenida inutilizó las prevenciones que había dispuesto el corregidor para contener la riada.

Daños Margen derecha del Pisuerga La corriente arruinó el monasterio de los Santos Mártires (cuyos monjes se refugiaron en unas casas-mesones de la calle de Teresa Gil pertenecientes al marqués de Almenara, donde después se fundó el oratorio de San Felipe Neri), así como las tapias y casas de las riberas, el convento de la Victoria, varias casas de aquel barrio y el hospital de San Lázaro, del que solo quedó en pie la iglesia. Padecieron también el convento de monjas de San Bartolomé, construido por entonces, cuya comunidad se acogió al de trinitarios descalzos; el ingenio que elevaba el agua a la Huerta del Rey junto con las tapias y edificios de esta, y el monasterio del Prado, en cuyo refectorio el agua alcanzó una vara de altura.

Margen izquierda del Pisuerga Los estragos fueron aquí mayores. Quedaron completamente inundados los conventos de monjas de San Nicolás y de Santa Teresa, y destruida parte de las casas del Barrio Nuevo (actualmente conocido como barrio de San Nicolás). Sufrieron graves daños el palacio de los Condes de Benavente y el convento de monjas de Santa Catalina, mientras que el de San Quirce quedó arruinado salvo la iglesia; las religiosas de ambas comunidades se hospedaron en el palacio real y desde allí pasaron, las de Santa Catalina al convento de la Madre de Dios y las de San Quirce a las casas del conde de Gondomar. Igual suerte corrió el colegio de San Gabriel, y peligraron el convento de San Agustín y parte del de San Benito. También sucumbieron la cárcel de la ciudad, la Casa de la Moneda y el teatro, y las aguas destruyeron parte de la iglesia de San Lorenzo. El convento de la Trinidad Calzada solo perdió las tapias de la huerta, y al topar la corriente con la baranda del Espolón Viejo se arruinaron muchas de las casas de las Tenerías. Desapareció asimismo el antiguo convento de los capuchinos, situado entonces fuera de las puertas de Madrid.

Ramales del Esgueva El hecho de que el Esgueva atravesara la ciudad dividido en dos ramales hizo que sus daños superaran con mucho a los del Pisuerga. El ramal que entraba por el Prado de la Magdalena derribó las tapias del convento de la Madre de Dios y gran número de casas en las calles de la Solana Alta, Esgueva y los Moros y en la plazuela de las Carnicerías -actual plaza de la Libertad-); en la casa-hospital de Orates de la actual calle de Cánovas del Castillo murieron ahogadas tres personas. Los efectos más destructivos se concentraron, sin embargo, en las calles del Cañuelo (actual Bajada de la Libertad), Cantarranas (actual Macías Picavea), Platería, Especería y la Rinconada. En esta última se desplomaron a un tiempo cinco casas-mesones, bajo cuyas ruinas quedó sepultado un número indeterminado de forasteros; otro derrumbe semejante se produjo en varios edificios inmediatos al monasterio de San Benito, entre cuyos escombros se hallaron numerosos cadáveres de mujeres y niños. El segundo ramal, que discurría por el barrio de San Juan, causó menos daño gracias a la mayor profundidad de su cauce y se limitó a destruir algunas tapias y la enfermería del convento de monjas de San Felipe de la Penitencia.

Consecuencias El número de muertos se cifró en más de ciento cincuenta y el de edificios arruinados en ochocientos. A ello se sumó la pérdida de todo tipo de bienes materiales y de comestibles de todo género almacenados en bodegas y almacenes que no pudieron vaciarse a tiempo por la rapidez con que el agua ganó la población.

Durante los dos días que duró la catástrofe destacó la actuación de las autoridades y de algunos vecinos principales, que recorrían en barcas las calles anegadas para auxiliar a los habitantes de las casas anegadas.

El martes siguiente se llevaron en procesión solemne a la catedral las imágenes de Nuestra Señora de San Lorenzo y la Virgen del Pozo, que durante la crecida habían sido trasladadas. Para perpetuar la memoria del suceso, las monjas de Santa Teresa colocaron en el muro exterior de su convento (situado a más de 300 metros del cauce del Pisuerga), al pie de una cruz de madera una inscripción que registraba la altura alcanzada por el Pisuerga el 4 de febrero de 1636 y que aún se conserva en la actualidad.

Se editó un pliego impreso dos días después del suceso, en casa de Francisco Ruiz Valdivieso, con el título "Suceso lastimoso que en la ciudad de Valladolid ha causado la inundacion del Rio Pisuerga, y la Esgueua que va por dentro, y fuera de la ciudad desde el lunes de Carnestolendas por la mañana, que fue quatro de febrero, hasta el martes en todo el dia de este año de 1636".

Referencias

Bibliografía

Categoría:Inundaciones en España Categoría:Historia de Valladolid Categoría:España en 1636 Categoría:Desastres en los años 1630