El movimiento obrero en Guipúzcoa entre 1900 y 1936 se desarrolló en paralelo a la consolidación de la industrialización de la provincia. Su evolución presentó características diferenciadas respecto a otras zonas industriales próximas, especialmente Vizcaya, debido a un modelo industrial diversificado y territorialmente disperso, con un importante peso de las pequeñas y medianas empresas.

Durante las primeras décadas del siglo XX se consolidaron las organizaciones socialistas y el sindicalismo vinculado a la Unión General de Trabajadores (UGT), al tiempo que aparecieron otras corrientes sindicales. Entre ellas destacó Solidaridad de Obreros Vascos (SOV), fundada en 1911 y posteriormente denominada Solidaridad de Trabajadores Vascos (STV), sindicato nacionalista vasco de orientación socialcristiana y próximo al Partido Nacionalista Vasco. Junto a estas organizaciones se desarrollaron el sindicalismo católico, el comunista y el anarcosindicalismo.

La afiliación sindical experimentó un importante crecimiento durante el primer tercio del siglo XX, especialmente durante la Segunda República. En 1933 alrededor del 30,8 % de la población activa guipuzcoana estaba afiliada a alguna organización sindical y, en vísperas de la Guerra Civil, STV y UGT constituían las dos principales centrales de la provincia.

miniaturadeimagen|372x372px|Manifestación sindical por las calles de San Sebastián

Orígenes La formación del movimiento obrero estuvo vinculada al crecimiento de la industria guipuzcoana durante las últimas décadas del siglo XIX. En Guipúzcoa se desarrolló un tejido fabril diversificado y distribuido por diferentes valles y localidades.

Entre los principales núcleos industriales se encontraban San Sebastián, Tolosa, Éibar, Irún y las localidades de los valles del Oria y el Deba. La industria metalúrgica convivió con sectores como el papelero, textil y alimentario, configurando una población trabajadora igualmente dispersa.

Organizaciones y corrientes sindicales El movimiento obrero guipuzcoano estuvo caracterizado por una considerable pluralidad sindical. Durante el primer tercio del siglo XX coexistieron organizaciones socialistas, nacionalistas vascas, anarcosindicalistas y católicas, cuya implantación varió según las localidades y sectores económicos.

La UGT, vinculada al socialismo, fue una de las principales organizaciones sindicales de la provincia. Su crecimiento estuvo ligado a la expansión de las agrupaciones socialistas y tuvo especial importancia en determinados centros y sectores industriales.

Solidaridad de Trabajadores Vascos (STV), situada en la órbita del PNV, desarrolló una concepción sindical diferenciada de la socialista y rechazó la lucha de clases como principio rector de las relaciones laborales. Durante las décadas siguientes experimentó un notable crecimiento hasta convertirse, durante la Segunda República, en la organización sindical con mayor número de afiliados de Guipúzcoa.

El anarcosindicalismo, representado principalmente por la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), tuvo una implantación provincial menor, aunque alcanzó una influencia considerable en determinados sectores y localidades, especialmente entre los trabajadores vinculados al puerto de Pasajes.

Junto a estas corrientes se desarrolló el sindicalismo católico, integrado por distintas organizaciones confesionales y profesionales. Dentro de este ámbito destacó la Federación de Sindicatos Obreros Femeninos de Nazaret, organización guipuzcoana dirigida específicamente a las mujeres trabajadoras y cuyo principal núcleo se encontraba en San Sebastián. Agrupaba sindicatos profesionales femeninos, entre ellos los de modistas, sombrereras y empleadas, y combinaba la representación de los intereses laborales con actividades educativas, mutualistas y asistenciales. La Federación mantuvo además escuelas nocturnas en San Sebastián destinadas a la formación de las trabajadoras.

El crecimiento del sindicalismo y de la conflictividad laboral impulsó también la organización de los empresarios. Tras la Primera Guerra Mundial, y en un contexto de creciente movilización obrera, se constituyó la Federación Patronal de Guipúzcoa. Posteriormente, en 1924, se creó la Liga Guipuzcoana de Productores, que agrupó a importantes empresas industriales de la provincia y se convirtió en una de las principales organizaciones de representación de los intereses empresariales guipuzcoanos. Durante la Segunda República figuraba como organización patronal representativa de numerosos sectores industriales. Principales reivindicaciones obreras Las reivindicaciones del movimiento obrero guipuzcoano se centraron principalmente en la mejora de los salarios y la reducción del tiempo de trabajo. Ambas demandas aparecen de forma recurrente en los conflictos laborales registrados durante las primeras décadas del siglo XX, tanto de manera independiente como combinadas en una misma huelga.

La mejora salarial fue una de las reivindicaciones más frecuentes, especialmente durante los periodos de encarecimiento del coste de la vida. La inflación experimentada durante y después de la Primera Guerra Mundial intensificó las demandas de aumento de los jornales y contribuyó al crecimiento de la conflictividad.

La reducción del tiempo de trabajo constituyó otra de las principales aspiraciones. Entre las demandas obreras figuró la jornada de ocho horas, cuya reivindicación aparece documentada en conflictos laborales guipuzcoanos como los protagonizados por moldeadores y fundidores de Éibar y trabajadores textiles de Vergara. La jornada de ocho horas fue establecida con carácter general en España en 1919. Dentro de este proceso se desarrolló también la reivindicación del denominado sábado inglés, consistente en finalizar anticipadamente la jornada del sábado para ampliar el descanso semanal.

La seguridad laboral adquirió asimismo una importancia creciente. Las organizaciones obreras reclamaron una mayor protección frente a los accidentes de trabajo y el desarrollo de mecanismos de previsión para situaciones de enfermedad, incapacidad y vejez.

Trabajo femenino y de menores Las mujeres constituían una parte significativa de la población obrera guipuzcoana, aunque su presencia variaba considerablemente según los sectores. En 1923-1924 representaban aproximadamente el 26,6 % de la mano de obra industrial, con porcentajes especialmente elevados en el tabaco (85,9 %), el textil (63,8 %) y la alimentación (37,7 %).

Las trabajadoras participaron también en la conflictividad laboral. Entre los conflictos protagonizados por mujeres se encontraron la huelga de las trabajadoras de una fábrica de cerillas de Irún en 1903 y las huelgas del sector alpargatero de Azcoitia de 1920 y 1922, en las que participaron trabajadoras vinculadas al sindicalismo católico.

El trabajo infantil continuó formando parte de la realidad laboral guipuzcoana durante las primeras décadas del siglo XX. La Ley de 13 de marzo de 1900 prohibió el trabajo de los menores de diez años y estableció limitaciones de jornada para los trabajadores de entre diez y catorce años. Su aplicación fue inicialmente irregular: la Inspección de Trabajo documentó todavía en 1909 actuaciones relacionadas con el trabajo abusivo de menores.

Dictadura de Primo de Rivera La instauración de la dictadura de Primo de Rivera en 1923 modificó el marco de actuación del movimiento obrero guipuzcoano. El régimen restringió la actividad sindical y reprimió especialmente al anarcosindicalismo, mientras impulsó un modelo corporativo de relaciones laborales basado en los comités paritarios, organismos integrados por representantes de trabajadores y empresarios.

Segunda República La proclamación de la Segunda República en 1931 abrió una etapa de intensa movilización sindical. La ampliación de las libertades políticas y sindicales, junto con los efectos de la crisis económica iniciada en 1929, favoreció tanto el crecimiento de las organizaciones obreras como el aumento de la conflictividad laboral.

Durante estos años se produjo una notable expansión de la afiliación sindical. En 1933 alrededor del 30,8 % de la población activa guipuzcoana estaba afiliada a alguna organización. Las dos principales centrales fueron UGT y STV, a las que se sumaban organizaciones de menor implantación provincial como la CNT y la comunista Confederación General del Trabajo Unitario (CGTU).

El crecimiento de STV fue especialmente significativo. La organización amplió su presencia territorial durante los años republicanos y acabó superando a UGT en número de afiliados. En vísperas de la Guerra Civil se había convertido en la principal central sindical de Guipúzcoa.

En julio de 1936, la afiliación aproximada de las principales organizaciones era: OrganizaciónAfiliadosSTV≈ 16.000UGT≈ 10.000CNT≈ 1.200

Guerra Civil El estallido de la Guerra Civil en julio de 1936 interrumpió el desarrollo del movimiento sindical durante la República. Las organizaciones obreras participaron en la movilización política y militar desencadenada tras la sublevación.

El anarcosindicalismo, representado principalmente por la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), pese a su limitada afiliación y extensión territorial, desarrolló una importante capacidad de movilización. Los militantes cenetistas participaron destacadamente, junto con otras organizaciones obreras y fuerzas leales a la República, en los combates que condujeron al fracaso de la sublevación militar en San Sebastián y posteriormente adquirieron una influencia considerable en la situación revolucionaria creada en la ciudad.

La conquista de Guipúzcoa por las fuerzas sublevadas durante el verano y comienzos del otoño de 1936 supuso la prohibición de las organizaciones sindicales y políticas vinculadas al régimen republicano. Parte de sus militantes y dirigentes sufrió la represión, mientras otros huyeron hacia Vizcaya o marcharon posteriormente al exilio.

Véase también

San Sebastián durante la Guerra Civil: julio-septiembre de 1936

Referencias

Categoría:Historia de Guipúzcoa Categoría:Movimiento obrero en España