miniatura|El Cabo San Agustín, uno de los nueve mercantes cuyas dotaciones quedaron retenidas en la Unión Soviética.

Los marinos mercantes españoles retenidos en la Unión Soviética fueron los integrantes de las dotaciones de nueve buques que, tras transportar suministros desde puertos soviéticos a la zona controlada por la Segunda República Española durante la guerra civil española, quedaron inmovilizados con sus barcos en Odesa, Feodosia y Múrmansk entre 1937 y 1938. Las autoridades soviéticas terminaron incorporando los buques a su flota. Parte de los tripulantes regresó antes o poco después del final de la guerra, mientras otros permanecieron en la URSS, se incorporaron a empleos soviéticos o fueron internados en prisiones y campos de trabajo.

La historiografía los ha denominado «marinos republicanos», «marinos de Odesa» y «marinos del Gulag». La primera expresión describe el servicio que prestaban sus buques al Gobierno republicano, pero no acredita por sí sola la ideología de cada tripulante. El colectivo no era políticamente homogéneo: unos solicitaron volver a España, otros instalarse en la Unión Soviética y otros salir hacia Francia, México u otros países. Una reseña académica de la monografía de 2025 dedicada al episodio ha objetado precisamente que el adjetivo «republicanos» no define con exactitud a un colectivo profesional que los propios autores presentan como ajeno a los dos polos ideológicos entre los que quedó atrapado.

Las cifras dependen del momento y del universo documental considerado. La monografía publicada por José Vicente García Santamaría y Juan Carlos Sánchez Illán en 2025 estima que las dotaciones inicialmente retenidas pudieron sumar entre algo más de quinientos y un máximo teórico de 557 tripulantes; una revisión estadística de Luiza Iordache documentó 284 todavía presentes en territorio soviético en abril de 1939, después de varias repatriaciones. En el verano de 1939 regresaron otros 129 y en otoño quedaban unos 156. En junio de 1941, una orden de Lavrenti Beria dispuso el traslado a Norilsk de un grupo que las reconstrucciones cifran en 45 o 48 marinos, además de 25 pilotos y un maestro españoles.

Contexto

La flota mercante durante la Guerra Civil

Al comenzar la guerra civil, sindicatos y autoridades republicanas se hicieron con el control de los mercantes situados en su zona. El Gobierno incautó la Compañía Trasmediterránea y la Compañía Trasatlántica y, desde finales de julio de 1936, otros buques a su alcance. En octubre creó la Gerencia de Buques Incautados, sustituida en 1938 por la Gerencia Oficial de la Flota Mercante Española. A partir de 1937, varios de los barcos más modernos y rápidos fueron destinados al transporte de armas, materias primas y alimentos desde la Unión Soviética.

Los buques y sus tripulaciones civiles quedaron sometidos a la administración creada por el Gobierno, pero las fuentes disponibles no permiten deducir una misma motivación para todos sus integrantes. La investigación de García Santamaría y Sánchez Illán señala la existencia de comités de guerra que tomaron partido por la República, a la vez que subraya la pérdida de archivos y la imposibilidad de reconstruir de forma completa los roles, mandos y viajes. La monografía publicada por los mismos autores en 2025 define a las dotaciones como trabajadores en comisión de servicio.

La historiadora Victoria Fernández Díaz distingue entre los militares de la Armada destinados como artilleros y el personal mercante que conservaba sus puestos habituales. Según su investigación, estos últimos no fueron seleccionados por ideología y podían perder su trabajo y las ventajas adquiridas en la naviera si rehusaban la misión; documentó incluso la presencia de tripulantes contrarios a la República. La autora califica de «forzoso» el destino de los marinos de la Armada porque respondía a una orden, pero advierte que en ese grupo también pudo existir afinidad o voluntariedad. Estas condiciones generales no permiten determinar la decisión personal de cada tripulante sin su expediente o rol de embarque.

Los nueve buques

Los barcos quedaron en tres puertos soviéticos. La relación consolidada por García Santamaría y Sánchez Illán es la siguiente:

Buque Naviera de origen Puerto soviético Juan Sebastián Elcano Compañía Trasatlántica Española Odesa Cabo San Agustín Ybarra y Compañía Feodosia Ibai (antes Cabo Quilates) Ybarra y Compañía Múrmansk Marzo Naviera Bilbao Múrmansk Ciudad de Tarragona Compañía Trasmediterránea Odesa Ciudad de Ibiza Compañía Trasmediterránea Odesa Isla de Gran Canaria Compañía Trasmediterránea Odesa Mar Blanco Compañía Marítima del Nervión Odesa Inocencio Figaredo Naviera Inocencio Figaredo Odesa

La retención no se produjo en una sola fecha. Los buques habían llegado a los puertos soviéticos desde el verano de 1937 y durante 1938. La historiografía española habla de retención e incautación; la documentación sobre el Cabo San Agustín también ha sido interpretada como una adquisición soviética. García Santamaría y Sánchez Illán señalan que no está aclarado si la incautación constituyó una compensación de deudas ni cuál fue su contrapartida económica.

Retención y primeras repatriaciones

En el verano de 1938, cuando todavía continuaba la guerra, el Gobierno republicano repatrió aproximadamente a 162 tripulantes del Isla de Gran Canaria, el Mar Blanco, el Ciudad de Ibiza y el Ciudad de Tarragona, permaneciendo principalmente sus capitanes y primeros maquinistas. En los meses anteriores al desenlace de la guerra, las autoridades soviéticas concentraron en Odesa a los restantes; unos setenta solicitaron residencia en la URSS, obtuvieron autorización y fueron destinados progresivamente a fábricas, navegación interior o, en unos pocos casos, a la Flota Mercante del Mar Negro.

Iordache había estimado en 2010 que en abril de 1939 quedaban «unos 285» marinos; en 2013 revisó la estadística y fijó un total de 284: 107 del Cabo San Agustín, 101 del Juan Sebastián Elcano, 42 del Inocencio Figaredo, cuatro del Ibai, tres de cada uno de los buques Mar Blanco, Ciudad de Ibiza y Ciudad de Tarragona, dos del Isla de Gran Canaria, uno del Marzo y dieciocho cuya procedencia no pudo determinar.

Tras el final de la guerra, las autoridades soviéticas trasladaron a los marinos desembarcados en Odesa a una residencia dependiente del Comisariado del Pueblo para la Marina. El grupo se dividía entre quienes deseaban regresar a España, quienes pedían residir en la URSS y quienes aspiraban a marchar a un tercer país, especialmente Francia o México. El 10 de abril de 1939 el Comité Central soviético aprobó la salida hacia países latinoamericanos de quienes así lo solicitasen. Una segunda resolución, del 1 de julio y adoptada a propuesta de Beria, autorizó tanto la repatriación de quienes querían regresar a España como la obtención de visados y su transporte hacia terceros países.

Durante el verano regresaron 129 marinos mediante Turquía. El Svanetia desembarcó en Estambul en julio a 95 tripulantes del Juan Sebastián Elcano, el Inocencio Figaredo y el Ciudad de Tarragona, y en agosto a otros 34 del Cabo San Agustín; desde allí fueron repatriados gradualmente a España. En otoño quedaban aproximadamente 156 tripulantes. Los residentes que habían aceptado empleo fueron distribuidos por ciudades como Rostov, Kramatorsk, Cheliábinsk, Simferópol y Dnipropetrovsk (actual Dnipró), o destinados a barcos de navegación interior.

Los intentos de obtener visados mexicanos y de tránsito estadounidense fracasaron en el contexto del estallido de la Segunda Guerra Mundial. El 28 de enero de 1940, después de que México denegara los visados solicitados por vía diplomática, Viacheslav Mólotov encargó a Beria, al Consejo Central de los Sindicatos y al Comisariado de Marina que regularizasen la situación y procurasen colocar laboralmente a los marinos. Una parte del grupo reorientó entonces sus solicitudes hacia España, donde vivían sus familias.

Entre mayo y octubre de 1940 el Gobierno soviético comunicó mediante la diplomacia alemana que permitiría la salida colectiva de 52 o 53 marinos. El Gobierno franquista rechazó en noviembre la repatriación colectiva y sometió los nombres a investigaciones políticas; posteriormente concedió permisos individuales y siete marinos lograron regresar entre enero y junio de 1941. En abril de 1941, un nuevo contacto entre los agregados navales soviético y español en Berlín confirmó que la URSS no se oponía a la salida y entregó una lista de 78 españoles: 53 marinos, dieciocho pilotos y siete educadores de los «niños de la guerra». La invasión alemana de la URSS interrumpió la mediación cuando todavía había permisos españoles aprobados o en tramitación.

Participación en la guerra germano-soviética

La invasión alemana de junio de 1941 abrió una trayectoria distinta a la del internamiento. Iordache identificó a 33 marinos españoles que combatieron en guerrillas soviéticas y a dos fallecidos. La relación no equivale al conjunto de las dotaciones retenidas ni permite atribuir la misma motivación a todos sus integrantes.

Los guerrilleros españoles actuaron, junto con combatientes soviéticos, en los frentes de Moscú-Kalinin y en zonas ocupadas de Bielorrusia, Járkov, Odesa, el mar de Azov, Rostov, Crimea, el Cáucaso y Stalingrado. Sus misiones incluyeron la colocación de minas, destrucción de vías y puentes, sabotaje de trenes y camiones, ataques en la retaguardia y transmisión de información sobre las fuerzas alemanas. Su incorporación fue paulatina y coexistió con la resistencia inicial de las autoridades soviéticas y de la dirección del PCE, que pretendían reservar a los españoles para un eventual combate futuro en España.

Arrestos e internamiento

Detenciones de 1940

El 27 y 28 de abril de 1940 el NKVD detuvo en Odesa a seis oficiales que habían protestado contra su situación, se negaban a trabajar y reclamaban su salida de la URSS: Ángel Leturia Arrambari, capitán del Mar Blanco; Pío Izpizúa Imatz, Juan Izquierdo Zugasti y Julián Bilbao Lecica, primer, segundo y tercer maquinistas del Cabo San Agustín; Domingo García Mieytes, maquinista del Ciudad de Tarragona; y José Sáez Menéndez, primer maquinista del Inocencio Figaredo. Las fuentes posteriores confundieron fechas, cargos y nombres, rectificados por Iordache a partir de informes procedentes de Odesa y expedientes personales.

Las trayectorias posteriores fueron desiguales y en varios casos permanecen incompletas. Un informe citado por Iordache presentó a Pío Izpizúa como condenado a catorce años de campos de concentración; regresó a España en mayo de 1957 y fue readmitido por Ybarra. Domingo García Mieytes sobrevivió al Gulag y quedó internado en Astracán. España autorizó su entrada el 17 de diciembre de 1959, pero ocho meses después todavía no había podido salir y escribió al Comité Internacional de la Cruz Roja. La Dirección General de Seguridad renovó el permiso el 12 de mayo de 1961 y el 19 de octubre de 1964; la documentación consultada por Iordache acredita que la salida seguía bloqueada al menos el 20 de octubre de 1964 y no permite establecer su destino posterior. De varios de los otros detenidos tampoco llegó a conocerse un destino seguro.

Norilsk y Karagandá

El 21 de junio de 1941, ante la negativa de parte del grupo a aceptar empleos mientras reclamaba abandonar el país, el Consejo Central de los Sindicatos Soviéticos informó de que quedaban 75 marinos mantenidos en un hotel de Odesa y pidió que cesara su manutención y que fueran enviados a campos del NKVD. El 26 de junio Beria ordenó trasladar al campo número 5110/32 de Norilsk a un contingente de marinos, junto con 25 pilotos de la última promoción de Kirovabad y el maestro Juan Bote García.