Las relaciones Chile-Sudáfrica durante la dictadura militar abarcan el conjunto de vínculos diplomáticos, militares, de inteligencia y comerciales establecidos entre la dictadura militar chilena, encabezada por el general Augusto Pinochet, y el régimen del apartheid de Sudáfrica, en el período comprendido entre 1973 y 1990. Esta alianza se sustentó en el anticomunismo compartido, el aislamiento internacional que ambos regímenes enfrentaban y la necesidad mutua de eludir sanciones y embargos.
A diferencia de otros países que mantenían una postura ambigua frente al apartheid —condenándolo públicamente mientras colaboraban en secreto con la inteligencia militar sudafricana—, la dictadura chilena no necesitó mantener esa doble fachada. Como ambos regímenes compartían la condición de parias internacionales y enfrentaban condenas por sus sistemáticas violaciones a los derechos humanos, Chile no enfrentaba un costo diplomático adicional por vincularse abiertamente con Sudáfrica. En palabras del artículo de CIPER, «no fue necesario esconder la relación». No obstante, los aspectos más sensibles de la cooperación —como la elusión de embargos, el intercambio de inteligencia y los planes para perpetuar la alianza— se manejaron a través de canales militares secretos. Documentos de inteligencia sudafricanos desclasificados en 2015 revelaron que, hacia el final del régimen de Pinochet, Sudáfrica diseñó un plan de «atadura» para perpetuar los lazos militares con Chile incluso ante un eventual retorno a la democracia.
Contexto histórico
Establecimiento de relaciones diplomáticas Las relaciones diplomáticas formales entre Chile y Sudáfrica se iniciaron en 1976, con el nombramiento de un Cónsul General chileno en el país africano. En 1981, la dictadura militar designó al primer Embajador de Chile en Sudáfrica, cargo que fue encomendado a un General de Ejército. Durante el resto de la década de 1980, otros dos militares en retiro fueron acreditados para encabezar la representación diplomática chilena en Pretoria.
En ese período, la cooperación de tipo castrense se constituyó en el elemento prioritario de la relación bilateral. Ambos países sufrían, en mayor o menor grado, problemas de aislamiento internacional y, por esta vía, lograron superar diversas situaciones de emergencia que cada uno debió enfrentar en esos años.
El ascenso de Pinochet y la convergencia ideológica Augusto Pinochet llegó al poder en 1973 mediante un golpe de Estado que derrocó al presidente democráticamente electo Salvador Allende. Su gobierno de diecisiete años se caracterizó por ejecuciones extrajudiciales, tortura, represión sistemática y corrupción. Según el artículo de CIPER, «no es sorprendente que el gobierno sudafricano del apartheid encontrara en Pinochet un cercano aliado». El mismo artículo añade que «el Chile de Pinochet se caracterizaba por tener una agenda de derecha, con un Estado que respaldaba la violencia y el abuso sistemático de los derechos humanos. Esto constituyó el perfecto segundo hogar para el régimen del apartheid y sus oficiales».
En septiembre de 1982, con motivo de los actos conmemorativos del Día del Ejército chileno realizados en Pretoria, representantes de las Fuerzas Armadas de ambos países declararon que «ambos ejércitos combaten al mismo enemigo: el marxismo internacional y el terrorismo que este alimenta».
Cooperación militar
Visitas de alto nivel y condecoraciones La colaboración entre las fuerzas armadas de ambos países fue extensa y combinó tanto actos públicos —como visitas oficiales y condecoraciones— como operaciones secretas de transferencia de tecnología militar e inteligencia.
En 1985, en un contexto de crecientes sanciones internacionales contra Sudáfrica, el ministro de Defensa chileno, vicealmirante Patricio Carvajal, visitó ese país y declaró que «el apartheid ha sido magnificado por la prensa internacional», que «existe incomprensión en el mundo y en los organismos internacionales por los problemas de la República de Sudáfrica» y que «el imperialismo soviético deforma los incidentes que pudieran ocurrir tanto en Sudáfrica como en Chile».
En 1986, Adriaan Vlok, entonces viceministro de Defensa sudafricano, viajó a Chile para participar en la Feria Internacional del Aire y del Espacio (FIDAE). Vlok —quien posteriormente adquiriría notoriedad como ministro de Ley y Orden del primer ministro P.W. Botha— fue acompañado por una delegación de la compañía estatal de armamento Armscor. Su itinerario incluyó visitas a campos de entrenamiento militar y reuniones con oficiales chilenos de alto rango.
Al regresar a Sudáfrica, Vlok escribió una carta de agradecimiento al comandante en jefe de la Fuerza Aérea de Chile, Fernando Matthei Aubel, en los siguientes términos:
Años más tarde, entrevistado para el libro Apartheid, armas y dinero, Vlok fue consultado sobre la cercanía de Sudáfrica con países que registraban graves violaciones a los derechos humanos. Su respuesta fue: «Nunca pregunté por esos temas, yo no soy ese tipo de persona».
Estos contactos continuaron en múltiples formas. Cada país condecoró con sus más altas distinciones a los oficiales superiores del otro, y el gobierno sudafricano envió sistemáticamente a exmilitares como embajadores en Chile.
Pese a la intensidad de estos intercambios, no se tiene registro de que el régimen de Pretoria haya cursado una invitación al general Pinochet para visitar Sudáfrica, a diferencia de lo ocurrido con casi todos los demás miembros de la Junta de Gobierno chilena.
Elusión de embargos y transferencia de tecnología Ambos países enfrentaban embargos internacionales de armas —Sudáfrica por el apartheid y Chile por las violaciones a los derechos humanos—, por lo que parte central de la agenda bilateral fue colaborar para burlar dichas sanciones. Chile actuó como intermediario para que Sudáfrica pudiera acceder a armamento y tecnología que no podía obtener por sí misma. La cercanía de la dictadura chilena con Estados Unidos y el respaldo de la CIA a Pinochet facilitaban el acceso a inteligencia y equipos que el régimen sudafricano codiciaba.
En marzo de 1988, el equipo de guerra electrónica de la Fuerza Aérea Sudafricana (SAAF) visitó Chile. Los archivos de inteligencia de Defensa sudafricanos revelan que el propósito de dicha visita fue examinar un avanzado equipo de resonancia electrónica que la Fuerza Aérea chilena había desarrollado con asistencia intensiva de Estados Unidos. Los chilenos requerían equipo soviético para probar la efectividad de sus nuevos sistemas, y la SAAF había capturado radares de origen ruso en sus operaciones en Namibia y Angola.
El entonces jefe del equipo de inteligencia sudafricano describió el beneficio de esta cooperación como:
Apoyo chileno en la guerra fronteriza sudafricana Durante la guerra fronteriza sudafricana en Angola, el ejército sudafricano (SADF) se enfrentó a la necesidad de interceptar comunicaciones en español entre los combatientes cubanos que pilotaban aviones MiG. Chris Thirion, ex alto oficial de inteligencia militar sudafricano, confirmó en una entrevista para el libro Apartheid, armas y dinero que mantenía «una muy buena relación» con el jefe de inteligencia chilena. Explicó que, cuando la opción de emplear civiles bilingües fracasó, las SADF acudió a sus «amigos chilenos»:
Este episodio constituye uno de los ejemplos más concretos de cooperación militar directa entre ambos regímenes en un teatro de operaciones activo.
Cooperación policial y de inteligencia
Intercambio entre cuerpos policiales La colaboración entre las fuerzas policiales y de seguridad de ambos países se intensificó a medida que crecía la resistencia popular al apartheid y la oposición a la dictadura chilena. Según el académico Heraldo Muñoz, «el Cuerpo de Carabineros mantiene un fluido intercambio con su similar sudafricana».
En noviembre de 1981, el general César Mendoza Durán, director de Carabineros de Chile y miembro de la Junta de Gobierno, viajó a Sudáfrica invitado por el comisario general de la policía sudafricana, Michael Geldenhuys. A su regreso, Mendoza declaró que «las relaciones bilaterales tienen un óptimo nivel y hay muchos puntos coincidentes entre ambas naciones para una colaboración y complementación mutua».
Un mes después, en diciembre de 1981, el teniente general Geldenhuys arribó a Chile y, tras entrevistarse con el general Pinochet, expresó: «Estamos muy contentos de tener amigos en Chile, porque a pesar de estar tan alejados geográficamente pensamos de la misma forma».
El agregado militar sudafricano destinado en Santiago fue consultado tan frecuentemente para ofrecer charlas sobre la policía de seguridad sudafricana, que se consideró seriamente la posibilidad de enviar un agregado policial permanente a Chile.
En 1986, el general Rodolfo Stange Oelckers, sucesor de Mendoza en la dirección de Carabineros, fue invitado por el general Magnus Malan, ministro de Defensa sudafricano, a visitar Sudáfrica con financiamiento de Armscor, la empresa estatal de armamento.
Entrenamiento en contrainsurgencia y presencia en Namibia Más allá de la cooperación militar convencional, el artículo de Heraldo Muñoz documenta que miembros de las Fuerzas Armadas chilenas recibieron entrenamiento específico en operaciones de contrainsurgencia en Sudáfrica, «incluso —según un informe— en el teatro de operaciones de Namibia», territorio entonces ocupado ilegalmente por Sudáfrica y donde se libraba un conflicto armado contra el movimiento independentista SWAPO. Este dato es consistente con la revelación posterior del ex oficial de inteligencia militar sudafricano Chris Thirion, quien confirmó que pilotos chilenos fueron enviados a la frontera entre Namibia y Angola para servir como traductores del ejército sudafricano durante la guerra fronteriza.
El caso Fuentes Morrison Un caso que ilustra la profundidad de la cooperación en inteligencia es el del comandante de escuadrilla de la Fuerza Aérea de Chile (FACH), Roberto Fuentes Morrison. Según Muñoz, este oficial se encontraba en Sudáfrica con una visa especial en calidad de oficial de reserva de la FACH, realizando un «curso de especialización en criptografía», cuando en octubre de 1985 fue obligado a regresar a Chile para testificar en una investigación judicial sobre personas desaparecidas en 1976. Al vencerse el plazo de arraigo decretado por los tribunales, Fuentes Morrison retornó a Sudáfrica para continuar su curso de especialización.
Servicios de inteligencia Si bien las fuentes disponibles no detallan explícitamente la cooperación entre la Central Nacional de Informaciones (CNI) chilena y el Bureau of State Security (BOSS) sudafricano, el académico Heraldo Muñoz identificó en 1986 varios ámbitos de intercambio que eran propios de la actividad de inteligencia, como el curso de criptografía realizado por el oficial Fuentes Morrison y el entrenamiento en operaciones de contrainsurgencia. Por su parte, el artículo de CIPER documentó que el agregado militar sudafricano en Santiago era consultado habitualmente para instruir sobre técnicas de la policía de seguridad sudafricana.
Relaciones económicas La cooperación entre ambos países también tuvo una dimensión económica significativa. En 1980 se estableció la Cámara Chileno-Sudafricana de Comercio, que impulsó el intercambio bilateral. El comercio entre Chile y Sudáfrica creció desde prácticamente cero en 1976 a más de 60 millones de dólares en 1984, con un aumento del 300 por ciento entre 1978 y comienzos de 1984. Este incremento fue particularmente notable considerando que, en el período 1980-1983, el comercio total chileno declinó un 37 por ciento, mientras que el intercambio con Sudáfrica creció un 57 por ciento.