miniaturadeimagen|300px|Manifestación contra el racismo y la violencia policial en París, el 2 de junio de 2020, en homenaje a Adama Traoré y a George Floyd.
El racismo en Francia se refiere al conjunto de prejuicios, actitudes y actos de discriminación dirigidos contra distintas minorías presentes en el país, así como a los debates públicos, las políticas estatales y la legislación que rodean esa cuestión. El racismo ha sido descrito como un problema social grave de la sociedad francesa, pese a la creencia extendida de que en Francia no existe a gran escala. El antisemitismo y el rechazo hacia los musulmanes tienen una larga trayectoria, y se han documentado episodios contra judíos, gitanos, bereberes, árabes, africanos subsaharianos y personas de origen asiático.
La tradición política francesa, heredera de la Revolución francesa, no reconoce el concepto de «minoría racial», ya que concibe los derechos como un atributo universal del ser humano y del ciudadano. Ese marco favoreció políticas de asimilación y alimentó la idea de una supuesta inmunidad nacional frente al racismo, idea que convive con una historia de esclavitud, colonización y violencia contra determinadas minorías. Desde el caso Dreyfus y la persecución de los judíos durante el régimen de Vichy hasta el comercio de esclavos atlántico, la guerra de Argelia y los debates contemporáneos sobre el islam, la inmigración, la violencia policial y el llamado «racismo antiblanco», el fenómeno atraviesa buena parte de la historia del país. Algunas medidas adoptadas en nombre de la laicidad, como las prohibiciones del velo, han sido a su vez criticadas por organizaciones de derechos humanos como discriminatorias hacia las mujeres musulmanas.
El estudio detallado de la cuestión resulta difícil porque la ley francesa prohíbe al Estado recabar datos censales de carácter étnico y religioso. Aun así, las estadísticas policiales y los informes oficiales registran de forma periódica actos racistas: en 2019 se contabilizaron 1142 hechos clasificados como «racistas» sin connotación religiosa, y en marzo de 2024 el servicio estadístico del Ministerio del Interior informó de un aumento del 32 % de los delitos de carácter racista, xenófobo, antisemita o antirreligioso en 2023 respecto a 2022. Al margen de las estadísticas oficiales, distintos estudios académicos y organismos públicos documentan discriminaciones persistentes por el origen en el empleo, la vivienda y los controles de identidad. La ley francesa castiga el racismo, y la Constitución de 1958 garantiza a los ciudadanos la igualdad de trato con independencia de su origen, raza o religión.
Cultura y tradición política
La tradición política francesa no emplea la expresión «minoría racial» en su discurso, porque todos los derechos que representa la Revolución francesa se apoyan en dos nociones: la del Estado y la del ser humano. Desde esa perspectiva, tales derechos se entienden como un beneficio universal y natural (o inalienable) de la condición humana.
Según algunos analistas, el deseo de los políticos de ajustarse a esos ideales conduce a una falta de reconocimiento de los grupos étnicos minoritarios. La existencia de minorías étnicas sí es reconocida en muchos países europeos por el sistema judicial y la esfera política, y algunos Estados conceden a los migrantes derechos específicos, como el de recibir educación en su lengua materna. Francia, en cambio, no admite tales derechos, pues solo los reconoce en el marco de la ciudadanía y de la condición humana.
En esa línea, el Estado ha impulsado políticas de asimilación. En concreto, el Gobierno ha buscado que las personas nacidas en el extranjero que han adquirido la nacionalidad francesa sean consideradas francesas y no por su identidad étnica. Muchos musulmanes árabes de Francia se identifican como musulmanes antes que como argelinos, marroquíes o árabes, una identificación basada más en los vínculos comunitarios y familiares que en la práctica religiosa. Se afirma que la noción de etnicidad, cuando se usa en Francia, prescinde de la referencia a la raza —a diferencia del uso que, según esa lectura, se le da en América del Norte y el Reino Unido— para centrarse en los aspectos culturales.
El modelo republicano «ciego al color» ha sido objeto de un intenso debate académico. Diversos investigadores sostienen que proclamar principios universales no protege por sí mismo frente a la discriminación institucional, sino que contribuye a invisibilizar el problema, y señalan la escasa representación de las minorías en la política, los medios y la economía, así como la negativa del Estado a recopilar estadísticas étnicas. En 2018, la Asamblea Nacional votó por unanimidad suprimir la palabra «raza» de la Constitución. Otros autores rechazan esa lectura: el politólogo Pierre-André Taguieff ha calificado la noción de «racismo sistémico» de «fábula» ideológica importada, ajena a la tradición antirracista francesa.
Estadísticas gubernamentales y policiales
El Ministerio del Interior proporciona a la policía una serie de descriptores para clasificar a las personas en lugar de la raza. Los descriptores son: européen (nordique, caucasien, méditerranéen); africain/antillais; métis; maghrébin; moyen-oriental; asiatique; indo-pakistanais; latino-américain; polynésien; mélanésien-canaque.
Cada año desde 1990, la Comisión Nacional Consultiva de Derechos Humanos (), adscrita a la Oficina del primer ministro, publica un informe sobre el estado del racismo en Francia.
En 2016, la Comisión informó de que el 33 % de los franceses creía que las razas humanas no existen realmente, mientras que el 8 % consideraba que algunas razas son superiores a otras. Se cree que los atentados terroristas de 2015 en Francia propiciaron una mayor presencia de la islamofobia y elevaron el número de actos racistas. Las denuncias por actos y amenazas antimusulmanes aumentaron un 223 %, y la incidencia de agresiones racistas violentas fue mayor en el mes siguiente a cada atentado.
Según la Comisión, esos datos no reflejan la realidad completa, pues se basan exclusivamente en registros policiales, en un contexto de denuncias sobre un trato injusto de la policía francesa en asuntos raciales.
La Comisión informó además de que el 34 % de la población francesa veía el islam de forma negativa y el 50 % lo consideraba una amenaza para la identidad nacional. Asimismo, el 41 % de la población creía que los judíos mantienen una relación singular con el dinero y el 20 % pensaba que los judíos tienen demasiado poder en Francia.
El pueblo gitano era la minoría menos tolerada: el 74 % de los franceses lo consideraba un groupe à part («grupo aparte») y más de la mitad seguía creyendo que los gitanos se ganan la vida robando y con otras actividades ilícitas.
En marzo de 2024, el servicio estadístico del Ministerio del Interior francés informó de que los crímenes o delitos de carácter racista, xenófobo, antisemita o antirreligioso aumentaron un 32 % en 2023 respecto a 2022 en Francia.
Según el informe de 2024 de la Comisión Nacional Consultiva de Derechos Humanos, se observa una intolerancia muy elevada hacia las minorías y un fuerte incremento de los actos racistas en Francia.
En diciembre de 2022, el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial de la ONU se declaró «preocupado» por «la persistencia y la magnitud del discurso racista y discriminatorio en Francia, en particular en los medios de comunicación y en internet». Al término de la revisión periódica de la política francesa hacia sus minorías, los expertos independientes del Comité formularon una serie de observaciones y recomendaciones. Manifestaron su inquietud por el «discurso político racista de dirigentes políticos», cuyos nombres no se mencionan, contra determinadas minorías, en especial los gitanos, los itinerantes, los africanos o afrodescendientes y los norteafricanos.
Más allá de las encuestas de opinión y de los recuentos policiales, la principal fuente estadística sobre la discriminación por el origen es la encuesta Trayectorias y Orígenes (), realizada por el Instituto Nacional de Estadística y de Estudios Económicos (INSEE) y el Instituto Nacional de Estudios Demográficos (INED). Su primera edición encuestó a unas 22 000 personas y la segunda (2019-2020) a unas 27 000; ambas concluyen que los inmigrantes procedentes del norte de África y del África subsahariana, así como sus descendientes, siguen más expuestos a la discriminación en el acceso al empleo, la vivienda y la salud, pese a que la gran mayoría declara sentirse francesa. Las pruebas de discriminación mediante el envío de currículos ficticios (testing) encargadas por la Dirección de Estudios del Ministerio de Trabajo (DARES) mostraron que las candidaturas con un nombre de resonancia norteafricana recibían en torno a un 31 % menos de respuestas que candidaturas equivalentes con nombre de resonancia francesa. El Defensor de los Derechos, autoridad administrativa independiente, indicó que en 2023 alrededor de una cuarta parte de las reclamaciones por discriminación que recibió estaban vinculadas al origen.
Racismo contra los judíos
De las persecuciones medievales a la emancipación
La hostilidad hacia los judíos en Francia es muy anterior a la época contemporánea. Durante la Edad Media revistió un carácter fundamentalmente religioso —dirigido contra los judíos en tanto que no cristianos, y no como grupo racial o étnico, noción que solo se impondría en el —. Los judíos sufrieron sucesivas expulsiones acompañadas de la confiscación de sus bienes: en 1182, el rey Felipe Augusto los expulsó del dominio real y los readmitió en 1198; en 1306, Felipe IV el Hermoso ordenó la expulsión de unos 100 000 judíos y la incautación de sus propiedades; y en 1394 Carlos VI decretó su destierro definitivo del reino. A las medidas reales se sumaron episodios de violencia popular: matanzas ligadas a las Cruzadas, la quema pública del Talmud en París hacia 1242 tras la Disputa de París, los pogromos de los Pastoureaux de 1320 —que arrasaron más de un centenar de comunidades en el suroeste— y las masacres desencadenadas durante la peste negra de 1348-1349, cuando se acusó a los judíos de envenenar los pozos.
Tras la Revolución francesa, Francia fue el primer país europeo en emancipar a los judíos: la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 puso fin a la discriminación jurídica entre ciudadanos y, en dos etapas (1790 y 1791), la Asamblea Nacional les concedió la ciudadanía plena. La libertad de culto se consolidó más tarde con la ley de 1905 de separación de las iglesias y el Estado.
El caso Dreyfus
miniaturadeimagen|250px|La degradación pública de Alfred Dreyfus en 1895. El oficial judío, acusado falsamente de traición, sería declarado inocente once años después. En 1894, Alfred Dreyfus, un oficial de artillería judío, fue acusado de entregar documentos secretos franceses al ejército alemán, juzgado y condenado por traición. En 1895 se identificó al verdadero culpable, el comandante Esterhazy, que fue juzgado y absuelto pese a que se presentaron ante el tribunal abundantes pruebas de su culpabilidad. Dreyfus y su familia decidieron entonces dirigirse al presidente del Senado para demostrar la debilidad de las acusaciones. Como los ideales antisemitas y nacionalistas dominaban la Francia de finales del , Dreyfus fue señalado con rapidez por su origen judío y fue víctima de una fuerte discriminación antisemita. Once años después de su condena, se le declaró inocente.
El régimen de Vichy (1940-1944)
miniaturadeimagen|250px|Mujeres judías obligadas a llevar la estrella amarilla en el París ocupado, en 1942.