J. R. R. Tolkien fue tanto un filólogo como un autor de alta fantasía. Tenía una teoría privada de que el sonido de las palabras estaba directamente conectado con su significado, y que ciertos sonidos eran inherentemente hermosos. Los estudiosos creen que eligió intencionadamente palabras y nombres en sus lenguas construidas de la Tierra Media para crear sentimientos como los de belleza, anhelo y extrañeza. Tolkien afirmó que escribió sus historias para proporcionar un entorno para sus idiomas, en lugar de al revés. Tolkien construyó lenguas para que los Elfos sonaran agradables, y la Lengua negra de la tierra malvada de Mordor para que sonara áspera; poesía adecuada para varios pueblos de su mundo inventado de la Tierra Media; y muchos topónimos, elegidos para transmitir la naturaleza de cada región. La teoría es individual, pero se enmarcó en el contexto de movimientos literarios y artísticos como el Vorticismo y, anteriormente, la poesía sin sentido, que enfatizaban el lenguaje y el sonido de las palabras, incluso cuando las palabras parecían carecer de significado.

Contexto

Autor

Además de ser un autor de alta fantasía, J. R. R. Tolkien era un filólogo profesional, un estudioso de la lingüística histórica y comparada. Era un experto en inglés antiguo y lenguas relacionadas. Comentó al poeta y crítico de libros de The New York Times Harvey Breit que "soy un filólogo y todo mi trabajo es filológico"; explicó a su editor estadounidense Houghton Mifflin que con esto quería decir que su obra era "toda de una pieza, y fundamentalmente lingüística [sic] en su inspiración. ... La invención de lenguas es la base. Las 'historias' se hicieron más bien para proveer un mundo para los idiomas, que a la inversa. Para mí, un nombre viene primero y la historia le sigue." La subcreación humana, desde el punto de vista de Tolkien, refleja en cierta medida la creación divina, ya que el pensamiento y el sonido unidos dan vida a un mundo nuevo.

Movimientos artísticos y literarios

La estudiosa de Tolkien Dimitra Fimi señala que, alrededor de 1900, hubo múltiples movimientos artísticos y literarios que enfatizaban el lenguaje y el sonido de las palabras, y la posibilidad de transmitir significado incluso con palabras que aparentemente no tenían sentido. Estos incluían el futurismo italiano, el vorticismo británico y el Imaginismo del poeta Ezra Pound. Fimi observa además que, a finales del siglo XIX, poetas del sinsentido como Lewis Carroll con su Jabberwocky y Edward Lear intentaron transmitir significados utilizando palabras inventadas.

La "herejía lingüística" de Tolkien

Un placer estético

El lingüista Allan Turner escribe que "el patrón sonoro de un idioma era fuente de un placer estético especial" para Tolkien. En su ensayo sobre la construcción de lenguas, "Un vicio secreto", Tolkien escribió que:

Tolkien explicó en el ensayo que la persona que inventa un idioma debe abordar la "adaptación de la noción al símbolo oral", y que el placer en tal invención deriva principalmente de la "contemplación de la relación entre el sonido y la noción". Llegó a afirmar que "personalmente estaba quizá más interesado en la forma de la palabra en sí misma, y en la forma de la palabra en relación con el significado (la llamada adecuación fonética) que en cualquier otro departamento".

El erudito de Tolkien Tom Shippey señala que en La Comunidad del Anillo, el poema A Elbereth Gilthoniel, escrito en Sindarin, una de las lenguas élficas inventadas por Tolkien, se presenta directamente sin traducción:Una opinión similar se expresa en

Shippey pregunta retóricamente qué podría esperar que un lector entendiera de eso. Responde a su propia pregunta afirmando que Tolkien tenía una teoría privada sobre el sonido y el lenguaje. Ésta sostenía que el sonido de las palabras estaba directamente conectado a su significado, y que ciertos sonidos eran inherentemente hermosos. Eligió deliberadamente palabras y nombres en sus lenguas construidas de la Tierra Media para crear sentimientos de belleza, anhelo y extrañeza. Shippey da como ejemplo la afirmación de Tolkien de que había usado nombres como Bree, Archet, Combe y Chetwood para la pequeña área, a las afueras de La Comarca, donde convivían Hobbits y Hombres. Tolkien los seleccionó por sus elementos no ingleses de modo que sonaran "raros", con "un estilo que quizás sentiríamos vagamente como 'celta'".

Shippey llama a esto "la mayor herejía lingüística de Tolkien". Funcionaría, explica, si las personas pudieran reconocer diferentes estilos en el lenguaje, sentir de algún modo la profundidad histórica en las palabras, captar cierto grado de significado solo por los sonidos de las palabras, e incluso juzgar que algunas combinaciones de sonidos son hermosas. Tolkien, escribe, creía que "el élfico sin traducir haría un trabajo que el inglés no podía". Shippey también señala que está registrado que Tolkien dijo que "cellar door" (puerta de la bodega) sonaba más hermoso que la palabra "beautiful" (hermoso); sin embargo, la frase había sido admirada por otros al menos desde 1903.

Una visión poco convencional

El punto de vista de Tolkien era una "herejía" porque la perspectiva estructuralista habitual del lenguaje es que no hay conexión entre los sonidos específicos y los significados. Por tanto, "pig" (cerdo) designa a un animal en inglés, pero "pige" designa a una niña en danés: los lingüistas han considerado que la asignación de sonidos a significados en diferentes idiomas es arbitraria, y es solo un subproducto accidental que los ingleses encuentren que el sonido de "pig" se asemeja a un cerdo.

Tolkien se sentía un poco avergonzado por el tema de su estética lingüística, ya que era consciente de la visión convencional, formulada por Ferdinand de Saussure y reforzada a partir de los años 50 por Noam Chomsky y su escuela de la gramática generativa, de que los signos lingüísticos (como las palabras) eran arbitrarios, no relacionados con sus referentes en el mundo real (cosas, personas, lugares). El estudioso de Tolkien Ross Smith señala que, de hecho, Tolkien no era la única persona que discrepaba con la perspectiva convencional; también lo hacían "gigantes inexpugnables de la teoría lingüística y la filosofía como Otto Jespersen y Roman Jakobson".

Más recientemente, se ha demostrado que el simbolismo sonoro o fonético está muy extendido en el lenguaje natural. El efecto bouba/kiki, por ejemplo, describe la asociación transcultural de sonidos como "bouba" con la redondez y "kiki" con la agudeza. Svetlana Popova comenta que Tolkien "se acercó mucho" a los descubrimientos de la psicolingüística, incluido el efecto bouba/kiki, y que sus ideas sobre qué hace placentero el sonido de un idioma coinciden con los hallazgos de David Crystal.

Nombres verdaderos

Una forma específica de asociación directa entre la palabra y el significado es el nombre verdadero, la antigua creencia de que existe un nombre para una cosa o ser que es congruente con él; el conocimiento de un nombre verdadero podría dar poder sobre esa cosa o ser. Tolkien insinúa la existencia de nombres verdaderos en algunos pasajes de sus escritos sobre la Tierra Media. Así, el Ent o gigante-árbol Bárbol dice en Las dos torres que "los verdaderos nombres te cuentan la historia de las cosas a las que pertenecen en mi idioma", mientras que en El hobbit, el mago Gandalf se presenta con la declaración: "Yo soy Gandalf, y Gandalf significa yo" (o "soy yo").

En el caso de Tom Bombadil, un personaje enigmático en La Comunidad del Anillo que siempre habla con una métrica cantada y a menudo canta, Turner comenta que "el contenido proposicional del lenguaje parece haber sido absorbido por la música de los sonidos en sí mismos". Además, señala Shippey, cuando Tom Bombadil nombra algo, como los ponis que montan los hobbits, "el nombre se adhiere: los animales no responden a ningún otro por el resto de sus vidas". Smith observó que el sonido de la frase "Tom Bombadil" en sí misma encaja muy bien con su dueño "alegre y bullicioso".

Análisis

Geografía lingüística

Desde el punto de vista de Turner, la "herejía lingüística" de Tolkien explica por qué creía que su uso de diferentes elecciones lingüísticas permitiría a sus lectores sentir, sin entender el motivo, la naturaleza distintiva de cada región de la Tierra Media.

+ Análisis de Turner de la "herejía lingüística" de Tolkien Topónimos Origen lingüístico Sensación del lector Bree, Crickhollow Galés (Británico, celta) Ligeramente exótica Hobbiton, Bywater Inglés (antiguo) Familiar Lothlórien, Gondor Sindarin/Quenya (Élfico) Alienígena/Ajena

Escucha keatsiana

Tolkien permite que sus personajes escuchen y aprecien "en un estilo muy keatsiano", disfrutando del sonido del idioma, como cuando el hobbit Frodo Bolsón, recientemente recuperado de su herida casi fatal con el cuchillo de Morgul del Nazgûl, se sienta soñadoramente en el refugio élfico seguro de Rivendel:

Cuando los hobbits se encuentran con Gildor y sus elfos mientras caminan por la Comarca, tienen la sensación, como comenta Turner, de que a pesar de no hablar élfico, "comprenden subliminalmente algo del significado". En Las dos torres, mientras un grupo de la Comunidad del Anillo cruza las llanuras cubiertas de hierba de Rohan, el inmortal elfo Legolas escucha a Aragorn cantar una canción en un idioma que nunca ha oído, y comenta: "Ese, supongo, es el idioma de los Rohirrim... porque es como esta tierra misma, rica y ondulante en parte, y por lo demás dura y severa como las montañas. Pero no puedo adivinar qué significa, salvo que está cargado de la tristeza de los Hombres Mortales". Cuando Gandalf declama el Poema del Anillo en la Lengua negra de la tierra malvada de Mordor en el Concilio de Elrond, su voz se vuelve "amenazante, poderosa, dura como la piedra" y los elfos se tapan los oídos. Cuando el enano Gimli canta sobre el Rey Enano Durin, el hobbit jardinero Sam Gamyi dice: "¡Me gusta eso! Me gustaría aprenderlo. ¡En Moria, en Khazad-dûm!" Shippey comenta que la respuesta de Sam al sonido del idioma es "obviamente... modélica".

Adecuación fonética de las lenguas construidas de Tolkien