El Antiguo Hospital de la Encarnación fue un establecimiento asistencial novohispano ubicado junto al convento franciscano de la ciudad de Tlaxcala. La población indígena inauguró el hospital el 25 de marzo de 1537, durante la festividad católica de la Encarnación. El establecimiento también fue conocido como Hospital de San Sebastián, en referencia al santo patrón de las epidemias, cuya intercesión se invocaba para combatir las enfermedades contagiosas que asolaban la región durante el periodo colonial.

La institución atendía a enfermos y alojaba a personas pobres; los franciscanos dirigieron su construcción, mientras que los indígenas tlaxcaltecas realizaron la obra, financiaron su funcionamiento y quedaron a cargo de ella.

El hospital ocupó una parte del espacio situado junto al actual conjunto conventual de Nuestra Señora de la Asunción. El historiador Óscar Armando García Gutiérrez situó el edificio a un costado del convento, mientras que Armando Díaz de la Mora lo ubicó en el antiguo atrio bajo, en terrenos que posteriormente ocuparon la plaza de toros Jorge «El Ranchero» Aguilar y sus alrededores.

Historia

Antecedentes prehispánicos Antes de la llegada de los españoles, en el Imperio mexica existía el tihuicán, una institución equivalente al hospital donde eran atendidos veteranos de guerra, inválidos y heridos en combate. El cuidado de los enfermos recaía en las tícitl, mujeres con conocimientos médicos que administraban brebajes, realizaban lavados intestinales, colocaban férulas para inmovilizar fracturas y supervisaban el uso de temazcales con fines terapéuticos.

Fundación Toribio de Benavente, Motolinía, registró que el hospital quedó terminado y acondicionado en 1537. El cronista señaló que una procesión acompañó la apertura del establecimiento y que ese día ingresaron 140 enfermos y pobres. La advocación de la Encarnación correspondía a la celebración religiosa del 25 de marzo, fecha en la que Josefina Muriel y García Gutiérrez situaron su inauguración.

La creación del hospital respondió a la necesidad de atender las graves epidemias que afectaron a la población durante los primeros años de la época colonial. Enfermedades como la viruela, el sarampión, el paludismo, la fiebre amarilla y el dengue diezmaron a la población indígena, que carecía de defensas inmunológicas frente a estos padecimientos traídos por los europeos.

La atención médica en el hospital se basaba en conocimientos tradicionales indígenas. Los enfermos eran tratados con medicina rudimentaria que incluía el uso de yerbas medicinales y productos derivados del maguey. Esta práctica médica resultó tan efectiva que, según el historiador José León Nava, Hernán Cortés y sus acompañantes «vivieron el beneficio personal de la curación de los médicos de la región y ganaron credibilidad al ver curaciones reales», lo que llevó a considerar que en Tlaxcala existía un manejo de la medicina superior al del mundo europeo de la época.

La población indígena aportó recursos para sostener la institución. Motolinía mencionó donaciones de maíz, frijol, chile, ovejas, cerdos, guajolotes, gallinas y ropa. Las contribuciones continuaron después de la apertura y permitieron formar un patrimonio compuesto por tierras y ganado. Siete meses después de su fundación, estos bienes alcanzaban un valor aproximado de mil pesos de oro, según el relato que recuperó Muriel.

La obra surgió bajo la dirección de los franciscanos, pero los indígenas tlaxcaltecas asumieron su construcción y administración. Una descripción incluida en la Suma y epíloga de toda la descripción de Tlaxcala señaló que los naturales levantaron el edificio con sus propios recursos y que las limosnas sostenían sus actividades.

Edificio La descripción tlaxcalteca de finales del presentó al hospital como una construcción de piedra y cal, formada por habitaciones de una sola planta. El inmueble contaba con espacios para atender a los enfermos y alojar al personal indígena que proporcionaba los tratamientos.

García Gutiérrez situó el edificio a un costado del actual convento franciscano. Díaz de la Mora precisó que se encontraba en el atrio bajo y señaló que el establecimiento tenía una capilla y un herbario. Esta última instalación habría estado relacionada con el uso de plantas medicinales por parte de los médicos indígenas.

Traslado El hospital dejó de operar en su emplazamiento original en 1867. Con base en la obra de Miguel Lira y Ortega, se señala que la institución se trasladó a una parte del claustro situado en el atrio alto del convento franciscano y adoptó el nombre de Hospital Real. El antiguo atrio bajo experimentó posteriormente diferentes transformaciones urbanas. Una parte del terreno quedó integrada a la actual plaza de toros Jorge «El Ranchero» Aguilar, mientras que algunos fragmentos del hospital permanecieron en los predios contiguos.

Vestigios El Instituto Nacional de Antropología e Historia registra el Antiguo Hospital de la Encarnación como monumento histórico dentro del Catálogo Nacional de Monumentos Históricos Inmuebles, con la clave I-29-00453. Los vestigios conservados se localizan al inicio del bulevar Guillermo Valle, junto al jardín de niños Enrique Pestalozzi. En el lugar permanecen fragmentos de muros y otros elementos de la antigua construcción. Sin embargo, se ha documentado que las ruinas carecen de resguardo y presentan acumulación de basura.

En enero de 2025 se realizaron obras en la entrada del jardín de niños y en el entorno de los restos del hospital. Los trabajos incluyeron la renovación de la banqueta, una nueva rampa para el desagüe y la modificación del acceso escolar, lo que dejó visibles varias estructuras antiguas.

Referencias

Categoría:Virreinato de Nueva España en el siglo XVI