La manilla, malilla, malía, mariglia, manille o manillen es un juego de naipes de origen ibérico. En su versión clásica, se juega de a cuatro personas en parejas, las cuales compiten por ganar la mayoría de puntos en las bazas. Dependiendo la región, puede jugarse con 48, 40 o 32 cartas, sean tanto de la baraja española como de la francesa.

Existen muchas variantes de la malilla, siendo las más populares la de compañeros, la abarrotada, la hablada (parlée), la a cartas vistas (découverté), la botifarra, la coinchée y la manille aux enchères.

El juego fue muy popular en la Europa latina y en Latinoamérica desde mediados del siglo hasta principios del . En la actualidad se encuentra más circunscripto, pero continúa siendo jugado en algunas regiones de Francia (Alta Francia, Mediodía), Bélgica (Flandes, Henao), España (Cataluña), Italia (Cerdeña, Gaeta, Nápoles), Portugal (Madeira), México (Noroeste) y Estados Unidos (Suroeste).

El juego del solo es un derivado directo de la malilla, al punto de ser también llamado malilla del campo.Similar con el joc de la botifarra catalán.

Caracterización Su nombre original es malilla, y refiere al alto valor otorgado a cartas que son las malas de los palos largos en la jerarquía tradicional de los antiguos juegos ibéricos, entre los que destaca el hombre. Dependiendo de la baraja utilizada, las malillas pueden ser los nueves, los sietes o los dieces. La malilla original se juega con las 48 cartas de la baraja española, utilizando los ochos y los nueves.

Es un juego de bazas donde los jugadores intentan obtener la mayor cantidad de puntos posibles ganando bazas con cartas de valor alto en tantos. Las mismas son:

Malillas/manillas: 5 tantos. Ases: 4 tantos. Reyes: 3 tantos. Caballos o damas: 2 tantos. Sotas o valets: 1 tanto. Cartas blancas (ochos, sietes, seises, cincos, cuatros, treses y doses): 0 tantos.

*En los países lusófonos, el papel de las damas y los valets se invierte, obedeciendo a la jerarquía tradicional de la extinta baraja portuguesa.

Al margen de su valor en puntos, las cartas tienen el poder de ganar baza siguiendo la misma jerarquía expuesta arriba. Las cartas blancas lo hacen, de mayor a menor, siguiendo la siguiente sucesión: nueves (si no son manillas), ochos (si los hay), sietes (si no son malilllas), seises, cincos, cuatros, treses y doses.

De forma similar a otros juegos de bazas, en la manilla se superpone la jerarquía interna de las cartas con la de los distintos palos: el de salida, el de triunfo y los dos restantes. Mientras que el primero lo dictamina el jugador mano cada vez que inicia una baza, el segundo se define de distintas formas dependiendo la variante jugada. En la manilla tradicional, el triunfo se define al azar dando vuelta una carta del mazo, generalmente la última en ser repartida; en cambio, en la butifarra y la manille franco-flamenca, el triunfo es elegido por el repartidor o por su compañero. Otras variantes otorgan la facultad de elegir triunfo al jugador que se impone tras una corta subasta.

Historia La malilla parece haberse originado en la región pirenaica, probablemente española, entre los siglos y . La misma recupera elementos de otros juegos ibéricos antiguos como el triunfo, el guritipau y el hombre, tales como el palo de triunfo, la estructura de bazas con puntaje, las obligaciones de bazas (asistir, montar, fallar y contrafallar) y la disposición disímil de las cartas según el palo (especialmente de la mala).

Durante los siglos y , la malilla fue junto al revesino, el cientos y el tresillo el juego de bazas más valorado entre los habitantes de los antiguos imperios español y portugués. Ya en 1792 fue admitido en la Colección general de todos los juegos permitidos.Para esta época ya se recogieron las principales variantes que aún hoy se juegan en la Europa Latina: la malilla de compañeros, la malilla hablada, la malilla abarrotada, la malilla a cartas abiertas y la malilla del campo. Esta última evolucionó en el solo incorporando elementos del hombre.

Hacia fines del siglo XIX, la malilla se estableció en Francia, donde se convirtió en el juego de cartas más popular. Allí adquirió el nombre manille, por el que acabó siendo conocido mundialmente. El juego figura de forma destacada en la obra Marius de Marcel Pagnol, estrenada en 1929.

Reglas Se describen las reglas de la malilla clásica de compañeros para 48 cartas, tradicional del noroeste de España, y en particular de Cataluña. Las variantes de 40 cartas que se juegan en Italia, México, Portugal (Madeira) y Macao, no difieren en esencia de este modelo. Tampoco la variante tradicional de malille francesa, que utiliza 32 cartas.

El objetivo para cada equipo en una partida de malilla es obtener a lo largo de los sucesivos juegos excedentes de tantos, los cuales se irán sumando y conformando una cuenta larga. El primer equipo en llegar a 40 puntos gana la partida.

Reparto Un juego inicia repartiendo las 48 cartas en grupos de cuatro hasta que cada jugador tenga doce. La última carta del repartidor se da vuelta para conocer el palo de triunfo. Si la carta, llamada la pinta o la de pinte tiene puntos, es decir que es mayor a un nueve, éstos serán agenciados por el equipo del repartidor de cara al puntaje total. Estos puntos son independientes a los de la ronda o el juego de bazas propiamente dicho y no depende de que el equipo del repartidor lo gane, con una excepción que se detallará más abajo.

Desarrollo de las bazas La primera baza inicia con el jugador a la derecha del repartidor (llamado mano), el cual saldrá con una carta a su libre elección. En las bazas siguientes, el que salga será el jugador que haya ganado la baza anterior. Gana la baza el triunfo más alto jugado en ella, y en su defecto, la carta más alta del palo de salida.

Para los jugadores que no salen, existen una serie de obligaciones que restringen su juego. Para empezar, sin excepción deben jugar una carta palo de salida en caso de que tengan cartas del mismo. Esto es llamado asistir o servir. Por fuera de esta obligación primera, es necesario distinguir dos casos diferentes:

a) Si va ganando la baza un rival: el jugador no solo está obligado a asistir sino también a jugar una carta del palo de salida que gane la baza, en caso de tenerla. Esto se llama montar o cargar. Si esto no es posible, igualmente debe cumplirse la obligación de asistir. En caso de no tener cartas del palo de salida, el jugador debe fallar jugando una de triunfo que gane la baza. Por último, si se da el caso de que no se tienen cartas del palo de salida, y de que rival ya falló la presente baza, es obligación del jugador jugar un triunfo más alto que el del rival. Esto se llama contrafallar o pisar. Siempre dentro del hipotético de que gane la baza el rival, el jugador es libre de descartar cualquier carta a su elección si no tiene cartas del palo de salida ni tampoco triunfos que puedan ganar la baza. Esto incluye la situación de que sí se tenga un triunfo pero éste no gane la baza.

b) Si va ganando la baza un compañero: el jugador sólo está obligado a asistir. En caso de no poder cumplir con esta obligación, es libre para descartar cualquier carta a su elección.

Tanteo y puntuación Los tantos de todas las cartas suman 60, a los que se le suman 12 por cada baza, lo cual da un total de 72. El equipo que haya obtenido más de 36 tantos gana el juego. Sin embargo, de cara al puntaje total del juego, sin embargo, sólo se agenciará los que excedan la cifra necesaria de 36. Así, un equipo que haya ganado un juego con 41 tantos, se anotará únicamente 5 puntos para el puntaje total.

El segundo elemento que suma de cara al puntaje total es la carta de la pinta o que pinta. Como se dijo anteriormente, estos puntos se anotan con independencia de quién gane el juego en cuestión. La única excepción a esta norma se da cuando los puntos de la pinta pudiesen servir a un equipo para alcanzar los 40 necesarios para ganar la partida de manilla. Sólo en ese caso, la adjudicación de los puntos de la pinta queda sujeta a la condición para el equipo de ganar el juego en las bazas. En caso contrario, los puntos en cuestión se perderán.

Variantes regionales

Maniglia o mariglia italiana El juego es conocido como maniglia en Italia. Es tradicional en los territorios que formaron parte del Reino de Nápoles, durante siglos bajo dominación hispánica. Se juega con baraja napolitana y utiliza 40 naipes.

Aún es jugada en islas y pueblos en las costas de Gaeta y de Nápoles, como Ponza, Isquia y Formia, entre otros.En Cerdeña es especialmente popular: se la conoce como mariglia, o "bridge sardo".

Malilla norteamericana La malilla es tradicional en el Noroeste de México y el Suroeste de Estados Unidos, donde también es conocida como malía. Puede jugarse con baraja española o baraja francesa de 40 naipes.

En México existe una restricción para el juego de malillas (los sietes) que no siempre es aplicada. La misma dictamina que un jugador sólo puede descartar un siete de un palo diferente al de triunfo -esto es, jugarlo cuando no se puede asistir al palo de salida- si alguien ya salió en algún momento de la partida con el palo de dicho siete. Si no se da esta situación, el jugador sólo puede descartar el siete en cuestión en la última baza. Esta restricción no impide al jugador salir él mismo con la malilla.

Manille La manille es el juego más popular en el Mediodía francés, la Alta Francia y el oeste de Bélgica, donde se juega con la baraja francesa reducida a 32 cartas. Para esto se remueven todas las que van del 2 al 6. Es importante aclarar que la carta elegida para ser la malilla no es la más baja de las cartas blancas, como sí lo es en otras tradiciones, sino el diez.

Hay dos formas de jugar a la manille, y ambas son consideradas clásicas. La primera es igual a la descrita arriba, con la única diferencia de que la cantidad de bazas a disputarse es ocho, lo cual hace que el total de tantos para un juego sea 68. La diferencia que se anota el equipo ganador es la que excede a 34 tantos. Esta variante es la más tradicional, y suele jugarse en su versión parlée (hablada).

La segunda modalidad, a veces llamada manille coinchée o manillen, es estrictamente muda. Se eliminan los tantos por baza ganada, y el triunfo ya no se elige de forma azarosa, sino que es decidido por el repartidor (atout d'autorité). Existe la opción de jugar sin triunfo, en cuyo caso la puntuación final se duplica. También se da el espacio para que, después de anunciado el triunfo, el equipo contrario pueda doblar (coincher) y el defensor redoblar (surcoincher). Esta es la versión más valorada en círculos competitivos, y la que se juega en torneos internacionales.

Otra variante popular es la llamada manille aux encheres que se juega entre 3 y 7 jugadores. No hay equipos, y se añade una ronda de subasta en la que los jugadores tienen la opción pasar o de apostar la cantidad de tantos que son capaces de lograr. Quien haga la mayor apuesta gana el derecho a elegir triunfo. Si cumple la apuesta, se agencia los puntos ganados. Si los pierde, dependiendo la variante, se le restan o se los anotan todos los demás jugadores.

La manille francesa suele jugarse a 100 o 200 puntos totales.

Botifarra

Históricamente, Cataluña fue el bastión de la malilla en España. Aunque los catalanes adoptaron el nombre manilla por influencia francesa, fueron los únicos en conservar la versión del juego con 48 cartas.

Al día de hoy, la variante más jugada es el joc de la botifarra. El mismo se asemeja a la manille coinchée en tanto da al repartidor y a su compañero la potestad de elegir el triunfo, o de realizar un lance sin triunfo llamado botifarra. Del mismo modo, se presenta la sucesión de cantes contro, recontro y Sant Vicenç, que respectivamente duplican, cuadriplican y octuplican el resultado del juego. No se elimina el punto por baza, con lo cual el total sigue siendo de 72.

Referencias