La cuenca minera de Fabero es un conjunto de instalaciones, edificios, poblados e infraestructuras ligados a la explotación del carbón de antracita en el municipio de Fabero, en la provincia de León (Castilla y León, España). La extracción de antracita, desarrollada de forma continua desde mediados del hasta las primeras décadas del , transformó radicalmente el territorio, conformando un paisaje antropizado en el que se integran las instalaciones mineras, los asentamientos poblacionales asociados y una arquitectura vernácula con características propias.

La cuenca fue declarada bien de interés cultural con categoría de conjunto etnológico por la Junta de Castilla y León el 22 de abril de 2021, configurándose como un relevante documento patrimonial de la historia de la comarca de El Bierzo y un ejemplo significativo del desarrollo evolutivo del patrimonio industrial a lo largo del .

Contexto La cuenca minera de Fabero surge históricamente del aprovechamiento de un sustrato geológico excepcional para la obtención de antracita, a partir de dos grandes cubetas elípticas con eje este-oeste cuyo centro se sitúa entre los ríos Cúa y Sil. En la cubeta septentrional, la más importante y de mayor profundidad, se desarrolló desde mediados del una intensa actividad extractiva que modificó el relieve, la vegetación, la hidrología y la fauna de la zona, además de configurar de forma peculiar los asentamientos humanos y las infraestructuras del territorio.

La actividad minera alcanzó su fase más intensa durante el , período en el que se generó un amplio y variado conjunto de núcleos e instalaciones industriales, separados pero interrelacionados entre sí, que contenían los edificios y equipamientos necesarios para asegurar la actividad extractiva. Cada uno de los enclaves presenta elementos singulares: galerías y pozos mineros, castilletes para acceder al subsuelo, salas de máquinas, lavaderos y clasificadores del mineral, instalaciones para los trabajadores, dependencias administrativas, centros asistenciales y de abastecimiento, e infraestructuras viarias y de transporte del material extraído. La evolución de las técnicas mineras generó también otros paisajes singulares, como el de La Corta, explotación a cielo abierto en fase de regeneración ambiental.

La protección de este tipo de paisajes se enmarca en las iniciativas internacionales iniciadas en la década de 1970 con la creación del Comité Internacional para la Conservación del Patrimonio Industrial, y a nivel nacional en documentos como la Carta de El Bierzo para la conservación del Patrimonio Industrial Minero (2008) y el Plan Nacional de Patrimonio Industrial (2011).

Enclaves La declaración singulariza seis enclaves de especial relevancia dentro del sistema minero de Fabero, seleccionados por la importancia de sus elementos arquitectónicos industriales, su contribución a la trama urbanística, su papel estructurante en el territorio o su fuerte impronta social.

Pozo Viejo Ubicado en Lillo del Bierzo, es un grupo minero de extracción vertical que estuvo en funcionamiento desde los primeros años del hasta mediados de la centuria, cuando fue sustituido por el Pozo Julia. El núcleo del enclave lo constituyen el castillete con su embarque y la casa de máquina, las piezas más antiguas del grupo, junto a las que se encuentran un inmueble residencial de tipología cuartelar —de planta rectangular y una sola altura— y un edificio de oficinas de considerable desarrollo en altura.

En las inmediaciones del castillete se levantó en la década de 1950 un grupo ordenado de edificaciones organizadas en torno a calles amplias, con funciones residenciales y dotacionales. Entre estas últimas se cuentan talleres y almacenes, una estación de servicio, garajes y un muelle de carga, además de los dos inmuebles más representativos del conjunto dotacional: el sanatorio médico, conocido popularmente como «hospitalillo», y el economato de la empresa.

Pozo Julia Situado muy próximo al núcleo urbano principal de Fabero, este grupo minero de extracción vertical presenta un elevado interés patrimonial por su estado de conservación, disposición y elementos, así como por su importancia tecnológica y empresarial. Su puesta en marcha a principios de la década de 1950 respondió al agotamiento de las reservas del Pozo Viejo. Fue concebido como un moderno campo de explotación a partir de un pozo vertical de tres plantas y 275 m de profundidad, junto al que se dispone un amplio conjunto de edificios e instalaciones.

En el espacio principal del complejo se encuentran el castillete, el pabellón de embarque, el edificio de la máquina de extracción y los compresores, la casa de aseos y la lampistería, el botiquín y las oficinas del pozo. Todos ellos se caracterizan por la sencillez de su diseño, con volúmenes elementales y ausencia de elementos decorativos, propios de la arquitectura industrial. En su interior se conservan elementos singulares, como los sistemas de almacenamiento del vestuario y objetos personales de los mineros durante la jornada de trabajo. Fuera de la plaza del pozo se extienden las instalaciones de clasificación y tratamiento de carbón y estériles, organizadas mediante cintas transportadoras, cadenas elevadoras, tolvas y un lavadero de gran desarrollo vertical, algunos de cuyos elementos destacan por la riqueza plástica de sus estructuras metálicas o de hormigón armado.

Mina Alicia Este enclave se desarrolla en dos plataformas de terreno horizontales. La superior cuenta con un espacio central a modo de plaza en cuyo centro se ubica el edificio de la bocamina, rodeado de almacenes y pabellones de trabajo de una sola altura. En la plataforma inferior se extienden diversas edificaciones e instalaciones, entre las que destaca un lavadero de hormigón armado y planta circular, empleado para la limpieza y decantación del mineral.

Mina Negrín Situada al sur de Fabero, conserva varios garajes y un economato, así como la distribución de las antiguas viviendas mineras. En un espacio cercano se ubican el lavadero, las salas de máquinas y las antiguas oficinas.

Poblado de Diego Pérez Su creación respondió a la necesidad de albergar a los trabajadores que acudieron a Fabero en oleadas sucesivas procedentes de otras zonas durante la intensa industrialización de las décadas de 1940 y 1950. Las empresas mineras promovieron estos poblados, que se organizaban de manera ordenada y racional, diferenciándose del territorio circundante con una imagen muy distinta a la trama residencial rural de los alrededores y con equipamientos inéditos para la época.

El grupo residencial de los Cuarteles de Diego Pérez, promovido por Antracitas de Fabero, se encuentra en las proximidades del Pozo Viejo y consta de 250 viviendas unifamiliares de una sola planta, adosadas formando hileras en torno a un espacio libre central ajardinado.

Líneas de baldes e itinerarios Este enclave comprende la huella de la movilidad del mineral a través de los diversos itinerarios que conectaban los enclaves y núcleos de población con los pozos, centrales térmicas, lavaderos y el ferrocarril. Destaca especialmente el sistema de cables aéreos o líneas de baldes, conocidos popularmente como «calderos», junto con sus torretas metálicas, que constituyen uno de los elementos más distintivos del paisaje minero de Fabero.

Valores patrimoniales El valor de cada enclave se acrecienta al formar parte de un único sistema complejo y discontinuo, una singular red industrial generada de manera diacrónica a lo largo de varias décadas conforme evolucionó la actividad extractiva. A los elementos materiales se suma el aporte de la comunidad social radicada en Fabero, un grupo cohesionado y activo, heredero directo o generacional de la actividad minera, que mantiene viva la memoria colectiva de lo que supuso la minería en la zona mediante la promoción de diversas actividades culturales.

Los poblados mineros constituyen una realidad diferenciada respecto al territorio en que se asientan, con usos y costumbres propios de una población frecuentemente inmigrante y de un sistema de vida y trabajo muy distinto al de los pueblos campesinos del entorno. Edificaciones como el economato o el hospital reflejan un modelo de atención integral a la población trabajadora, entendida como grupo social y laboralmente homogéneo.

Véase también La Recuelga

Referencias

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