miniaturadeimagen|Antes y 18 meses después de una laringoplastia de feminización La laringoplastia de feminización (también conocida como FL o FemLar/Femlar) es una cirugía reconstructiva que busca aumentar el tono base de la voz de una persona, logrando un sonido más agudo y femenino. Se trata de una tiroplastia de tipo 4 modificada que se distingue por evitar la aproximación cricotiroidea. En cambio, al ser una forma de laringoplastia abierta, se realiza una laringectomía parcial de la porción anterior de la laringe, reduciendo su diámetro para que se aproxime a las proporciones femeninas cisgénero. La cirugía se divide en dos pasos principales: incisión y modificación de las cuerdas vocales, seguida de una elevación tirohioidea. La reducción del diámetro laríngeo modifica el peso vocal o el timbre de la voz, permitiendo un mayor rango vocal que el que suele ofrecer una tiroplastia de tipo 4, ya que se conserva la función del músculo cricotiroideo. Los riesgos y complicaciones incluyen granuloma, disfonía y traqueostomía. Se recomienda a las pacientes seguir un tratamiento perioperatorio que incluya reposo vocal y antibióticos para acelerar la recuperación.
La operación también modifica la forma masculina del cuello causada por la nuez de Adán al extirpar el cartílago anterior, logrando una apariencia más femenina. Se consigue una reducción más pronunciada que la que se daría con una reducción de la tráquea, ya que se retira más tejido durante este procedimiento. Las pacientes que recurran a esta intervención normalmente no necesitarán una reducción de la tráquea.
El procedimiento es menos popular y conocido que otras formas de cirugía de feminización de la voz y actualmente lo realiza un grupo limitado de cirujanos debido a la necesidad de suturas y formación especializadas. Lo realizan cirujanos especializados en EE. UU., Tailandia, y Australia. Hay médicos que usan este término (FemLar) de forma genérica para describir un conjunto de procedimientos de feminización de la voz y la laringe, pero que no realizan este procedimiento en particular, sino otros como la glotoplastia, la aproximación cricotiroidea y la reducción traqueal.
Contexto
Mujeres transgénero Durante la pubertad, la testosterona provoca un aumento del diámetro de la laringe y el engrosamiento y alargamiento de las cuerdas vocales. Este cambio es irreversible, incluso con la ayuda de la terapia hormonal feminizante. La frecuencia y resonancia de la voz disminuye y esta deja de ajustarse al registro vocal deseado que corresponde a la identidad de género de la persona.
Personas no binarias y mujeres cisgénero Las mujeres cisgénero con una voz anormalmente grave y las personas de género no conforme también pueden recurrir a una laringoplastia de feminización. Sin embargo, el tono deseado para las personas no binarias puede ser diferente al de las personas que se identifican exclusivamente como mujeres. Por ejemplo, algunas aspiran a lograr una voz andrógina en lugar de una completamente femenina. Por lo tanto, los laringólogos deben trabajar en estrecha colaboración con las pacientes para adaptar el tratamiento a sus necesidades personales y lograr la satisfacción de la misma.
Terapia de la voz A las personas que buscan modificar su voz se les recomienda, en primer lugar, someterse a terapia vocal para lograr un tono y resonancia vocales adecuados. Algunas personas pueden lograr una voz sustancialmente más femenina habituándose a una nueva coordinación de los músculos de sus cuerdas vocales. Sin embargo, los resultados varían mucho de una persona a otra y a menudo requieren un esfuerzo activo para mantenerlos, pero esfuerzo persistente por usar una voz más femenina puede provocar tensión y otros problemas patológicos en las cuerdas vocales. Los métodos quirúrgicos de feminización de la voz, como la laringoplastia feminizante, pueden ser una alternativa a la terapia vocal cuando los efectos del entrenamiento por sí solos no son satisfactorios, permitiendo a las pacientes modificar de forma permanente su tono y resonancia vocales habituales.
Se estima que alrededor del 1 % de las mujeres transgénero se han sometido a una intervención quirúrgica de feminización de la voz, mientras que una proporción mayor de mujeres transgénero (el 14 %) ha optado por métodos no quirúrgicos de feminización de la voz (es decir, terapia vocal).
Historia La cirugía de afirmación de género empezó a ganar fama a principios de la década de 1950, tras el caso de la mujer transgénero estadounidense Christine Jorgensen. Durante este período, se empezó a crear conciencia a nivel social de las cirugías de afirmación de género. Sin embargo, no fue hasta hace algunas décadas que se logró el reconocimiento social de la feminización de la voz.
Historia de la feminización de la voz Anteriormente, la cirugía de afirmación de género se centraba exclusivamente en la zona genital. En las últimas décadas, a medida que la interpretación de la identidad de género en la sociedad ha evolucionado, la cirugía de afirmación de género se ha expandido al ámbito de las características sexuales secundarias, prestando una atención sin precedentes a la feminización de la voz. Un estudio señala que, a lo largo de las décadas, se ha observado una creciente tendencia a priorizar el reconocimiento social (es decir, interactuar con otras personas de la comunidad bajo la identidad de género preferida) en lugar del reconocimiento sexual únicamente. Varios cirujanos plásticos han afirmado que la mayoría de sus pacientes están satisfechas con las modificaciones en las características sexuales secundarias y no sienten la necesidad de someterse a cirugías genitales adicionales.
Técnicas tradicionales El primer estudio experimental para elevar quirúrgicamente el tono de voz fue realizado por el otorrinolaringólogo japonés Kazutomo Kitajima y sus compañeros en 1979. Juntos descubrieron la relación lineal inversa entre el tono vocal y la distancia entre el cartílago tiroides y el cartílago cricoides. Basándose en este principio, se desarrolló el primer procedimiento quirúrgico para la feminización de la voz, la aproximación cricotiroidea (ACT), para lograr un aumento del tono reduciendo la separación entre los dos cartílagos. Este procedimiento sigue siendo el más conocido entre las mujeres transgénero que buscan la feminización quirúrgica de la voz. Sin embargo, los resultados de la ACT suelen ser insatisfactorios debido al sonido de falsete poco natural de la voz.
También se han desarrollado otras soluciones quirúrgicas, incluyendo la glotoplastia de Wendler, también conocida como formación glótica de membrana anterior. Las versiones más recientes de esta cirugía también se pueden denominar acortamiento de las cuerdas vocales con retrodesplazamiento de la comisura anterior. Una variante de la misma es la glotoplastia de reducción láser, así como la sintonización láser, que incluyen el cambio vocal asistido por láser y la reducción del músculo de las cuerdas vocales. Tanto la glotoplastia como la sintonización láser no presentan este problema de falsete. Sin embargo, generalmente requieren una recuperación más larga y compleja.
Técnica moderna El concepto de laringoplastia de feminización se originó a partir de la técnica de laringoplastia abierta propuesta por el cirujano estético Somyos Kunachak. La primera operación fue realizada por James P. Thomas en 2003. En comparación con otras cirugías, la laringoplastia de feminización podía realizarse en una sola intervención quirúrgica junto con la condroplastia tiroidea para reducir la prominencia de la nuez de Adán, mientras que las otras soluciones requerían realizar la condroplastia por separado.
Procedimiento moderno
Preoperatorio Antes de la operación se administran antibióticos como clindamicina y ceftriaxona por vía intravenosa para reducir el riesgo de infección. También se administra dexametasona para reducir el edema.
Para analizar mejor el cambio en el tono y la calidad de la voz después de la operación quirúrgica, también se toman grabaciones de voz antes y después de la laringoplastia.
Incisión y modificación de las cuerdas vocales miniaturadeimagen|Sección transversal horizontal del cartílago tiroides antes y después de la laringoplastia de feminización. El cartílago tiroides se corta a lo largo de la línea roja (izquierda), se extirpa la parte comprendida entre las líneas y se suturan las partes restantes (derecha). Se administra anestesia general. Luego se realiza una incisión horizontal de unos 5 cm de longitud en un pliegue de la piel por encima de la escotadura tiroidea, lo que permitiría ocultar la cicatriz posoperatoria bajo el pliegue. Tras obtener los injertos bajo el platisma, se separan los músculos infrahioideos a lo largo de la línea media para exponer el cartílago tiroides. Esto permite extirpar una tira del cartílago tiroides anterior para reducir el contorno de la nuez de Adán y el diámetro de la apertura laríngea.
También se extirpan una cuarta parte de las cuerdas vocales falsas para reducir aún más el diámetro de la laringe superior y ver mejor las cuerdas vocales verdaderas. Posteriormente, se extirpa hasta el 50 % de los pliegues vocales anteriores y se acorta la longitud de la faringe para elevar el tono de voz. El tamaño general de la región glótica también se reduce, lo que disminuye la escotadura tiroidea.
Elevación del tirohioideo Al elevar el músculo tirohioideo, se puede disminuir la distancia entre el cartílago tiroides y el hueso hioides. Esto puede facilitarse aún más extirpando las alas superiores de la tiroides en el quirófano para proporcionar más espacio para elevar la laringe.
Finalmente, se perforan ocho orificios en el cartílago tiroides y el hueso hioides para la colocación de suturas y tornillos, asegurando y suspendiendo la estructura de la laringe en la parte superior del cuello, pero permitiendo a la vez su movimiento vertical para facilitar funciones como la deglución. A continuación, se vuelven a unir los músculos infrahioideos y se cierra la piel con suturas.
Postoperatorio Tras finalizar la cirugía, a las pacientes se les prescribe paracetamol con analgésicos narcóticos para aliviar el dolor y cefpodoxima o levofloxacino durante 7 días para minimizar el riesgo de infección.
Riesgos y complicaciones miniaturadeimagen|Granuloma de la cuerda vocal Tras una laringoplastia de feminización, la mayoría de las pacientes experimentan una disminución del volumen de la voz y algunas pueden experimentar una disminución del tono vocal. La continuidad del registro también puede verse afectada negativamente. Por lo tanto, la cirugía podría ser menos adecuada para profesionales de la interpretación vocal. La reducción de los músculos de las cuerdas vocales, un procedimiento de afinación láser independiente, es una alternativa a considerar.
La presencia de granulomas en las cuerdas vocales también es una posible complicación, que puede causar una voz suave y susurrante. El granuloma debe ser expulsado mediante la tos o, en algunos casos, extirpado manualmente. La disfonía es otro síntoma común durante los dos primeros meses de recuperación, pero el problema se resuelve gradualmente en la mayoría de las pacientes. Algunas pacientes con ronquera grave y persistente tras largos periodos de recuperación podrían necesitar tratamiento adicional o cirugía de revisión. Si las cuerdas vocales cicatrizan con tensión asimétrica, generalmente se requiere tratamiento con láser para corregir el defecto.
En algunos casos raros, la inflamación grave puede provocar dificultad para respirar, lo que puede requerir una traqueotomía para evitar la zona de obstrucción.
Cuidados postoperatorios Tras una laringoplastia de feminización, las pacientes suelen recibir el alta sin necesidad de ingreso hospitalario. Se harán excepciones en caso de complicaciones, en cuyo caso la paciente deberá permanecer ingresada hasta una semana.