Pedro Selleras y Lázaro (Torre los Negros, baut. 7 de noviembre de 1555 - Visiedo, 18 de febrero de 1622) fue teólogo, examinador eclesiástico y un influyente místico de la Orden Franciscana durante la Contrarreforma en España.
Vida
Pedro Selleras y Lázaro nació en el molino de Torre los Negros, en el actual territorio de la provincia de Teruel, hijo de Pedro Salleras y María Lázaro, ambos naturales de la localidad y casados el 2 de septiembre de 1549. Fue bautizado el 7 de noviembre de 1555 y era el mayor de tres hermanos: Juan, que también ingresaría en la orden franciscana, y Miguel, que contrajo matrimonio en su localidad natal.
Recibió su primera educación en el pueblo y completó estudios de latinidad en Fuenferrada. A los trece años perdió a su padre, circunstancia que le llevó a trasladarse a Zaragoza para servir en la casa de Francisco Climente, protonotario de Felipe II. Allí trabajó en la secretaría y, según sus biógrafos, cultivó la poesía y frecuentó a los franciscanos durante su tiempo libre.
Movido por la vocación religiosa, ingresó como postulante y novicio en el Convento de Nuestra Señora de Jesús de Zaragoza, perteneciente a la rama de la Observancia de la Orden de los Hermanos Menores. Recibió el hábito el 10 de mayo de 1575 y completó el noviciado en el Convento de Santa Catalina, en Cariñena. Posteriormente regresó a Zaragoza, donde profesó solemnemente en la orden franciscana.
En el Convento de Nuestra Señora de Jesús inició sus estudios de Filosofía. Durante esos años cultivó también la música y la poesía, disciplinas que empleaba para acompañar sus composiciones y que, según sus primeros biógrafos, ponía al servicio de la devoción religiosa y la instrucción espiritual de sus compañeros. Posteriormente fue destinado al Convento de San Luis de Daroca, donde completó la formación necesaria para recibir el orden sacerdotal.
Tras su ordenación desarrolló una intensa actividad pastoral y de predicación por distintos lugares de Aragón. Residió o ejerció su ministerio en ciudades como Zaragoza, Huesca, Barbastro, Jaca y Teruel, así como en numerosas villas y localidades rurales del sur del Reino de Aragón, entre ellas Muniesa, Lécera, Belchite, Camañas, Argente, Lidón e Híjar.
Según las biografías y testimonios de la época, Pedro Selleras destacó por su austeridad, humildad y dedicación a los más necesitados. Se le atribuyen frecuentes gestos de desprendimiento, una intensa actividad asistencial y una especial atención a enfermos y pobres, rasgos que fueron posteriormente esgrimidos durante la causa de beatificación. Entre los episodios más recordados figura su actuación durante la crisis de 1614 en Híjar, cuando organizó la asistencia a numerosos pobres refugiados en las inmediaciones del convento, obteniendo limosnas, repartiendo alimentos y confeccionando personalmente ropa para los más necesitados.
Falleció en olor de santidad en Visiedo, actual provincia de Teruel, el 18 de febrero de 1622, mientras predicaba durante la Cuaresma. Los vecinos de la localidad lo sepultaron en una fosa profunda en el interior de la iglesia, con el fin de evitar que otros devotos se apoderasen del cadáver, pero poco después los franciscanos de Híjar reclamaron sus restos. Tras la intervención del obispo de Teruel, Tomás Cortés, y la constitución de un tribunal eclesiástico, se reconocieron los derechos de la comunidad de Híjar. Treinta y ocho días después de la muerte, el cuerpo fue exhumado ante una multitud congregada en el templo. Según los testimonios recogidos durante el proceso, al abrirse el féretro el cadáver presentaba un aspecto incorrupto y, al ser elevado, sus brazos se extendieron en forma de cruz. El cirujano Alejo Ruiz separó el brazo derecho, que permaneció en Visiedo y todavía se conserva en la iglesia parroquial.
El cuerpo fue trasladado a Híjar en una larga comitiva que, según las crónicas, congregó a numerosos fieles a lo largo del recorrido. El cortejo pasó por Lidón y Torre los Negros, donde se separó el pie izquierdo, conservado desde entonces en la iglesia parroquial de la localidad. La comitiva prosiguió por Segura de Baños, Cortes de Aragón, Muniesa, Lécera y Belchite, difundiéndose durante el trayecto noticias sobre supuestos milagros y curaciones atribuidos a su intercesión. A su llegada a Híjar, los restos fueron recibidos solemnemente y se celebraron exequias a las que asistieron numerosas autoridades eclesiásticas de la comarca. Finalmente, fue enterrado en el Convento de Nuestra Señora de los Ángeles de Híjar.
Recepción y reconocimientos
Poco después de su fallecimiento, el arzobispo de Zaragoza, el franciscano Pedro González de Mendoza, promovió la apertura de un proceso de beatificación, en el que participaron destacadas personalidades eclesiásticas, entre ellas Pedro Apaolaza y Tomás Cortés de Sangüesa. El proceso, iniciado en 1622, contó con el respaldo de diversos miembros de la orden franciscana y de nobles vinculados a Híjar y al sur de Aragón. En 1625, fray Francisco de Torres publicó una breve relación de la vida, virtudes y milagros de Selleras, y en 1664 Tomás Francés de Urrutigoiti dio a la imprenta una extensa biografía basada en la documentación del proceso. El reconocimiento de sus virtudes permitió que recibiera el título de venerable, aunque no se autorizó el culto público.
A comienzos del siglo XVIII se produjo un segundo intento de impulsar su beatificación, coincidiendo con la publicación en Zaragoza de Descripción de la vida y muerte del venerable padre fray Pedro Selleras (1703), de fray Juan Pérez López, y con las obras de Hebrera y Arbiol. Sin embargo, la causa no prosperó más allá de las primeras fases y terminó abandonándose. Según José Ignacio Gómez Zorraquino, la insuficiencia de apoyos políticos e institucionales y las prioridades cambiantes de la monarquía y de la Iglesia impidieron culminar el proceso, por lo que Pedro Selleras nunca llegó a ser beatificado y permaneció únicamente con el título de venerable.
En 2025 se inauguró en Torre los Negros una escultura dedicada a Pedro Selleras, inspirada en el milagro que la tradición le atribuye de haber hecho brotar agua de una roca. Situada en la plaza de la iglesia, representa al religioso golpeando el suelo con su bastón mientras surge un manantial. La obra, realizada por el escultor José Antonio Córdoba, mide 1,96 m de altura y está elaborada en acero corten y hierro con tratamiento antioxidante.
Obra
Todas incluidas en Juan Pérez López, Descripcion de la vida y muerte del venerable padre Fray Pedro Selleras de la regular Observancia de los Frayles Menores (Zaragoza: Manuel Roman, 1703):
Soneto a la Señora Santa Ana Despertador para los horas del dia, o la noche, y singularmente quando dexare de dàr horas el Relox Diario para las veinte y quatro horas Salutacion a la Madre de Dios por siete jornadas
Referencias
Bibliografía
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