Numerosos estudios realizados en todo el mundo han encontrado una relación entre el estatus socioeconómico y la salud mental. Si bien existen mayores tasas de enfermedades mentales en grupos con menor nivel socioeconómico, no hay un consenso claro sobre los factores causales exactos. Existen 2 modelos principales que intentan explicar esta relación: la teoría de la causalidad social, que sostiene que la desigualdad socioeconómica genera estrés que da lugar a enfermedades mentales, y la hipótesis de la deriva descendente, que asume que las personas que desarrollan una enfermedad mental experimentan una disminución en su estatus como consecuencia de la enfermedad.

Esta vulnerabilidad de las personas de menor estatus puede afectar notablemente a los adolescentes, que tienen mayor probabilidad de verse influidos negativamente por la inestabilidad financiera de sus padres, según la teoría de la causalidad social. La mayor parte de la literatura sobre estos conceptos data de mediados de la década de 1990 y se inclina fuertemente por el modelo de causalidad social.

Ni todas las enfermedades mentales son consecuencia de un menor nivel socioeconómico (se han identificado otros factores, biológicos, psicológicos y ambientales; ver Causas de los trastornos mentales) ni todas las enfermedades mentales, en sus diversos grados, reducen el estatus de quien las sufre (muchas son de corta duración y responden bien a los diversos tratamientos). También es un error deducir que las personas de bajo estatus tienen, por esta condición, que padecer una enfermedad mental; simplemente la prevalencia en ellas es mayor.

Causalidad social La teoría de la causalidad social es una teoría más antigua y con mayor respaldo empírico. Afirma que el estatus socioeconómico de bajo de una persona propicia el debilitamiento de sus funciones mentales en comparación con otra de mayor estatus. Como escribe Perry en The Journal of Primary Prevention, «los miembros de las clases sociales bajas experimentan un exceso de estrés psicológico y relativamente pocas recompensas sociales, lo que resulta en trastornos psicológicos». El exceso de estrés que experimentan las personas de bajo estatus podría deberse a una atención médica inadecuada, la inseguridad laboral y la pobreza, lo que puede generar muchos otros factores estresantes psicosociales y físicos como el hacinamiento, la discriminación o la delincuencia.

Investigación Los estudios de Faris y Dunham (1939), Hollingshead y Redlich (1958) y Midtown Manhattan (1962) son 3 de los más influyentes en el debate entre causalidad social y deriva descendente. Proporcionan evidencia importantede la correlación lineal entre enfermedad mental y nivel socioeconómico (NSE), yendo más allá de la afirmación de que un NSE bajo predispone a la enfermedad mental.

Las tasas más altas de enfermedad mental en personas de bajo NSE probablemente se deban al mayor estrés que experimentan. Problemas que no se sufren en NSE altos, como la falta de vivienda, el hambre, el desempleo, etc., contribuyen a los niveles de estrés psicológico que pueden conducir al inicio de la enfermedad mental. Además de experimentar mayores niveles de estrés, para quienes se encuentran en la base de la escala socioeconómica hay menos recompensas y recursos sociales.

Los recursos económicos moderados disponibles para aquellos que están solo un nivel por encima del grupo socioeconómico más bajo les permiten tomar medidas preventivas de las psicosis, o tratarlas si ya las han desarrollado.

Faris y Dunham (1939) Faris y Dunham analizaron la prevalencia de trastornos mentales, incluida la esquizofrenia, en diferentes zonas de Chicago. Los investigadores trazaron un mapa de los domicilios de los pacientes antes de su ingreso en hospitales. Si uno se desplazaba sobre el mapa desde el centro de la ciudad (viviendas más caras) a las afueras (casas más baratas), observaba que el número de casos iba aumentando. Esto reflejaba otras tasas de distribución, como el desempleo, la pobreza y el abandono del varón progenitor a su mujer y a sus hijos. También hallaron que los casos de esquizofrenia eran más frecuentes en los barrios de viviendas públicas, así como en comunidades con mayor número de inmigrantes. Este fue uno de los primeros estudios empíricos, basados en evidencia, que respaldaron la teoría de la causalidad social.

Hollingshead y Redlich (1958) Hollingshead y Redlich realizaron un estudio en New Haven, Connecticut, que se consideró un gran avance en este campo de investigación. Los investigadores identificaron a todas las personas hospitalizadas o en tratamiento por enfermedad mental revisando archivos de clínicas, hospitales y similares. Lograron diseñar un constructo válido y fiable para relacionar esta condición con la clase social, utilizando la educación y la ocupación como medidas para 5 grupos de clase social. Sus resultados mostraron una prevalencia de la esquizofrenia significativamente mayor en el grupo social más bajo. También encontraron que, cuanto más bajo era el nivel socioeconómico de las personas, mayor era la probabilidad de que fueran ingresadas en un hospital por psicosis.

Estudio del centro de Manhattan (1962) El estudio de Srole, Langner, Michael, Opler y Rennie, conocido como el Estudio de Midtown Manhattan, se ha convertido en fundamental para el conocimiento sobre salud mental. Su objetivo principal fue «descubrir la porción desconocida de la enfermedad mental que está sumergida en la comunidad y, por lo tanto, oculta tanto a los investigadores sociológicos como psiquiátricos». Los investigadores lograron profundizar en la comunidad para incluir sujetos que generalmente quedan excluidos de este tipo de estudios. Los experimentadores utilizaron tanto el nivel socioeconómico (NSE) de la persona como el de sus padres para investigar la correlación entre la enfermedad mental y la clase social. Al basar sus resultados en el NSE parental, aproximadamente el 33% de los habitantes de Midtown con el NSE más bajo mostraron algunos signos de deterioro en el funcionamiento mental, mientras que solo se observaban en el 18% de los habitantes con el NSE más alto. Al evaluar la relación entre salud mental y NSE personal, el 47% de los habitantes con el NSE más bajo mostraron signos de debilitamiento de las funciones mentales, mientras que solo se apreciaban en el 13% de los habitantes con el NSE más alto. Estos hallazgos se mantuvieron iguales para todas las edades y géneros.

Nivel socioeconómico y desarrollo infantil Se ha demostrado que los niños criados por padres con menor nivel educativo y, por consiguiente, con peores condiciones socioeconómicas, tienen 5 veces más probabilidades de padecer un trastorno psiquiátrico que aquellos cuyos padres tienen un mayor nivel educativo. El nivel socioeconómico bajo no solo puede aumentar el riesgo de desarrollar problemas de salud mental, sino que también puede incrementar la duración e intensidad del trastorno.

Teoría de la deriva A diferencia de la causalidad social, la deriva hacia abajo (también conocida como selección social) postula que probablemente existe un componente genético que causa el inicio de la enfermedad mental, lo que puede conducir a «una deriva hacia abajo o a la imposibilidad de ascender». Esto significa que el nivel socioeconómico de una persona es una consecuencia, y no una causa, del debilitamiento de las funciones mentales. La teoría de la deriva descendente se muestra prometedora específicamente para individuos con diagnóstico de esquizofrenia.

Investigación

Weich y Lewis (1998) El estudio de Weich y Lewis se llevó a cabo en el Reino Unido, donde los investigadores analizaron a 7725 adultos que habían desarrollado enfermedades mentales. Descubrieron que, si bien un bajo nivel socioeconómico y el desempleo pueden aumentar la duración de los episodios psiquiátricos, no aumentan la probabilidad del brote psicótico inicial.

Isohanni y otros (2001) En el estudio longitudinal de Isohanni et al. realizado en Finlandia, los investigadores analizaron a pacientes de entre 16 y 29 años tratados en hospitales por trastornos mentales. El estudio siguió a los pacientes durante 31 años y examinó cómo su enfermedad afectaba a su rendimiento académico. El estudio incluyó a un total de 80 pacientes y comparó a aquellos que habían sido tratados en el hospital por diagnósticos de esquizofrenia y otros diagnósticos psicóticos o no psicóticos con aquellos de la misma cohorte nacida en 1966 que no habían recibido tratamiento psiquiátrico. Descubrieron que las personas hospitalizadas a los 22 años o menos (inicio temprano) tenían más probabilidades de completar solo un nivel básico de educación y permanecer estancadas.

Algunos pacientes lograron completar la educación secundaria, pero ninguno llegó a la universitaria. Quienes no habían sido hospitalizados presentaban tasas más bajas de finalización de la educación básica, pero porcentajes mucho mayores de finalización tanto de la educación secundaria como de la superior, 62% y 26%, respectivamente. Este estudio sugiere que los trastornos mentales, especialmente la esquizofrenia, dificultan el logro educativo. La incapacidad para completar la educación superior podría ser uno de los factores que contribuyen al descenso socioeconómico de las personas con enfermedades mentales.

Wiersma, Giel, De Jong y Slooff (1983) Estos investigadores analizaron el nivel educativo y ocupacional de pacientes con psicosis en comparación con sus padres. Evaluaron ambas áreas tanto en los padres como en los pacientes. En un seguimiento de 2 años, la movilidad social descendente en educación y ocupación fue mayor de lo esperado en los pacientes. Solo un pequeño porcentaje de pacientes pudo conservar su trabajo o encontrar uno nuevo tras el inicio de la psicosis. La mayoría de los individuos que participaron en el estudio tenían un nivel socioeconómico más bajo que al nacer. Este estudio también mostró que la deriva puede comenzar con síntomas prodrómicos en lugar de con el inicio completo de la psicosis.

Debate Muchos investigadores argumentan contra del modelo de deriva descendente, porque, a diferencia del de causalidad social, «no aborda el estrés psicológico de la pobreza y no valida que el estrés económico persistente pueda conducir a trastornos psicológicos». Mirowsky y Rossafirman en su libro Causas sociales del malestar psicológico, que el estrés frecuentemente proviene de la falta de control, o la sensación de falta de control, sobre la propia vida. Las personas de menor nivel socioeconómico tienen menos sensación de control sobre lo que ocurre en sus vidas que las personas de mayor estatus.

Mirowsky y Ross sostienen que la falta de control no solo proviene de trabajos con bajos ingresos, sino que «la condición de minoría también disminuye la sensación de control, en parte debido a los menores niveles de educación, ingresos y empleo, y en parte porque cualquier nivel de logro requiere mayor esfuerzo y ofrece menos oportunidades». Los argumentos presentados en su libro respaldan el modelo de causalidad social, dado que implican altos niveles de estrés. Ambos modelos no tienen por qué ser mutuamente excluyentes: los investigadores tienden a coincidir en que la deriva descendente tiene mayor relevancia para alguien diagnosticado con esquizofrenia.

Según un metaanálisis de 2009 realizado por Paul y Moser, los desempleados en países con alta desigualdad de ingresos y escasa protección contra el desempleo presentan peor salud mental que los parados del resto de países.

Implicaciones para la esquizofrenia