Maurice Blondel (Dijon; 2 de noviembre de 1861 - Aix-en-Provence; 4 de junio de 1949) fue un filósofo francés.

Biografía Descendiente de una antigua familia borgoñona de profunda raigambre católica, Blondel cursó sus primeros estudios en el Liceo y los prolongó en la Universidad, donde obtuvo la Licencia en Letras y el Bachillerato en Derecho. A los 20 años fue admitido en la École Normale Supérieure, donde tuvo como profesores a Emile Boutroux y a Léon Ollé-Laprune, y como condiscípulos, entre otros, a Víctor Delbos y a Pierre Duhem.

A mediados de 1884, Blondel comenzó a ejercer la docencia, pero pronto se retiró a la casa de campo familiar en Saint Seine-sur-Vingeanne, para preparar su tesis doctoral. Ya desde 1882 estaba decidido a estudiar la acción humana y su sentido, tema y perspectiva inéditos en la filosofía francesa de la época, ya que el término acción ni siquiera figuraba en el voluminoso Dictionnaire des sciences philosophiques de A. Franck. La intuición, largamente meditada y madurada, dio por resultado una obra pacientemente construida, tres veces redactada por completo y por fin presentada en la Sorbona el 7 de junio de 1893 ante un jurado compuesto por Boutroux, Paul Janet, Brochard y Séailles. Publicada el mismo año en la Bibliotheque de Philosophie Contemporaine (Alcan, 1 vol., 492 págs.), llevaba como título completo: L'Action, Essai d'une critique de la vie et d'une science de la pratique. En el verano de ese año, su encuentro con el sacerdote Henri Huvelin lo ayudó en su decisión de permanecer en el estado laical.

Las coordenadas esenciales de su obra L'Action han de buscarse en la precedente experiencia religiosa de su autor. Durante sus años de estudio, había sido dolorosamente impresionado por la indiferencia religiosa de vastos sectores de la intelectualidad francesa, cuyo rigor científico y afán intelectual compartía, y con los que quiere entablar un diálogo filosófico que les lleve a plantearse con hondura las cuestiones religiosas. Junto a esas preocupaciones apologéticas, y, en gran parte, por encima de ellas, L'Action procede también de una intención filosófica estricta. En un ambiente saturado de cientifismo positivista y de idealismo neocriticista, Blondel se propuso rehabilitar el análisis reflexivo, como paralelamente comenzaba a intentarlo Henri Bergson, no ya del fenómeno tan huidizo de la conciencia, sino de la realidad más concreta e inmediata dada a nuestra experiencia, la acción. Describir su génesis y desarrollo, develar sus condiciones e implicaciones, trazar su sentido y sus exigencias, es en síntesis el proyecto blondeliano.

thumb|Fachada de la casa en que vivió Maurice Blondel de 1896 a 1949, en la calle Roux-Alphéran 15, Aix-en-Provence. La acogida tributada a L'Action fue muy variada. En los círculos universitarios se reconoció la nobleza moral de la obra, pero se le acusó de hacer depender la filosofía de una inspiración religiosa positiva, desconociendo su autonomía. Por esta razón se negó a Blondel una cátedra en la enseñanza oficial, lo que le hirió profundamente; sólo dos años más tarde, moviendo algunas influencias, obtuvo su nombramiento en Aix-en-Provence, donde enseñaría ininterrumpidamente hasta 1927. Entre los católicos la acogida no fue unánime. Hubo quienes desde el primer momento apreciaron L'Action como una obra que marcaba un hito en el pensamiento religioso francés; rápidamente afluyeron discípulos entusiastas y amigos: Paul Mulla, convertido al islamismo, Augusto Valensin, prometedor estudiante jesuita, y L. Laberthonniere, oratoriano, fogoso antiescolástico. Otros señalaron en cambio que el intento blondeliano, cuya buena intención intelectual reconocían, implica el riesgo de racionalizar el cristianismo, de ceder al subjetivismo kantiano y de debilitar las pruebas apologéticas tradicionales. La cuestión se hace más grave con la crisis modernista, dadas las relaciones con Blondel mantenidas por algunos de sus protagonistas. Todo ello llevó a Blondel a un esfuerzo intelectual para precisar más sus posiciones más propiamente apologéticas y definir mejor su proyecto de constituir una Apologética de carácter filosófico en la que el estudio de la acción abriera a la consideración del orden cristiano presentado como aquel donde la acción obtiene su plena inteligibilidad.

En los 20 años siguientes a L'Action, Blondel trabaja afanosamente en esta línea apologética. Dos nuevas publicaciones fundamentales ven la luz: Lettre sur les éxigences de la pensée contemporaine en matiere d'apologétique et sur la méthode de la philosophie dans l'étude du probleme religieux (1896) y Histoire et Dogme (1904). La primera plantea el problema de las relaciones entre fe y filosofía, criticando al racionalismo que propicia una «filosofía separada» de toda fe o creencia, y esforzándose por precisar el camino de una «filosofía cristiana» que evite lo que, a su juicio, sería una prematura unión entre filosofía y teología. En la segunda -que vio la luz poco después de L'Évangile et l'Église de Alfred Loisy- quiere encontrar un camino que evite tanto la pobreza filosófica del historicismo, como una insuficiente valoración del papel de los hechos históricos en el desarrollo del conocimiento. Publicó también en este periodo muchos otros artículos acerca de la fe, del milagro y del valor histórico de los dogmas. Muchos borradores inéditos muestran su constante preocupación por elaborar un programa de «Apologética integral» (cfr. R. St. Jean, L'apologétique philosophique... o. c. en bibl.). Otros artículos, más expresamente filosóficos, se aplican a detectar la persistencia de ideas religiosas en el sustrato de sistemas filosóficos modernos: Le christianisme de Descartes (1896), L'évolution du spinozisme (1894); otros intentan orientar la filosofía hacia un método que venza la antítesis idealismo-realismo: L'iausion idéaliste (1898), Le point de départ de la recherche philosophique (1906).

Entre 1913 y 1934 (otros 20 años de intenso trabajo), Blondel abandona las controversias y se recoge en una renovada meditación. Algunas publicaciones dejan entrever la temática y amplitud de la tarea que emprende. Un grupo está constituido por artículos de carácter histórico: L'anticartésianisme de Malebranche (1916), Le jansénisme et l'antijansénisme de Pascal (1923), una biografía de Ollé-Laprune (1923), la reelaboración de su tesis latina Une énigme historique: le «vinculum substantiale» d'apres Leibniz et l'ébaucht! d'un réalisme supérieur (1930), y algunos artículos sobre S. Agustín (1930). Otro grupo de artículos muestra la constancia de su inquietud por la filosofía religiosa: Le probleme de la mystique (1925), y un volumen con el cual interviene en la célebre polémica desatada por Bréhier y Gilson acerca de la filosofía cristiana: Le probleme de la philosophie catholique (1932), seguido por varios artículos y respuestas a objeciones. Por último, un tercer grupo de artículos de este periodo responden a problemas del momento, especialmente de carácter político-social: un debate acerca de la Acción Francesa de Maurras (1927), una contribución importante a la Semana Social de Francia: Patrie et Humanité (1928), y artículos breves acerca del problema educacional (1929).

En 1934, Blondel tiene 73 años, salud precaria y una ceguera casi completa, a la cual pronto se añadirá la sordera. Su espíritu, sin embargo, vive tan intensamente como en su juventud. Una tras otra, publica tres obras de envergadura: La Pensée (2 vol. 1934), L'Etre et les etres (1935) y L'Action (2. vol. 1936-37). Este conjunto ha sido denominado «trilogía», pero debe hablarse más bien de «tetralogía», ya que otra obra de gran aliento coronará pronto el conjunto: La Philosophie et l'esprit chrétien (2 vol. 1944-46), última en ejecución, pero primera y constante en la intención. Debía seguir un tercer volumen de ella, pero en su lecho de muerte, el anciano octogenario sólo alcanzó a disponer la edición de dos estudios anteriores reunidos bajo el título Exigences philosophiques du christianisme (1950). Se extinguió suavemente en su residencia de Aix, a los 88 años de edad.

L'Action (1893) Hemos visto que surgió al soplo de dos inquietudes, la del cristiano y la del filósofo. Como cristiano, Blondel cree que el hombre está ordenado al fin sobrenatural de la adopción divina en Cristo. Como filósofo, piensa que la sola razón, si bien no puede hacer esta afirmación de fe, no puede tampoco desinteresarse del destino humano: tiene fuerza suficiente para develar, en la misma descripción del actuar, las implicaciones necesarias que permitan discernir su dirección y el vacío ineludible que sólo un don anhelado pero gratuito puede colmar. Por eso asigna a la filosofía un objeto central de estudio: la acción. En su acepción blondeliana, este término denota todo el encadenamiento de la actividad humana, desde su sustrato cósmico y orgánico hasta la síntesis superior del pensar y del querer. Blondel piensa que así renueva profundamente la problemática filosófica: en lugar del Pienso cartesiano, del Debo kantiano, o del Quiero schopenhaueriano, podría decirse que comienza con un «Actúo» para afrontar el más profundo y universal de los problemas: «¿Sí o no, la vida humana tiene un sentido y el hombre un destino?» (L'Action, intr.).

El problema y el punto de partida inspiran el método. Para ser estrictamente filosófico debe versar acerca de lo universal y necesario, esto es, no puede reducirse a una descripción psicológica (aunque también la asuma), sino que debe atender a las verdades lógicas trascendentes implicadas en el actuar humano. De otra parte tampoco quiere desembocar en seguida en un discurso de orden ontológico, lo que -piensa- sería prematuro. Hay que -dice- diferir toda afirmación ontológica para elaborar una «crítica de la vida», limitándose provisionalmente al estudio de los fenómenos, los estados de conciencia y las nociones que expresan relaciones de interdependencia. Es un método fenomenológico (Blondel empleó este término en su soutenance: cfr. Études Blondéliennes, I, 86), descriptivo, que irá ganando densidad ontológica a medida que las implicaciones de la acción vayan desplegando una «historia natural» y desembocando en la inevitabilidad de una opción o decisión efectiva de la práctica, que dará «vida» o «muerte» a la acción al resolverse frente a la última alternativa a que conduce esta marcha.

El blondeliano es también un método dialéctico. «Sí o no»: ambas posibilidades son seguidas en todas sus implicaciones lógicas para descubrir sus significaciones. La dialéctica entre religión y filosofía resulta así, piensa, enriquecedora para ambas, que aislarlas en dominios herméticamente separados: «entre la creencia y la ciencia, me ha parecido que hay un punto de encuentro permanente, es la acción: en ella, los dos órdenes que habían sido superpuestos, yuxtapuestos u opuestos, se componen en una mutua compenetración. Al mostrar cómo las verdades más positivas se extraen de la acción, me preparo a extraer de la acción las verdades trascendentes que están allí ya inmanentes» (carta a G. Perrot: Lettres Philosophiques, París 1961, 35-36). Blondel admitió que su método se denominara «de inmanencia», a condición de que se distinguiera absolutamente de la doctrina de inmanencia.