La Expedición de Límites del Orinoco (1754 - 1761) fue una comisión demarcadora organizada por la Monarquía española entre 1754 y 1761 para delimitar la frontera entre los imperios español y portugués, aplicando las disposiciones territoriales establecidas por el Tratado de Madrid de 1750. Dirigida por José de Iturriaga, la expedición recorrió el Orinoco desde su delta hasta el canal del Casiquiare y el río Negro, realizando trabajos de exploración geográfica, observación científica y fundación de poblaciones en la Guayana.
La expedición combinó objetivos diplomáticos, geográficos y científicos, y es considerada por diversos historiadores una de las principales empresas ilustradas promovidas por la Monarquía española en la América del siglo XVIII. miniaturadeimagen|Mapa histórico del Orinoco y Amazonas
Antecedentes Desde finales del siglo XVII, portugueses y españoles avanzaban desde direcciones opuestas hacia el interior de Sudamérica. Los portugueses remontaban la cuenca amazónica desde Brasil, mientras que los españoles ocupaban las costas caribeñas y el valle del Orinoco.
El Tratado de Madrid de 1750 intentó resolver las disputas territoriales dividiendo el continente en grandes áreas de influencia. Para materializar esta división se organizaron varias comisiones mixtas encargadas de reconocer el terreno y señalar físicamente los límites.
En el norte de Sudamérica, el plan consistía en que los expedicionarios españoles partiesen desde Venezuela, remontaran el Orinoco hasta el canal del Casiquiare y descendieran por el río Negro hacia la cuenca amazónica hasta Mariuá, donde debían encontrarse con una comisión portuguesa procedente del Amazonas.
Organización La expedición fue dirigida por el guipuzcoano José de Iturriaga, que era un marino y militar experimentado.
Los otros tres comisarios fueron: Eugenio de Alvarado, Antonio de Urrutia y José Solano y Bote.
Entre los científicos destacó el botánico sueco Pehr Löfling (fallecido en la expedición), discípulo de Carlos Linneo, acompañado por los astrónomos Javier Haller (jesuita fallecido en la expedición), Ignacio Milhau, Nicolás Guerrero y Vicente Doz, el médico Benito Pastor, los dibujantes Juan de Dios Castel y Bruno Salvador, cartógrafos como José Santos Cabrera o pilotos como Santiago Zuloaga.
Los preparativos duraron cerca de cuatro años e incluyeron la adquisición de instrumentos científicos en España, Francia y Gran Bretaña.
Para transportar al personal y la carga desde Cádiz a Cumaná, se utilizó la fragata Inmaculada Concepción y la Santa Ana, un navío de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas que tenía expectativas comerciales en la región. Tras 54 días de navegación, desembarcaron en Cumaná el 10 de abril de 1754.
Exploraciones miniaturadeimagen|José Solano Durante los primeros meses se realizaron observaciones astronómicas, meteorológicas y cartográficas destinadas a mejorar el conocimiento geográfico de la región.
Posteriormente la expedición se dividió en varios grupos que avanzaron simultáneamente hacia el interior desde el delta del Orinoco, navegando en canoas y champanes. Pronto se vio la dificultad de la expedición debido a los aguaceros y crecientes del río, epidemias (viruela la más frecuente) o la hostilidad de los caribes a lo que había que añadir un elevado número de deserciones.
En 1755, Iturriaga y Solano partieron con 15 embarcaciones y recorrieron: Cumaná - Margarita - Trinidad - Delta del Orinoco - Guayana.
En 1756 llegaron a Moitaco, una misión franciscana observante situada en el Orinoco Medio, que poseía una considerable importancia estratégica.
Ese mismo año, Solano partió para alcanzar el curso alto del Orinoco logrando cruzar el raudal (rápidos) de Atures y poco después el de Maipures. Hasta entonces aquellos rápidos habían constituido una barrera natural que limitaba el avance español hacia el Alto Orinoco. José Solano es considerado por algunos autores uno de los primeros exploradores ilustrados de la Amazonia española.
En 1757, otro grupo al mando de los guardiamarinas Doz y Guerrero exploró el río Apure, para abrir una ruta de comunicación con los llanos de Barinas . A partir de entonces, las nuevas fundaciones y alianzas indígenas ampliaron significativamente la presencia española en el Alto Orinoco. Durante los años siguientes se establecieron diversos asentamientos españoles en el Alto Orinoco y el Río Negro, entre ellos San José de Maipures, San Fernando de Atabapo, Santa Bárbara, canal de Casiquiare (ya descrita por el jesuita Manuel Román en 1744), San Felipe y San Carlos de Río Negro. Como consecuencia de ello, se emprendieron diversas exploraciones hacia las fuentes del Orinoco.
En octubre de 1759, los oficiales Simón López y Francisco Fernández de Bobadilla fueron enviados por José Solano para descender por el canal del Casiquiare y alcanzar el Río Negro. La comisión logró llegar a Mariuá, principal base portuguesa en la región amazónica, convirtiéndose en la primera representación oficial española que completó íntegramente la ruta Orinoco - Casiquiare - Río Negro prevista por el Tratado de Madrid.
Al llegar comprobaron que la comisión portuguesa había abandonado el lugar tras años de espera, lo que frustró el encuentro bilateral que constituía uno de los principales objetivos de la expedición.
Relación con los pueblos indígenas El éxito de la expedición dependió en gran medida de las relaciones establecidas con las poblaciones indígenas, lo que despertó tensiones con los misioneros de la región.
Los expedicionarios entraron en contacto con numerosos pueblos del Orinoco y la Guayana, entre ellos caribes, guaipunabis, maquiritares, otomacos y tamanacos.
Para la expedición, estas comunidades eran fundamentales porque conocían las rutas fluviales, podían actuar como guías y constituían aliados potenciales frente a portugueses, holandeses y grupos hostiles.
Los caribes Las autoridades españolas consideraban a diversos grupos caribes un obstáculo para la consolidación de su presencia en la región.
José de Iturriaga intentó inicialmente establecer alianzas mediante negociaciones y regalos, pero muchos caciques desconfiaban de la presencia española y continuaron atacando misiones y poblaciones aliadas.
La importancia de los caribes iba más allá de la resistencia armada. Desde hacía décadas mantenían relaciones comerciales con las colonias holandesas situadas al este de la Guayana española.
Misioneros y funcionarios denunciaban especialmente la captura y venta de indígenas pertenecientes a otros pueblos, que eran trasladados a las colonias holandesas para ser utilizados como esclavos. Este hecho era una amenaza tanto para la evangelización como para el control efectivo del territorio.
Por ello, uno de los objetivos de la expedición fue reducir la influencia de estas redes comerciales mediante la fundación de nuevas poblaciones, el fortalecimiento de las misiones y la búsqueda de alianzas con grupos indígenas favorables a España.
La alianza con los guaipunabis Más exitosa fue la política desarrollada por José Solano con los guaipunabis.
Gracias a su colaboración, los españoles lograron establecerse en el Alto Orinoco y fundar posteriormente San Fernando de Atabapo.
Los guaipunabis proporcionaron información sobre las rutas hacia el Casiquiare y el río Negro, desempeñando un papel decisivo en la expansión de la expedición hacia el sur.
Las misiones religiosas Antes de la llegada de los expedicionarios, existía una extensa red de misiones católicas hasta el Orinoco medio que constituía la principal presencia española en el interior.
Participaban especialmente:
Jesuitas. Capuchinos catalanes. Franciscanos.
Las misiones servían como centros agrícolas, puntos de abastecimiento, lugares de refugio y bases para futuras exploraciones.
Los expedicionarios dependieron frecuentemente de ellas para obtener alimentos, canoas, intérpretes y guías. Sin embargo, la relación no estuvo exenta de tensiones.
Eugenio de Alvarado mantuvo prolongadas disputas con los jesuitas de Carichana, a quienes acusaba de dificultar algunos de los objetivos de la expedición.
Por su parte, muchos religiosos veían con recelo la creciente intervención de militares y funcionarios civiles en territorios donde las órdenes religiosas habían ejercido una influencia casi exclusiva durante décadas.
Pese a ello, expedición y misiones compartían un objetivo común: consolidar la presencia española en la frontera amazónica. Exploraciones derivadas Entre las exploraciones secundarias destacaron los reconocimientos de los ríos Apure, Caura, Cuchivero, Ariari y Guaviare, así como el estudio completo del canal del Casiquiare.
Fundación de poblaciones La expedición no se limitó a explorar. Sus miembros fundaron y potenciaron nuevas poblaciones destinadas a asegurar la presencia española en territorios poco controlados.
En 1757 los expedicionarios establecieron las poblaciones de Ciudad Real y Real Corona en la región situada entre los ríos Cuchivero y Caura. José de Iturriaga fijó posteriormente su residencia en Ciudad Real, que se convirtió en el principal centro de operaciones de la expedición en la Guayana interior.
El 31 de julio de 1758 José Solano fundó San Fernando de Atabapo sobre un asentamiento indígena guaipunabi conocido como Maracoa o Casuru. La nueva población se convirtió en uno de los principales enclaves españoles del Alto Orinoco.
Como resultado de las exploraciones impulsadas por José Solano en el Alto Orinoco y el Río Negro, se establecieron diversos asentamientos fronterizos, entre ellos San Carlos de Río Negro, fundado en 1759 por miembros de la expedición. Algunas fuentes atribuyen su fundación a Simón López o a Apolinar Díaz de la Fuente, subordinados de Solano.
Descubrimientos científicos
Cartografía y geografía Uno de los principales resultados científicos de la expedición fue la elaboración de nuevos mapas de la Guayana y del sistema hidrográfico del Orinoco.
Los expedicionarios determinaron posiciones geográficas mediante observaciones astronómicas y levantaron planos de numerosos tramos fluviales hasta entonces imperfectamente conocidos por la administración española. Entre los trabajos más destacados figuraron los reconocimientos del Alto Orinoco, del río Negro y del canal del Casiquiare.
Las observaciones realizadas durante la expedición contribuyeron a confirmar la existencia del Casiquiare como una conexión natural entre las cuencas del Orinoco y del Amazonas, uno de los fenómenos hidrográficos más singulares de Sudamérica. Aunque el jesuita Manuel Román había descrito esta comunicación en 1744, las exploraciones posteriores permitieron obtener una información geográfica más detallada sobre su recorrido y navegabilidad.
Los mapas elaborados por los miembros de la expedición fueron utilizados posteriormente por la administración colonial española y por viajeros científicos de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, entre ellos Alexander von Humboldt.
Astronomía y geodesia Las observaciones astronómicas constituyeron una herramienta fundamental para la determinación de coordenadas y la elaboración cartográfica.
Los astrónomos de la expedición, entre ellos Ignacio Milhau, Nicolás Guerrero y Vicente Doz, realizaron mediciones de latitud mediante observaciones solares y estelares, además de registrar eclipses, posiciones planetarias y otros fenómenos celestes utilizados para corregir la cartografía existente.
Estos trabajos permitieron mejorar la localización de numerosos accidentes geográficos del Orinoco y facilitaron los intentos de delimitación fronteriza previstos por el Tratado de Madrid. miniaturadeimagen|259x259px|Ilustración de la planta de canela de Juan de Dios Castel
Botánica e historia natural