Anastasio Hurtado y Robles (Mascota, Jalisco, 15 de febrero de 1890 – Guadalajara, Jalisco, 24 de febrero de 1972) fue un obispo católico mexicano quien ejerció como IV Obispo de la Diócesis de Tepic entre 1935 y 1970.

Nació dentro del territorio diocesano en el municipio de Mascota, en el estado de Jalisco. Fue ordenado sacerdote el 7 de marzo de 1914 para el clero de la entonces Diócesis de Tepic.

El 21 de diciembre de 1935, el Papa Pío XI lo nombró Obispo de Tepic. Recibió la consagración episcopal el 12 de abril de 1936 en la Catedral de Guadalajara, de manos del Arzobispo José Garibi y Rivera.

Durante su administración, la diócesis atravesó un proceso de reorganización institucional tras los conflictos religiosos del periodo anterior en México. De acuerdo con fuentes diocesanas, en los primeros años de su gobierno el ejercicio del culto público y la actividad del clero se encontraban limitados en varias regiones del territorio diocesano.

A lo largo de su episcopado, se impulsó la reorganización del Seminario Diocesano y el aumento del número de vocaciones sacerdotales. Diversos registros señalan la ordenación de un número significativo de sacerdotes durante su periodo de gobierno, así como el fortalecimiento progresivo del presbiterio diocesano.

Su gobierno pastoral se extendió durante un periodo de cambios importantes en la Iglesia Católica, incluyendo la realización del Concilio Vaticano II (1962–1965). Las fuentes diocesanas señalan que la implementación de las reformas conciliares en Tepic se realizó de forma gradual, en un contexto de consolidación institucional.

El 13 de julio de 1970, el Papa Pablo VI aceptó su renuncia como obispo de Tepic, tras más de tres décadas de servicio episcopal. Ese mismo día fue nombrado Obispo Titular de Cissa, título al que renunció posteriormente en diciembre de 1970. Es el segundo obispo emérito en el episcopologio de la Diócesis de Tepic.

Falleció el 24 de febrero de 1972 en Guadalajara. Sus restos fueron trasladados posteriormente a la Catedral de Tepic.

Legado El largo periodo episcopal de Obispo Hurtado y Robles (34 años) es el más extenso en la historia de la Diócesis de Tepic. Su administración se asocia principalmente con la reorganización institucional de la diócesis y el fortalecimiento progresivo de sus estructuras pastorales y formativas.

Entre las huellas que Hurtado y Robles dejó en la historia de la diócesis destaca también la incorporación de un obispo auxiliar, una concesión que la Santa Sede le otorgó durante su episcopado. Para desempeñar esta función fue elegido José Manuel Piña Torres, quien, hasta el día de hoy, permanece como el único obispo auxiliar que ha tenido la diócesis. Su consagración, presidida por el propio Hurtado en la Catedral de Tepic, adquirió además un significado particular al tratarse de la primera ordenación episcopal celebrada en este templo.

La etapa final del episcopado de ambos estuvo marcada, asimismo, por una circunstancia poco habitual. En 1970, el Papa aceptó la renuncia de Piña Torres, convirtiéndolo en el primer obispo emérito del episcopologio diocesano. Y apenas dos meses después, Hurtado y Robles, que había alcanzado entonces los ochenta años, presentó también su renuncia, que fue igualmente aceptada. Así, casi de manera simultánea, los dos obispos que habían encabezado la vida episcopal de la diócesis pasaron a la condición de eméritos, pero permaneciendo en la ciudad de Tepic, y gozando de la estima y el cariño de los fieles.

Sucesión

Referencias

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