Viendra le temps du feu (Llegará la época del fuego) es una novela de ciencia ficción feminista de la escritora francesa Wendy Delorme, publicada en 2021 por la editorial francesa Cambourakis. Perteneciente a los géneros distópico y feminista, presenta una sociedad totalitaria instaurada tras una ola de suicidios colectivos de jóvenes activistas ecologistas. Este régimen basado en el heteropatriarcado impone la reproducción y reprime las identidades queer o las disidencias políticas.
La narración en forma coral da voz a varios personajes que luchan por la resistencia, entre los que se encuentra una comunidad de hermanas que viven al margen del sistema. La novela explora temas relacionados con la sororidad, la ecología y las luchas queer. Al ser favorablemente recibida por la crítica, esta se reeditó en edición de bolsillo en 2022 y se adaptó al teatro en 2024.
Resumen Tras la Gran Desaparición, marcada por el suicidio colectivo de las generaciones jóvenes que protestaban contra la destrucción del planeta, el Estado establece un Pacto Nacional para reprimir cualquier revuelta.Este régimen prohíbe los libros y el uso de la lengua antigua, cierra las fronteras e impone a cada individuo la obligación de contribuir, ya sea mediante la producción o la reproducción. La procreación se convierte en una obligación social y se remunera como el trabajo, lo que naturaliza la categoría mujeres mediante la obligación de formar una pareja heterosexual y dar a luz a hijos.Cualquier sexualidad o identidad fuera de esta norma es severamente reprimida; esto puede llevar a la persecución o a la muerte.
Ante el Pacto Nacional, surgen dos formas de resistencia. La primera consiste en una oposición clandestina desde dentro, particularmente en el seno del Gentleman's Club, un club de lectura y de amores disidentes donde se reúnen Raphaël y sus amigos. La segunda se manifiesta mediante la ruptura con la sociedad dominante: una comunidad de mujeres y personas trans se instala en la otra orilla del río, elige el femenino plural (ellas) para designarse y desarrolla un modo de vida utópico basado en la solidaridad y la reinvención de las relaciones interpersonales. Sin embargo, su refugio se ve amenazado por la represión estatal, lo que obliga a algunas a huir y vivir en la clandestinidad.
La trama adopta una estructura coral: cada capítulo da voz a un personaje que da testimonio de su experiencia en esta sociedad totalitaria. Entre estas voces figuran diversos personajes: Ève, que recuerda su amor pasado con Louve; su hija Rosa, de siete años, que simboliza una perspectiva orientada hacia el futuro; Louise, que mantiene una doble vida para escapar de la obligación de procrear; y Raphaël, comprometido con la resistencia. Otras figuras, como una segunda Rosa, una joven revolucionaria atrapada bajo un desprendimiento de rocas, también representan la voz de la utopía feminista en declive.
Génesis y contexto de creación miniaturadeimagen|Monique Wittig (en 1985), cuya obra Las guerrilleras inspiró a Delorme para Viendra le temps du feu. La escritora insertó esta obra en la tradición literaria de la distopía feminista, dedicada a las relaciones de dominación y a las resistencias colectivas. La novela apareció en un contexto marcado por los debates en torno al ecofeminismo, el lesbianismo político y las luchas queer que alimentaban directamente su imaginario.
Además de ser escritora e investigadora, Delorme fue artista de neo-burlesque en los años 2000, en particular con la compañía Kisses Cause Trouble y participó en diversos proyectos artísticos y activistas como Les Panthères roses o el colectivo Réseau Express Régional Queer, RER Q (Red Exprés Regional Queer). Viendra le temps du feu es su cuarta novela, tras Quatrième génération (Cuarta generación), 2007; La Mère, la Sainte et la Putain (La madre, la santa y la puta), 2012; y Le Corps est une chimère (El cuerpo es una quimera), 2018. Además, bajo su nombre civil, Stéphanie Kunert, lleva a cabo trabajos de investigación en ciencias de la información y en ciencias de la comunicación centrados en las relaciones entre género, lenguaje y representaciones mediáticas.
La obra (escrita antes de la pandemia de COVID-19) se inspiró en varias crisis contemporáneas: el cambio climático, las catástrofes naturales mortales que este provoca, la brutalidad policial, las legislaciones restrictivas sobre los derechos reproductivos y democráticos, así como el aumento de los suicidios entre los adolescentes. La novela pertenece a la ficción especulativa, en el sentido definido por Margaret Atwood: "nothing happens which the human race has not already done" (no sucede nada que la raza humana no haya hecho ya); y se presenta como la continuación de tendencias sociales y políticas actualmente en curso.
La novela establece también un diálogo con el pensamiento feminista materialista, en particular con el de Monique Wittig. Sus análisis del contrato social heterosexual (en El pensamiento heterosexual y otros ensayos) y del lesbianismo como posición política crítica se incluyen explícitamente dentro de la obra. Esta influencia se vincula de forma directa con otros relatos lésbicos y queer franceses contemporáneos que exploran las relaciones entre rebelión, sexualidad, maternidad y violencia restaurativa. El texto recurre al concepto de continuo lésbico de Adrienne Rich y destaca la sororidad política y comunitaria como herramienta de resistencia y reconstrucción.
La escritura polifónica y coral de la novela se inserta en un fenómeno literario más amplio, en el que se encuentran relatos como El poder, de Naomi Alderman, o El núcleo del sol, de Johanna Sinisalo. La multiplicidad de voces y la estructura de rompecabezas novelístico les confieren una dimensión a la vez política, didáctica y lírica. Esta elección narrativa refleja la pertenencia de Delorme a un enfoque colectivo: la autora se define como lesbiana, queer y feminista, y participa en experimentos de escritura colaborativa dentro de colectivos artísticos.
Análisis
Estilo y género literario La obra está construida como una novela coral: cada capítulo da voz a un personaje distinto, y su testimonio individual converge en una polifonía narrativa. Esta estructura implica elipsis y omisiones, ya que el lector solo tiene acceso a fragmentos de la narración que debe reconstruir a través de la pluralidad de voces. La elección narrativa resalta la diversidad de los personajes; ilustra una lógica de solidaridad y comunidad y refuerza la temática política del texto. En esta obra, la escritura de la autora se basa en un procedimiento cercano al flujo de conciencia, lo que permite crear una interioridad verosímil y asociar una sensibilidad específica a cada voz. Además, la narración se caracteriza por su dimensión poética y musical.
Desde el punto de vista del género, la novela se suele presentar como una distopía, aunque la crítica también ha destacado su dimensión utópica. Esta obra combina la descripción de un futuro sombrío con la búsqueda de una transformación social y de modelos alternativos; de este modo, la novela establece un vínculo con el feminismo. Dicha ambivalencia ha llevado a calificarla de distopía con acentos utópicos. La novela puede ser comparada con los relatos de impulso utópico, tal y como los define la crítica feminista: la elaboración de un proyecto literario se relaciona con la revuelta política y la posibilidad de un cambio.
La ecología ocupa un lugar importante en el universo ficticio. La novela presenta un mundo marcado por las catástrofes climáticas y la represión de los movimientos de jóvenes ecologistas. Sin embargo, aunque este marco ha llevado en ocasiones a calificar la obra de distopía ecofeminista, la autora no le ha atribuido explícitamente esta etiqueta. La reflexión ecológica se articula ante todo en torno a las preguntas: ¿Qué futuro dejaremos a las próximas generaciones? ¿Bajo qué condiciones habría que sobrevivir en un mundo en crisis?
Por último, la novela se caracteriza por una difuminación de las fronteras genéricas y estéticas, en la línea artística habitual de Wendy Delorme. La polifonía convierte a los personajes en lectores y en autores a la vez; la dinámica de la mise en abyme ("puesta en abismo" o "construcción en abismo") borra los límites entre ficción y realidad. Esta escritura colectiva forma parte de una serie de experimentos llevados a cabo por Delorme en el seno de colectivos queer. Ella confiere a la obra una dimensión híbrida: la sitúa entre la literatura, el performance y el ensayo feminista sobre el lenguaje y las identidades.
Temas
Distopía y heteropatriarcado En la obra, la autora describe un régimen totalitario basado en el deseo de eliminar toda disidencia. La sociedad representada se caracteriza por una vigilancia constante, la imposición de normas represivas y una regulación extrema de los comportamientos individuales. El régimen regula la vida de los ciudadanos hasta un grado considerado inhumano. El texto fundacional de este sistema es el Pacto Nacional, el cual se adopta tras el suicidio masivo de una generación de jóvenes como reacción a la inacción ante la crisis climática. Este pacto legitima una vigilancia policial reforzada y un control ideológico mediante la propaganda y la censura, lo cual se materializa en un cierre territorial: las fronteras están cerradas, su cruce está prohibido. El régimen impone la idea de que la supervivencia solo es posible en el interior.
La sociedad de esta obra se basa en una organización heteropatriarcal que convierte la heterosexualidad en un contrato social obligatorio para garantizar la reproducción de la nación. La Contribución, la obligación de procrear, encarna este principio: se exige a las parejas que aseguren la renovación de la población, a costa de una estricta asignación de roles de género. Las mujeres están sometidas a un control médico, psicológico y legal; deben tener hijos y se ven privadas de derechos de propiedad o de movilidad, salvo en caso de enviudar. Por el contrario, a los hombres se les asignas la producción económica y encargarse del servicio militar en las fronteras. La maternidad confiere un estatus específico, pero conlleva una mayor vigilancia. Esta lógica ilustra la función política del control de la sexualidad y la maternidad mientras que prolonga la crítica materialista de Monique Wittig según la cual la heterosexualidad constituye la base del patriarcado.
El régimen disciplina los cuerpos mediante pruebas periódicas y las mentes mediante un adoctrinamiento desde la infancia y una regulación minuciosa de la sexualidad. Toda relación sexual que no tenga como fin la procreación está prohibida. Toda forma de disconformidad de género o de sexualidad queer está prohibida. La lectura y el deseo se perciben como fuentes de placer y autonomía y, por lo tanto, están restringidos de la misma manera. Los libros antiguos están prohibidos; fueron sustituidos por una producción cultural oficial, y el uso de la lengua muerta se convirtió en un acto de resistencia clandestina. El control lingüístico borra los términos relacionados con realidades externas (como el turismo) o con la diversidad sexual. Esto concuerda con las reflexiones sobre la neolengua orwelliana: empobrecer la lengua es limitar la capacidad de los individuos para pensar y expresar resistencia.