Los Palmeros Asuntinos son los miembros de la Asociación de Palmeros Asuntinos (APA), una organización sin fines de lucro con sede en La Asunción, capital del estado Nueva Esparta, en la isla de Margarita, Venezuela. Su actividad central es la recolección anual de hojas de Palma Real en el Cerro Copey, las cuales son distribuidas entre las comunidades del estado para ser bendecidas en el Domingo de Ramos durante la Semana Santa.

La tradición, que se transmite de generación en generación y aglutina a hombres, mujeres y niños de La Asunción, forma parte de una práctica más amplia denominada «Palma Bendita», presente también en Chacao (estado Miranda) y en el Valle del Espíritu Santo (estado Nueva Esparta). El 12 de diciembre de 2019, la UNESCO inscribió el «Programa biocultural para la salvaguardia de la tradición de la Palma Bendita en Venezuela» en el Registro de Buenas Prácticas de Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, constituyendo la séptima declaración venezolana ante dicho organismo.

Historia

Antecedentes coloniales

La ciudad de La Asunción fue fundada en el Valle de Santa Lucía en la segunda mitad del siglo XVI, consolidándose como capital de la Provincia de Margarita y sede de sus poderes civiles, militares y eclesiásticos. La instauración de la religión católica en la ciudad trajo consigo las prácticas litúrgicas propias de la tradición hispana, entre ellas la bendición de la palma el Domingo de Ramos.

Las referencias documentales más antiguas sobre la celebración de la Semana Santa en La Asunción datan de inicios del siglo XVII. En una carta fechada el 26 de julio de 1604, el obispo de Puerto Rico Martín Vásquez de Arce, dirigida desde la isla de Margarita, describe con detalle el estado de la vida religiosa en el territorio, incluyendo las prácticas cuaresmales. Más de un siglo después, el obispo Pedro Martínez de Oneca (1758), durante su visita pastoral a La Asunción, firmó unas «resueltas» en las que ordenó que las celebraciones de Semana Santa se realizaran «de acuerdo a los cánones religiosos», lo que testimonia que para esa época la tradición ya estaba bien establecida, aunque carecía de la organización requerida por las autoridades eclesiásticas.

La tradición palmera en La Asunción

La práctica específica de ascender al Cerro Copey para recolectar hojas de Palma Real y distribuirlas en la Semana Santa es de origen colonial y se ha transmitido de forma ininterrumpida por varias generaciones de familias asuntinas. Bernabé Marcano, en su obra Palmeros Asuntinos en dos Tiempos (1997), recoge el testimonio oral del celador del Castillo Santa Rosa sobre la tradición anterior a la organización formal:

El mismo testimonio describe la indumentaria original de los palmeros: «camisa manga larga elaborada con tela de saco de harina para evitar a las garrapatas, sombrero sanjuanero y alpargata espinalera». La palma se bajaba en haces cuyo tamaño variaba según la capacidad física del cargador; de la montaña se traían entre doce y quince haces por jornada.

Entre los palmeros históricos mencionados en la tradición oral figuran Aquiles Mata, Casto Sanabria, Beltrán Ortega, Juan Marta Rivas, Lencho Sanabria, Sabino Rivas, Salvador Requena, Salustiano Rivas, Salomé Rivera, Eduardo Brito, Narciso Sanabria, César Sanabria, Tomás Ramón Rivas y José Domingo Salazar.

Fundación de la Asociación de Palmeros Asuntinos

El 30 de agosto de 1998 se constituyó formalmente la Asociación de Palmeros Asuntinos (APA). Según su artículo fundacional, es «una organización sin fines de lucro, con personalidad jurídica y orientada a servir con lealtad a los intereses de la comunidad, constituida por ciudadanos que, sin ningún género de distinción racial, política, social o económica, procuran solidariamente el armónico desarrollo de sus asociados, así como la elevación moral, espiritual y cristiana del pueblo asuntino».

La formalización de la asociación permitió establecer un protocolo de trabajo con el Instituto Nacional de Parques (INPARQUES), fijar criterios de membresía y poner en marcha proyectos de reforestación en el Cerro Copey.

La tradición

El Viernes de Concilio y el ascenso al Cerro Copey

Los preparativos comienzan el jueves anterior al Viernes de Concilio —el último viernes de la Cuaresma—, cuando los palmeros ascienden al campamento «Juan Marta Rivas», ubicado en el Cerro Copey a aproximadamente 339 metros sobre el nivel del mar. El campamento, construido con bloques y cabillas, cuenta con un depósito de herramientas, baño, pozo séptico, ducha y toma de agua directa del río.

Esa noche se realiza una reunión de coordinación con la representante de INPARQUES, se da lectura a la providencia administrativa de autorización —que en 2022 fue la n.º 075-2022, con un límite de 200 hojas en la zona Copey-Sierra-San Juan— y se asignan los lugares de descanso según los códigos internos de la asociación.

A las cuatro de la madrugada del Viernes de Concilio, el sonido de la guarura (caracol marino) da inicio a la jornada. El presidente de la APA convoca a los palmeros, quienes se reúnen frente a una pequeña capilla con las imágenes de Nuestra Señora de La Asunción, la Virgen del Valle y el Dr. José Gregorio Hernández. Tras las oraciones grupales y los cantos alusivos a la poda, se forman cinco grupos de entre seis y ocho participantes cada uno —integrados por podadores experimentados y recolectores de hojas— que parten hacia distintos sectores de la montaña.

El recorrido

El acceso a las zonas de poda obliga a cruzar dos ríos —denominados río Blanco y río Negro— y superar una zona de barro profundo conocida como el «Charcal» (aproximadamente medio metro de profundidad) y un tramo muy empinado llamado «la Escalera». Según los datos de GPS registrados por el capitán David Bottome durante la jornada de 2023, el recorrido de ida y vuelta desde el río (Cruz de los Palmeros) hasta la cima y de regreso al casco colonial de La Asunción abarcó 8,2 kilómetros, con una altura máxima alcanzada de 579 metros sobre el nivel del mar y una duración total de 8 horas y 11 minutos.

La poda

La poda se realiza con una herramienta artesanal de fabricación local: una cuchilla atada a un mecate y unida a una vara de aproximadamente dos metros de longitud. Solo se cortan entre una y dos hojas por planta para preservar el equilibrio ecológico. Las hojas podadas se tejen en forma de crineja y se amarran con el nudo ballestrinque, técnica de origen náutico utilizada tradicionalmente para sujetar cabos a postes.

El descenso y la procesión

A las diez y media de la mañana, las señales de silbato desde el campamento confirman el regreso de los grupos. Los palmeros descienden con los haces de palma al hombro, cruzan el río y se dirigen al casco de La Asunción. El punto de encuentro es la Cruz de los Palmeros, al pie de la montaña, donde cada palmero rinde homenaje con una señal de la cruz o un beso a la cruz de madera.

Desde allí parte una procesión con la imagen de Nuestra Señora María Auxiliadora, conducida por los palmeritos (niños). El cortejo hace una parada obligatoria frente a la casa de la familia Sanabria, en el sector El Copey, lugar donde ancestralmente se depositaba la palma. La palma es luego entregada a la sede de la asociación para su posterior distribución a todas las parroquias del estado Nueva Esparta.

El Domingo de Ramos

La mañana del Domingo de Ramos, la feligresía de La Asunción se congrega frente al antiguo convento de San Francisco —hoy sede del Poder Legislativo del Estado Nueva Esparta—, donde el obispo y los sacerdotes bendicen la palma entre nubes de incienso. A las ocho de la mañana parte la procesión hasta la Catedral, mientras la banda del estado interpreta el Himno Pontificio.

Organización

Los miembros de la APA se clasifican en cuatro categorías:

Palmeros activos (podadores y recolectores). Mujeres palmeras —en menor número, aunque con participación plena en la poda desde 2021—. Palmeritos (niños y jóvenes en formación). Miembros honorarios y colaboradores.

Los rangos de edad oscilan entre los siete y los ochenta años. El ingreso a la organización requiere demostrar compromiso, amor a la tradición y amor a la naturaleza, así como un año previo de trabajo en beneficio de la comunidad y el medio ambiente. Muchos palmeros son también cargadores de imágenes religiosas en las procesiones de Semana Santa, siendo esa función igualmente de carácter hereditario en algunas familias asuntinas.

La jornada en el campamento está regida por códigos internos: asignación de lugares de descanso, responsabilidades por grupos y normas de disciplina. La logística —preparación del desayuno con arepas y pescado guisado (raya), jugos y refrigerios— está a cargo de las mujeres y los palmeritos que permanecen en el campamento.

Sostenibilidad ecológica

A partir de la década de 1990, el crecimiento de la práctica sin planes de reforestación llevó a las autoridades del INPARQUES a considerar la actividad como una amenaza para el entorno natural del Parque Nacional Cerro Copey. Ante este riesgo, los palmeros adoptaron el sistema de poda en lugar del corte total de las hojas, lo que permitió la regeneración de las palmas.

La APA cuenta con un vivero propio en una instalación privada para la germinación de semillas de distintas especies de palma. Las plantas resultantes son sembradas en la montaña por los palmeros y palmeritos en jornadas de reforestación. Adicionalmente, se practica el boleo, técnica consistente en lanzar las semillas maduras de manera aleatoria en distintas áreas del cerro para favorecer la regeneración natural. La recolección de semillas se realiza una vez al año, cuando están maduras.

La APA desarrolla también talleres en instituciones educativas de La Asunción para transmitir a las nuevas generaciones el valor ecológico y cultural de la tradición.

Reconocimiento de la UNESCO

El 12 de diciembre de 2019, en el marco de la 14.ª reunión del Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO celebrada en Bogotá, Colombia, el «Programa biocultural para la salvaguardia de la tradición de la Palma Bendita en Venezuela» fue inscrito en el Registro de Buenas Prácticas de Salvaguardia (expediente n.º 01464, decisión 14.COM 10.c.3).

Este registro, contemplado en el artículo 18 de la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial (2003), está destinado a programas y proyectos que reflejen los principios y objetivos de la Convención y que puedan servir de modelo para otras comunidades. Se trata de una distinción de mayor especificidad que la de la Lista Representativa, orientada explícitamente a reconocer el valor de los métodos de salvaguardia empleados.

El expediente fue presentado de forma conjunta por las tres comunidades palmeras de Venezuela: Palmeros de Pedregal (Chacao, estado Miranda). Palmeros Asuntinos (La Asunción, estado Nueva Esparta). Palmeros del Valle del Espíritu Santo (estado Nueva Esparta).

La UNESCO destacó las siguientes medidas innovadoras del programa: la sustitución del corte por la poda de hojas, la creación de viveros para la reforestación, los proyectos educativos dirigidos a niños y jóvenes, y el valor del programa como modelo replicable para comunidades que practican tradiciones similares vinculadas con el patrimonio vivo y la conservación de la naturaleza. El representante de Venezuela ante el Comité, Benito Irady, del Centro de la Diversidad Cultural, subrayó la dimensión de diálogo intercultural del programa y su vinculación con el desarrollo sostenible.

La declaración constituyó la séptima inscripción de Venezuela en los registros de patrimonio cultural inmaterial de la UNESCO, siendo las anteriores el Carnaval de El Callao, los Diablos Danzantes de Venezuela, el Llano venezolano, entre otras.

Véase también Palmeros de Chacao Cerro Copey La Asunción (Venezuela) Estado Nueva Esparta