Los caudillos celtíberos de las Guerras Celtíberas fueron los líderes militares —y, en algunos casos, también religiosos— que dirigieron a las distintas tribus de la Celtiberia frente a la presencia romana en Hispania entre c. 181 y el 133 a. C. Sus nombres han llegado al presente a través de las fuentes literarias grecolatinas —principalmente Apiano de Alejandría (Iberia), las Periochae de Tito Livio, Polibio, Floro y Valerio Máximo—; ningún caudillo celtíbero está atestiguado en monedas, inscripciones o iconografía propia.
A diferencia del modelo monárquico que las fuentes romanas atribuían a otros pueblos mediterráneos, el liderazgo celtíbero se articulaba a partir de asambleas ciudadanas que designaban jefes para situaciones concretas, generalmente militares. En momentos excepcionales —como tras la muerte del caudillo previo— las asambleas podían elegir simultáneamente a dos jefes, una práctica relacionada con un posible sistema de jefatura dual o federal entre civitates aliadas.
Contexto histórico
Tras la conquista de las costas mediterránea y meridional de la península durante la Segunda Guerra Púnica, el avance romano hacia el interior chocó con los pueblos de la meseta, en especial con la confederación de etnias celtíberas: belos, titos, lusones, pelendones y arévacos. Los pactos firmados con Tiberio Sempronio Graco en 179–178 a. C. inauguraron un periodo de relativa estabilidad que se rompió en el 154 a. C. con el casus belli de la ampliación de las murallas de Segeda.
La historiografía clásica suele dividir las hostilidades celtibéricas en tres ciclos:
Primera Guerra Celtíbera (181–179 a. C.), también conocida como guerra de los lusones. Segunda Guerra Celtíbera (153–151 a. C.), iniciada con la rebelión de Segeda y concluida con la paz negociada por Litennón. Guerra Numantina o Tercera Guerra Celtíbera (143–133 a. C.), cerrada con la caída de Numancia ante Publio Cornelio Escipión Emiliano.
Caudillos por conflicto
Primera Guerra Celtíbera (181–179 a. C.)
Olíndico (también Olónico)
Olíndico, llamado también Olónico (m. h. 170 a. C.), aparece en Floro (Epítome I, 33, 13) y en las Periochae de Tito Livio (Per. 43) como un líder de fuerte componente carismático. Floro lo describe como summum vir («varón máximo») y refiere que blandía una lanza de plata que afirmaba haber recibido de los dioses, lo que le permitía galvanizar a los celtíberos. Murió al intentar introducirse de noche en el campamento romano, abatido por los centinelas.
Una corriente historiográfica, encabezada por Luciano Pérez Vilatela, distingue dos personajes distintos: Olonicus, que habría promovido una rebelión hacia 170 a. C., mencionado en las Periochae. Olíndico (u Olyndicus/Solonicus según los manuscritos), activo hacia el 143 a. C., al inicio de la Guerra Numantina, mencionado en Floro.
La asociación de su lanza argéntea con la del dios celta Lug —presente en la mitología irlandesa como uno de los talismanes de los Tuatha Dé Danann— ha llevado a varios autores a considerarlo más un jefe sacerdotal y profético que un caudillo estrictamente militar.
Segunda Guerra Celtíbera (153–151 a. C.)
Caro de Segeda
Caro de Segeda (m. 23 de agosto de 153 a. C.) fue un jefe militar de la tribu de los belos, originario del oppidum de Segeda. Tras la ruptura de los pactos de Graco y la huida de los segedanos a Numancia, la coalición de belos, titos y arévacos lo eligió como caudillo. Al frente de unos 20 000 infantes y 5000 jinetes, tendió una emboscada al ejército del cónsul Quinto Fulvio Nobilior (unos 30 000 hombres) y le infligió una derrota con cerca de 6000 bajas romanas, según Apiano (Iberia, 45). Murió ese mismo día durante la persecución, abatido por la caballería romana. El combate coincidió con la festividad de la Vulcanalia, lo que llevó a Roma a considerar nefasto ese día para entablar combate.
Ambón y Leucón Apiano (Iberia, 46) refiere que, la misma noche del 23 de agosto del 153 a. C., los arévacos congregados en Numancia eligieron como nuevos jefes a Ambón (Ἄμβων) y Leucón (Λεύκων), en sustitución de Caro. La elección simultánea de dos caudillos ha sido interpretada por la historiografía como un mecanismo de jefatura compartida entre numantinos y segedanos refugiados, o entre las distintas civitates aliadas.
Bajo su mando los celtíberos se enfrentaron, un mes más tarde, al ejército de Nobilior en la conocida historiográficamente como batalla de los elefantes, librada ante las murallas de Numancia: el cónsul, reforzado con 300 jinetes númidas y 10 elefantes enviados por el rey Masinisa de Numidia, escondió las fieras tras la formación y las desplegó por sorpresa. El pánico inicial de los celtíberos se invirtió cuando uno de los elefantes, herido en la cabeza por una piedra, se revolvió contra las propias tropas romanas. No hay constancia documental del destino posterior de Ambón y Leucón. Sus nombres figuran en el monumento a los héroes de Numancia inaugurado por Alfonso XIII en 1905.
Litennón Litennón (Λιτέννων en Apiano) aparece en el 152 a. C., al final de la Segunda Guerra Celtíbera. Cuando el cónsul Marco Claudio Marcelo acampó a cinco estadios de Numancia (posiblemente en el cerro del Castillejo), Litennón pidió negociar la paz en nombre de todas las ciudades celtíberas, no solo de Numancia. El acuerdo —firmado por belos, titos y arévacos— incluyó el pago de una indemnización de 600 talentos de plata y la entrega de rehenes; el Senado romano lo ratificó y la paz se mantuvo entre el 151 y el 143 a. C. Su actuación negociadora «en nombre del conjunto de los aliados» ha sido interpretada por la historiografía como prueba de un órgano deliberativo supralocal entre las civitates celtibéricas.
Guerra Numantina (143–133 a. C.)
Megara (o Megarávico)
Megara, también atestiguado como Megarávico, fue elegido caudillo numantino hacia el 141 a. C., tras el fracaso de las negociaciones con el cónsul Quinto Pompeyo. Al frente de unos 8000 numantinos —según la tradición historiográfica— derrotó al ejército romano (30 000 infantes y 2000 jinetes) en las inmediaciones de Numancia mediante la táctica celtíbera de fingida retirada hacia trampas y emboscadas previamente dispuestas. Tras el segundo fracaso del cónsul, fue Megara quien propuso un tratado de paz que Pompeyo aceptó pero que luego rechazó, alegando la inminente llegada de su sucesor, y remitió al Senado, que también lo desestimó. El destino posterior de Megara es desconocido.
Retógenes el Caraunio
Retógenes el Caraunio (m. 133 a. C.) fue un noble arévaco que protagonizó uno de los episodios más célebres de la resistencia numantina, narrado por Apiano (Iberia, 94). Cuando el cerco de Escipión asfixiaba la ciudad, Retógenes reunió a cinco compañeros con sus respectivos sirvientes y caballos, burló la empalizada romana en una noche de nevada valiéndose de una escala plegable y recorrió las ciudades arévacas en busca de refuerzos. Solo en Lutia encontró acogida entre los jóvenes, pero los ancianos —temerosos de las represalias romanas— delataron la conspiración a Escipión, que ordenó cortar la mano derecha a 400 jóvenes lutianos.
Valerio Máximo añade que Retógenes destacaba entre los numantinos nobilitate, pecunia, honoribus («por nobleza, patrimonio y dignidades») y vivía en el vicus speciosissimus de la ciudad, datos que han llevado a identificarlo como un princeps arévaco.
Ávaro Ávaro es el último caudillo numantino documentado por las fuentes: encabezó la embajada que, a iniciativa del consejo de ancianos de la ciudad, se presentó ante Escipión Emiliano para negociar una rendición honrosa. Según Apiano (Iberia, 95), Ávaro pronunció un discurso ante el cónsul recordando la valentía mostrada por los numantinos y solicitando «condiciones más humanas». La negativa de Escipión —que solo aceptaba la deditio incondicional— llevó al asesinato de Ávaro y de sus cinco acompañantes por sus propios conciudadanos al regresar a Numancia, en un clima de extrema desesperación.
Naturaleza del liderazgo celtíbero
La caracterización de los caudillos celtíberos como simples «reyezuelos» o jefes tribales ha sido revisada por la historiografía contemporánea. Trabajos de Burillo Mozota (2007), Salinas de Frías (1986), Pérez Rubio (2013) o García Quintela (1999) coinciden en que las civitates celtibéricas —Segeda, Numancia, Tiermes, Uxama— funcionaban como auténticas ciudades-estado con asambleas ciudadanas que decidían sobre la guerra y elegían a sus líderes para cada coyuntura concreta.
Este modelo explica algunos rasgos característicos: La elección ad hoc de los caudillos al estallar el conflicto y la rápida sustitución tras una derrota o la muerte del líder (Caro → Ambón y Leucón). La frecuente aparición de jefaturas duales (Ambón y Leucón). La existencia de un órgano deliberativo supralocal que reunía a representantes de las distintas ciudades, deducible del relato de las embajadas celtíberas a Roma narradas por Polibio y de la actuación negociadora de Litennón «en nombre de todas las tribus». La superposición, en algunos casos, de funciones religiosas y militares en un mismo personaje, como ocurre con Olíndico.
Fuentes
Fuentes clásicas Apiano de Alejandría, Iberia (Libro VI de la Historia Romana), capítulos 44–98. Es la fuente principal sobre las Guerras Celtíberas y la única que conserva la mayor parte de los nombres conocidos. Tito Livio, Periochae XLI–LIX, con datos sobre Olíndico (Per. 43) y sobre el cambio del calendario consular (Per. 47). Polibio, Historias, libro XXXV, sobre las embajadas celtíberas previas al 153 a. C. Floro, Epítome de la Historia de Tito Livio, I, 33–34. Valerio Máximo, Hechos y dichos memorables, III, 2, ext. 7, sobre Retógenes. Diodoro Sículo, Biblioteca histórica, libros XXXI–XXXIII (fragmentos).
Fuentes arqueológicas Los principales yacimientos asociados a estos episodios y revisados por la arqueología moderna son: Segeda I (Poyo de Mara) y Segeda II (Durón de Belmonte de Gracián), excavados desde 1984 por el equipo de Francisco Burillo Mozota. Numancia (Cerro de la Muela, Garray), excavada desde 1905 por Adolf Schulten y continuada por equipos sucesivos. Campamentos romanos del entorno de Numancia (la Atalaya de Renieblas) y de Segeda, vinculables a la actuación de los cónsules que se enfrentaron a estos caudillos.
Memoria histórica
La figura del caudillo celtíbero resistente ha tenido un fuerte recorrido en la cultura española desde el Renacimiento:
La tragedia El cerco de Numancia (c. 1582), de Miguel de Cervantes, que dramatiza la resistencia colectiva. Su protagonista, Teógenes, es un personaje literario inventado por Cervantes y no se corresponde con ningún caudillo histórico atestiguado. El Monumento a los héroes de Numancia, inaugurado en 1905 por el rey Alfonso XIII en el yacimiento, que recoge en una de sus lápidas los nombres de Ambón, Leucón, Litennón, Megara y Retógenes rodeados por una corona de hojas de roble. La recreación histórica de la Vulcanalia en Mara (Zaragoza), declarada de Interés Turístico de Aragón, que conmemora la victoria de Caro de Segeda sobre Nobilior.
Véase también Guerras celtíberas Celtíberos Numancia Segeda Belos Arévacos Caro de Segeda Olíndico Megara (Numancia) Retógenes el Caraunio Viriato (caudillo lusitano contemporáneo)
Referencias
Bibliografía
Enlaces externos Apiano, Iberia. Texto completo en español (trad. de M. Cortez y López) Livy, Periochae 41–45 (en inglés, trad. de J. Lendering) Yacimientos de Segeda – Patrimonio Cultural de Aragón Numancia: la guerra contra Roma Litennón en el Diccionario Biográfico Español – Real Academia de la Historia
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