Los mártires del de la provincia de Santander (España) son los sacerdotes, religiosos y laicos asesinados por odio a la fe en la persecución religiosa de los años treinta, en su mayor parte durante la Guerra Civil, aunque después también se produjeron muertes por las secuelas. Suponen, en total, 114 personas cuyo martirio ha sido reconocido por la Iglesia católica. miniaturadeimagen|300x300px|Convento de San Sebastián de Hano, donde rezaban y vivían los capuchinos mártires del siglo XX en Santander Al mismo tiempo, algunos naturales de la provincia de Santander (al menos dos santos y cinco beatos) fueron asesinados en otros lugares en el mismo contexto de persecución. La violencia anticlerical durante la Segunda República La violencia anticlerical, que alcanzó cotas inéditas a partir de los primeros compases de la Segunda República, tuvo un primer estallido nacional en mayo de 1931, con la quema de varios conventos y asaltos a edificios (residencias, escuelas, etc.) utilizados por religiosos.
En 1934, durante los sucesos revolucionarios de Asturias, fueron asesinados los dos primeros cántabros mártires del , san Román Martínez, de 24 años, y san Manuel Seco, de 22 años, hermanos de La Salle. Román Martínez, nacido en la calle Cisneros de Santander en 1910 y huérfano de padre, había ingresado con dieciséis años en La Salle con el nombre de Hermano Augusto Andrés. Manuel Seco procedía de Celada Marlantes (Campoo de Enmedio) y había ingresado en la institución religiosa con el nombre de Hermano Aniceto Adolfo. Los dos forman parte del grupo de mártires de Turón.
Entre febrero y junio de 1936, en Santander hubo dos ataques contra sendas iglesias y fue incendiado el centro de Acción Católica. En la provincia, fueron incendiadas las iglesias de Barreda, Cartes, Somahoz, Cudón, Puente Arce, Salcedo, Vioño, Zurita, Polanco, Llano, Mata (San Felices de Buelna), Cortiguera, Campuzano, Ganzo, La Montaña (Torrelavega) y Tanos. La Acción Católica sufrió también el incendio de su centro en Castro Urdiales.
Los primeros meses de la Guerra Civil miniaturadeimagen|Manuel Arizcun Moreno (1892-1936), militar, padre de familia y presidente de la Acción Católica de Navarra Al comenzar la guerra civil española, la provincia de Santander permaneció bajo el control del Frente Popular hasta finales del verano de 1937. Durante casi un año, se desató la persecución contra la Iglesia católica, plasmada tanto en el martirio de numerosos sacerdotes, religiosos y laicos, como en la incautación y destrucción de templos.
La contienda sorprendió también a algunos veraneantes, como Manuel Arizcun Moreno, presidente de la Acción Católica de Navarra, que se encontraba en Suances con su mujer y nueve hijos. Arizcun fue identificado pronto y, desde el mes de agosto, vigilado, registrado e interrogado. Finalmente fue arrestado y trasladado a la capital de la provincia, donde fue asesinado el 13 de noviembre de 1936.
Durante el tiempo en el que permaneció en Suances, tanto Arizcun, un hombre piadoso, como su familia, recibieron la eucaristía sirviéndose de sus dos hijos mayores, que se acercaban hasta donde, clandestinamente, se la proporcionaba un sacerdote y educador burgalés que se encontraba en la zona atendiendo a una colonia escolar. Este sacerdote, Valentín Palencia Marquina, era el director del Patronato de San José para la enseñanza y educación de niños pobres. Algo más tarde fue delatado por uno de sus alumnos ante el Frente Popular de Torrelavega y fusilado, con cuatro colaboradores (Donato Rodríguez, Germán García, Zacarías Cuesta y Emilio Huidobro) que quisieron acompañarlo en sus sufrimientos, en el monte Tramalón de Ruiloba el 15 de enero de 1937. Fue beatificado junto con sus compañeros en 2016, durante el pontificado del papa Francisco.
En el buque prisión Alfonso Pérez (1936) miniaturadeimagen|José María Corbín Ferrer (1914-1936) El comienzo de la contienda recrudeció la persecución religiosa. A finales del y principios del , el papa Juan Pablo II reconoció el martirio y beatificó al escolapio Alfredo Parte Saiz (1899-1936) y al joven universitario José María Corbín Ferrer, asesinados el 27 de diciembre de 1936 en el buque prisión Alfonso Pérez, anclado en los muelles de Maliaño.En total, 18 laicos, sacerdotes y religiosos reconocidos como mártires por la Iglesia católica se encuentran entre los 160 prisioneros del barco asesinados ese día.
El beato José María Corbín (1914-1936), valenciano de origen modesto, recién licenciado en Química, se encontraba en Santander participando en los cursos organizados por la universidad de verano establecida en el palacio de la Magdalena. Fue detenido el 28 de agosto por su asistencia diaria a la Misa celebrada en el convento de las Esclavas del Sagrado Corazón de Santander. Tras pasar por la tristemente célebre checa de Neila, pasó al buque prisión, donde acostumbraba a dirigir el rezo del Rosario y atender a los enfermos. Sus últimas palabras fueron “¡Por Dios y por España! ¡Viva Cristo Rey!".
Otro joven asesinado en el Alfonso Pérez fue el santanderino Francisco Sánchez Trallero (1913-1936), que había estudiado en el Colegio Cántabro de los Agustinos y en el Instituto de Segunda Enseñanza de Santander (Santa Clara). Sánchez Trallero, estudiante de Derecho, era el presidente de la Juventud de Acción Católica montañesa y pertenecía a la Asociación Católica de Propagandistas. Como era normal entonces, en el contexto del impulso que el papa Pío XI habría impreso a la Acción Católica, el joven santanderino desarrollaba un intenso apostolado a través de esta institución sensible a la participación de los católicos en la vida pública. Se ha destacado su capacidad oratoria: "Desde las tribunas, el joven no dudaba en sacudir las conciencias de sus correligionarios, reprochando en sus discursos el abandono de los deberes cristianos y llamando a reconquistar la fe a través del ejemplo de las buenas acciones".
Entre los laicos asesinados en el buque prisión Alfonso Pérez se encontraba el juez Luis Mosquera Caramelo, destinado en Santoña, casado y padre de cinco hijos. Mosquera, juez de primera instancia de Quiroga (Lugo) desde 1930, tuvo problemas con algunas autoridades republicanas y fue jubilado forzosamente con 32 años. Tras interponer recurso, fue rehabilitado y, ya en 1933, pasó a ocupar una vacante existente en Santoña.Allí asesoró al párroco, Francisco González de Córdova (también martirizado), en distintos episodios de persecución anticlerical. En noviembre de 1936 aún ejercía como juez de Santoña, pero a finales de mes, el día 26, fue depurado (con separación del servicio y sueldo) por el gobernador civil junto con varias decenas de funcionarios considerados "desafectos al régimen".Fue fusilado en Santander, al igual que el párroco santoñés, el 27 de diciembre de 1936.
También fue asesinado en el barco el beato capuchino Ambrosio de Santibáñez, prior de Montehano.
Aunque en alguna ocasión se ha identificado entre los prisioneros a los salesianos Andrés Gómez Sáez y Antonio Cid Rodríguez, profesores del colegio de la institución en la ciudad, lo cierto es que estos dos beatos, asesinados respectivamente en Santander y Garellano (Vizcaya), murieron en otras circunstancias. Gómez Sáez (1894-1937) fue asesinado el 1 de enero de 1937 tras haber sido denunciado por su condición de sacerdote. El salesiano, cuya comunidad había sido disuelta y disgregada al recrudecerse la persecución, vivía de incógnito. Sin embargo, fue delatado por un antiguo alumno expulsado del colegio, que lo reconoció en el muelle mientras contemplaba las lanchas que cruzaban a Pedreña.Andrés Gómez Sáez - Diccionario biográfico salesiano de España (2019) / Archivio Salesiano Centrale (Roma, 2026)
Religiosos beatificados Las comunidades religiosas sufrieron persecución. Además del capuchino Ambrosio de Santibáñez y de los salesianos mencionados, distintas congregaciones y órdenes padecieron el martirio. Los propios frailes capuchinos de San Sebastián de Hano no sólo perdieron a su prior: el 30 de diciembre de 1936 fueron asesinados los hermanos Miguel de Grajal y Diego de Guadilla, beatificados en 2013.
Los escolapios, bien conocidos por su labor educativa en su colegio de Villacarriedo, perdieron en el Alfonso Pérez al beato Alfredo Parte. Otros cuatro fueron asesinados en distintas circunstancias y reconocidos más tarde como beatos por la Iglesia: Inocencio Campo Saiz, Silesio Fernández Cuesta, Natalio Sainz González y Claudio Sedano Peña.
También han sido beatificados 16 monjes trapenses de la Abadía de Santa María de Viaceli de Cóbreces y tres claretianos de la comunidad de Castro Urdiales.
Monjes trapenses de Cóbreces
Claretianos de Castro Urdiales Félix Barrio Barrio Isaac Carrascal Mozo Joaquim Gelada Hugas Además, en noviembre de 2026 serán beatificados tres carmelitas descalzos: Ruperto de la Cruz, Maximino de la Virgen del Carmen (novicio) y Atanasio del Sagrado Corazón de Jesús (sacerdote).
Reconocimiento del martirio de 80 católicos el 22 de mayo de 2026 El papa León XIV reconoció el 22 de mayo de 2026 un nuevo grupo de mártires, paso previo a la beatificación. En total son 80 personas, algunas de ellas ya mencionadas, como los tres religiosos carmelitas o los asesinados en el buque prisión Alfonso Pérez. En su mayor parte son sacerdotes diocesanos (67), aunque también se encuentran entre ellos 3 seminaristas del Seminario diocesano de Monte Corbán y 7 laicos, seis de los cuales pertenecían a la Acción Católica. Su beatificación, presidida por el cardenal Marcello Semeraro, está programada para el 7 de noviembre de 2026.miniaturadeimagen|En la Iglesia del Cristo de Santander están enterrados algunos de los mártires del .|centro|500x500px Sacerdotes
2 de agosto de 1936, Juan Palencia Díaz 5 de agosto de 1936, Félix Sainz López 8 de agosto de 1936, Ernesto González de la Pedrosa 8 de agosto de 1936, Ángel Mijares Herrero 22 de agosto de 1936, Lucas Mena Angulo 25 de agosto de 1936, Arturo Soto Tapia 26 de agosto de 1936, Felipe Sobrado Fernández 2 de septiembre de 1936, Gerardo González Martínez Laso 5 de septiembre de 1936, Ángel Viqueira Villanueva 12 de septiembre de 1936, José López Torre 15 de septiembre de 1936, Agustín Domingo Incera Torre 17 de septiembre de 1936, José Salcines Salas 4 de octubre de 1936, Félix Legido Herrero 5 de octubre de 1936, Antonio Fernández Olea 6 de octubre de 1936, José Gutiérrez Huerta 12 de octubre de 1936, Benedicto Sandoval Prieto, 12 de octubre de 1936, Segundo Toyo Galarza 12 de octubre de 1936, Servando Saiz Peña 12 de octubre de 1936, Santos Carrera Pereda 12 de octubre de 1936, Adolfo Mantecón Sánchez 13 de octubre de 1936, Teodoro Sánchez Vacas 16 de octubre de 1936, Emilio Fernández Gandarillas 21 de octubre de 1936, Lino López Ruiz 24 de octubre de 1936, Eloy Sedaño Hoyos 26 de octubre de 1936, Anselmo de la Torre Fuertes 28 de octubre de 1936, Lino Velasco Ruigómez 30 de octubre de 1936, Santiago González Concha 2 de noviembre de 1936, José Martínez Colina 4 de noviembre de 1936, Lorenzo González Macho 9 de noviembre de 1936, Daniel Rivas Mendiondo 9 de noviembre de 1936, Enrique Pacheco Gómez 12 de noviembre de 1936, Aurelio Balbás Sánchez 2 de diciembre de 1936, Bonifacio Angulo González 17 de diciembre de 1936, Ángel García Mantilla 20 de diciembre de 1936, Manuel Crespo Vega 21 de diciembre de 1936, Victorino Ortega Oteo 24 de diciembre de 1936, Manuel Mazón Navada 27 de diciembre de 1936, Francisco González de Córdova 27 de diciembre de 1936, Aurelio Velasco Martínez 27 de diciembre de 1936, Bernardino Hoyos Bustamante 27 de diciembre de 1936, Eliseo Alonso Pumarejo 27 de diciembre de 1936, Eloy Martínez Muñoz 27 de diciembre de 1936, Hilario Arce Cañarte 27 de diciembre de 1936, Serafín Villar Laso 27 de diciembre de 1936, Vicente Poo Noriega 28 de diciembre de 1936, Indalecio Balbás González 2 de enero de 1937, Félix Carriazo García