Enrique Mejía Razura (Ixtlán del Río, Nayarit, 15 de febrero de 1917 - Tepic, Nayarit, 8 de julio de 1992) fue un sacerdote católico mexicano, educador y pionero del impulso misionero de México. Es considerado uno de los sacerdotes mexicanos más influyentes del siglo XX en el ámbito de la animación misionera. Fue miembro del clero de la Diócesis de Tepic, (Nayarit), su vida estuvo marcada por una vocación temprana, una labor pastoral concreta en su tierra natal y una contribución decisiva a la organización de las misiones en México y América Latina. Su nombre permanece como referencia obligada en la historia de las Obras Misionales Pontificio Episcopales de México (OMPE).

Biografía Nació el 15 de febrero de 1917 en Ixtlán del Río, Nayarit. Desde temprana edad mostró una marcada vocación religiosa que lo llevó a ingresar al Seminario Diocesano de Tepic el 1 de noviembre de 1930. Posteriormente continuó su formación académica en Roma, donde cursó las licenciaturas en Filosofía y Teología. Fue ordenado sacerdote el 12 de abril de 1941 en la capilla del Colegio Pío Latinoamericano en Roma, con apenas 22 años y ocho meses de edad, iniciando así una extensa trayectoria dedicada al servicio pastoral y formativo de la Iglesia mexicana.

A su regreso a México, fue asignado a la Santa Iglesia Catedral por el obispo Anastasio Hurtado y Robles, además de desempeñarse como profesor en el Seminario Diocesano.

Ejerció su ministerio sacerdotal en la Diócesis de Tepic con múltiples expresiones. Fue docente en la Universidad Autónoma de Nayarit, donde impartió latín, entre otras materias, dejando una marca en la formación de varias generaciones de estudiantes nayaritas. Su influencia fue tal que una calle de Tepic lleva hoy su nombre en su honor.

En el terreno educativo, fue el fundador del Instituto Cultural Fray Junípero Serra, colegio de larga trayectoria en Tepic que en 2026 celebró su 70 aniversario. La institución, que lleva el nombre del franciscano misionero nacido en Mallorca y evangelizador de California, refleja la visión misional que fue sello de toda la vida del sacerdote nayarita.

Paralelamente, llevó a cabo la construcción de diversas iglesias en la diócesis, contribuyendo al patrimonio arquitectónico y a la consolidación de la vida parroquial en Nayarit.

Misioneros de Guadalupe La figura del padre Mejía Razura aparece en la historia de los Misioneros de Guadalupe incluso desde antes de que esa congregación existiera como institución formal. Siendo aún seminarista, junto con Carlos Quintero Arce y Enrique Salazar Salazar, concibió y promovió la idea de fundar un instituto mexicano dedicado específicamente a las misiones extranjeras.

La inspiración de aquel grupo juvenil fue, con el tiempo, una de las semillas que daría fruto en la fundación del Instituto de Santa María de Guadalupe para las Misiones Extranjeras (conocidos como Misioneros de Guadalupe), reconocido como Instituto de Derecho Pontificio por el Papa Pío XII el 28 de abril de 1953.

Los mismos Misioneros de Guadalupe reconocen que aquellos tres jóvenes seminaristas, unidos por su amistad y por un profundo amor a la misión, pusieron la primera piedra del proyecto, once años antes de que nacieran oficialmente en 1949.

Primer Director Nacional de OMPE El momento más trascendente en la trayectoria de Monseñor Mejía Razura llegó en 1974. Ese año, la Pontificia Obra de la Propagación de la Fe (POPF), la Pontificia Obra de San Pedro Apóstol (POSPA), la Pontificia Obra de la Infancia Misionera (POIM-IAM) y la Pontificia Unión Misional (PUM) —que hasta entonces trabajaban de manera separada en México— se unificaron bajo una sola dirección nacional. El sacerdote nayarita fue el elegido para encabezar esa nueva estructura.

En una ceremonia celebrada en el Seminario de Misiones Extranjeras el 28 de noviembre de 1974, Monseñor Mejía Razura inició formalmente su trabajo al frente de lo que la Conferencia del Episcopado Mexicano, inspirada en el espíritu de los mensajes del Papa Pablo VI, decidió denominar “Obras Misionales Pontificio Episcopales de México” —se añadió la “E” de episcopales para subrayar la corresponsabilidad de cada obispo en la misión universal de la Iglesia.

Ejerció el cargo de Director Nacional de las OMPE México por dieciséis años, de 1974 a 1990, período en el que sentó las bases institucionales, pastorales y formativas de la animación misionera en el país.

Liga Misional Juvenil y los Congresos Nacionales Durante su largo mandato al frente de las OMPE, impulsó también la organización juvenil misionera. En 1980 transformó y formalizó la Liga Misional de Estudiantes —fundada en 1952 por Monseñor Escalante— en lo que hoy se conoce como la Liga Misional Juvenil (LMJ), que es el organismo encargado de promover la conciencia y el compromiso misionero entre los jóvenes de la Iglesia en México.

Bajo su dirección, se organizaron los primeros Congresos Nacionales Juveniles Misioneros (CONAJUM): el primero en Tepatitlán, Jalisco; el segundo en Ciudad Victoria, Tamaulipas; y el tercero en Durango, Durango. Estos encuentros se convirtieron en referente de formación misionera para generaciones de jóvenes católicos mexicanos, y su legado continúa vivo en los congresos que se celebran hasta la fecha.

CLAEM: una iniciativa latinoamericana con huellas de santidad Su obra de mayor proyección continental fue la fundación del Curso Latinoamericano de Animación y Espiritualidad Misionera (CLAEM). Esta iniciativa nació como respuesta a una visión compartida con el Cardenal Agnelo Rossi, entonces Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, quien impulsó la creación de un espacio de formación misionera para sacerdotes, religiosos y laicos de toda América Latina.

En la génesis del CLAEM participó también Monseñor Óscar Arnulfo Romero, quien entonces fungía como Director Nacional de las Obras Misionales Pontificias de El Salvador (1974–1978). Su implicación quedó truncada por su asesinato el 24 de marzo de 1980, antes de que el proyecto alcanzara pleno desarrollo.

El CLAEM, concretado a realizarse en México, se convirtió en un programa de formación misionera que continúa activo hasta hoy. Con el respaldo académico de la Pontificia Universidad Urbaniana de Roma, el curso forma anualmente a animadores misioneros de toda la región a través de tres niveles: Teología de la Misión, Espiritualidad Misionera y Pastoral de la Misión.

Legado para la Iglesia mexicana En el año 2024 al celebrar el 50 aniversario institucional de OMPE México, Monseñor Enrique Mejía Razura fue descrito como un hombre “piadoso, fiel, siempre comprometido con la Misión Evangelizadora de la Iglesia” y como un ejemplo de trabajo y dedicación. Es recordado como un sacerdote apostólico y alegre, que destacó por su incansable compromiso con la formación espiritual y la promoción del espíritu misionero.

Monseñor Rogelio Cabrera López, presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano lo llamó el primer pilar estructural de OMPE y los obispos reunidos en la Asamblea Plenaria de abril de 2024, le rindieron homenaje explícito a su memoria.

La trayectoria de Monseñor Enrique Mejía Razura abarcó dimensiones que pocas veces se reúnen en una sola figura: constructor de iglesias y de instituciones educativas, docente universitario, fundador de un colegio con siete décadas de historia, artífice de la unificación de las obras misionales nacionales, impulsor de la juventud misionera en México y cofundador de un programa de formación latinoamericana que perduró más allá de su propio ministerio.

Referencias

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