La desindianización en México fue el proceso histórico mediante el cual sus diversas naciones indígenas fueron forzadas a renunciar a su identidad, en el marco de la dominación colonial y de los proyectos nacionalistas que la sucedieron. El antropólogo mexicano Guillermo Bonfil Batalla (1935-1991) acuñó el concepto en su obra México profundo. Una civilización negada (1987), a partir de un argumento que había articulado previamente en su ensayo de 1972 «El concepto de indio en América: una categoría de la situación colonial»: «indio» designa una categoría administrativa, y no una identidad cultural ni biológica, que el régimen colonial impuso sobre pueblos muy distintos entre sí para homologarlos bajo un denominador común de inferioridad jurídica y social.
Este proceso se desplegó durante varios siglos por medio de leyes, instituciones y políticas culturales sucesivas. Durante el Virreinato de Nueva España (1521-1821), el régimen colonial cobró tributos, impuso el español a través de las misiones y agrupó a las comunidades en «repúblicas de indios» —pueblos y barrios con gobierno propio bajo tutela colonial—; las epidemias, el trabajo forzado y otras causas mataron a una parte enorme de la población original. Las reformas borbónicas del siglo desmontaron paulatinamente el modelo de las dos repúblicas en favor de políticas asimilacionistas que anticiparon el viraje universalista republicano.
Tras la Independencia, la idea de que todos los ciudadanos eran iguales —tomada de la Constitución de Cádiz de 1812— puso fin al reconocimiento jurídico de las comunidades indígenas como tales, y la Ley Lerdo de 1856 y la Constitución de 1857 las despojaron de sus tierras comunales. En el siglo se sumaron las escuelas rurales pensadas para «civilizar» a los niños indígenas, las políticas del Estado coordinadas por el Instituto Nacional Indigenista (creado en 1948) y los censos, que durante décadas solo contaron a los indígenas por la lengua que hablaban en casa.
Cuando México se independizó en 1821, los pueblos indígenas eran todavía la mayoría de la población. Hoy son una minoría: alrededor del 6,5 % de los mexicanos habla alguna de las más de sesenta lenguas originarias del país, y aunque las cifras de quienes se reconocen como indígenas por su origen familiar son bastante más altas, todos los recuentos apuntan en el mismo sentido. Para los autores que han estudiado este cambio se trató del resultado acumulado de las leyes, escuelas, censos e ideas que durante siglos empujaron a las comunidades a dejar de reconocerse como indígenas.
La idea de la desindianización nació como una crítica al relato oficial del mestizaje, que durante el siglo presentó a México como el resultado feliz de la mezcla entre indígenas y españoles. Esta lectura ha sido matizada: Federico Navarrete Linares ha mostrado que en el siglo muchas comunidades indígenas usaron a su favor las nuevas categorías políticas —ser ciudadano, ser vecino, formar municipio— para defender sus tierras, en lo que se ha llamado «liberalismo popular». Desde finales del siglo , y sobre todo a partir del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en 1994, ha crecido un movimiento de signo contrario: la reindianización. Sus protagonistas —intelectuales, escritores y comunidades enteras— entienden hoy la palabra «indígena» como una bandera política propia y no como una etiqueta colonial impuesta. Autoras y autores como Yásnaya Elena Aguilar Gil (ayuujk) y Jaime Martínez Luna (zapoteco) escriben sobre la comunalidad —el modo de vida comunitario indígena, basado en el trabajo colectivo y las asambleas— y sobre cómo desarmar las categorías heredadas. Para ellos, la desindianización no es un proceso terminado: es una historia que todavía se está escribiendo.
Origen del concepto miniaturadeimagen|250px|Guillermo Bonfil Batalla (1935-1991), antropólogo mexicano que formuló el concepto de desindianización en México profundo (1987).
El antropólogo mexicano Guillermo Bonfil Batalla (1935-1991) acuñó el concepto en su obra México profundo. Una civilización negada, publicada en 1987. Bonfil había desarrollado sus elementos conceptuales previos en su ensayo de 1972 «El concepto de indio en América: una categoría de la situación colonial», publicado en Anales de Antropología de la UNAM, y los integraría posteriormente, junto con su «teoría del control cultural», en los ensayos recopilados en Pensar nuestra cultura (1991). La elaboración del concepto se inscribe en una corriente crítica del indigenismo de Estado mexicano —la política del siglo que se proponía «integrar» a los indígenas a la nación mestiza— desarrollada en la antropología latinoamericana desde la década de 1970, contexto académico estudiado retrospectivamente por Maya Lorena Pérez Ruiz en un número monográfico de la revista Cuicuilco dedicado a la obra de Bonfil Batalla.
La formulación canónica en México profundo (1987)
En el primer capítulo de la obra, titulado «Una tierra con civilización milenaria», Bonfil Batalla establece la distinción central entre mestizaje —entendido como mezcla biológica— y desindianización —entendida como proceso histórico-cultural—. Tras observar que las diferencias sociales entre «indios» y «mestizos» obedecen a una misma historia de mestizaje biológico: ambos grupos resultan de un proceso de mestizaje en el que predominan los rasgos de origen mesoamericano, propone reformular el problema en los siguientes términos:
La definición canónica del concepto aparece a continuación:
Bonfil precisa que la desindianización «no implica necesariamente la interrupción de una tradición cultural»: una colectividad desindianizada puede conservar prácticas culturales de origen mesoamericano —en la vivienda, la alimentación, la agricultura milpera, las prácticas médicas y el léxico local del español— prácticamente indistinguibles de las de una comunidad reconocida como indígena. La diferencia, sostiene, radica en si la colectividad se reconoce a sí misma como heredera de un patrimonio cultural específico y asume el derecho exclusivo de tomar decisiones sobre los componentes de ese acervo —recursos naturales, formas de organización social, conocimientos, sistemas simbólicos—. El tercer capítulo de la primera parte de la obra, titulado «Lo indio desindianizado», constituye la elaboración más extensa de esta tesis.
Detribalización en la tradición anglófona
En la antropología y la historiografía en lengua inglesa, el término detribalization designa procesos análogos —pérdida o transformación de identidades originarias en contextos coloniales o poscoloniales—, particularmente en estudios sobre el África subsahariana, Australia y América del Norte. La traducción canónica de México profundo al inglés (Philip Adams Dennis, México Profundo: Reclaiming a Civilization, University of Texas Press, 1996) optó por el calco «de-Indianization» antes que por «detribalization», precisamente para preservar la especificidad mesoamericana del concepto bonfiliano: «indio» como categoría supraétnica (es decir, que mete en un mismo saco a pueblos muy distintos entre sí) de origen colonial-administrativo —según la formulación de Bonfil en 1972—, distinta de la noción etnográfica anglófona de «tribu».
En perspectiva comparada latinoamericana, Federico Navarrete Linares ha caracterizado el caso mexicano como una excepción regional respecto del tratamiento que los Estados-nación dieron a sus poblaciones originarias en el siglo . A diferencia de Guatemala, Perú, Bolivia y Ecuador —donde las élites criollas mantuvieron sistemas de segregación administrativa que preservaron las identidades indígenas como categorías oficiales distintas hasta el presente, incluyendo en algunos casos la persistencia del tributo indígena y regímenes especiales de trabajo durante buena parte del siglo —, y de Estados Unidos, Argentina y Chile —donde las poblaciones indígenas fueron militarmente sometidas o exterminadas y, en algunos casos, demográficamente reducidas a una minoría durante el mismo período—, México eliminó tempranamente las distinciones jurídicas étnicas en favor de un ideal universalista de ciudadanía. Esta vía «desindianizadora» —en la formulación bonfiliana y de la antropología crítica posterior— constituye así un modelo histórico distinto tanto al de la segregación colonial sostenida (típica del altiplano andino) como al del exterminio físico (típico del Cono Sur sudamericano y de las fronteras occidentales estadounidenses). A esa diferencia se suma otra de orden jurídico: a diferencia de Estados Unidos —donde las leyes antimestizaje prohibieron los matrimonios interraciales hasta su anulación por la Corte Suprema en el caso Loving contra Virginia (1967)—, México nunca tuvo una prohibición formal del mestizaje; el sistema colonial de castas clasificaba la mezcla en lugar de impedirla, y tras la Independencia se abolieron todas las distinciones jurídicas entre grupos étnicos.
Antecedentes en la antropología crítica latinoamericana
En su ensayo de 1972 «El concepto de indio en América: una categoría de la situación colonial», publicado en Anales de Antropología del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, Bonfil Batalla había propuesto previamente que «indio» constituye una categoría administrativa de origen colonial, y no una categoría biológica ni propiamente étnica: una clasificación impuesta por la sociedad dominante sobre poblaciones cuya diversidad cultural y lingüística fue reducida a un denominador común para fines de gobierno. Este planteamiento constituye el antecedente directo del concepto de desindianización formulado quince años después en México profundo.
El marco intelectual inmediato de esta elaboración fue la primera Declaración de Barbados, firmada el 30 de enero de 1971 por catorce antropólogos —entre ellos Bonfil Batalla, Miguel Alberto Bartolomé, Darcy Ribeiro, Stefano Varese y Esteban Emilio Mosonyi— y publicada bajo el título «Por la liberación del indígena». El texto introdujo el concepto de etnocidio en la antropología latinoamericana, entendido como la destrucción de una cultura por la acción coercitiva sostenida de otra. Bonfil Batalla participó también en la segunda Declaración de Barbados (1977), reseñada en Nueva Antropología. El marco del etnocidio articulado en estas declaraciones constituye el horizonte teórico desde el cual Bonfil concebiría posteriormente la desindianización como el efecto histórico-identitario específico de ese proceso en el caso mexicano.
Variantes y conceptos relacionados
El marco de la desindianización mantiene relaciones específicas, en parte de continuidad y en parte de contraste, con varios conceptos vecinos en la antropología y la historia latinoamericanas.
El etnocidio —tal como fue articulado en la primera Declaración de Barbados (1971) y posteriormente desarrollado por la antropología crítica latinoamericana— constituye el marco amplio bajo el cual Bonfil Batalla concibe el caso mexicano: la desindianización sería el efecto histórico-identitario específico que el etnocidio produce en las poblaciones mesoamericanas, esto es, la dimensión demográfica y subjetiva del proceso más general de destrucción cultural por la acción coercitiva sostenida de una sociedad dominante.