miniaturadeimagen|450x450px|Concelebración de una misa evangélico-luterana durante el Adviento en la iglesia de Adolfo Federico en Suecia. En el cristianismo, la concelebración (del latín con y celebrare, «celebrar juntos») es la práctica en la que varios presbíteros —ya sean sacerdotes o ministros— presiden conjuntamente a una congregación durante la celebración de la Eucaristía, liturgia que tanto católicos como luteranos evangélicos denominan misa.Por regla general, un presbítero de mayor rango, obispo o arzobispo oficia como celebrante principal, acompañado por otros prelados. A estos asistentes se les denomina concelebrantes, y su función consiste en participar activamente en la liturgia y asistir espiritualmente, de manera particular durante la consagración. En la práctica, apoyan al celebrante principal al pronunciar al unísono las palabras consagratorias, lo que invoca la transformación espiritual de los elementos eucarísticos, considerado el núcleo sacramental de la misa. Asimismo, mientras permanecen congregados en torno al altar, algunos concelebrantes pueden recitar de forma individual fragmentos específicos de la plegaria eucarística que se les hayan asignado previamente.

La concelebración resulta frecuente entre los ministros de una misma iglesia —como ocurre, por ejemplo, en las principales misas católicas—, así como entre los clérigos de aquellas Iglesias que mantienen una plena comunión entre sí, tal como sucede entre la Comunión anglicana y la Iglesia católica antigua.

Historia La concelebración se practica en el cristianismo oriental desde hace muchos siglos. En el caso de la Iglesia católica, la costumbre cayó en desuso durante un largo periodo, pero se restauró gracias a las reformas litúrgicas del Concilio Vaticano II y bajo las directrices del documento papal Sacrosanctum Concilium. Los teólogos Orlando O. Espín y James B. Nickoloff explican que esta liturgia posee «raíces antiguas» —como evidencia la Tradición apostólica de Hipólito a principios del — y que se llevaba a cabo principalmente como un «signo de unidad eclesial» a nivel local, así como de comunión al ofrecer «hospitalidad eucarística» a clérigos visitantes.

El arte paleocristiano descubierto mediante excavaciones arqueológicas demuestra que esta práctica existía en la Iglesia primitiva de Occidente, aunque se desconoce la fecha exacta en la que se abandonó. Sí se sabe que, de manera gradual, su uso quedó restringido a las festividades más importantes y a otras ocasiones solemnes. A modo de ilustración, los registros del indican que un obispo irlandés que viajaba de incógnito le pidió a Columba de Iona que oficiara la misa junto a él. En cambio, el Segundo Concilio de Sevilla decretó en 619 que los sacerdotes no podían concelebrar la liturgia con un obispo, arzobispo o administrador apostólico —siempre que este último tuviera rango episcopal— que estuviera en condiciones de celebrar.

Asimismo, según el papa Inocencio III (r. 1198-1216), los cardenales de Roma aún concelebraban con el sumo pontífice en determinadas festividades de su época. No obstante, desde la Edad Media —en especial tras la epidemia de peste negra— y hasta el Concilio Vaticano II, la liturgia conjunta se limitó a solo dos ocasiones dentro del rito romano. Por un lado, se realizaba durante la ordenación sacerdotal, donde el nuevo presbítero concelebraba junto al obispo ordenante y, por otro, en la consagración episcopal, momento en el cual el prelado recién consagrado oficiaba junto a su consagrador.

Práctica contemporánea

Iglesia católica miniaturadeimagen|Concelebración en la misa de réquiem del cardenal Joachim Meisner. Las reformas litúrgicas posteriores al Concilio Vaticano II permitieron el retorno a la práctica de la concelebración de la misa. Al respecto, la constitución del Concilio sobre la sagrada liturgia estableció lo siguiente:«La principal manifestación de la Iglesia consiste en la participación plena y activa de todo el pueblo santo de Dios en las mismas celebraciones litúrgicas, particularmente en la misma Eucaristía, en una misma oración, junto al único altar donde preside el obispo, rodeado de su presbiterio y ministros».Por ello, en aquellas comunidades que contaban con varios sacerdotes, estos podían concelebrar la Eucaristía en lugar de oficiarla de manera privada, lo que subrayaba su naturaleza comunitaria. Aunque el derecho litúrgico permite esta práctica en cualquier momento, resulta más habitual durante las festividades, en especial en aquellas que tradicionalmente preside el obispo, como la misa crismal del Jueves Santo. En caso de que una diócesis o arquidiócesis se encuentre vacante y carezca de un administrador apostólico con rango episcopal en condiciones de oficiar, un grupo selecto de presbíteros diocesanos concelebra la festividad, de modo que uno de ellos ejerce como celebrante principal.

Por otra parte, un artículo publicado en la revista La Civiltà Cattolica el 2 de octubre de 2004 señaló que la reintroducción de la concelebración eucarística en la Iglesia latina concordaba con las enseñanzas del papa Pío XII. El sumo pontífice instruyó que los dos «obispos asistentes» en la consagración de un nuevo prelado debían pronunciar todas las palabras consagratorias; esto demostraba de forma clara que no actuaban como meros testigos, sino que coconsagraban y concelebraban el sacramento del orden. Asimismo, durante un discurso pronunciado el 22 de septiembre de 1956, el papa aplicó esta misma norma a la concelebración de la Eucaristía, una liturgia que en aquella época se reservaba de forma exclusiva para las ordenaciones episcopales y sacerdotales.

Iglesias evangélicas luteranas miniaturadeimagen|Sacerdotes evangélicos luteranos concelebrando la misa en la iglesia de Alsike, Suecia En las Iglesias Evangélicas Luteranas, la concelebración tiene lugar cuando más de un clérigo celebra la misa. Esto ocurre a menudo cuando un obispo visita una congregación o cuando un sacerdote de una congregación visita otra.

Comunión Anglicana De manera tradicional, la concelebración no se practicaba ni se permitía en las Iglesias anglicanas. No obstante, el Libro de Oración Común de la Iglesia episcopal estipula que los demás clérigos deben «permanecer junto al celebrante en el altar y participar en la consagración de las ofrendas, en la fracción del pan y en la distribución de la comunión».

Referencias

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