miniaturadeimagen|Sentido horario desde arriba a la izquierda: Mercedes Sanz Bachiller, Mártires Concepcionistas (exaltación), Federica Montseny, Margarita Nelken, Dolores Ibárruri, Lina Odena (exaltación), María Rosa Urraca Pastor, Pilar Primo de Rivera. Centro: luchando contra las dificultades de la vida diaria Durante la guerra civil española, la maternidad adquirió un significado político vinculado al papel de la mujer como apoyo al Estado. Esta asociación no surgió entonces: en España, desde mucho antes, maternidad y feminidad se habían ido fusionando hasta presentarse casi como una misma identidad.

Desde una visión basada en el determinismo biológico, se consideraba que el lugar natural de la mujer era el hogar y que su función principal era la de esposa, madre y ama de casa. Esta idea fue respaldada por las principales instituciones del país, dominadas por hombres, entre ellas el Gobierno y la Iglesia católica.

El papel de la maternidad también estuvo presente en los debates sobre la educación de las mujeres. Desde la izquierda, se defendía que la formación femenina era necesaria para avanzar hacia la emancipación de las mujeres. Desde la derecha, en cambio, se consideraba que la educación debía servir principalmente para preparar a niñas y jóvenes para su futura función como madres.

Durante la dictadura de Primo de Rivera apenas se produjeron cambios significativos en esta visión, aunque el determinismo biológico ganó más peso como argumento para justificar el papel tradicional de la mujer.

La Segunda República española permitió que las mujeres accedieran a la esfera pública. Además, les concedió por primera vez derechos importantes, como el voto, el divorcio y el acceso a la educación superior.

En este contexto, la maternidad se convirtió en un asunto político. En algunos sectores, las mujeres (y especialmente las madres) que no se ajustaban a las normas tradicionales de género comenzaron a sufrir hostilidad. Para los sectores nacionalistas, los derechos conquistados por las mujeres eran vistos como una señal de “degeneración” de España y como una amenaza para la familia tradicional.

Como reacción, se crearon organizaciones destinadas a defender una idea conservadora de la maternidad española. Al mismo tiempo, aumentó la violencia pública contra mujeres y madres que apoyaban a los trabajadores en huelga.

La guerra civil española intensificó todavía más la politización de la maternidad, aunque sin romper del todo con su visión tradicional. La feminidad seguía definiéndose, en gran medida, a través de la maternidad.

En las zonas rurales, la vida de muchas madres pudo mantenerse relativamente al margen de la política. Sin embargo, la guerra también alteró profundamente la estructura familiar en algunos lugares por la desaparición de los hombres (alistados, muertos, detenidos o escondidos). En otros casos, los hombres que permanecían en casa tuvieron que adoptar comportamientos considerados menos “masculinos” para sobrevivir.

La guerra también transformó los roles de género. Muchas mujeres se incorporaron al frente, mientras que numerosas madres tuvieron que trabajar fuera del hogar para sostener a sus familias y contribuir al esfuerzo bélico.

El final de la guerra dio paso al franquismo y supuso el regreso a una concepción tradicional de la maternidad, estrechamente vinculada al catolicismo español.

Esta visión fue reforzada mediante leyes que situaban a las mujeres bajo la autoridad de sus padres o de sus maridos, limitando su autonomía personal y legal. La educación de niñas y mujeres volvió a orientarse principalmente hacia el cuidado del hogar, la obediencia familiar y la preparación para ser esposas y madres según el modelo impuesto por el régimen.

Definición de maternidad La definición de maternidad desde la época anterior a la Segunda República hasta el período franquista es que la feminidad es maternidad, y la maternidad era feminidad. Esta definición de maternidad como feminidad rara vez fue cuestionada y permaneció como parte del statu quo español que se remontaba a un período anterior de la España católica.

Preludio de la Segunda República (1800–1922) Definición de maternidad A finales del , muchos hombres consideraban que las mujeres, especialmente las madres, eran seres frágiles, condicionados por su propio cuerpo y expuestos a enfermedades y sufrimientos relacionados con la menstruación, el embarazo y la menopausia.

Según los principales líderes de opinión masculinos en España, esas supuestas limitaciones físicas justificaban que las mujeres permanecieran en el hogar y cumplieran con lo que se entendía como su deber natural: la reproducción.

De este modo, el orden social se explicaba a partir de un supuesto orden biológico basado en las diferencias sexuales. Estas ideas contaban con el respaldo de médicos varones, tanto en España como en otros países europeos. En consecuencia, la maternidad se definía desde una perspectiva de determinismo biológico.

Educación La situación cultural de España hizo que, durante mucho tiempo, la mayoría de las mujeres fueran analfabetas. En 1900, la tasa de alfabetización femenina era de apenas el 10 %. El acceso de las mujeres a la universidad también era muy limitado. Entre 1800 y 1910, el número de mujeres españolas con títulos universitarios conocidos fue prácticamente inexistente, con María Goyri como una de las pocas excepciones destacadas.

Esta realidad comenzó a cambiar lentamente en las décadas siguientes. En 1930, la alfabetización femenina alcanzó el 62 %, y en la educación primaria la presencia de niñas y niños se acercaba ya a una proporción equilibrada.

La maternidad empezó a ocupar un lugar importante en los debates sobre la educación femenina en España a partir de la década de 1860. Empezó a discutirse qué papel debía tener la educación en la vida de las mujeres y si debía servir para ampliar sus oportunidades o para reforzar su función tradicional dentro del hogar.

Defensoras de los derechos de la mujer, como Concepción Arenal, sostenían que las mujeres tenían la misma capacidad intelectual que los hombres. Arenal, que llegó a hacerse pasar por hombre para poder estudiar Derecho en la década de 1860, argumentaba que la desigualdad no se debía a una falta de inteligencia, sino a la falta de acceso a la educación. Según esta perspectiva, educar a las mujeres podía abrirles nuevas posibilidades más allá del ámbito doméstico.

Emilia Pardo Bazán fue otra voz destacada de este periodo. Desde una posición feminista, defendió un mayor acceso de las mujeres a la educación y difundió sus ideas en publicaciones como la revista londinense Fortnightly Review y la revista española Nuevo Teatro Crítico.

Sin embargo, muchos dirigentes masculinos defendían la educación femenina desde una perspectiva muy distinta. Para ellos, formar a las mujeres no tenía como objetivo su emancipación, sino fortalecer el Estado. Consideraban que una mujer educada sería una mejor esposa y madre, capaz de criar y sostener a la siguiente generación de líderes masculinos.

Parto En el , la tasa de natalidad en España era de 44 nacimientos por cada mil habitantes. La atención al parto estaba regulada: las comadronas debían recibir autorización oficial antes de obtener la licencia para ejercer. Además, tras dar a luz, en algunos casos se recomendaba o exigía que las mujeres permanecieran en reposo en cama durante un tiempo.

En 1870, Francisca Iracheta publicó el primer libro sobre obstetricia escrito por una mujer en España. La obra estaba pensada para la formación de futuras comadronas y utilizaba un formato de preguntas y respuestas. También incluía ilustraciones de la pelvis para facilitar el aprendizaje.

A finales del y comienzos del , las tasas de mortalidad infantil seguían siendo muy elevadas. En ese mismo contexto, muchos niños nacían fuera del matrimonio en España.

Organizaciones

Agrupación de Trabajadores La Agrupación de Trabajadores fue creada en 1891 por Teresa Claramunt como una organización laboral vinculada a sus ideales feministas. Poco después de su fundación, comenzó a organizar reuniones públicas para defender los derechos de las mujeres trabajadoras.

La organización denunciaba que la sociedad castigaba a las mujeres por partida doble. Por un lado, se esperaba que trabajaran fuera del hogar para contribuir al sustento familiar. Por otro, seguían siendo responsables de las tareas domésticas y del cuidado de la familia.

Sin embargo, la Agrupación no logró un éxito significativo en sus objetivos. Muchas mujeres trabajadoras no consideraban necesario estar representadas por un sindicato, lo que limitó el alcance y la influencia de la organización.

Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930)

Definición de maternidad Maternidad y feminismo fue publicado en 1926 por Gregorio Marañón, una de las figuras médicas más destacadas de la época. En ella se definía a hombres y mujeres a partir de sus supuestas funciones biológicas. Utilizaba argumentos científicos para justificar que el papel principal de la mujer debía ser la maternidad. Según él, las mujeres se caracterizaban por un metabolismo anabólico, es decir, por una tendencia a sintetizar y acumular sustancias de forma pasiva.

Marañón relacionaba esta idea con el proceso reproductivo. Para él, la supuesta pasividad del óvulo durante la fecundación y su necesidad de anidar en el útero durante el embarazo servían para explicar que las mujeres debían ocupar también una posición pasiva en la sociedad. Desde esta perspectiva, su lugar natural era el hogar, donde debían dedicarse principalmente al cuidado de los hijos.

Esta interpretación fue retomada por Antonio Vallejo-Nájera en su obra Eugenesia de la Hispanidad, publicada en 1937. Vallejo-Nájera también defendía que esta concepción de la mujer y de la maternidad era esencial para garantizar la continuidad del Estado.

Feminismo En los años previos a la Segunda República y a la Guerra Civil, muchas mujeres de clase media y alta se acercaron al feminismo como resultado de su entorno familiar y educativo. En algunos casos, esta conciencia feminista surgió en internados, donde la distancia respecto a sus familias reducía la influencia directa de sus padres sobre sus ideas políticas. En otros, fueron sus propios padres quienes las animaron a pensar de forma crítica y a interesarse por la política. También hubo mujeres que desarrollaron una conciencia feminista precisamente como reacción a una educación pensada para reforzar las normas tradicionales de género.

La orientación política de la familia también influyó en este proceso. En las familias de izquierdas, era más habitual que las hijas asumieran ideas feministas como resultado de una influencia activa y favorable a la participación política. En cambio, en las familias de derechas, algunas mujeres llegaron al feminismo como respuesta a normas de género más rígidas, que podían provocar conflictos o rupturas dentro del ámbito familiar.

Educación Para muchas figuras masculinas destacadas de este periodo, lo importante no era que niñas y mujeres recibieran una educación amplia o profunda. Lo fundamental era que esa educación las preparara para servir a sus maridos y para convertirse en buenas madres. Desde esta perspectiva, la formación femenina no se concebía como una herramienta de autonomía o desarrollo personal, sino como un medio para reforzar su papel tradicional dentro del matrimonio, la familia y el hogar.

Segunda República Española (1931 - 1937)