Antonio Salvador Caja (Cúllar, Granada, 1910 - Lalín, Pontevedra, 1993) fue un funcionario público, sindicalista y militante socialista español. Ejerció como delegado provincial del Ministerio de Trabajo en Pontevedra durante la Segunda República Española. Al estallar la Guerra Civil Española, participó activamente en la resistencia civil e institucional en el Gobierno Civil de Pontevedra. Fue juzgado en consejo de guerra y condenado a reclusión perpetua por las autoridades franquistas. Era hermano mayor de Gregorio Salvador Caja, lingüista y académico de la Real Academia Española (RAE), y hermano por parte de padre de Jesús Salvador Bedmar, alcalde de Alcorcón desde 1991 hasta 1999.

Biografía Nacido en Cúllar, en la provincia de Granada, su padre era secretario del ayuntamiento de la localidad. Desde joven estuvo involucrado en grupos vinculados a UGT en su localidad natal. Se trasladó a Madrid, donde se unió al PSOE en 1932, ejerció como secretario de Fernando de los Ríos y obtuvo su plaza de funcionario como auxiliar de trabajo al año siguiente. Fue destinado a la provincia de Pontevedra. En enero de 1934, consolidó su arraigo en la comarca del Deza al contraer matrimonio en la parroquia de Soutolongo con la maestra nacional Marcelina Ferreiro, hermana del entonces alcalde republicano de Lalín, Manuel Ferreiro.

Debido a sus responsabilidades en la administración y por su militancia de izquierdas, Salvador Caja frecuentó los círculos intelectuales y políticos de Pontevedra durante los años treinta. A través de estas redes institucionales y del entorno del Frente Popular, mantuvo contacto con figuras destacadas del galleguismo y de la denominada Xeración Nós, entre ellos el intelectual y dibujante Alfonso Daniel Rodríguez Castelao.

Entre el 17 y el 20 de julio de 1936, al conocerse los primeros movimientos del golpe de Estado militar, Salvador Caja se trasladó a la capital provincial siguiendo las instrucciones del gobernador civil, Gonzalo Acosta Pan. En la sede del Gobierno Civil de Pontevedra, se integró en el Comité de Defensa de la República organizado por los partidos del Frente Popular y el Partido Galleguista para coordinar la resistencia civil y frenar la sublevación en la provincia. De acuerdo con las declaraciones judiciales recogidas en las causas penales sumarias del archivo militar, Salvador Caja permaneció en el despacho oficial trabajando junto a Alexandre Bóveda —destacado líder del galleguismo— y otros dirigentes republicanos como Amancio Caamaño o Víctor Casas. Las funciones del comité consistieron en la organización logística y la firma de órdenes para la incautación de vehículos, armas y combustible destinados a abastecer a las milicias ciudadanas de defensa. Tras la entrada definitiva de las columnas militares sublevadas en la capital el 20 de julio, y ante la inviabilidad de la resistencia, Salvador Caja fue detenido en el propio recinto gubernamental junto al resto de los integrantes del comité.

Alexandre Bóveda fue condenado a muerte y ejecutado en el monte de la Caeira el 17 de agosto de 1936. Salvador Caja, que compartió cautiverio con él en la isla de San Simón y lo acompañó inmediatamente antes de que fuera fusilado, corrió mejor suerte. Según relató décadas después su hermano menor, Gregorio Salvador, la intervención de un asesor jurídico militar del bando sublevado, que guardaba relación previa con la familia, evitó su fusilamiento. No obstante, fue sometido a un consejo de guerra sumarísimo en Pontevedra acusado del delito de rebelión militar, resultando condenado a la pena de reclusión perpetua y trasladado a la colonia penitenciaria de la isla de San Simón, en la que permaneció desde octubre de 1936 a marzo de 1939. De allí fue enviado a la prisión central de Burgos, de la que salió finalmente en libertad en agosto de 1940.

Durante la posguerra, tras salir de prisión, se estableció en Lugo donde trabajó como contable en varias empresas, como la compañía de autobuses Gómez de Castro. Mantuvo vínculos epistolares discretos con las redes del socialismo democrático y las instituciones de la República española en el exilio. Entre esta correspondencia destaca el intercambio de cartas con el jurista y político penalista Luis Jiménez de Asúa, quien fuera redactor de la Constitución de 1931 y que posteriormente ejerció como presidente de la República en el exilio desde Buenos Aires. Tras su jubilación se trasladó a Vigo. Después de 1975 prestó testimonio en numerosas ocasiones sobre sus vivencias durante la Guerra Civil, en particular sobre su tiempo preso en la isla de San Simón.

Referencias

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