thumb|Localización de Aragón en España. thumb|Portada de la obra histórica de Jerónimo Blancas, Aragonensium rerum comentarii, Zaragoza, Lorenzo y Diego Robles, 1588. En el frontispicio aparece un escudo de Aragón formado por el señal real con corona abierta al timbre, ya identificado como escudo privativo del reino, y que según la creencia del propio autor de la obra Jerónimo de Blancas y Tomás era originaria de los Condes de Barcelona: «fueron preferidas las armas de Barcelona a las reales de Aragón». Autores como Udina i Martorell o Fluvià i Escorsa han empleado de modo «anacrónico y abusivo» el argumento de autoridad en defensa del origen condal del emblema al apoyarse en las creencias habituales del siglo XVI que fueron promovidas por Pedro IV el Ceremonioso, y que en ningún caso son prueba del origen del escudo de armas.Véase Alberto Montaner Frutos, El señal del rey de Aragón: historia y significado, Zaragoza, Institución «Fernando el Católico», 1995, págs. 11-12 y nota 13:
La historia de Aragón ha estado marcada por su condición de encrucijada, al ocupar un solar del noreste de la península ibérica que ha servido de puente entre la costa mediterránea, el centro peninsular y las costas del mar Cantábrico. La presencia humana en las tierras que hoy forman la comunidad autónoma data de hace varios milenios, pero Aragón, como muchas de las actuales nacionalidades históricas, es fruto de la Edad Media.
En el , con base en la invasión musulmana de la Hispania visigoda y el consecuente hundimiento del Estado visigodo surgen diversos reductos cristianos de resistencia al islam, entre ellos el futuro embrión de Aragón. En el un reducido territorio ubicado entre los valles de Canfranc y Hecho tutelado por el Reino de Pamplona y a la sombra del Imperio carolingio tomaría el nombre del río Aragón, denominación que está documentada por primera vez en el año 828, y daría comienzo por tanto a la historia de Aragón. Con el paso del tiempo Aragón iría ampliando fronteras durante los siglos en los que primero fue Condado, luego Reino, definiendo unos límites territoriales que se conservan en la actualidad. A continuación se detalla la historia de Aragón en las distintas épocas.
Prehistoria
Paleolítico thumb|Paleolítico en Aragón. Los más antiguos testimonios de vida humana en las tierras que hoy componen Aragón, se remontan a la época de las glaciaciones, en el Pleistoceno Medio, hace unos 600 000 años. Esta población nos dejó la industria Achelense que encontró sus mejores armas en los bifaces de sílex o los hendedores de cuarcita; restos de ellas encontramos en las terrazas de San Blas en Teruel, en la zona de Cauvaca de Caspe, en el Barranco de Arbolitas de Borja y en los alrededores de Calatayud, en la zona de Miedes; el valle del Jalón fue uno de los más frecuentados por el hombre paleolítico.
Con la llegada de la glaciación de Würm en torno al 80 000 a. C., aparece un nuevo tipo humano, el hombre de Neandertal, del que se conservan varios molares procedentes de la cueva de los Moros de Gabasa. Desarrolló la cultura Musteriense, que ocupa todo el Paleolítico Medio, hasta el 40.000 a. C. aproximadamente; esta cultura se caracteriza por una industria de sílex a base de puntas, raederas y denticulados, junto con una incipiente industria ósea. Existen en Aragón tres cuevas con importantes yacimientos musterienses: Eudoviges de Alacón en Teruel, la Fuente del Trucho de Colungo y los Moros de Gabasa en Huesca.
El Paleolítico Superior comienza en torno al 40 000 a. C. y aparecen dos nuevas culturas: Solutrense y Magdaleniense.
La Solutrense está representada en la cueva de Chaves, en Bastarás (Huesca) donde desarrollaron una industria a base de puntas de escotadura, raspadores y buriles.
Los magdalenienses dejaron una industria ósea de azagayas y una lítica de hojitas de dorso y abundantes raspadores y buriles.
La cabra y el conejo fueron el alimento básico de estas gentes, aunque es probable que se dedicaran también a la pesca.
Epipaleolítico (mapa)
El Epipaleolítico se centra en el Bajo Aragón, ocupando la época entre el séptimo y el quinto milenio. Presenta una industria de tipo geométrico y de tamaño microlítico, destacando las formas de triángulos, trapecios y medias lunas.
El hábitat es un abrigo rocoso amplio, no muy profundo, orientado al sol y dominando los ríos Matarraña o Algás. Se sitúan en la provincia de Teruel (Botiquería dels Moros y Els Secans en Mazaleón) o en la de Zaragoza (La Costalena en Maella, el Serdá y el Sol de la Piñera en Fabara).
La economía de estas poblaciones sigue siendo depredadora, dedicándose a la caza y a la recolección.
Neolítico (mapa) En la primera mitad del quinto milenio antes de Cristo apareció un nuevo modo de vida basado en una economía de productores, conocedores de la agricultura y la ganadería, que continúan cazando animales como una actividad complementaria.
La existencia de molinos de mano, de piedra dura, atestiguan la actividad de la molienda, del mismo modo que algunas hachas pulimentadas presentan en el filo huellas de haber sido usadas como azuelas para labores agrícolas.
Se encuentran restos neolíticos en las Sierras Exteriores oscenses y en el Bajo Aragón.
El Eneolítico se caracteriza por dos fenómenos: el afianzamiento de las construcciones megalíticas y la extensión de la cultura de vaso campaniforme.
La Provincia de Huesca presenta dos núcleos megalíticos importantes: el Prepirineo de las Sierras Exteriores y los altos valles pirenaicos.
Edad del Bronce La cueva del Moro de Olvena, en la que aparecen once puntas de flecha de hueso, con dataciones de los siglos XVI y XV a. C., representa el mejor exponente de la edad del Bronce Antiguo.
En el Bronce Medio se sitúan los importantes yacimientos de la comarca de Monzón: tozal Marcullo, Pialfor, Conchel, Morilla y tozal Franché, con más de doscientas hachas pulimentadas en sus alrededores. Las cerámicas son lisas, algunas con apéndice de botón en el asa y carenas medias y bajas. Entre los elementos metálicos destacan los punzones de sección rectangular y un puñal triangular con engrosamiento central y dos remaches. También en la cuenca del río Sosa están documentados varios poblados, al igual que en el Bajo Cinca y Alcanadre. thumb|135px|Figura femenina, terracota. Bronce Final. 650-500 a. C. Fuentes de Ebro (Zaragoza). Las hojas de hoz de sílex son muy frecuentes, lo cual confirma una intensa actividad agrícola.
En la Sima de la Aldehuela la peculiaridad más característica vino marcada por ser un hábitat en cueva profunda.
El Bronce Final comienza en Aragón en torno al 1100 a. C. con la llegada de la cultura de los campos de urnas. Se trata de gentes indoeuropeas, con un supuesto origen en el Centro de Europa, que incineran a sus muertos colocando las cenizas en una urna funeraria. Existen ejemplos en la Cueva del Moro de Olvena, la Masada del Ratón de Fraga, Palermo y el Cabezo de Monleón en Caspe.
Desde el punto de vista metalúrgico parece existir un auge dado el aumento de moldes de fundición que se localizan en los poblados.
Edad del Hierro
En Aragón durante la Edad del Hierro hay una continuidad en la ocupación de los poblados y utilización de las mismas necrópolis de los pastores, agricultores y ceramistas de la edad anterior.
La Edad del Hierro es la más importante, puesto que a lo largo de los siglos que dura se constituye el verdadero sustrato de la población histórica aragonesa.
La llegada de centroeuropeos durante la Edad del Bronce por el Pirineo hasta alcanzar la zona bajoaragonesa, supuso una importante aportación étnica que preparó el camino a las invasiones de la Edad del Hierro. Por otro lado están las aportaciones mediterráneas. Su actividad comercial va a constituir un poderoso estímulo para la metalurgia del hierro, fomentando la modernización del utillaje y del armamento indígena, sustituyendo el antiguo bronce por el hierro. La presencia de productos fenicios, griegos y etruscos en yacimientos aragoneses se constata en las vasijas del Piuró del Barranc Fond y San Cristóbal de Mazaleón y en las importaciones griegas de Cretas, Azaila y Calaceite.
En el a. C. existen seis grupos con distinta organización social: vascones, suessetanos, sedetanos, iacetanos, ilergetes y celtíberos citeriores.
Son grupos iberizados con tendencia a la estabilidad, fijando su hábitat en poblados duraderos, con viviendas que evolucionan hacia modelos más perdurables y estables. Tenemos en Aragón muchos ejemplos, entre los que destacan Cabezo de Monleón en Caspe, Puntal de Fraga, Roquizal del Rullo o Loma de los Brunos.
El tipo de organización social estuvo basado en el grupo familiar, constituido por cuatro generaciones. Sociedades autosuficientes en las que la mayor parte de la población se dedicó a actividades agrícolas y ganaderas. En el ámbito ibérico el poder fue monárquico, ejercido por un rey; existía una asamblea democrática con participación de la población masculina.
Existieron diferenciaciones sociales visibles y estatutos jurídico-políticos establecidos.
Historia antigua Romanización thumb|Augusto de Prima Porta en bronce junto con restos de muralla en la Puerta de Toledo de Zaragoza. Las tierras aragonesas vieron llegar con rapidez a los romanos, que progresaron con facilidad hacia el interior. Ello determinó de inmediato la extensión de la actividad romana contra sus ciudades como Hibera, capital de los ilercavones.
El regreso de Escipión a Roma y su sustitución por nuevos mandatarios empezó a institucionalizar un auténtico ejército de ocupación que variaría pronto su actitud para mostrar su verdadera faz.
Los ilergetes toleraron mal la presencia romana y mucho peor la ubicación de sus ejércitos. La caída de los ilergetes Indíbil y Mandonio en la revuelta que protagonizaron con otros pueblos del valle en el 205 a. C., junto con la derrota del primer frente indígena organizado, cambió el rumbo de la dominación. Guerras y pactos de ilergetes y suessetanos contra Roma se saldaron con victorias para la última, con tributos y exacciones que marcaron el comienzo de una política opresiva.
En el reparto territorial que hizo Roma de Hispania, Aragón quedó incluida en la Hispania Citerior. En el año 197 a. C., Sempronio Tuditano es el pretor de la Citerior y hubo de hacer frente a un levantamiento general en sus territorios que terminó con la derrota romana y la propia muerte de Tuditano. Ante estos hechos el Senado envió al cónsul Marco Porcio Catón con un ejército de 60 000 hombres. Los pueblos indígenas de la zona estaban sublevados, menos los ilergetes que negociaron la paz con Catón. La trascendencia de las campañas de Catón fue la clave de la pacificación del Ebro.
La actitud romana de asegurar territorio y comenzar su explotación es duramente contestada por los indígenas año tras año. El 194 a. C. ve un levantamiento general con eliminación de la mitad del ejército romano. El 188 a. C. Manlio Acidino, pretor de la Citerior, debe enfrentarse en Calagurris con los celtíberos, en el 184 a. C. Terencio Varrón lo hizo con los suessetanos, a los que tomó la capital, Corbio. Comienza a ser habitual el regreso de los generales de Hispania con cantidades ingentes de metales preciosos.
Adscrito a la provincia Tarraconense, este territorio formó parte, casi en su totalidad, del convento jurídico caesaraugustano (mapa.) La estabilización con César es el preludio de la eficaz administración romana que inauguró luego Augusto.
A mediados del comenzó la decadencia del Imperio romano. Entre los años 264 y 266 los francos y los alamanes, dos pueblos germánicos, cruzaron el Rin, que era la frontera norte del Imperio, y asolaron Francia; pasaron los Pirineos y llegaron hasta Tarazona, a la que saquearon.
En la agonía del Imperio surgieron grupos de bandidos que se dedicaron al pillaje. El valle del Ebro fue asolado en el por varias bandas de malhechores llamados bagaudas.
Edad Media
Visigodos (mapa)