miniaturadeimagen|Insignia que se entregaba a aquellas mujeres que habían realizado el servicio social
El Servicio Social de la Mujer, también conocido como la mili de las mujeres, fue un servicio obligatorio no remunerado aplicado en España a todas las mujeres solteras de entre 17 y 35 años. Estuvo vigente entre los años 1937 y 1978, aunque su obligatoriedad no se impuso hasta el principio de la dictadura de Franco. El Servicio Social de la Mujer estaba organizado por la Sección Femenina de la Falange.
Era un requisito indispensable para acceder a un trabajo remunerado, obtener un título académico u oficial, unirse a una asociación, obtener el pasaporte o el carné de conducir, y un gran número de gestiones. Aproximadamente tres millones de mujeres llegaron a realizar el servicio social.
Historia El Servicio Social se creó originariamente durante la Guerra Civil en el bando sublevado bajo la organización benéfica Auxilio Social, que organizaba comedores sociales y realizaba labores de beneficencia y cuidados a los enfermos, pobres y niños abandonados, así como labores de apoyo al ejército y cuidado de los heridos. El Decreto 378 de 7 de octubre de 1937 establecía el servicio social bajo la Regiduría del Servicio Social de la Mujer para «aplicar las aptitudes femeninas en alivio de los dolores producidos en la presente lucha y de las angustias sociales de la postguerra, a la vez que valerse de la capacidad de la mujer para afirmar el nuevo clima de hermandad que propugnan los veintiséis puntos programáticos».
El servicio al Estado pasó a estar considerado por el decreto como un «deber nacional» y aunque no se castigara el incumplimiento del servicio, este pasó a ser necesario para «el ejercicio en funciones públicas, desempeño de plazas en la Administración o la obtención de títulos profesionales». Al principio estaban exentas las mujeres con algún defecto físico o enfermedad, estar casada o viuda, tener hijos, haber prestado un servicio de seis meses durante la guerra en alguna institución del bando sublevado, o tener una jornada laboral que no permitiera el descanso suficiente en caso de cumplimiento del servicio. El servicio se realizaba exclusivamente en instituciones militares, centros de Auxilio Social, en los frentes o en los hospitales.
Ya finalizada la Guerra Civil, el Decreto de 28 de diciembre de 1939 dejó el servicio social bajo la tutela de Sección Femenina, el brazo ideológico de la Falange femenina, pese a que hasta el momento había estado funcionando bajo el brazo asistencial de Auxilio Social. Tras la guerra, y debido a que el decreto de 1937 dejaba fuera a un porcentaje muy elevado de mujeres, se promulgó el Decreto de 31 de mayo de 1940 para ampliar el rango de mujeres que debía cumplir el servicio, y modificó la estructura del mismo. A partir de entonces constaría de «dos fases distintas: una formativa en el triple aspecto moral, doméstico y social, y otra de prestación, consistente en el desempeño de trabajos o funciones de interés nacional»; ambas sin ningún tipo de remuneración. El certificado obtenido después del cumplimiento del servicio fue necesario a partir de entonces para obtener el pasaporte, el carné de conducir, licencias de caza y pesca o para formar parte de centros o asociaciones artísticas, deportivas, culturales, de recreo y otras.
Al ganar la guerra el bando sublevado la mujer en la sociedad franquista perdió muchos derechos adquiridos durante la Segunda República, además de ser relegada a un papel secundario en el ámbito público (académico, laboral, político, etc). La mujer debía ser un apoyo del hombre, y mantenerse en el ámbito del hogar y cuidado de la casa, los hijos y el marido. En general no podían disponer de bienes ni independencia económica, excepto en contadas ocasiones.La mujer no debía expresarse en público o llevar la contraria a su marido, debía ser alegre, sumisa, resignada y bien dispuesta, con buena apariencia, ir a misa y llevar bien la casa. Las mujeres debían comportarse de cierta manera, y el servicio social se diseñó en parte para modelar y tratar de encorsetar a la mujer bajo esta visión idealizada que tenía de ella la Falange y el sector conservador de la sociedad de la época. Todo ello bajo el lema patriótico del "deber nacional".
En 1941, 282224 mujeres cumplieron el servicio social realizando distintos trabajos tanto en el Auxilio Social como en hospitales, escuelas, orfanatos, comedores infantiles o bibliotecas. En fechas posteriores llegaron a realizar este servicio hasta un 90 % de las mujeres que estaban obligadas a realizarlo, alrededor de unas 200000 al año. Pese a las cifras, muchas de las intervenciones que realizaba el servicio social eran de carácter testimonial o superficial, y no tenían un impacto real a largo plazo.
A partir de los años sesenta se empezó a asumir que el servicio social no cumplía su misión, ni en zonas rurales ni urbanas, pero se mantuvo durante toda la dictadura. En general, tanto en la ciudad como en el campo, el Servicio Social era cumplido a disgusto, no tenía ningún atractivo para las mujeres ni en el sentido práctico ni en el teórico, y se intentaba burlar cuando era posible aprovechando cualquier estratagema. El Real Decreto 1914/1978, de 19 de mayo, n* 1914/78 del Ministerio de Cultura, suprimió la obligatoriedad de este servicio, un año después de desmantelar la Sección Femenina. Tras la supresión del servicio social se presentó un proyecto de ley que contemplaba la implantación de un "servicio cívico temporal" para mujeres, que no se llegó a aprobar.
Aunque en la práctica se ha considerado equivalente al servicio militar, tanto en la época franquista como relataba un documental de la Sección Femenina realizado en 1965 como en la actualidad, su realización no contó en la cotización necesaria para obtener la jubilación hasta 2020; como sí era el caso del servicio militar obligatorio o de la prestación social sustitutoria (objeción de consciencia). La Ley de la Seguridad Social no reconocía ningún efecto al tiempo que las mujeres dedicaron al servicio social hasta que en 2020 el defensor del Pueblo reclamó una modificación legislativa para el reconocimiento de prestaciones de la Seguridad Social en base a una discriminación.
Estructura miniaturadeimagen|Certificado de haber realizado el Servicio Social de la Mujer. En la España de Franco este documento era necesario para diversas gestiones administrativas, por ejemplo para conseguir un pasaporte El servicio social constaba de dos fases, la primera de formación y la segunda de prestación de servicio, con una duración de seis meses en total. La formación de tres meses ordinaria, para las mujeres que no tenían formación alguna y no estuvieran trabajando, se cumplía en las escuelas de hogar de la Sección Femenina donde se "adiestra a las cumplidoras para su futura misión de amas de casa y madres de familia". La parte de servicio se realizaba en instituciones benéfico-sociales de la propia Sección Femenina como las de Auxilio Social, y se trabajaba durante cinco o seis horas diarias realizando funciones de "interés nacional". Para las mujeres que estuvieran trabajando existían tres modalidades, las tres exentas de la fase de prestación. En el caso de las enfermeras sólo tenían que cursar la parte de formación. Ninguno de los trabajos era remunerado. Una vez realizado el servicio social se obtenía un certificado.
La Sección Femenina captó en aquellas prácticas a la mayoría de su personal formador posterior y a sus cuadros dirigentes. Infinidad de universitarias o procedentes de Magisterio fueron después profesoras y dirigentes de las instituciones que controlaba la Sección Femenina. También las responsables de montar las famosas cátedras ambulantes para extender sus actividades a las poblaciones rurales.
También existía la posibilidad de realizar el servicio en régimen de internado, en cuyo caso la cumplidora se costeaba la manutención. En el servicio de régimen de internado la duración de la formación era de mes y medio, y posteriormente realizaban otros tres meses de servicio. Por contra si realizaban tres meses de internado no tenían que realizar la parte de prestación. Otra modalidad era el servicio social universitario, que constaba de dos meses de formación en régimen de internado en albergues-escuela, y dos de prestación en tareas de tipo social, asistencial y cultural, ya que se consideraba que las asignaturas de enseñanza elemental del hogar las habían recibido ya en el bachillerato superior.
Exenciones miniaturadeimagen|Interior del certificado de cumplimiento del servicio social
Se podía obtener la exención del cumplimiento del servicio social bajo ciertas circunstancias. Estaban exentas las monjas, las mujeres casadas, las mujeres viudas con hijos, las hijas de combatientes del bando sublevado muertos durante la guerra, las mujeres que estuvieran trabajando de sirvienta, las artistas con carné del Sindicato de Espectáculos del Sindicato Vertical, las hijas mayores con padre viudo, las hijas mayores con ocho hermanos solteros y las mujeres que necesitaran trabajar para vivir.
En la Circular n.º 85 del Servicio Social de 12 de noviembre de 1945 se establecía que la(s) mujer(es) que «directa y personalmente trabajaba el campo, integrando este trabajo su medio de vida» quedaban exentas de realizarlo, pero no lo estaban las hijas de labrador o agricultor, ni las que tuvieran una residencia en el medio rural pero no trabajasen el campo, haciendo una distinción clara de clase social. En 1963 la regidora central del Servicio Social, Carmen de ado, suprimió esta exención alegando que muchas mujeres falseaban el lugar de trabajo y pedían la exención sin estar realmente viviendo en el pueblo que declaraban.
Formación y prestación Las asignaturas que se estudiaban eran educación política, llamada fundamentos del espíritu nacional y que seguía los textos de José Antonio Primo de Rivera, religión, convivencia social, educación física, historia, y educación de las enseñanzas del hogar. Dentro de los temarios de enseñanzas del hogar daban economía doméstica, cocina, corte y confección, higiene y medicina casera, puericultura, trabajos manuales, labores, lavado y planchado. Quincenalmente practicaban actividades artísticas como música, literatura, arte, teatro, cine, etc.Se formaron equipos de baloncesto, balonmano y fútbol.
Los coros y danzas, especialmente los formados por las cátedras ambulantes, recuperaron bailes tradicionales y sirvieron a las mujeres para viajar a otras regiones de España y para participar en exposiciones y concursos en otros países. Delegaciones de coros y danzas como las de Granada llegaron a viajar a Japón y Estados Unidos. También sirvieron para recuperar los trajes típicos de cada pueblo y cada comarca. Fue una de las labores más fecundas de las cátedras ambulantes.Las cátedras ambulantes se dedicaron a recopilar parte del folclore popular en las regiones más incomunicadas del país, y llegaron a editar varios libros recogiendo la cultura popular.
La prestación del servicio social se realizaba en hogares de Auxilio Social, comedores para niños, cocinas de hermandad, clínicas y hospitales, centros de maternidad, como auxiliares en el Cuerpo de Divulgadoras Sanitario-Rurales, talleres y oficinas de las regidurías de Sección Femenina que tuviesen carácter social, lucha contra el cáncer, rehabilitación de inválidos, servicio social en suburbios, viviendas y ajuares, lucha contra el analfabetismo, socorros de urgencia y salvamento náutico.
Poblaciones rurales