El crimen de Benimussa o el crimen de Can Barda, fue un cuádruple asesinato ocurrido en agosto de 1989 en una finca rural de Ibiza, en las Islas Baleares (España). El suceso, caracterizado por su extrema brutalidad, tuvo como víctimas a Richard Schmitz, su esposa y sus dos hijas de corta edad relacionado con el narcotráfico colombiano. Los autores nunca fueron detenidos. Es considerado uno de los episodios más oscuros de la historia criminal española.
Contexto y antecedentes A finales de los años 80, Colombia vivía uno de los periodos más violentos de su historia reciente, marcado por el narcoterrorismo y una ola constante de asesinatos. En esos años, la isla de Ibiza era ya uno de los destinos turísticos más populares de España. Con esta situación, Ibiza era un destino atrayente para organizaciones delictivas internacionales para así utilizar la isla como centro logístico para el narcotráfico y como lugar para invertir dinero obtenido ilícitamente.
El suceso miniaturadeimagen|Imagen de Benimussa en Ibiza. Los hechos tuvieron lugar en agosto de 1989 en un lujoso chalet tradicional situado en el valle de Benimussa, una zona muy tranquila habitada por agricultores y algunos turistas, a 14 kilómetros del municipio costero de Sant Antoni de Portmany. Allí residía desde hacía más de una década, una familia de Alemania, Richard Schmitz, de 51 años; su mujer Beate Josefine Werner, de 41, y sus hijas Alexandra y Bianca, de 4 y 6 años respectivamente. Schmitz se presentaba socialmente como un hombre de negocios próspero pero misterioso, ya que solo se conoce que viaja y habla por teléfono mucho. Werner trabaja en una casa de cambio de moneda y la gestión de apartamentos turísticos.
Durante esas fechas se celebraban con actividades las fiestas de San Bartolomé como patrón de la localidad, cuyo día grande era el 24 de agosto, una de las más importantes del año. Entre la noche del 23 y 24 de agosto, la familia Schmitz-Werner desaparece sin dejar rastro. Los coches de la familia permanecen aparcados pero no se mueven.
Ante la denuncia de la desaparición de vecinos y conocidos, la Guardia Civil acude el 26 de agosto a la casa familiar donde no encontró a nadie pero sí un desorden. En el exterior, se descubrió una importante presencia de insectos y un fuerte hedor en una grieta de una pared chapucera de hormigón de un edificio en obras que lindaba con la casa. Allí al inspeccionar encontraron en una fosa oculta bajo toneladas de hormigón mal mezclado, los cuerpos de la familia enterrados, envueltos en sábanas, torturados y asesinados brutalmente.
Investigación El hallazgo de los cuerpos días después conmocionó a la opinión pública nacional e internacional. La investigación, dirigida inicialmente por el Teniente Isidoro Turrión de la Guardia Civil, enfrentó grandes desafíos debido a la profesionalidad de los sicarios y la ausencia de indicios primarios en la vivienda.
Según la reconstrucción policial, un grupo de sicarios irrumpió en la vivienda entre la noche del 23 y la madrugada del 24 de agosto de 1989. Las víctimas fueron sometidas a vejaciones antes de ser ejecutadas, estaban estranguladas por los pies, las muñecas y el cuello con cables e hilos de cobre. Encontraron mechones de pelos de las hijas en su casa donde fueron torturadas frente a los padres. Los cuerpos de Schmitz, su esposa y sus dos hijas, fueron luego enterrados en el jardín de la propiedad bajo una capa de hormigón fresco en un desnivel de un edificio en obras. La construcción era propiedad de Werner y se hacía sobre un antiguo corral de animales, con el fin de crear habitaciones para destinarlo al alquiler turístico. El edificio, de tres plantas, no contaba con licencia de obra correspondiente por lo que el ayuntamiento lo había declarado ilegal y pendiente de demolición. En la casa se encontró la notificación municipal entregada el 23 de agosto por la noche para anunciar dicha demolición. El ayuntamiento era conocido y criticado en la isla por su permisividad ante las continuas ilegalidades urbanísticas.
Inicialmente se acusó de sospechosos a los albañiles marroquíes que trabajan para la familia en el edificio en construcción, donde se encontró la fosa. El día después del crimen abandonaron la isla de Ibiza, por lo que son los primeros sospechosos, pero posteriormente se descartan. Aunque el ataque comenzó en el chalet familiar llamado Ca'n Barda, los expertos criminalistas definen el lugar del hallazgo como una «escena secundaria». Durante la inspección de la casa, se encontraron con armarios y camas revueltos, con ropa por el suelo y con objetos de gran valor como joyas o relojes de lujo que seguían allí. Las puertas no habían sido forzadas aunque se había reemplazado el candado de la verja exterior.
La Guardia Civil y el Cuerpo Nacional de Policía determinaron que el móvil del crimen fue un ajuste de cuentas debido a una supuesta apropiación de fondos o deudas pendientes de Schmitz relacionadas con el tráfico de cocaína. La primera hipótesis se apoya en que la familia, con aparente bajo poder adquisitivo, no podía ser por sí misma promotora de un edificio de apartamentos de tres plantas, con un valor final de unos 200 millones de pesetas. Las investigaciones revelaron que Schmitz actuaba en realidad como «hombre de paja» del Cartel de Medellín, haciendo negocios con la organización liderada en aquel entonces por Pablo Escobar.
Por esas fechas, la policía alemana en Múnich había conseguido intervenir un cargamento de más de 600 kilogramos de cocaína de la organización de Escobar. Schmitz, que en secreto era uno de los que tenía tratos con el cartel colombiano, fue señalado como culpable de esta importante pérdida de droga desde una carta anónima a la policía. Por ello, se impuso un castigo ejemplar y salvaje como un aviso a cualquiera relacionado con la organización, ejecutando a él y a toda su familia. Nunca se supo si Schmitz realmente tuvo responsabilidad en dichos hechos.
A pesar de las investigaciones y de la detención de varios sospechosos o delincuentes en años posteriores con la aparición de unas cartas anónimas, el caso se cerró. Los autores materiales nunca fueron juzgados o condenados, atribuyéndose la autoría intelectual a las altas esferas del narcotráfico colombiano de la época.
Legado y la polémica Ha sido objeto de numerosos reportajes de investigación y crónicas de sucesos en la prensa española durante los años posteriores. El crimen de Benimussa marcó un antes y un después en la percepción de la seguridad en las Islas Baleares, evidenciando por primera vez la implantación de importantes mafias transnacionales en el archipiélago.
La periodista Cristina Amanda Tur es autora del libro El hombre de paja: El crimen de Benimussa que habla sobre el crimen. El libro de 185 páginas se considera una referencia en el caso, ya que la autora accedió al sumario del caso y a fuentes directas para reconstruir los hechos. "El hombre de paja" hace referencia a la figura utilizada en la trama para ocultar a los verdaderos responsables y propietarios de la propiedad donde ocurrieron los hechos. Para la autora, el caso es una demostración de la consecuencia de un turismo sin control ni moral que atrae a una delincuencia internacional organizada.
En marzo de 2026 apareció en el programa de televisión Cuarto Milenio en la que el presentador, Iker Jiménez, afirmaba sobre el crimen después de tantos años que era mejor no preguntar. La periodista Amanda Tur en su artículo El crimen de Benimussa y el teléfono roto, publicado posteriormente en el periódico local Diario de Ibiza, aunque se alegra de recuperar lo que pasó, rechaza algunos de los bulos mencionados en el programa acusándolo de citar información sin comprobar o de manera tergiversada.
Bibliografía
Referencias
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