La Comuna de Morelos fue el sistema político y económico establecido en el estado mexicano de Morelos entre 1911 y 1917. Bajo la dirección de Emiliano Zapata, la población morelense impulsó una serie de profundas reformas sociales basadas en las propuestas formuladas en el Plan de Ayala.

Durante la Revolución mexicana, la economía de Morelos se reorganizó por completo: la industria azucarera fue nacionalizada y se produjo una amplia redistribución de tierras desde las haciendas hacia el campesinado. Este proceso fue dirigido por instituciones locales de autogobierno bajo la protección del Ejército Libertador del Sur (ELS) de Zapata.

Surgida en rebeldía contra el gobierno de Francisco I. Madero, y estableciéndose durante el gobierno de Victoriano Huerta, la Comuna fue disuelta oficialmente con la promulgación de la Constitución de México en 1917, y el propio Zapata fue abatido por el Ejército Constitucionalista en 1919. Tras el ascenso al poder de Álvaro Obregón, muchas de las propuestas zapatistas fueron aplicadas en Morelos por el nuevo gobierno mexicano y el ELS quedó integrado en el Ejército mexicano.

El término «Comuna de Morelos» fue acuñado por el historiador mexicano Adolfo Gilly en alusión a la Comuna de París de 1871. Otros autores han comparado el periodo con los sóviets de la Revolución rusa y con la Majnovshchina del este de Ucrania. También ha sido fuente de inspiración para el levantamiento zapatista de 1994, desarrollado en el estado mexicano de Chiapas.

Antecedentes

miniaturadeimagen|250px|Corrido «El exterminio de Morelos», de Marciano Silva (~1913). El despojo de tierras a las comunidades campesinas en favor de las grandes haciendas azucareras fue uno de los detonantes de la rebelión.

Las instituciones autóctonas de Morelos hundían sus raíces en la época del Imperio azteca, anterior a la conquista española de América. El pueblo nahua de la región mantenía la tierra en régimen de propiedad colectiva, lo que le garantizaba autonomía y autosuficiencia. A lo largo del , la industria azucarera morelense se hizo cada vez más rentable a medida que crecía la demanda extranjera del producto y las nuevas tecnologías facilitaban su producción y distribución. Para impulsar la economía mexicana, el régimen de Porfirio Díaz supervisó una masiva concentración de la propiedad de la tierra en manos privadas, reduciendo la tierra comunal del país a apenas el 2 % de la superficie cultivable. El estado de Morelos, donde se concentraba buena parte de la industria azucarera nacional, fue uno de los más golpeados por esta política. Solo el 23,7 % de la tierra morelense logró permanecer fuera de la propiedad privada de alguna hacienda.

Las tierras antes mantenidas en propiedad colectiva fueron absorbidas por las haciendas, que extraían beneficios cada vez mayores del cultivo del azúcar, mientras buena parte de los campesinos del estado quedaban sin tierra. La población morelense intentó resistir el despojo de la tierra comunal por la vía judicial, pero la privatización del suelo no hizo sino acelerarse. La producción azucarera aumentó de forma considerable con la privatización de la tierra, lo que obligó a los campesinos a incorporarse a las grandes haciendas como jornaleros agrícolas. Los campesinos morelenses se veían forzados a trabajar todo el año para las haciendas y solo recibían como alojamiento chozas con suelo de tierra apisonada, lo que los mantenía en la pobreza. Aun así, la población de Morelos consiguió conservar parte de su autogobierno tradicional y mantuvo suficiente propiedad bajo régimen comunal como para ofrecer una alternativa a las grandes fincas industriales.

Anenecuilco y los títulos primordiales

La defensa de la tierra en Morelos se sustentaba en los títulos primordiales que muchos pueblos conservaban desde la época virreinal: cédulas reales, mercedes y mandamientos que reconocían la propiedad comunal de sus terrenos. El pueblo natal de Zapata, Anenecuilco, custodiaba un legajo de estos documentos —entre ellos una merced del virrey Luis de Velasco de 1607 y un mandamiento sobre tierras solicitadas por «los naturales de Anenecuilco» fechado el 22 de febrero de 1614— que constituían la base jurídica de las reclamaciones campesinas frente a las haciendas.

El 12 de septiembre de 1909, los ancianos de Anenecuilco, Villa de Ayala y Moyotepec, reunidos en asamblea comunitaria, eligieron a Emiliano Zapata —entonces de treinta años— presidente de la Junta de Defensa de las Tierras del pueblo. Como representante, Zapata se entrevistó con Porfirio Díaz para exponer la problemática agraria del estado. El nombramiento equivalía al del antiguo calpuleque (jefe del calpulli) en la jerarquía nahua tradicional, lo que situaba el papel de Zapata en una continuidad de siglos de defensa comunal de la tierra. Los títulos primordiales fueron entregados a su custodia y, durante la Revolución, los puso bajo la protección de su primo Francisco Franco Salazar, conocido como «Chico Franco», con la consigna explícita de que su única misión sería salvaguardarlos.

Historia

Revolución

miniaturadeimagen|250px|izquierda|Casa natal de Emiliano Zapata en Anenecuilco, Morelos. Zapata fue el principal líder del Ejército Libertador del Sur y figura central de la Comuna de Morelos.

La Revolución mexicana estalló en 1910, cuando varios grupos rebeldes encabezados por Francisco I. Madero se alzaron contra el orden establecido del Porfiriato. Cuando los ingenios azucareros porfiristas se hundieron y dejaron a sus trabajadores sin medios de subsistencia alternativos, las promesas de reforma agraria de Madero ganaron la adhesión del líder campesino Emiliano Zapata, quien organizó a los obreros del azúcar de Morelos para atacar las haciendas y arrebatar la tierra para sus comunidades. Esta serie de expropiaciones de tierras privadas a manos de campesinos armados condujo a la creación del Ejército Libertador del Sur (ELS), que encabezó el levantamiento revolucionario en Morelos. El 19 de mayo de 1911, tras una batalla de seis días, el ELS tomó Cuautla. La capital del estado, Cuernavaca, fue evacuada por las fuerzas federales el 21 de mayo y ocupada por tropas maderistas al mando de Manuel Asúnsolo, oficial de Ambrosio Figueroa; Zapata entró en la ciudad el 28 de mayo de común acuerdo con Asúnsolo.

Cuando Porfirio Díaz fue derrocado y Madero asumió la presidencia de México, las fuerzas revolucionarias controlaban ya la totalidad del estado de Morelos. Madero pronto se desdijo de sus promesas de reforma agraria y ordenó a los zapatistas que se desarmaran. El 25 de noviembre de 1911, Zapata respondió promulgando el Plan de Ayala, en el que reclamaba la autonomía de Morelos y la inmediata redistribución de las tierras de las haciendas entre el campesinado.

Madero intentó utilizar al Ejército mexicano para sofocar a los zapatistas, pero pronto fue derrocado en un golpe de Estado encabezado por el comandante en jefe del propio ejército, Victoriano Huerta. Zapata se rebeló contra Huerta, a quien consideraba un reaccionario, y se alió con el caudillo norteño Pancho Villa.

La política de tierra arrasada de Juvencio Robles

Primera campaña de Robles bajo Madero (1912)

La política de la tierra arrasada contra el zapatismo no fue una invención del régimen huertista. Sus rasgos característicos —arrasamiento de poblaciones, reconcentración forzosa de campesinos, leva forzada y ejecuciones extrajudiciales— se habían ensayado ya a comienzos de 1912 bajo el gobierno de Francisco I. Madero, cuando el general Juvencio Robles —oficial veterano del Porfiriato originario de Juchitán de Zaragoza— recibió el mando de las operaciones militares en Morelos. Robles aplicó desde el principio una doctrina contrainsurgente que asimilaba al campesinado morelense en su conjunto al enemigo zapatista, sin distinción entre combatientes y población civil.

El paréntesis humanitario de Felipe Ángeles (agosto de 1912 - febrero de 1913)

En agosto de 1912, ante la evidente contraproductividad de la campaña de Robles —cuyos métodos llevaban a más campesinos a unirse a Zapata en lugar de quebrar el movimiento—, Madero relevó al juchiteco y nombró comandante de la séptima zona militar al general Felipe Ángeles, director del Colegio Militar y figura del ala humanista del maderismo. Ángeles ofreció amnistía a los rebeldes que depusieran las armas y, conforme a los principios maderistas, evitó deliberadamente atacar a la población civil. Aunque su gestión no logró la pacificación del estado ni el regreso de Zapata al pacto maderista, redujo apreciablemente el nivel de violencia y estableció una tregua precaria. Esta etapa concluyó abruptamente con la Decena Trágica de febrero de 1913: Madero viajó a Cuernavaca para pedir personalmente a Ángeles que se hiciera cargo de la defensa del gobierno en la capital, pero la jerarquía castrense impuso al general Victoriano Huerta como comandante en jefe; tras el golpe de Estado, Ángeles fue encarcelado junto con Madero, sobrevivió a la matanza por escasa fortuna y partió al exilio.

Segunda campaña de Robles bajo Huerta (abril - octubre de 1913)

Tras consolidarse en el poder, Huerta envió a Robles de regreso a Morelos. El 15 de abril de 1913 inició formalmente la nueva campaña. Esta vez Robles regresó investido no solo del mando militar sino también de la gobernación militar del estado, con la consigna explícita de aniquilar al zapatismo por cualquier medio.

La madrugada del **17 de abril de 1913**, por órdenes directas de Robles, fueron sacados de sus casas y trasladados como presos a la cárcel de Belén, en la Ciudad de México, el gobernador constitucional Benito Tajonar, el presidente municipal de Cuernavaca Felipe Escarza, ocho diputados de la XXIII Legislatura del Estado y otros funcionarios. Con ello quedaron disueltos de hecho los poderes constitucionales del estado. Robles asumió la gobernación militar, militarizó la administración estatal e impuso censura sobre la prensa morelense.

A continuación, las fuerzas federales reanudaron y radicalizaron la política de tierra arrasada que Robles había iniciado en 1912. La doctrina contrainsurgente partía del supuesto de que el campesinado morelense en su conjunto era cómplice del zapatismo, sin distinguir entre combatientes y población civil. Las tropas federales aplicaron sistemáticamente cuatro tipos de medida:

El **arrasamiento de pueblos enteros** y la quema deliberada de cosechas y tierras de cultivo, con el fin de privar a la guerrilla de bases logísticas en el campo morelense. La **reconcentración forzosa** de los habitantes de los pueblos en campos de control militar —denominados «recolonizaciones» o «reconcentraciones»— con el fin de aislar a la guerrilla de su base social. La **leva forzada** de obreros y campesinos para combatir contra los zapatistas o, a partir de finales de 1913, para ser deportados al norte del país a combatir la insurgencia constitucionalista de Venustiano Carranza y Pancho Villa. Más de seis mil hombres fueron enviados al norte por esta vía. **Ejecuciones extrajudiciales y ahorcamientos sumarios** en plazas públicas y caminos rurales, ordenados por Robles y por su subordinado el general Luis G. Cartón, dirigidos contra campesinos no combatientes sospechosos de simpatizar con los zapatistas o de albergarlos.

Lejos de quebrar al movimiento, esta política produjo el efecto contrario: numerosos campesinos morelenses prefirieron echarse al monte y unirse al Ejército Libertador del Sur antes que someterse a la reconcentración o a la leva. En 1914 el ELS llegó a contar con cerca de 27 000 hombres, lo que lo convirtió en el segundo ejército revolucionario más numeroso del país después de la División del Norte de Pancho Villa.

Caída de Robles y captura de Cartón