La biodiversidad de República Dominicana comprende el conjunto de especies, ecosistemas y paisajes naturales presentes en la parte oriental de la isla La Española, en el mar Caribe. El país forma parte del punto caliente de biodiversidad de las islas del Caribe y comparte con Haití una de las islas de mayor importancia biológica de la región. Su territorio combina sistemas montañosos, valles interiores, zonas áridas, bosques húmedos, pinares, humedales, ríos, lagos, manglares, arrecifes coralinos y ambientes costeros, lo que favorece una alta diversidad de flora y fauna.

La variedad biológica dominicana se relaciona con su relieve, su posición insular y la presencia de diferentes condiciones climáticas en un territorio relativamente reducido. Las cordilleras, sierras y valles modifican la distribución de las lluvias, la temperatura y los tipos de vegetación, dando origen a ambientes que van desde zonas semiáridas hasta bosques nublados de montaña. Esta diversidad ambiental ha permitido la existencia de numerosos endemismos, especialmente entre plantas vasculares, reptiles, anfibios y aves.

El patrimonio natural del país se encuentra representado en áreas protegidas terrestres y marinas, parques nacionales, reservas científicas, refugios de vida silvestre y monumentos naturales. Estos espacios cumplen funciones de conservación, protección de cuencas hidrográficas, preservación de hábitats y mantenimiento de servicios ecosistémicos vinculados al agua, el clima, la agricultura, la pesca y el turismo.

Características principales República Dominicana posee una de las mayores diversidades biológicas del Caribe insular. Su flora incluye miles de especies de plantas vasculares, muchas de ellas endémicas de La Española. Esta riqueza vegetal se distribuye en bosques húmedos, bosques secos, pinares, manglares, sabanas, matorrales, zonas costeras y ambientes de montaña. La combinación de aislamiento insular, variaciones altitudinales y diferencias de humedad ha favorecido la formación de especies adaptadas a áreas geográficas específicas.

La fauna dominicana incluye aves, reptiles, anfibios, peces, mamíferos terrestres y marinos, además de una amplia diversidad de invertebrados. Entre los grupos más relevantes se encuentran las aves residentes y migratorias, los reptiles endémicos, los anfibios asociados a bosques húmedos y de montaña, y especies de mamíferos nativos de alto valor evolutivo, como la jutía y el solenodonte de La Española. La avifauna ocupa un lugar destacado por la presencia de especies propias de la isla y por la importancia del país como zona de paso o permanencia para aves migratorias.

El endemismo constituye uno de los rasgos más importantes de la biodiversidad dominicana. Pues, muchas especies se encuentran restringidas a ecosistemas particulares, como bosques nublados, zonas de pinar, áreas cársicas, humedales interiores o bosques secos del suroeste. Esta condición aumenta el valor científico y ecológico del país, pero también incrementa la vulnerabilidad de sus especies frente a la pérdida de hábitat, los incendios forestales, la expansión agrícola, la urbanización, las especies invasoras y los efectos del cambio climático.

La conservación de la biodiversidad dominicana depende de la protección efectiva de sus ecosistemas, la restauración de áreas degradadas, el manejo sostenible de los recursos naturales y la integración de las comunidades locales en las políticas ambientales.

Ecorregiones Las ecorregiones de República Dominicana reflejan la diversidad física y biológica del territorio nacional. Según evaluaciones internacionales de representatividad ecológica, el país contiene cinco ecorregiones terrestres, dos ecorregiones marinas y una provincia pelágica, todas con algún nivel de cobertura dentro de áreas protegidas u otras medidas de conservación.

Estas unidades ecológicas permiten comprender mejor la distribución de los ecosistemas dominicanos, ya que agrupan áreas con condiciones ambientales, comunidades naturales y dinámicas biológicas semejantes. En el territorio dominicano se reconocen ambientes de bosque húmedo, bosque seco, bosque de pino, humedales interiores, manglares, arrecifes, costas rocosas, playas, estuarios y sistemas marinos asociados a la plataforma insular.

Flora

right|thumb|150px|Rosa de Bayahíbe (L. quisqueyana): cactus con hojas endémico del sureste y flor nacional dominicana. La flora de República Dominicana presenta una notable variedad asociada a la combinación de ambientes húmedos, secos, montañosos, costeros y lacustres del país. En las zonas de mayor humedad predominan especies arbóreas de bosques latifoliados, helechos, palmas, lianas y epífitas, mientras que en las áreas secas son frecuentes los cactus, bayahondas, guayacanes, cambrones y otras plantas adaptadas a la escasez de agua. En las montañas sobresale el pino criollo o pino de La Española (Pinus occidentalis), una especie característica de los sistemas elevados de la Cordillera Central y la Sierra de Bahoruco. También tienen importancia ecológica las palmas reales, los mangles, las caobas, los cedros y numerosas plantas endémicas que forman parte del patrimonio natural de la isla.

Esta diversidad vegetal cumple funciones esenciales en la protección de suelos, la captación de agua, la regulación del clima local y la conservación de hábitats para numerosas especies animales.

Fauna

left|thumb|150px|Cigua Palmera (Dulus dominicus), ave nacional y única especie de su familia, endémica de la isla La Española. La fauna de República Dominicana combina especies endémicas, nativas, migratorias e introducidas, distribuidas en ambientes terrestres, dulceacuícolas y marinos. Entre los mamíferos nativos más representativos se encuentran el solenodonte de La Española (Solenodon paradoxus) y la jutía de La Española (Plagiodontia aedium), ambos de gran valor evolutivo por pertenecer a linajes antiguos del Caribe. La avifauna incluye especies emblemáticas como la cigua palmera (Dulus dominicus), ave nacional del país, además de cotorras, pericos, carpinteros, barrancolíes, guaraguaos y numerosas aves acuáticas y migratorias presentes en lagunas, manglares y zonas costeras.

También destacan reptiles y anfibios con alto nivel de endemismo, incluyendo lagartos, anolis, culebras, ranas y especies adaptadas a bosques húmedos, montañas, zonas áridas y ambientes rocosos. En los ecosistemas marinos habitan peces arrecifales, tortugas marinas, manatíes y cetáceos, entre ellos la ballena jorobada, que utiliza aguas dominicanas como zona de reproducción y crianza durante parte del año.

Ecorregiones terrestres Los bosques húmedos de La Española se extienden por zonas bajas, laderas, valles, mesetas y áreas montañosas con mayor disponibilidad de humedad. En República Dominicana aparecen en regiones del norte, noreste, este y en sectores montañosos donde las lluvias son más frecuentes. Estos bosques cumplen funciones esenciales para la regulación hídrica, la protección de suelos y el mantenimiento de hábitats para aves, anfibios, reptiles, insectos y plantas endémicas.

Los bosques secos de La Española se localizan principalmente en zonas de menor precipitación, como áreas del suroeste, noroeste y valles interiores. Su vegetación está formada por árboles bajos, arbustos, cactus y especies adaptadas a la escasez de agua. Aunque pueden parecer ecosistemas menos exuberantes que los bosques húmedos, los bosques secos poseen alto valor biológico y concentran especies especializadas que dependen de condiciones áridas o semiáridas para sobrevivir.

Los bosques de pino de La Española ocupan áreas montañosas, especialmente en la Cordillera Central, la Sierra de Bahoruco y otros sistemas elevados. Están dominados por el pino criollo o pino de La Española, especie adaptada a suelos pobres, pendientes pronunciadas y variaciones marcadas de temperatura. Estos pinares se relacionan con zonas de captación de agua, protección de cuencas y conservación de especies propias de ambientes montanos.

Los humedales interiores y ambientes asociados incluyen lagunas, áreas inundables, sabanas húmedas, pantanos y sistemas vinculados a ríos y lagos. Entre ellos se destaca la región del lago Enriquillo, ubicada en una depresión entre las sierras de Neiba y Bahoruco. Esta zona combina aguas salobres, islas lacustres, vegetación seca y hábitats de importancia para reptiles, aves acuáticas y otras especies adaptadas a condiciones extremas.

Ecosistemas acuáticos Los ecosistemas acuáticos dominicanos abarcan ríos, arroyos, lagos, lagunas, humedales, estuarios, manglares, playas, arrecifes coralinos y aguas marinas costeras. Estos ambientes sostienen procesos ecológicos fundamentales, como la recarga de acuíferos, la regulación de inundaciones, la protección de costas, la reproducción de peces y crustáceos, y el mantenimiento de rutas de aves migratorias. Su conservación tiene importancia ambiental, económica y social, especialmente para comunidades agrícolas, pesqueras y turísticas.

Los ríos dominicanos nacen principalmente en zonas montañosas y descienden hacia los valles y llanuras costeras. Entre los sistemas fluviales más importantes se encuentran el Yaque del Norte, Yaque del Sur, Yuna-Camú y Nizao, reconocidos por su relevancia en la hidrografía dominicana, dentro del Caribe insular. Estos ríos abastecen agua para consumo humano, riego agrícola, generación hidroeléctrica y mantenimiento de ecosistemas ribereños.

Los lagos y lagunas forman parte esencial de la biodiversidad acuática del país. El lago Enriquillo es el mayor cuerpo lacustre del Caribe y posee características ecológicas singulares por su salinidad, su ubicación bajo el nivel del mar y su relación con ambientes áridos del suroeste. Además, existen lagunas costeras y continentales que sirven como zonas de alimentación, reproducción y refugio para aves acuáticas, peces, reptiles y organismos asociados a humedales.

Las costas dominicanas incluyen playas arenosas, costas rocosas, dunas, manglares, estuarios, arrecifes coralinos y bahías. Estos ambientes cumplen una función importante en la protección natural frente al oleaje, la reproducción de especies marinas y el sostenimiento de actividades como la pesca y el turismo. La bahía de Samaná, por ejemplo, se considera uno de los espacios marino-costeros más relevantes del país por sus manglares, pesquerías y por su importancia para la reproducción y crianza de ballenas jorobadas del Atlántico Norte.

Los manglares y arrecifes coralinos actúan como barreras naturales, criaderos de peces y reservorios de biodiversidad marina. Los manglares protegen las costas, retienen sedimentos y ofrecen refugio a aves, moluscos, crustáceos y peces juveniles. Los arrecifes coralinos, por su parte, sostienen comunidades marinas complejas y favorecen la productividad de las aguas costeras, aunque son vulnerables al aumento de la temperatura del mar, la contaminación, la sedimentación y la presión turística.

La salud de los ecosistemas acuáticos depende del manejo de las cuencas hidrográficas, la protección de humedales, la reducción de la contaminación y el ordenamiento de las actividades humanas en costas, ríos y lagos.

Ecología y clima La ecología dominicana está fuertemente determinada por el relieve. Las montañas actúan como barreras naturales frente a los vientos cargados de humedad, especialmente los que llegan desde el Atlántico. Al chocar con las cordilleras, el aire húmedo asciende, se enfría y genera lluvias en las vertientes expuestas; en cambio, las zonas situadas a sotavento reciben menos precipitación y tienden a formar ambientes más secos. Este proceso ayuda a explicar la presencia cercana de bosques húmedos, pinares de montaña, valles fértiles y regiones áridas dentro de un mismo país.