miniaturadeimagen|Fragmento del corpus hipocrático. En la Grecia clásica de los siglos y ser mujer era menstruar según la ginecología de Hipocrátes. La menarquia o primer periodo menstrual solía comenzar a los catorce años, indicando que la joven ya era físicamente capaz de concebir y que ya estaba preparada para el matrimonio.
En las descripciones médicas que se conservan de la época se mencionan características de la menstruación relacionadas a la cantidad del flujo menstrual, al tiempo de duración del ciclo, a los días que duraba el sangrado o a la caracterización de la sangre,etc.
Etimología
Sangre menstrual en griego (καταμήνια) está etimológicamente relacionado con la palabra «luna» y con la repetición mensual, pues el término «menstruación» deriva de la palabra latina mensis que significa mes, que a su vez se relaciona con la palabra griega mene que significa luna.Sorano de Éfeso afirmaba que el nombre se debía a que la menstruación actuaba como ración mensual para el feto en crecimiento.
Contexto y características generales Los estudios de los cuerpos humanos en la antigüedad clásica se hacían a partir de los sentidos y en su mayoría se privilegiaba la observación.En su defecto, también se ayudaban de la comparación con ciertos animales cuadrúpedos como los cerdos para comprobar o desmentir sus creencias, por lo que entender los procesos internos de los cuerpos era bastante complicado.Además, junto con la teoría de los cuatro humores los fluidos corporales tenían una importancia fundamental y no se veía al cuerpo humano como una colección de órganos, sino de líquidos.
La menarquia se concebía como un proceso interno que ocurría antes de la sangre se manifestara externamente.Por lo tanto, podía ser más fácilmente observada y estudiada, facilitando a los médicos de la época calcular cada cuanto menstruaba una mujer o cuantificar la cantidad de sangre que expulsaba en promedio. Se tenía establecido un promedio de 2-3 días de sangrado con una cantidad estimada de máximo 1 pinta de sangre por ciclo, aunque hay debate con respecto a estas cifras.De hecho, a pesar de que se tenían en cuenta las excepciones, salirse de los parámetros establecidos significaba directamente enfermedad o esterilidad, pues la enfermedad resultaba principalmente de un desequilibrio entre los fluidos del cuerpo.Para Hipócrates la culpa de las enfermedades se debía a la retención y supresión de la sangre menstrual como en el caso de la histeria impulsada por Galeno.
Se le atribuía cierta importancia a la cantidad de sangre que debían perder las mujeres, en especial porque existía una expectativa hipocrática de una mayor y más rápida eliminación de humor del vientre; y con ello, de una gran abundancia del flujo menstrual por razones nutricionales o naturales, ya que se consideraba al cuerpo de las mujeres como una gran glándula de características blandas o esponjosas.La mayoría de los conocimientos que se tenían sobre la anatomía femenina eran teorías como la del útero errante o suposiciones de carácter social que no tenían forma de ser comprobadas, por lo que se desconocían en gran parte las diferencias fisiológicas entre los cuerpos de los hombres y las mujeres.
Los hipocráticos consideraban que el útero debía llenarse por completo con sangre antes de cada periodo menstrual, perdiéndo constantemente la misma cantidad, pues creían que la velocidad de esta pérdida dependía de la abertura del στόμα (la boca del cuello uterino) del útero. Por esta razón, se creía que para menstruar sanamente la mujer debía haber tenido relaciones sexuales porque según ellos su útero estaba más abierto.Se pensaba que la cantidad de sangre que el útero podía contener y descargar era finita y que todos los orificios del cuerpo de una mujer estaban conectados con su útero, entonces, si alguno sangraba su menstruación se iba a agotar. También tenían la concepción de que las mujeres producían y almacenaban sangre menstrual al mismo ritmo todo el año debido a que consideraban que su constitución física casi no cambiaba entre meses como la de los hombres, llegando a menstruar el mismo día todos los meses.
Concepciones y usos La fertilidad, el parto y la maternidad gozaban de una gran importancia social que se podía evidenciar en la relación de los ritos matrimoniales con la virginidad y el derramamiento de sangre. Era común que las mujeres pasaran la mayor parte de sus años fértiles embarazadas o amamantando, lo que causaba la ausencia de menstruación.
El flujo menstrual era visto por los hipocráticos como algo perjudicial, pero también podía ser usado como tratamiento médico, ofrenda, fertilizante agrícola o poción mágica.Algunas mujeres como Sotira (partera griega) promovieron los beneficios medicinales mágicos del flujo menstrual recomendándolo como tratamiento para: la rabia, la malaria, la epilepsia e incluso hasta como anticonceptivo para las burras. Por otro lado, Plinio el Viejo también llego a afirmar en Historia natural, que los efectos de entrar en contacto con el flujo menstrual eran perjudiciales.
Relación con la luna La vinculación de las mujeres con los fenómenos lunares cumplía una función importante en la cultura del período. Se creía que el ciclo menstrual estaba directamente relacionado con el lunar y que ambos tenían la misma duración. Los griegos veían la menstruación como el resultado final de un proceso que ocurría durante la luna menguante, identificando la luna nueva o νεομηνίη como el primer día después del sangrado menstrual. Además, creían que los cuerpos de las mujeres estaban influenciados por su entorno externo y que por eso todas menstruaban al mismo tiempo. En la mitología popular la luna se asociaba con las mujeres y se pensaba que su período menos fértil era cuando su útero estaba lleno de sangre.
Era importante para la sociedad y el estado promover las relaciones sexuales, la fertilidad y los embarazos. Los rituales femeninos aportaban información sobre la consistencia de la sangre menstrual y dependían como tal de la armonía física de las mujeres entre sí y con la luna. Por su parte, la sangre saludable de una mujer se creía que podía reponer el cuerpo ciudadano, así como el propio, por lo que se esperaba que fuera igual a la sangre de una víctima sacrificial sana.
El sacrificio
El simbolismo corporal hipocrático alinea a las mujeres maduras con víctimas sacrificiales, presentando su sangrado como una parte esencial de la vida de la ciudad. A pesar de que la menstruación podía ser vista como algo secreto y vergonzoso, los escritores médicos relacionan la sangre menstrual con la sacrificial que era exhibida públicamente para mantener la relación humano-divina.
Culto a la diosa Artemisa miniaturadeimagen|Plato de cerámica de Artemisa, 675-600 BC, Museo Arqueológico de Miconos. La diosa de la caza Artemisa también era considerada una figura protectora de los niños y especialmente las niñas, siendo fundamental para los ciclos de vida femeninos, sobre todo aquellos que implicaban el derramamiento de sangre. El culto a esta diosa solía celebrarse en el santuario de Braurón, las niñas del reino debían servirle antes del matrimonio vistiéndose como osas y realizando actos rituales en su santuario. Este ritual pretendía representar la transformación de niñas salvajes y animalescas en "madres osas".
La vestimenta
Para las mujeres griegas la menstruación marcaba muchas de las etapas más significativas de sus vidas y se relacionaba con aspectos como la vestimenta y la apariencia física. Con la menarquía las prendas tradicionales debían ser más largas y modestas, se presentaban telas bordadas dedicadas a la diosa y resaltaba la presencia de cinturones.
El cinturón en la vestimenta femenina reflejaba las etapas de la vida de una mujer griega. Una niña no usa cinturón, el primero se lo pone en la pubertad y se dedica a Artemisa como parte del proceso matrimonial; en la noche de bodas se usa un cinturón especial que simbólicamente desata el cónyuge de la misma forma que una mujer casada se lo desata en el parto. Artemisa es Lysizōnos, la liberadora del cinturón (agnus castus).
Contención y terapias Para aliviar los problemas o dolores menstruales eran recomendados los amuletos de hierbas o raíces alrededor del cuello. Para contener la menstruación se usaban trapos de lino llamados phulakia, que significa "protección contra" en griego, aunque se desconoce cómo se sujetaban al cuerpo. Se especula que también se usaba la lana como pesario o inserción vaginal. En general, para las dolencias ginecológicas se recomendaban terapias como la de irrigar el útero con un klyster (una especie de jeringa con agua) o terapias para “mantener el útero en su lugar”.
La pubertad La pubertad femenina en la medicina hipocrática estaba ligada directa y míticamente con procesos de domesticación violentos y de maduración más naturales. Esta madurez se encontraba entre los signos físicos (menarquia, brotes mamarios, vello corporal) y la primera relación sexual.
De parthenos a gynē
El paso de la pubertad a la adultez era fundamental, comúnmente se habla del paso de "parthenos" (παρθένος) que significa virgen a "gynē" (γυνή) que quiere decir mujer y se compara explícitamente con la bestia sacrificada que sangra. Una exitosa transición depende de comprimir la menarquia, el matrimonio y el parto en la menor cantidad de tiempo posible.
Las niñas cuya sangre no podía fluir optaban por saltar a un pozo o se ahorcaban, lo que las vinculaba con Artemisa, quien presidía la transición y llevaba el epíteto de Apankhomenē (ahorcada) en Cafías de Arcadia. El ahorcamiento (que para los griegos significaba no derramar sangre) y ahogamiento también constituían los métodos preferidos de suicidio ante la amenaza o tras haber sufrido de una violación.
La parthenos pasa de no sangrar y ser estrangulada a ser una gynē liberada que sangra, pero la verdadera parthenos no sangra ni muere por sus heridas, Artemisa (como la parthenos eterna) tampoco derrama su propia sangre en la caza, en el sexo o en el parto. La gynē debe sangrar como parte de su papel en la reproducción de la sociedad, pero no derramar sangre pues solo los hombres pueden hacerlo en la guerra o el sacrificio. miniaturadeimagen|Escena de gineceo, lado A de uno lebes nupcial ática de figuras rojas, 420-410 a. C.
Embarazo y parto Se creía que una mujer que ya había parido sufría menos por menstruar que una que no había tenido hijos porque ahora tenía un espacio abierto en su cuerpo.Solamente con el parto la maduración del cuerpo femenino se completaba y los vasos que se secretaban los fluidos al útero se ensanchaban. De esta manera, la “esponjosidad” total no ocurría hasta que el parto “descomponía” (katarrēgnymi) la carne, por lo que en este sentido la madurez médica dependía de la maternidad.
Esta descomposición o licuefacción de la carne en el parto, causada por la purgación loquial (la secreción de sangre después del parto), se decía que aumentaba la fertilidad, permitía una mejor fluidez de la menstruación (euroos) y facilitaba la lactancia.
Aristóteles decía que el feto absorbe la mayor parte del exceso de sangre que una mujer produce como parte de su fisiología “húmeda”. Los escritores hipocráticos creían que, en las últimas etapas del embarazo, el feto consume todo el exceso de sangre que normalmente se evacuaría en la menstruación regular.
Referencias
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