Compañía Electro-Siderúrgica e Industrial de Valdivia (ESVAL) fue una empresa siderúrgica chilena con sede en Valdivia y con operaciones en Corral. Promovida a mediados de la década de los años 1920, por empresarios valdivianos y con apoyo estatal, adquirió las instalaciones de los antiguos Altos Hornos y Acerías de Corral. Es considerada la heredera de esa experiencia industrial, un temprano ensayo de empresa mixta en la siderurgia chilena y un antecedente del posterior desarrollo de la Compañía de Acero del Pacífico.
Historia
Formación y marco legal La iniciativa que dio origen a ESVAL se organizó en 1924, en un contexto marcado por la prolongada paralización de los Altos Hornos de Corral entre 1911 y 1926. La nueva sociedad tomó el control de la infraestructura de la antigua empresa y procuró reactivar la producción de hierro y acero en el sur de Chile.
La Ley n.º 4110, promulgada el 28 de diciembre de 1926, autorizó al Estado a garantizar la financiación de la compañía y fijó varias de las bases de su funcionamiento. De este modo se exigieron concesiones de caídas de agua, capaces de generar al menos 30.000 CV, contratos de suministro de mineral de hierro por un plazo no inferior a treinta años. Además de una planta capaz de producir como mínimo 40.000 toneladas anuales de hierro y acero laminado y la presencia de representantes del Gobierno en el directorio. La misma ley contempló primas estatales a la producción y el derecho a explotar 24.000 hectáreas de bosques para la fabricación de carbón vegetal.
En el año 1929, una nueva ley autorizó al presidente de la República a suscribir 48 millones de pesos en acciones de ESVAL y fijó en 60 millones de pesos su capital inicial, reforzando así la participación estatal en el proyecto.
Proyecto industrial y operaciones Los planes de la empresa combinaron la reactivación de la usina de Corral, con la producción de energía para el abastecimiento regional. Un informe técnico de 1930 propuso adaptar la planta para producir 12.000 toneladas anuales de hierro en lingotes, a base de carbón de leña, aprovechando las instalaciones existentes, contratos de aprovisionamiento con la mina de El Tofo y la concesión forestal otorgada por el Estado. El mismo proyecto preveía, en régimen normal, trabajo para unas 360 personas.
La historiografía ha señalado que ESVAL mantuvo la producción en Corral en base al carbón vegetal, durante la década de los años 30, mientras quedaban postergados los proyectos de mayor escala vinculados al aprovechamiento hidroeléctrico y a una siderurgia integrada.
Participación estatal, declive y cierre En 1942 la CORFO pasó a ser accionista mayoritaria de ESVAL, aportando nuevos recursos fiscales para mantener la actividad. Ese mismo año, la situación de la empresa y la experiencia previa de Corral fueron consideradas por la comisión que estudió la viavilidad de una nueva siderurgia nacional, proceso que desembocó en la creación de la Compañía de Acero del Pacífico (CAP) y en el establecimiento de la Siderúrgica Huachipato.
Durante sus últimos años, ESVAL quedó bajo administración de la CAP. La pérdida de competitividad de la usina de Corral, en especial frente al nuevo complejo de Huachipato y a los costes de transporte del combustible, condujo al cierre definitivo de la empresa el 30 de junio de 1958, parte de sus trabajadores fueron trasladados a Huachipato.
Legado e historiografía En los estudios sobre historia industrial chilena, ESVAL suele aparecer como el eslabón intermedio entre la experiencia de los Altos Hornos de Corral y la consolidación de la siderurgia nacional en Huachipato. También ha sido estudiada por su impacto en el mercado laboral y en la vida social de Corral y Valdivia durante la primera mitad del siglo XX.
Referencias
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