Las haciendas de la Real Audiencia de Nueva Galicia fueron grandes mercedes de tierra administradas por individuo o familia, ubicadas en los actuales estados de Jalisco, Aguascalientes, Zacatecas, Nayarit, así como partes de San Luis Potosí, Sinaloa y Durango. En ellas se dedicaban a la agricultura y la ganadería, en el caso de las haciendas de beneficio la cosecha y el trabajo que realizaban los esclavos, indígenas y siervos se destinaba a la minería. Al poseer la propiedad se adquiría un nivel de prestigio que, en conjunto con las relaciones familiares y las redes de parentesco —así como las conexiones con la iglesia, que se manifestaban ya fuese por que un miembro era parte del clero o estaban consagradas—, se manifestaba en la construcción de capillas al lado de la casa grande en la hacienda, así como el patronazgo de conventos, colegios y hospitales. Las familias más acaudaladas para mantener la propiedad creaban mayorazgos designado a un individuo quien se comprometía a no perder las tierras y hacer crecer la fortuna, con lo que consolidaban el linaje y el honor familiar.

Contexto histórico Durante el virreinato de la Nueva España (1535-1821) para mantener el control sobre el territorio se establecieron organismos de gobierno, como lo fue la Real Audiencia de Nueva Galicia en el actual estado de Jalisco, la cual tenía a su cargo los asuntos administrativos de Jalisco, Aguascalientes, Zacatecas, Nayarit, así como partes de los estados de San Luis Potosí, Sinaloa y Durango. La Real Audiencia se encargaba de los aspectos como las mercedes de tierra y las creaciones de haciendas; estas se construyeron en los alrededores de las villas, en ellas los españoles además de dedicarse al campo en sus propiedades se edificaron casas principales, capillas, establos, almacenes, molinos, entre otras construcciones arquitectónicas que siguieron los gustos de la época y los materiales de la zona.

La Real Audiencia de Nueva Galicia La Nueva Galicia se extendía sobre la mayor parte de lo que actualmente corresponde al estado de Jalisco y sobre los estados de Nayarit, Zacatecas, Aguascalientes, una parte de San Luis Potosí, otra mayor de Sinaloa, y teóricamente sobre la punta meridional serrana del estado de Durango, correspondiendo por tanto a regiones geográficamente muy diferentes. En cuanto a los poderes de la Nueva Audiencia, quedaban teóricamente reducidos en lo político, pues los asuntos de hacienda y de guerra pertenecían al Virrey. Solo el Presidente nombraba a los corregidores y alcaldes mayores, la reducción de sus facultades de debió sobre todo a los conflictos que le sucedieron tras su instauración. Lázaro de Arregui señala "quedó pues definitivamente delimitado el Nuevo Reino de Galicia en el curso del último tercio del XVI: primero, tierra de conquista en 1530, luego, Gobernación (1533), Audiencia Real y Obispado (1548); se extiende hacia el norte (1554 y siguientes) donde encuentra límites por la creación de la Nueva Vizcaya (1562) y del Nuevo León (1579)".

Las haciendas Alrededor de 1550 la población indígena disminuyó continuamente, lo que dificultó el abastecimiento de ciudades. Aunado a ello, la clase encomendera fue perdiendo su posición social al ver diezmada su fuente de ingresos, junto a otros factores que obligaron a los españoles a participar en la producción agropecuaria, comenzaron a apropiarse de los terrenos abandonados o baldíos que dejaban atrás los decesos y desplazamientos como los trabajadores domésticos integrados por indígenas, negros, mestizos y mulatos.

Las haciendas de beneficio Una hacienda de beneficio estaba ligada directamente a las minas y media su importancia por los arrastres con los que contaba; así como de instalaciones destinadas a la producción y extracción de minerales: como un galerón para los molinos de pisones y arrastres, un gran patio, fraguas, cobertizos de lavado, un almacén para las materias primas como el mercurio y los establos para las mulas. Las zonas mineras al norte del país fueron un factor indispensable para la colonización, cada campo minero se vio rodeado por haciendas que dependían de él. En ellas se producía grano para los jornaleros y mulas, así como madera, cuero y diversas materias primas.

Los esclavos y los pueblos de indios Los pueblos de indios surgieron como respuesta a la necesidad de mano de obra. Fueron asentamientos que se les concedían a los indígenas tras un largo proceso que comenzaba con la licencia del alcalde y la simpatía del párroco, quienes intercedían ante la Real Audiencia. Después se nombraba a un escribano y representante legal, quienes se encargaban de las donaciones de tierra. Sus integrantes eran indispensables en la temporada de cosecha; y, a pesar de que se les reconocía su propiedad, se enfrentaban a situaciones desfavorables como el desvío de los ríos, por lo tanto ellos defendían firmemente su derecho a las aguas. Por otro lado, el estado de vigilia persistía ya que sus tierras eran invadidas por el ganado de los españoles que dejaban pastando.

En Aguascalientes la población indígena creció al grado de que se consideró conveniente agruparlos en pueblos. Para ello contó con el apoyo de las autoridades de la alcaldía y del clero de la localidad, lo que permitió sobreponerse a la resistencia de los hacendados. Coincidió con el hecho de que la mano de obra esclava se dejara paulatinamente de utilizar en la Villa; sin embargo, surgiría un nuevo centro minero que prolongaría la institución de la esclavitud: Asientos (1700-1730).

En el caso de Jesús María, que en sus inicios fue un pueblo de indios, fue fundado en 1699 tras el incesante clima bélico, donde ganaban y perdían tanto españoles e indígenas; en aquel momento era el alcalde de la Villa Diego de Parga y Galloso, quien ejercía de abogado para la Real Audiencia de Nueva Galicia, y como regidor decano de Zacatecas, así como alcalde Mayor de la Santa Hermandad en la Villa de las Aguascalientes, y su jurisdicción del que se tiene constancia de la siguiente acta de donación de la tierra para el pueblo:Ante mi, Salvador Delgado Cervantes, escribano público y cabildo, en el puesto nombrado Juanacatique, jurisdicción de la villa de Aguascalientes, que está como a dos leguas de ella poco más o menos, en primero de diciembre de 1701, habiendo venido a efecto de asentar la población que se ordena por el despacho antecedente parecieron D. Juan Rodríguez de Tapia, D. Miguel Hernández y otros naturales y dijeron que por sí y en nombre de Diego Flores, Marcos de Saucedo y otros indios que nombraron, que por estar ocupados en el puesto de los Pilotos no comparecían, pedían se les diese posesión de dicho puesto para fundar un pueblo, a quien ponían por nombre Jesús María de los Dolores, que visto por su merced el señor Alcalde Mayor, mandó reconocer la parte donde se había de formar la planta del pueblo, conforme a lo dispuesto por las leyes reales, en la parte donde dichos naturales tenían puesta campana que señalara el lugar una donde había de ser la iglesia, se haya ser el mas conveniente, así por ser levantado, llano y descubierto el sitio, como porque el agua que les había de servir entra por sí sola por todo él, y pueden aprovecharle para fábrica de sus casas y huertas, y dejando asentado el sitio para formar la plaza, que por ser pocos los naturales se les dio de largo trescientos pasos y de ancho doscientos, advirtiéndoles que habían de cuadrar como estaba asignada la dicha plaza, por un lado la iglesia, por el otro las casas reales y por los demás fabricasen sus casas, para que estando juntos, cercanos y vecinos unos de otros, se pudieran socorrer y acudir en io que necesitaren, y en cada esquina de dicha plaza se formaran dos calles, para que siguiesen sus legítimas y extendiesen su población segun el orden y regla que se les dio.

Después de lo cual cojió su merced por la mano al dicho D. Juan Rodríguez de Tapia y a los demás naturales que se hayaron presentes y les metió en posesión de dicho sitio en nombre de su majestad, y ellos, en señal de aprehenderla, hicieron actos de posesión arrancando yerbas, tirando piedras, manoseando el agua y repicando su campana. En` cuya posesión su merced dijo les amparaba y amparó; y en cuanto a los ejidos de dicho pueblo observen la distancia de dicho sitio y tierra que se les donó y si sobre esto, o repartimiento de su suerte o solares hubiere algún inconveniente, ocurran a su merced por la providencia necesaria.La creación de dichos pueblos se vieron impulsados a la necesidad de mano de obra, los trabajadores esclavos eran pocos y caros, las encomiendas habían sido restringidas, dejando a los peninsulares y criollos incapaces de satisfacer las necesidades de trabajo. Para afrontarlo se implementaron estrategias como las de los Rincón Gallardo quienes idearon un mecanismo, donde al ceder tierras para la instauración de pueblos de indios los pobladores de este prestarían su fuerza de trabajo, garantizando el cumplimiento debido a que eran los españoles supervisaban dichos pueblos. Estas obligaciones provocaban que los indígenas perdieran la temporada de lluvias por tener que dedicarse a trabajar en las haciendas y con ello parte de su sustento. La apropiación del trabajo indígena por parte de los españoles se Presentó de múltiples maneras como: la encomienda, el repartimiento, la utilización de reos convictos, la contratación privada en los obrajes o fincas, etcétera.

En la villa de Aguascalientes los indios tenían que ser traídos de otras tierras o recurrir a la compra del esclavos y en última alternativa a los indios de la guerra del Mixtón, puesto que, la docilidad de los prisioneros de la Guerra Chichimeca no era el nivel que los españoles esperaban, “ lejos de poder utilizarlos los españoles, encontraron en ellos sus peores enemigos que destruían las haciendas o cortaban los caminos” Lázaro de Arreguí (1946).Otro ejemplo de la búsqueda de mano de obra fueron «Los indios del pueblo de Teocaltiche, ubicado a unas 20 leguas al sur de la villa de Aguascalientes, eran cortejados por diversos propietarios. Sus servicios eran tan apreciados que, de hecho, ellos podían darse el lujo de fijar condiciones y de establecer la forma en la que debía pagárseles. Hacia 1690, por ejemplo, fue necesaria una orden de la Audiencia de Guadalajara para que el corregidor del pueblo se obligará a enviar cada año a las haciendas del capitán José Rincón Gallardo "veinte indios para su siembra y ciento para alzar sus cosechas", a cambio, claro, de la precisa obligación de "darles toros para sus fiestas"» Goméz Serrano (2012).

Gran parte del trabajo en la primera mitad del siglo XVII recayó en los esclavos; éstos, quienes eran vistos como objetos de lujo que reportaban prestigio social al amo, además de ser redituables como mano de obra; los esclavos negros y mulatos desempeñaban diferentes trabajos en la villa: arrieros, vaqueros, cocheros, servidores domésticos, entre otros, según fuese requerido, pero, sin duda el esclavo que siempre tuvo mayores privilegios fue el doméstico, porque llegó a tener un trato más personal con el amo (en ocasiones sexual)  al servirle durante largo tiempo era muy común que se le  recompensara por sus buenos servicios concediéndole  la manumisión; sin embargo, este tipo de esclavo era el más improductivo en términos de la economía general.