El término conde del Imperio o conde imperial (; , acortado ) fue una designación de rango en el Sacro Imperio Romano Germánico, que surgió en el . Tenía la condición de estamento imperial, y fue institucionalizado por el rey de romanos y futuro emperador Maximiliano en el proceso de consolidación del Reichstag (dieta imperial) durante la reforma imperial, entre 1495 y 1500. La condición «del Imperio» perdería su significado durante la mediatización, poco antes de la definitiva disolución del Sacro Imperio. miniaturadeimagen|226x226px|Escritura a nombre de Leopold Carl, conde de Welserheim (1769). El estilo K.Röm.R.Graff, era común para el título imperial en documentos públicos (y la ff típica en la ortografía de la época), marcando una transición del latín usado en textos legales en siglos anteriores al alemán en la última etapa del SIRG.

Reseña El reichsgraf no era un título nobiliario per se, sino uno de carácter institucional que correspondía originalmente a los condes (grafen) titulares de tierras inmediatizadas. Su concesión implicaba en un principio el gobierno de propiedades e influencia en los asuntos de Estado. Si bien, a partir de comienzos de la Edad Moderna, el título se concedía también en forma de tratamiento honorífico sin significado tangible. Esta distinción propició a partir de principios del la adición del adjetivo «principesco» a las casas inmediatizadas.

En su forma original, el título entrañaba una posición de poder con facultades institucionales similares a las de los príncipes territoriales. Como señores feudales gobernantes de condados imperiales (Reichsgrafschaften), siendo Estados propios dentro del Imperio, compartían un escaño y voto en el Reichstag. Aunque oficialmente el reichsgraf era un rango condal, en realidad sus titulares pertenecían a la alta nobleza (estamento tradicionalmente reservado a títulos de mayor grado), con lo que podían relacionarse por medio de matrimonio con otras casas de la «nobleza principesca», también de mayor rango. Algunos reichsgrafen encabezaban condados de considerable extensión, y aunque en teoría ocupaban un rango condal, en realidad algunos llegaron a medir sus fuerzas en términos feudales con los margraves (marqueses) y algún que otro duque; también cuando en términos institucionales (influencia en el parlamento) su poder era menor.

La condición de conde imperial estaba regulada en el orden constitucional del Sacro Imperio, que reunía en parte a las leyes fundamentales del Imperio y en parte se regía por principios jurídicos reconocidos por el derecho consuetudinario tradicional.

Alternativas al título en español Algunas veces se refiere a los condes imperiales también por el nombre de condes soberanos, al ser soberanos (o cosoberanos) de sus condados dentro del marco más amplio del Imperio. Cabe señalar, no obstante, que el concepto de conde soberano se ha empleado también para los landgraves (como traducción alternativa al préstamo lingüístico de la palabra alemana landgraf). Este título, también relacionado con la inmediación, tiene sin embargo el rango de marqués con ciertas distinciones, por lo que no es comparable con el reichsgraf. El término «conde soberano» se utilizaba también en gran medida en otras monarquías, sobre todo la francesa (como el conde soberano de Luxe) e incluso en la historia de España (conde soberano de Castilla, conde soberano de Barcelona), por lo que se suele preferir la inclusión del componente imperial en el título germánico.

Contexto e historia Durante la existencia del Imperio se desarrolló un complejo sistema nobiliario, que durante la Edad Media se podría dividir en dos grupos principales: de un lado, los títulos hereditarios de origen anterior al Imperio, que seguían concediéndose por los monarcas y caudillos de los territorios integrados, territorios vecinos y por la Iglesia; y del otro, los concedidos en feudo por los emperadores romano-germánicos (bien directamente por el emperador o bien, en su representación, por un vicario imperial) – la llamada «inmediación imperial» (Reichsunmittelbarkeit). La unión de muchos territorios hizo necesario un título propio del Imperio que designaba a los gobernantes de sus territorios, sin dependencia de los títulos tradicionales. Históricamente, este privilegio recayó en los príncipes territoriales, los fürsten,Una raíz léxica distinta a la de los príncipes de las monarquías, prinzen, pero similar en su significado etimológico original: «primero» una institución creada por el Sacro Imperio a este fin (de ahí el nombre del título: ‘príncipe’ = ciudadano principal/primero/cabeza), que comportaba prestigio, poder e institucionalidad. El proceso de inmediación, sin embargo, resultó en que casas señoriales de otros rangos, al ser ahora también casas gobernantes de territorios que a la postre conformarían el dominio del Sacro Imperio, obtuvieran esos «privilegios principescos».

En las décadas anteriores a la formación del Sacro Imperio Romano Germánico hubo dos títulos no monárquicos: herzog (‘duque’), siendo el de mayor nivel, y graf (en traducción laxa, ‘conde’).La palabra herzog («señor de campaña») tiene sus raíces en las tribus germánicas antiguas, con significado etimológico parecido al de ‘duque’ («el primero del ejército»). A su vez, graf proviene del alto alemán medio, siendo usado en la Antigüedad para dignatarios y altos funcionarios. La evolución de un imperio como entidad supranacional que integraba territorios con gobierno propio (semisoberano) propiciaba la necesidad de una casta nobiliaria relacionada con el poder imperial en sí, pero sin descartar a la nobleza tradicional; es decir, nobles que recibían sus títulos y feudos directamente del emperador. En un principio se concedían grados del título graf, de ahí que se usaba dicho vocablo (en español, el sufijo -grave) con distintos prefijos, marcando así ciertos rangos y características; si bien, no tardaría mucho para que estos títulos se establecieran como rangos propios. Así aparecieron los margraves —comparados con los marqueses tanto por la raíz etimológica ‘marca’ como en rango nobiliarioEl título de marqués es un poco posterior al del margrave (de hecho, se basaba en el título germánico), y tenía el mismo significado original: «conde de marca» .—, los landgraves (rango similar con elevado poder, que en lugar de marcas gobernaban territorios más céntricos) y los burgraves. Los dos primeros se consideraban parte de la alta nobleza (Hochadel), lo mismo que los duques y príncipes territoriales, si bien muchas veces las relaciones jerárquicas entre todos estos rangos no quedaban del todo aclaradas.

La Bula de Oro de 1356 estableció que toda entidad de las que formaban independientemente el Sacro Imperio Romano debía tener voz y voto en la dieta imperial, con arreglo a su rango (convirtiéndose en ley imperial en la reforma de 1495-1500, y entrando en el orden de día parlamentario en la primera sesión del Reichstag Perpetuo en 1663). Aquello solo se aplicaba a territorios inmediatizados (es decir, que si un condado era súbdito de una entidad mayor, e. g. un ducado o un reino, fue esta la que estaba representada en el parlamento). Todos estos territorios (de cualquier tamaño y rango) se llamaban Estados del Imperio y constituían los llamados «estamentos imperiales»: los reichsstände.La palabra alemana Reichsstand se puede traducir tanto en ‘Estado imperial’ como en ‘estamento imperial’, siendo de hecho ambos vocablos (estado y estamento) de la misma raíz etimológica. A lo largo de su existencia, el Sacro Imperio llegó estar conformado por hasta 400 territorios «estatales» (excluyendo los señoríos, de los que había un par de miles, pero que no tenían representación parlamentaria ni influencia en los asuntos del Reich).

miniaturadeimagen|172x172px|El gorro principesco usado por los algunos condes imperiales en su heráldica.

La principal diferencia entre los títulos mediatizados y los tradicionales radicaba en el carácter institucional de los primeros, es decir, su complicidad en asuntos de Estado del Imperio (ocupando un escaño en la dieta imperial, de ahí la condición de estamento imperial). Esto fue el caso de los fürsten (antes de finales de la Edad Media, cuando el título empieza a concederse también honoríficamente), y de los margraves y landgraves. También la mayor parte de los ducados fueron inmediatizados, con sus duques (título que seguía siendo el más alto en la jerarquía nobiliaria) pasando a formar parte del parlamento imperial.

Si bien, parte de estos territorios correspondían a casas condales (un rango menor), cuya consideración como Estados del Imperio dio origen al prefijo reichs- en el título (a saber, ‘del Imperio’) – de ahí, reichsgraf, y sus territorios «condados de dominio imperial» (Reichsgrafschaften). Aunque hubo cada vez más condes que preferían la inmediación sobre el vasallaje a entidades mayores, fue requisito para el título que el territorio fuera «de magnitud e importancia principescas», y que dispusiera de una estructura administrativa señorial con una cancillería propia (cosa no al alcance de los pequeños condados). A continuación, debía obtener la admisión en el Reichstag, para lo cual era necesario el consentimiento del emperador y, tras la reorganización del parlamento (a partir de 1495), también de los estamentos allí representados.

Al pertenecer todos los títulos inmediatizados a los estamentos imperiales, sus privilegios emanaban del único título concebido originalmente para tenerlos: el fürst (príncipe). Más allá de gobernar territorios y tener representación en la dieta imperial, tenían derecho a recaudar impuestos en sus dominios en su beneficio, e incluso acuñar monedas (Münzrecht), entre otros. Debido a ello se hablaba de nobles con «privilegios principescos» o que eran «príncipes de sus tierras»; simbólicamente, todas estas casas podían lucir en su escudo de armas el gorro principesco (fürstenhut), pero no su corona (fürstenkrone, que solo correspondía a los príncipes).

A partir de comienzos de la Edad Moderna, la nobleza europea evoluciona de ser una institución estrictamente ligada a la propiedad territorial (los títulos significaban tierras y posesiones, siendo el origen de la nobleza) a ser un estatus codiciado por su prestigio social. Así las cosas, se comenzaron a conceder dignidades a título honorífico (sin posesiones) — los llamados briefadel (‘nobles por carta’)—, muchas veces como forma de retribución, aprecio o agradecimiento por parte del emperador. Sobre todo se trataba de condes y títulos menores, como freiherr, que apareció más o menos en esa época, aunque también los hubo a nivel de margraves (los llamados a partir de entonces «margraves menores») y fürsten. Este último resulta llamativo, ya que la institución del príncipe territorial tuvo su mismo origen en la posesión y administración de tierras inmediatizadas. Ocurría pues que muchos nobles lo eran de título, pero al carecer de tierras no tenían representación en el Reichstag (que como en otras sociedades feudales se basaba en la tenencia de tierras, no en el título en sí). miniaturadeimagen|Erlauchtkrone: corona de las casas condales inmediatizadas (con privilegios imperiales).|182x182px

Títulos «del Imperio» y condes principescos