El Diccionario Nacional o Gran diccionario clásico de la lengua española es una obra lexicográfica elaborada por Ramón Joaquín Domínguez, publicada en dos volúmenes entre 1846 y 1847. Es considerado el primer diccionario enciclopédico en la historia de la lexicografía española, debido a la incorporación de una gran cantidad de información relativa a distintos ámbitos del conocimiento.

La obra amplió notablemente el número de voces del diccionario de la Real Academia Española y mantuvo una postura crítica hacia esta institución. Asimismo, se caracterizó por la subjetividad de sus definiciones, en algunos casos expresadas con un tono humorístico.

Contextualización en la historia de la lexicografía

El Diccionario Nacional apareció a mediados del siglo XIX, en un contexto en el que se produjeron importantes cambios sociales y políticos en España que transformaron la vida cultural. La agitación ideológica, el desarrollo científico y el auge del periodismo impulsaron una creciente preocupación por el lenguaje.

Hasta este momento, la Real Academia Española había ejercido un papel predominante en la lexicografía monolingüe española. De hecho, en esta centuria, se publicaron diez de las veintitrés ediciones del diccionario académico. Sin embargo, durante este periodo comenzaron a surgir diccionarios elaborados por autores particulares que publicaron obras al margen de ella. Entre ellos destacan Núñez de Taboada, Pía y Torres, Peñalver, Labernia, Salvá, Domínguez, Castro, Gaspar y Roig o la Sociedad Literaria, que hicieron una labor de revisión del DRAE y se separaron de la norma dictada por la institución.

Estas obras lexicográficas pretendían demostrar al público que el diccionario académico era insuficiente, así que trataron de ampliar el número de entradas incorporando léxico contemporáneo y voces relativas a las ciencias, las artes y los oficios. Concretamente, la intención de Domínguez era crear un diccionario que respondiese al progreso que había habido en los últimos tiempos.

Publicación

La primera edición del Diccionario Nacional, que consta de dos volúmenes y un total de 1793 páginas de texto, se fue publicando por entregas en la prensa periódica española de la época. Concretamente, las primeras noticias que hacen referencia a este diccionario datan de febrero de 1846. Las ediciones posteriores han replicado el contenido de la primera; no obstante, tras la muerte del autor en 1848 los editores han añadido al segundo tomo un suplemento que ha ido creciendo de forma progresiva conforme se iba reeditando.

Fuentes Durante los siglos XVIII y XIX era habitual que las obras lexicográficas se elaboraran a partir de otras anteriores, incorporando, adaptando o reformulando sus contenidos. Domínguez lleva a cabo esta práctica y, aunque reconoce la importancia de las fuentes en la elaboración de su diccionario, prácticamente no deja constancia de ellas en la presentación del Diccionario Nacional.

Influencia española El diccionario de Domínguez se nutre de fuentes tanto académicas como extraacadémicas, aunque hay algunas que tienen mayor peso que otras. La principal referencia utilizada para incorporar léxico en el Diccionario Nacional fue la novena edición del diccionario de la Real Academia Española, publicada en 1843. En el uso de esta fuente se pueden observar tres procedimientos distintos: la cita de definiciones, el plagio de definiciones o la modificación y corrección de acepciones.

Aunque las aportaciones son más limitadas en cuanto al número de voces, también hay influencia de los diccionarios de Esteban de Terreros y Pando, Melchor Manuel Núñez de Taboada y Vicente Salvá. Solamente hay registro de copias literales de la obra de Terreros y Pando, por lo que de las otras dos únicamente toma inspiración. Respecto al Nuevo diccionario de la lengua castellana de Salvá, solo se aprecia una relación directa en dos casos: acetato y volatización.

Influencia francesa La influencia francesa en el Diccionario Nacional es especialmente visible con la incorporación de voces técnico-científicas procedentes de diccionarios galos, ya que en el siglo XVIII el francés era la lengua de referencia para la comunicación científica. Además, el diccionario de Domínguez fue considerado uno de los principales exponentes del afán acumulativo característico de la tradición francesa, que se basaba en la ampliación cuantitativa del repertorio léxico. Por este motivo, se le ha considerado un puente entre la lexicografía española y la francesa.

En particular, destaca la influencia del Dictionnaire national ou grand dictionaire critique de la langue française, publicado en 1845 por Louis-Nicolas Bescherelle. Esta relación se aprecia tanto en la similitud del título como en la extensión cuantitativa y en la semejanza, en ocasiones de forma casi literal, de algunas definiciones; especialmente en las acepciones relacionadas con la química.

Características del diccionario

Redacción veloz Uno de los aspectos que más llama la atención sobre el Diccionario Nacional es la velocidad con la que fue redactado, ya que tan solo un año antes, en 1845, Domínguez había publicado el Diccionario universal francés-español y español-francés, su obra bilingüe. Por lo tanto, el autor tuvo que trabajar en ambos proyectos de forma simultánea.

Es probable que Domínguez hubiera comenzado a trabajar en la obra monolingüe desde antes de 1843, fecha de publicación del diccionario académico en el que se inspiró para elaborar sus definiciones. Asimismo, también se ha estudiado la hipótesis de que contara con colaboradores en la redacción del diccionario, aunque Domínguez nunca lo reconoció.

Independientemente de esto, la precipitación en la redacción puede observarse en los errores sintácticos que presenta, en la ortografía inestable o en la gran cantidad de erratas que presenta. Además, abusa considerablemente del etcétera final, que deja abiertas muchas definiciones.

Ampliación del léxico El Diccionario Nacional aumentó de forma considerable el número de voces del diccionario de la Academia: en el aspecto cuantitativo no tenía competidores, pues casi triplicaba su número. El propio Domínguez señala este logro en la portada de la obra:

El 95% de nuevas voces que se incluyen pertenecen al ámbito científico-técnico, algunas de ellas adquiridas de otros idiomas, debido a su conciencia de internacionalización del lenguaje científico. No obstante, también añadió a su obra palabras de uso común. De esto último hace alarde en las propias definiciones:

De esta forma, Domínguez amplía considerablemente la nomenclatura del diccionario, aunque sin desarrollar plenamente un modelo enciclopédico, ya que las definiciones suelen ser breves. Aun así, su obra puede considerarse el primer diccionario enciclopédico del español, pues es la primera vez que la macroestructura de un diccionario incorpora de forma tan abundante información sobre los conocimientos humanos.

Estilo El Diccionario Nacional se caracteriza por la subjetividad de sus definiciones, que están impregnadas de la personalidad de Domínguez, una tendencia francesa. De hecho, se le ha considerado un "diccionario romántico", debido al apasionamiento, la vivacidad y la exaltación revolucionaria que en él se encuentran manifestados. Esto dota a la obra de una originalidad que no se encuentra en otras de este estilo, aunque algunos lexicógrafos criticaron esta forma de hacer lexicografía.

Uno de ellos fue Vicente Salvá, que defendía que el lexicógrafo no debía manifestar sus opiniones ni su modo de pensar, sino que debía limitarse a definir palabras con claridad, sin clasificarlas. Este concepto dista mucho de la concepción de lexicografía que tenía Domínguez. Sus definiciones se han clasificado en tres grandes grupos: humorísticas, ideológicas y filológicas, aunque no son incompatibles entre sí.

Definiciones humorísticas Dentro de este tipo pueden encontrarse dos vertientes: las definiciones epigramáticas y las caricaturescas. Este último grupo consiste en tomar a broma el propio metalenguaje de la definición. Para ello utiliza diferentes recursos estilísticos, como el empleo del verso.

Definiciones ideológicas Muchas de las definiciones del diccionario manifiestan su ideología de liberal exaltado. En algunas ocasiones, expresa su opinión acerca de cuestiones de moral social. Su crítica se vuelve agria y mordaz cuando trata sobre sus ideales sociales y políticos, en voces como democracia, dominación o república.

Definiciones filológicas En este grupo se recogen las definiciones que critican o ridiculizan a la Academia, a la que considera una institución alejada de la realidad lingüística. Domínguez realiza un concienzudo ejercicio crítico contra el DRAE, en ocasiones de forma desproporcionada, utilizando un lenguaje mordaz.

Recepción e influencia El Diccionario Nacional fue muy popular cuando se publicó gracias a sus características novedosas: su amplitud y su carácter enciclopédico. Es el diccionario que más veces se ha editado en España, solamente por detrás del de la Academia, ya que en cuarenta años alcanzó diecisiete ediciones: la última de ellas publicada en 1889.

Otra muestra de su éxito en esta época fue la inmediata aparición de otra obra que lo tomó como modelo: el Diccionario enciclopédico, dirigido por Eduardo Chao y editado por Gaspar y Roig. Este y el de Domínguez fueron los dos únicos diccionarios enciclopédicos de España hasta la aparición del Diccionario enciclopédico hispano-americano, editado en Barcelona por Montaner y Simón (1887-1898).

Además, el diccionario de Domínguez fue víctima de plagio en 1853 por la Sociedad Literaria, que publicó el Nuevo diccionario de la lengua castellana en París. El texto de este diccionario era una copia literal, como manifestó uno de los editores posteriores del Diccionario Nacional.

Referencias

Bibliografía Seco, M (2003). Estudios de lexicografía española. Gredos.

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