La Expedición de Gonzalo Pizarro a Vilcabamba se inició en abril de 1539 en el contexto de la conquista del Imperio incaico. El propósito de la campaña habría sido eliminar el foco de resistencia incaico en Vilcabamba.
El resultado final fue un fracaso tanto operacional como estratégico para los españoles: aunque lograron penetrar en la región selvática e incluso capturar el principal fortín inca, Machu Pucara, sufrieron fuertes pérdidas y no consiguieron capturar al Sapa Inca.
La campaña marcó el fin de la segunda rebelión de Manco Inca contra el dominio español, con la excepción de la resistencia de Illa Túpac en la región de Huánuco. Aunque ya no existían posibilidades de sublevar nuevamente a las poblaciones indígenas tras años de guerra continua, el fracaso de la expedición permitió al Inca consolidar Vilcabamba como foco de resistencia, desde donde iniciaría una guerra de guerrillas contra los españoles.
Antecedentes Tras la derrota de la rebelión en el Collao, luego del sitio de Cochabamba y la captura de Vila Oma, la segunda rebelión de Manco Inca había quedado prácticamente desarticulada. Ante esta situación, los españoles decidieron asestarle el golpe final organizando una poderosa fuerza expedicionaria.
Se alistaron unos 300 conquistadores españoles, aunque algunas fuentes elevan la cifra a 500 mientras que, simultáneamente, Paullu Inca logró reunir a 6 000 soldados indígenas. Partieron así en busca de Manco Inca, cuyo cuartel general se ubicaba en algún punto de las abruptas cordilleras de Vilcabamba.
Desarrollo de la campaña Adentrándose en la selva.
Internándose en territorio rebelde, los españoles comenzaron a sufrir los efectos de la atrición. Avanzaron a caballo hasta donde el terreno lo permitió; después abandonaron las monturas y continuaron a pie hacia las posiciones donde se hallaba atrincherado el Inca. Cruzaron el Urubamba por el puente de Chuquichaca y ascendieron por el cañón del río Vilcabamba hasta un paso situado más allá de Vitcos. La espesura de la selva dificultó considerablemente el uso de caballos.
Durante el avance se produjeron múltiples enfrentamientos con fuerzas indígenas. Manco Inca optó por permitir el ingreso de la expedición en la región para asestarle posteriormente un golpe decisivo.
Batalla de Chuquillusca y retirada española.
En un paso muy angosto, cuando menos lo esperaba Gonzalo Pizarro, se desprendió una galga que precipitó a tres españoles al abismo y dividió a la expedición en dos grupos. Por delante quedaron los príncipes Inguil y Guaipar, junto con un contingente de españoles y esclavos negros; por detrás, Gonzalo Pizarro, Paulo Inca y el grueso del ejército. De inmediato, una lluvia de piedras y flechas cayó sobre ambos grupos.
Alarmado por la sorpresa, Gonzalo Pizarro ordenó la retirada. Paullu Inca se opuso, advirtiendo los riesgos de esa decisión y la necesidad de rescatar a los sobrevivientes del grupo adelantado. La discusión en el mando indo-español derivó en acusaciones de traición contra Paullu Inca, a quien se reprochaba retrasar la retirada para favorecer a Manco Inca. Este rechazó las acusaciones e incluso solicitó ser puesto bajo custodia a cambio de tiempo para ubicar a los desaparecidos.
Aceptada su propuesta, se procedió a reconocer la zona. Hallaron 13 españoles y 4 caballos muertos. aunque de acuerdo con los quipucamayocs el número de españoles que perecieron en la emboscada ascendió a 36, además de doce heridos graves Asimismo, numerosos contingentes de indígenas aliados habían sido aniquilados en el ataque. Los rebeldes capturaron también a los dos príncipes imperiales, Guaipar e Inquill, quienes serían ejecutados por orden de Manco Inca. Más de un centenar de españoles que se dispersaron durante la emboscada lograron reunirse nuevamente con el grueso de la fuerza expedicionaria.
La magnitud de la derrota obligó a Gonzalo Pizarro a retroceder en busca de refuerzos con los cuales emprender una nueva campaña.
Segunda expedición española y toma de Macchu Pucara.
Diez días después del primer combate, Gonzalo Pizarro regresó con más hombres para atacar la fortificación de Chuquillusca, situada a unas catorce millas de Vilcabamba. Los indígenas habían dispuesto troneras en su nueva muralla e intentaron disparar desde ellas con cuatro o cinco arcabuces capturados a Villadiego. Sin embargo, no dominaban su manejo: al no saber cómo cargar correctamente las armas, no causaban daño, pues dejaban la bala demasiado cerca de la boca del arcabuz y esta caía al suelo al salir.
Un centenar de los mejores soldados españoles ascendió a pie por la espesa vegetación hasta la cima de la montaña. Mientras sus compañeros continuaban el ataque frontal contra el fuerte, este contingente descendió hacia una pampa situada al otro lado, donde Manco Inca tenía su residencia.
Al advertir la maniobra envolvente, los indígenas enviaron mensajeros para alertar a Manco, que aún se encontraba en la fortificación, quien se lanzó al agua y lo cruzó a nado. Con la huida del Inca, los defensores abandonaron el fuerte y se internaron en la selva. Los atacantes españoles se apresuraron a subir por la ladera de la montaña, creyendo que Manco había quedado atrapado allí.
Titu Cusi escribió que su padre gritó desde la otra orilla del río: "¡Yo soy Manco Inca! ¡Yo soy Manco Inca!". Mancio Sierra de Leguizamo recordó que también proclamó que él y sus indios habían matado a dos mil españoles durante la rebelión, y que pretendía aniquilarlos y recuperar las tierras de sus antepasados.
Los hombres de Gonzalo Pizarro vagaron durante más de dos meses de un lugar a otro tras su rastro, pero el Sapa Inca permaneció oculto junto a indígenas de la selva y nunca fue hallado. Con todo, pese a su desafío, había logrado escapar por un margen mínimo por segunda vez en dos años.
Consecuencias Pese a que los españoles no lograron capturar al Inca, devastaron su nuevo asentamiento en Vilcabamba. En julio de 1539 regresaron al Cusco llevando consigo a su hermano Cusi-Rimache y a su coya Cura Ocllo, quien sufrió múltiples maltratos durante su cautiverio.
Mientras permanecía retenida, surgieron noticias de una posible rendición de Manco Inca, lo que motivó que Francisco Pizarro regresara desde Arequipa a fines de septiembre y enviara emisarios. Sin embargo, Manco rechazó la propuesta y ordenó la ejecución de toda la comitiva. En respuesta, Pizarro, incapaz de organizar una nueva expedición, descargó su ira sobre Cura Ocllo: fue desnudada, atada a un poste, azotada y finalmente ejecutada a flechazos. Su cuerpo fue luego arrojado al río Yucay para que fuera hallado por los seguidores de Manco, sumiendo al Inca en profundo dolor, pues le profesaba gran afecto. De igual manera, varios jefes incas que se habían rendido fueron ejecutados.
Tras la campaña, muchos indígenas huyeron a los bosques de Vilcabamba para unirse a Manco Inca quien reorganizó allí un estado relativamente estable: se reconstruyeron poblados y terrazas, se revitalizó la religión inca y se intentó reproducir, a menor escala, el antiguo orden imperial. Sin embargo, ya no existían condiciones para una nueva rebelión general.
Aun así, Manco mantuvo una guerra de desgaste, hostigando constantemente a los españoles. Incluso influyó en regiones lejanas, como Chile, donde advirtió a los indígenas sobre la llegada de los conquistadores.
En el Perú, continuó atacando encomiendas y rutas, especialmente la de Andahuaylas, causando pérdidas y dificultando el control español, lo que hizo a llevó a Francisco Pizarro a planear una nueva campaña para eliminarlo. Paralelamente, Manco consideró trasladarse a Quito en busca de mayor seguridad, pero desistió al evaluar la fuerte presencia española, regresando a Vilcabamba.
Finalmente, los planes para acabar con el Inca quedaron en segundo plano debido a los conflictos internos entre los propios conquistadores, especialmente las disputas derivadas de la ejecución de Diego de Almagro, que desviaron la atención de la resistencia incaica.
Referencias
Bibliografía
Categoría:Batallas de la conquista de Perú Categoría:Batallas del Imperio incaico Categoría:Conflictos en 1539