La educación por algoritmos hace referencia a las soluciones automatizadas que los algoritmos de búsquedas de agentes inteligentes o los bots sociales ofrecen a la educación para ayudar con tareas educativas rutinarias. A menudo esta información se traslada a “reformas educativas” o “transformaciones curriculares”, implementadas por los responsables políticos y respaldadas por propietarios de tecnologías educativas. Las nuevas políticas educativas, impuestas y desarrolladas por foros de gobernanza transnacionales (como la OCDE), han manufacturado una conexión entre las economías y la educación.

En la educación formal se espera que gobiernos, escuelas y universidades preparen a los estudiantes para un futuro incierto, que se preparen ante un problema previamente identificado o para mitigar una próxima crisis nacional. Se considera que las tecnologías son un catalizador para estos cambios. Sin embargo, estas políticas ocultan un problema más profundo, que incluye la mercantilización de la educación y el uso de las tecnologías como medio de vigilancia y modificación del comportamiento.

Los rastros dejados a través de cookies, inicios de sesión, actividades de aprendizaje, tareas y exámenes, son recopilados, segmentados y compartidos con organizaciones comerciales, tanto para predecir el comportamiento futuro como para moldearlo. El pensamiento tecnosolucionista ha llevado a los gerentes de empresas a adoptar políticas y reformas educativas, a buscar en las tecnologías un papel disruptivo, liberador o un agente para mejorar la eficiencia.

Durante la pandemia de COVID-19, muchos estudiantes tuvieron que modificar sus circunstancias de aprendizaje y trabajo para estar a salvo. Los académicos cambiaron sus prácticas de evaluación, pasando del paradigma dominante de evaluación del aprendizaje a una orientación que valoraba la "evaluación para el aprendizaje". Las grandes empresas tecnológicas contribuyeron a ello, la infraestructura docente se privatizó aún más y la desagregación de la oferta educativa dio un paso más allá. Tras el regreso a las aulas, este paradigma de evaluación se tradujo a normas en la educación. Dejando espacio para que los agentes de IA intervinieran. El trabajo de los académicos se vio cada vez más impulsado por plataformas de experiencia de aprendizaje y la comprensión de los estudiantes se amplió mediante la introducción de incentivos y recompensas para la modificación del comportamiento y evaluaciones programadas de alto riesgo. Esta recopilación de datos también puede interpretarse como vigilancia, o percibirse como evidencia de una Cuarta Revolución Industrial.

Referencias

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