Aldonza de Ayala (c. 1345-c.1404), también conocida como Aldonza Fernández de Ayala, fue una dama de la nobleza castellana de los siglos XIV-XV, perteneciente a la Casa de Ceballos, y a la Casa de Ayala, por su padre; señora de Espinosa, señora consorte de Mendoza, Hita y Buitrago, y poseedora de lugares y rentas en Álava, Guadalajara, Madrid y Toledo.
Orígenes familiares Se desconoce su fecha de nacimiento. Fue hija de Fernán Pérez de Ayala (1305-1385), señor de Ayala, Adelantado mayor de Murcia, y de Elvira Álvarez de Ceballos, (m.1370 o 1372), señora de Ceballos en Asturias, Escalante, Transmiera y Liébana, entre otros. Fue hermana de Pedro López de Ayala (1332-1407), el famoso Canciller mayor de Castilla, poeta y cronista que ostentó importantes oficios regios y desempeñó misiones diplomáticas bajo los reinados de Pedro I, Enrique II y Juan I de Castilla. Tuvo otros dos hermanos varones: Diego López de Ayala, señor de Cebolla, y Juan Sánchez de Ayala, y siete hermanas: Inés Alfón de Ayala, señora de Malpica; Mencía de Ayala, Juana García de Ayala, Sancha Hernández de Ayala, Elvira Álvarez de Ayala, Leonor Hernández de Ayala, señora de Torrejón de Velasco, y Elvira (que murió siendo niña).
Biografía No hay constancia de la fecha de su nacimiento, y tampoco de la de su defunción, aunque, según indicios documentales, pudo fallecer al comenzar el siglo XV. No tenemos información sobre la vida de Aldonza antes de su matrimonio. Sí que se sabe que fue una dama muy relacionada con la corte y con la casa real, pues ostentó el cargo de Camarera mayor de la reina Juana Manuel, mujer de Enrique II de Castilla. La reina, en premio por sus servicios, le concedió varias mercedes y privilegios en Guadalajara. Hacia 1363 debió contraer nupcias con Pedro González de Mendoza, IX señor de Mendoza. Aldonza fue su segunda esposa. Pedro González de Mendoza, inicialmente vasallo al servicio del rey Pedro I, se pasó al bando de Enrique de Trastámara, lo que le valió ser nombrado su Mayordomo mayor; fue entonces cuando el ascenso social y económico de la pareja no dejó de incrementarse, consiguiendo entre otras mercedes, el señorío sobre las villas de Hita y Buitrago. En tiempos del rey Juan I llegó a ser uno de los nobles castellanos más poderosos.
Fuera de la corte, la vida de Aldonza debió transcurrir en la villa de Guadalajara. Ambos fundaron diversos mayorazgos en beneficio de sus hijos varones, con las villas que fueron adquiriendo y recibiendo como merced. Tras la muerte de su esposo en la batalla de Aljubarrota, en 1385, en virtud de las cláusulas contenidas en dichos mayorazgos, y por deseo expreso manifestado por su marido en su testamento de 1383, Aldonza quedaría a cargo de la administración de todo el patrimonio de los Mendoza, lo cual suponía recibir amplios poderes.
Una de sus primeras actuaciones, como albacea testamentaria, consistió en devolver a sus legítimos herederos un conjunto de bienes que la primera esposa de Pedro González de Mendoza, María Fernández Pecha, le había legado a él de forma vitalicia en usufructo, al no haber tenido hijos herederos. El traspaso no fue todo lo satisfactorio que debiera, por lo que derivó en un litigio entre las partes, cuyo desenlace no fue favorable a doña Aldonza, obligada a restituir la totalidad del patrimonio. Sus potestades debieron quedar diluidas tras ser apartada del gobierno de la casa, cuando su primogénito Diego Hurtado de Mendoza se convirtió en el nuevo señor. No obstante, es posible reseñar algunas actuaciones destacadas de esta dama, que han dejado rastro documental.
Patrimonio y transmisión Durante su vida, Aldonza de Ayala poseyó un variado conjunto de bienes integrados por casas, solares, fortalezas, pero también derechos y rentas varias en lugares tan diversos como Álava, donde su padre había recibido el señorío de Ayala; Toledo, de donde era originaria su familia paterna; y la zona entre Guadalajara y Madrid, donde se instaló con su esposo. Adquirió la mayor parte del patrimonio mediante compras una vez estuvo casada, salvo las casas que compró a su madre Elvira Álvarez de Ceballos en Toledo antes de contraer nupcias en 1363.
Juntamente con su esposo adquirió por compra bienes del patrimonio que había pertenecido a Íñigo López de Orozco, tío de Pedro González de Mendoza, muerto en la batalla de Nájera entre las filas de los partidarios de Enrique de Trastámara. Íñigo López de Orozco fue un importante apoyo para él, particularmente durante sus primeros años. Pedro llegó a actuar como curador de una de sus hijas menores, Teresa López de Orozco, representándola en la partición de sus bienes. De aquí surgiría el interés por adquirir estos bienes situados en el entorno de la Alcarria, que Pedro y Aldonza terminarían comprando a las hijas herederas de Íñigo López de Orozco, entre los años 1379 y 1382.
Además, consta en la documentación otras vías de adquisición patrimonial en beneficio de Aldonza. Por el lado familiar, las casas que le otorgó su padre Fernán Pérez de Ayala mediante manda testamentaria de 1375, ubicadas en Álava. Como dote pudo recibir el señorío sobre la villa de Espinosa de Henares, cercana a Hita. En calidad de mercedes, reunió importantes rentas jurisdiccionales que le donó la reina Juana Manuel en Guadalajara en 1376, en premio a los servicios prestados por el desempeño del oficio de Camarera de la reina. En concreto, la reina Juana Manuel le concedió, por juro de heredad, la cabeza de los pechos de las aljamas de los judíos y de los mudéjares de Guadalajara, la martiniega de San Miguel de dicha villa, el servicio, montazgo y todas las pechas y caloñas que habían pertenecido a la reina en el señorío de Guadalajara y su término, además de la escribanía pública, los baños y el yantar. El disfrute de estas rentas no debió ser fácil de conseguir, como consecuencia de la resistencia de la villa, puesto que en 1394 consta el envío de un testimonio notarial al concejo de Guadalajara exigiendo el pago de todos los pechos y derechos que le habían sido concedidos.
Gobierno de la casa y ejercicio de la justicia Tras la muerte de Pedro González de Mendoza en 1385, Aldonza de Ayala asumió el gobierno de la casa de Mendoza, y su labor fue inicialmente bien aceptada por el heredero Diego Hurtado de Mendoza. De hecho, hay noticias sobre la participación conjunta de madre e hijo en algunas acciones que requirieron traspaso de bienes. Además, sabemos que asumió plenamente la administración patrimonial pues le correspondió financiar los gastos militares de su hijo y sus tropas en las campañas emprendidas por el rey.
Sin embargo, su actuación mejor documentada fue su designación unánime como jueza árbitra durante el verano de 1386 para solventar un conflicto que mantenían dos aldeas que pertenecían al término de Hita, villa que formaba parte del señorío de los Mendoza. En concreto se trata de las aldeas de Trijueque y Muduex. La discrepancia, que se prolongaba ya durante al menos veinte años, giraba en torno a los derechos que correspondían a cada una de las partes por el aprovechamiento del monte y la dehesa de Alcaria para el pasto del ganado. La decisión de la dama fue conciliadora, como era frecuente en estos casos, procediendo a un reparto de la dehesa en disputa. Es muy destacable esta información, ya que confirma, como en otros casos, las capacidades que pudieron ejercer las damas nobles castellanas en la Edad Media para asumir funciones de juezas arbitrales en conflictos que afectaban a colectivos y comunidades.
Defensa patrimonial y pleitos con su primogénito La buena relación inicial entre Aldonza de Ayala y su hijo primogénito Diego Hurtado de Mendoza no fue duradera y a inicios del año 1389 ya hay noticias de un conflicto abierto entre ambos. Se trata de una sentencia arbitral que refleja la existencia de un pleito entre el primogénito Diego y el resto de la familia, encabezada por su madre. Al ser todos sus hermanos y hermanas menores de edad, es decir menores de 25 años, su madre actuó como tutora, curadora y representante de sus intereses. La discrepancia surgió en torno a la herencia de Pedro González de Mendoza y el deseo del hijo primogénito de recibir su parte correspondiente, así como su interés por reunir algunos de los bienes que habían pertenecido a sus hermanos menores, ya fallecidos. Por tanto, esta decisión responde a las importantes atribuciones económicas que el difunto don Pedro había concedido a su esposa, un usufructo que comprendía un control total y vitalicio del patrimonio, impidiendo que Diego Hurtado de Mendoza pudiera acceder plenamente a sus posesiones hasta la defunción de su madre. Entre esas amplias atribuciones se reconocía también la autoridad que doña Aldonza disponía para utilizar bienes vinculados en los distintos mayorazgos con el objetivo de dotar a las hijas del matrimonio. En este contexto, el hecho de que la dama otorgara en dote algunos de los bienes que estaban vinculados en el mayorazgo de uno de sus hijos difuntos para pagar la dote de su hija Elvira puede entenderse como uno de los desencadenantes del litigio. La sentencia arbitral, dictada en febrero de 1389, fue muy favorable para los intereses económicos de don Diego. No obstante, el pleito se reactivó en abril de ese año sin que exista constancia de su desenlace.
La memoria del linaje a través del patronazgo religioso En diciembre de 1385, en respuesta al deseo que había manifestado Pedro González de Mendoza de fundar un panteón familiar en el monasterio de San Francisco de Guadalajara 13 , la dama instituyó allí mismo seis capellanías, dos más de las que su difunto esposo había estipulado en su testamento. Su función era vela miniaturadeimagen|368x368px|Convento de San Francisco en la ciudad de Guadalajara. por las ánimas del dicho Pero Gonçalez, e de mí, la dicha donna Aldonça, e de nuestros padres e de nuestras madres, e de nuestros defuntosSu fundación evidencia así el interés por el mantenimiento de la memoria del linaje, asumido a menudo por las mujeres. Fueron veinte los frailes encargados de su mantenimiento, para lo que recibieron un estipendio anual que ascendía a 8.000 maravedís.
Matrimonio y descendencia Contrajo matrimonio con Pedro González de Mendoza, señor de Mendoza, Hita y Buitrago, Mayordomo mayor de los reyes Enrique II y Juan I. Fruto de su matrimonio, nacieron:
Diego Hurtado de Mendoza, Almirante mayor de Castilla, hijo primogénito y heredero del patrimonio de los Mendoza en Álava y Guadalajara. Contrajo matrimonio en primeras nupcias con María Enríquez de Castilla, hija natural de Enrique II; y, en segundas, con Leonor de la Vega. Juana de Mendoza, conocida como «la ricahembra de Guadalajara». Contrajo matrimonio en primeras nupcias con Diego Gómez Manrique de Lara, VII señor de Amusco; y, en segundas, con Alfonso Enríquez de Castilla, I señor de Medina del Rioseco, Almirante de Castilla. Íñigo López de Mendoza, que recibió en mayorazgo rentas y bienes diversos en Guadalajara. Elvira de Mendoza. Contrajo nupcias con Miguel de Gurrea. María de Mendoza, casada con Hernán Sánchez de Benavides. Inés de Mendoza, casada con Robert de Bracquemont. Mencía de Mendoza, “la condesa”, casada con Gastón de Bearne, II conde de Medinaceli.
El matrimonio tuvo además otros tres hijos varones, Fernando, Juan y Pedro, que no alcanzaron la edad adulta.
Referencias
Bibliografía
Enlaces externos Aldonza de Ayala aparece registrada en la base de datos de HILAME: HILAME. Una prosopografía de personas que vivieron en la Edad Media (UPV).
Categoría:Casa de Ayala