El movimiento hippie en Ibiza y Formentera —también conocido como movimiento hippy—se originó a mediados de la década de 1960 como consecuencia del turismo internacional. Su apogeo comenzó en el verano de 1968, en el contexto de mayo del 68 y las protestas contra la guerra de Vietnam, y duró hasta mediados de los años 1970. No obstante, la presencia hippy en las islas continúa, tanto con personas residentes y como con turistas. El fenómeno fue esencial para desarrollar la industria turística de las Islas Pitiusas y publicitarla a nivel internacional, además de constituir un atractivo turístico en sí mismo como elemento diferencial frente a otros destinos. También supuso el primer movimiento de oposición al franquismo que tuvo lugar en las islas.

Fue un movimiento nacido en Estados Unidos que recogía la oposición de una parte considerable de la juventud norteamericana y europea de clase media y acomodada hacia el conservadurismo social y el consumismo. Buscaba la felicidad a través del hedonismo, tanto por medio de la experimentación con las drogas, como con el amor, incluyendo el amor libre. Aunque no poseían una ideología definida, abrazaban el pacifismo, especialmente respecto a la guerra de Vietnam. Algunos hippies también sentían afinidad por la espiritualidad budista, la conexión con la naturaleza, el vegetarianismo y la convivencia en comunas.

El establecimiento de los hippies en Ibiza tuvo su primer precedente durante la II República, cuando se instaló una comunidad internacional de artistas e intelectuales, algunos de ellos alemanes que huían del nazismo. Esta comunidad abandonó la isla al comenzar la guerra civil. Otra oleada de artistas e intelectuales comenzó a llegar a mediados de los años 1950, en su mayoría influidos por el movimiento beat o vinculados el arte contemporáneo. En esta época la colonia más numerosa era la estadounidense, que se centraba en el modo de vida del jazz. Los beatniks, predecesores de los hippies, contribuyeron a construir el clima bohemio y cosmopolita por el que serían conocidas internacionalmente las Islas Pitiusas.

A finales de 1960, llegarían los hippies y la transformación de la economía de la isla, que pasó de ser fundamentalmente agrícola a basarse en el sector turístico. Las mejoras en la calidad de vida de los isleños provocaron su complicidad y tolerancia con los jóvenes extranjeros y su forma de vida. Sin embargo, el franquismo detuvo y expulsó a miles de ellos debido a que consideraba las actitudes hippies contrarias a su concepto de la moral.

Las primeras discotecas de Ibiza, como Pachá o Amnesia, en sus comienzos se fundaron para un público hippie y posteriormente fueron las responsables de posicionar a la isla como uno de los principales centros de la música electrónica. Los hippies dotaron a las Islas Pitiusas de unas señas de identidad que fueron empleadas por el sector turístico para su promoción, como los mercadillos de artesanía, la moda Adlib o la búsqueda de la libertad y la espiritualidad.

Historia Precedentes A principios del siglo XX, Ibiza era una isla rural, aislada y atrasada, unas características que atrajeron a artistas e intelectuales extranjeros. En los años 1930, durante la segunda República, se instalaron grupos de intelectuales y artistas, muchos de ellos representantes de las vanguardias culturales alemanas que huían del nazismo. En esa época, había una mirada orientalizante respecto a las sociedades mediterráneas, asociadas con culturas arcaicas en comparación con las ciudades modernas del centro y norte de Europa. Los artistas e intelectuales que residían en esa época en Ibiza y los que vendrían en un futuro, vivían en su propia comunidad que ignoraba la realidad social y económica de la isla. Estos residentes abandonarían la isla tras el inicio de la guerra civil y su representante más célebre fue el filósofo alemán Walter Benjamin. También pasaron alguna temporada en la isla Albert Camus, Raoul Hausmann, María Teresa León, Rafael Alberti o Gisèle Freund. A partir de mediados de la década de 1950, otros grupos de artistas e intelectuales se asentaron buscando el clima mediterráneo, la luz, el sol y un coste de la vida menor que en sus países de origen. Muchos de ellos estaban relacionados con el arte contemporáneo, lo que creó un ambiente cosmopolita en la isla formado por 30 o 40 nacionalidades diferentes que atrajo paulatinamente a grupos contraculturales como los beatniks y los hippies. En 1957 en la ciudad de Ibiza, ya era habitual la presencia de escritores franceses y holandeses, algunos pertenecientes al grupo COBRA. También existían grupos de creación artística como «Ibiza 59», formado por extranjeros, y «Puget», integrado por españoles. San Antoni, en cambio, contaba con menos artistas, pero era un destino más snob y orientado al turismo y a la diversión nocturna.

Etapa beatnik izquierda|miniaturadeimagen|280x280px|La cantante Nico residió en Ibiza a comienzos de la década de 1960 El ambiente bohemio de finales de los años 1950 y comienzos de los años 1960 estuvo marcado por el jazz, que era omnipresente en esos círculos, donde la colonia foránea más numerosa era la estadounidense. En esta etapa fue clave el círculo formado por ciudadanos de esta nacionalidad en torno al club de jazz Jamboree de Barcelona, ya que algunos de ellos pasaban temporadas en Ibiza y se crearon grupos de extranjeros a su alrededor. El Domino Club era el único de Ibiza que pinchaba música y los foráneos acudían para escuchar jazz. En ese momento, los escritores y artistas de Ibiza se mezclaban con marineros, traficantes, ladrones y fugitivos que se refugiaban en la isla. El propietario del Domino definió a su clientela como una mezcla de personalidades «extravagantes» de Greenwich Village, Saint-Germain-des-Près y la taberna londinense de Fitzroy antes de la Segunda Guerra Mundial.

A los auténticos miembros de la generación beat, se les unieron beatniks estadounidenses y europeos que solían proceder de familias burguesas y tener inquietudes artísticas. Buscaban un destino bohemio en el que llevar a cabo su forma de vida influida por el existencialismo y desobedecer la cultura occidental dominante, el sueño americano y el materialismo, aunque su rebeldía era más individualista que política. Muchos de estos jóvenes llegaban después de leer reportajes sobre la isla en revistas estadounidenses, uno de ellos la describía como «un pequeño paraíso español donde una habitación cuesta dos dólares al mes y las mujeres son gratis» y acompañaba el texto con fotografías de mujeres desnudas en la isla. El puerto de la Marina era un punto de encuentro para los beatniks, y sus bares también estaban regentados por integrantes de esa misma comunidad. Normalmente contaban con poco dinero y se lo prestaban unos a otros, pero en la isla encontraron un clima de libertad para consumir marihuana y otras drogas y practicar el amor libre sin tener problemas.

Uno de los habitantes de la isla en esos momentos fue Elmyr de Hory, un pintor que hizo fortuna falsificando arte. Otra residente era la cantante alemana Nico antes de ser musa de Andy Warhol y vocalista con The Velvet Underground.

Los hippies en las Islas Pitiusas miniaturadeimagen|280x280px|Grupo de jóvenes hippies europeos Los hippies llegaron a las islas cuando los colectivos de beatniks, con los que compartían su rechazo al modo de vida burgués occidental, llevaban varios años en la zona. Los beatniks eran más individualistas y cuando contravenían la moralidad del franquismo lo hacían en privado, por lo que no solían tener problemas con las autoridades, a diferencia de los hippies.

Los medios de comunicación internacionales de la época promocionaron el turismo hippie en Ibiza y Formentera al igual que hicieron con Ámsterdam, Mikonos o Goa, como paradas en la «ruta hippie» desde California hacia India y Nepal. Durante los años 1960 y 1970, los medios europeos y norteamericanos también resaltaron profusamente el auge de la creación artística que vivió Ibiza durante esa época. Se describía la vida en la isla como paradisíaca para los artistas extranjeros, sin tener en cuenta el atraso en el que vivía la población local.

En el verano de 1968, entre otras nacionalidades, arribaron jóvenes franceses que poco antes habían protagonizado las revueltas de mayo del 68 en las calles de París y estadounidenses que habían desertado huyendo de la guerra de Vietnam o que escapaban del clima social de su país, en el que habían sido asesinados Martin Luther King o Malcom X. Los hippies llegaban atraídos por la vida rural y por una sociedad basada en tradiciones, alejándose de la vida acelerada de las grandes ciudades, aunque con el tiempo fueron experimentando los cambios sociales y económicos derivados del turismo. En ese momento, el turismo hippie se masificó y la isla perdió la tranquilidad que la había caracterizado hasta entonces. Los artistas anteriores a la explosión hippie vinculados al arte y al movimiento beat desconfiaron de los nuevos visitantes. Carolyn Cassady, perteneciente al círculo de la generación beat, acusó al movimiento hippie de «estúpido» y de haber «vulgarizado» el movimiento beat con «más colorido y música» y atrayendo una mayor atención mediática.

Sociológicamente, los hippies que recalaron en Ibiza y Formentera en un principio, tenían una edad media de entre 20 y 30 años, provenían de grandes ciudades europeas y norteamericanas, poseían un alto nivel educativo y una profesión anterior de nivel medio y alto en el campo artístico y cultural. Una parte de los hippies proseguían sus viajes tras su estancia en la isla y otros se quedaban permanentemente. Se asentaron principalmente en la ciudad de Ibiza, Santa Eulalia, San Antonio y en las áreas de San Carlos y San José. Más tarde llegaría a las islas una segunda oleada de hippies con menor poder adquisitivo. Ibiza también atraía a jóvenes españoles que emigraban huyendo de la represión franquista y buscando una libertad que no existía en el resto del país. Algunos jóvenes hippies alquilaban casas payesas baratas en zonas rurales que a menudo no contaban con electricidad y donde frecuentemente organizaban fiestas. Asimismo, practicaban el nudismo en playas como S’Aigua Blanca y Es Figueral y se reunían en la cala Benirrás para contemplar la puesta de sol mientras tocaban los tambores.

Las comunas de hippies se asentaban en casas payesas y terrenos vírgenes, donde araban la tierra y cultivaban su propia comida. Algunos de ellos se dedicaban a la artesanía —tela, madera, cuero, joyas, etc.—, que les permitía vivir conforme a sus valores y desarrollar su creatividad. El primero de los grandes mercadillos de Ibiza fue el de Punta Arabí en Es Canar, Santa Eulalia, que se estableció en 1973 inspirándose en los mercados de Goa en India y que durante sus primeros años creció considerablemente. Este mercadillo, y los que se crearían después, pasaron a ser una atracción turística y facilitaron a los hippies la venta de su artesanía.