alt=Examples of Art Deco architecture from across the city. The buildings feature showy metal finishes, polychromatic terra cotta designs, and zigzagging brickwork.|miniaturadeimagen|En el sentido de las agujas del reloj desde arriba a la izquierda: la aguja del edificio Chrysler, Manhattan; los niveles superiores de los apartamentos Park Plaza, el Bronx; la entrada de los apartamentos Madison Gardens, Brooklyn; y el exterior de la terminal aérea marina, Queens. La arquitectura art déco vivió su apogeo en la ciudad de Nueva York durante las décadas de 1920 y 1930. Este estilo rompió con las convenciones arquitectónicas tradicionales y se distinguió por su marcada verticalidad, su profusa ornamentación y el empleo de materiales innovadores para la época, como el plástico, el metal y la terracota. El art déco impregna tanto edificios gubernamentales como proyectos comerciales y construcciones residenciales en los cinco distritos de la ciudad. En la arquitectura de este periodo influyeron notablemente las tendencias globales de las artes decorativas, el auge de la mecanización y, de manera determinante, la Ley de Zonificación de 1916, una normativa que impulsó el uso de los característicos retranqueos en numerosos inmuebles.

La pujante economía de los «felices años veinte» y la especulación comercial impulsaron un auge de la construcción sin precedentes en toda la ciudad. La escala y sofisticación del art déco abarcaron desde rascacielos monumentales hasta modestas viviendas para la clase media y edificios municipales. Así, rascacielos cromáticos y profusamente decorados pasaron a dominar el perfil urbano de Manhattan, antes de que la Gran Depresión pusiera fin a su construcción. La crisis económica y la evolución de los gustos estéticos orientaron el estilo hacia aplicaciones más sobrias durante su expansión en la década de 1930. En esta etapa, el art déco se consolidó como la opción predilecta para proyectos de infraestructuras y modernos apartamentos de clase media en los distritos periféricos. Sin embargo, el parón de la edificación durante la Segunda Guerra Mundial y el ascenso del Estilo Internacional marcaron el fin de las nuevas construcciones de este tipo en la ciudad.

Tras caer en el olvido y sufrir el abandono durante la decadencia urbana de la segunda mitad del , el legado art déco neoyorquino se ha revalorizado recientemente. Entre los rascacielos más apreciados y emblemáticos de Nueva York destacan los edificios Empire State y Chrysler, máximos exponentes de este movimiento. Estas estructuras constituyeron el núcleo del horizonte de la ciudad durante décadas y continúan influyendo en la arquitectura contemporánea. En la actualidad, aunque las leyes de protección del patrimonio histórico amparan a muchos de estos inmuebles, otros han desaparecido debido a la presión urbanística o al descuido.

Antecedentes izquierda|miniaturadeimagen|300x300px|El tamaño del edificio Equitable impulsó la aprobación de leyes de zonificación que afectaron a la arquitectura art déco de la ciudad. El art déco estadounidense tiene sus raíces en las artes europeas, especialmente en el style moderne que popularizó la Exposición Internacional de Artes Decorativas e Industriales Modernas de París en 1925, de la cual toma su nombre (Exposition internationale des arts décoratifs et industriels modernes). Aunque Estados Unidos no participó oficialmente, diversos ciudadanos —entre ellos el arquitecto neoyorquino Irwin Chanin— visitaron la muestra, a la que el gobierno estadounidense también envió una delegación. Los informes resultantes facilitaron la difusión del estilo en el país. Otras influencias incluyeron el expresionismo alemán, la Secesión vienesa, el art nouveau, el cubismo y la ornamentación de las culturas africanas, centroamericanas y sudamericanas. La arquitectura art déco en Estados Unidos adoptaría diversas formas según la región, condicionada por la cultura, la legislación y los gustos locales.

El art déco se puso de moda precisamente cuando Nueva York experimentaba una transformación vertiginosa. El crecimiento explosivo de la población, la bonanza económica, el crédito accesible y una normativa urbanística laxa se conjugaron para fomentar un auge de la construcción. El mercado inmobiliario era tan frenético que, con regularidad, se demolían edificios con apenas unos años de antigüedad para levantar nuevas construcciones. Estas edificaciones, más modernas y de mayor tamaño, sustituyeron a múltiples estructuras pequeñas en los solares antiguos. Como consecuencia, el espacio destinado a oficinas en la ciudad de Nueva York aumentó un 92 % a finales de la década de 1920.

Las normativas de zonificación influyeron profundamente en el diseño arquitectónico de la época. La proliferación de rascacielos cada vez más voluminosos —como el edificio Equitable, de 40 plantas— impulsó la aprobación del primer código de zonificación integral de Estados Unidos: la Ley de Zonificación de 1916. Esta normativa, cuyo propósito era evitar que las grandes alturas privaran de luz y aire a la vía pública, obligaba a los inmuebles a realizar «retranqueos» a medida que ganaban altura, en función de la anchura de la calle y el área de zonificación correspondiente. Una vez que la estructura se elevaba y se retranqueaba hasta ocupar únicamente el 25 % de la superficie del solar, la altura total ya no tenía restricciones. No obstante, los efectos de esta nueva regulación no se materializaron hasta finales de la década, puesto que la entrada de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial ralentizó la actividad constructora. miniaturadeimagen|300x300px|Ilustración de Hugh Ferriss, que muestra un enfoque de los requisitos de retranqueo de la ciudad de Nueva York que acabaría definiendo los edificios art déco de la ciudad. Los primeros inmuebles construidos para cumplir con la nueva normativa carecían de imaginación; el edificio Heckscher en el Midtown (finalizado en 1921), por ejemplo, se retranqueaba de manera uniforme como una simple pila de cajas a medida que ganaba altura. Sin embargo, pronto surgieron interpretaciones de la ley mucho más inspiradas. Una de las influencias fundamentales en la estética de estos rascacielos fue el diseño de Eliel Saarinen para la Tribune Tower de Chicago —que obtuvo el segundo puesto en el concurso—, considerado un estilo innovador y desvinculado del neogótico o el clasicismo previos. Asimismo, resultaron determinantes las ilustraciones arquitectónicas especulativas de Hugh Ferriss, quien exploró cómo proyectar edificios que respetaran las exigencias de zonificación. Los dibujos de Ferriss concebían las construcciones como formas escultóricas en lugar de meras cajas. El arquitecto Talbot Hamlin describió la obra de Ferriss como «una varita mágica para liberar a la arquitectura urbana estadounidense de su pesadilla [...] El edificio alto ya no parecía construido por kilómetros y recortado por encargo, sino que se componía quiebro tras quiebro, contrafuerte tras contrafuerte. Las posibilidades de la poesía entraron en escena».

Como precursores de los rascacielos art déco que pronto poblarían la ciudad, destacaron inmuebles como el edificio American Radiator de Raymond Hood (1924). Aunque su estilo general era neogótico, ya presentaba la ornamentación abstracta que caracterizaría al art déco. Otra estructura de transición temprana fue el edificio Madison Belmont, en el 181 de la avenida Madison (1924-1925), que combinaba una organización y decoración tradicional en sus plantas superiores con motivos art déco en los niveles inferiores. La herrería de este estilo fue obra de Edgar Brandt, quien también proveyó las puertas de entrada para la Exposición de París de 1925. Finalmente, uno de los primeros rascacielos plenamente art déco fue el edificio de la New York Telephone Company, proyectado por Ralph Thomas Walker y construido entre 1923 y 1927. Aunque su cromatismo sobrio y su ornamentación no mostraban aún todo el esplendor del estilo que florecería poco después, su volumetría y verticalidad eran profundamente modernas y rompían con los cánones arquitectónicos establecidos.

Elementos comunes Los edificios que más tarde se definirían como art déco compartían elementos comunes fundamentales. Las leyes de zonificación dieron lugar a construcciones de volumetría escultórica, caracterizadas por largos machones ininterrumpidos que se alzaban entre columnas de ventanas y enjutas decoradas. Estos recursos buscaban acentuar la verticalidad de las estructuras, una elección estética que se replicó incluso en edificios de menor altura por toda la ciudad. Los arquitectos neoyorquinos lideraron el uso de materiales innovadores, desde sintéticos como la baquelita y la fórmica hasta el Nirosta, una aleación de acero resistente a la corrosión que hizo viable el uso de metal en los exteriores de los rascacielos. Cuando el acero inoxidable resultaba demasiado costoso, el aluminio —gracias a su ligereza y a la bajada de su precio— se convirtió en la opción habitual tanto para interiores como para fachadas. Otros materiales predilectos fueron la terracota multicolor, la piedra caliza y el ladrillo de vidrio. Incluso al emplear materiales tradicionales como el mármol, la madera, el ladrillo o el bronce, se combinaban de formas novedosas con la intención de asombrar al espectador. izquierda|miniaturadeimagen|Detalle de los pisos superiores del Edificio French, en el que se pueden ver colmenas, abejas, grifos y un resplandor solar. La historiadora de la arquitectura Rosemarie Haag Bletter describió el rasgo más distintivo del art déco como su uso de una «suntuosa ornamentación». Los elementos más dinámicos se reservaban para las entradas y los remates superiores, donde la mezcla de diversos materiales creaba colores deslumbrantes o texturas ricas. En ocasiones, los edificios presentaban un degradado cromático —utilizando materiales oscuros en la base que se aclaraban progresivamente hacia la cima— para aumentar la visibilidad de la estructura. Los inmuebles art déco de la ciudad contaban con lujosos acabados interiores y exteriores mediante relieves, mosaicos y murales. Las representaciones alegóricas eran elementos decorativos habituales, como las colmenas que simbolizaban la industria en el edificio Fred F. French, las personificaciones de las virtudes en el Rockefeller Center o las figuras que retrataban la industria y las artes en el edificio International Magazine. Los accesos y vestíbulos de estos rascacielos a menudo se inspiraban directamente en la escenografía teatral, con marcos que emulaban cortinajes colgantes. Finalmente, los elaborados trabajos de herrería se fundían con vidrios decorativos, ya fueran esmerilados o grabados al ácido.