El Regimiento "Cazadores del Rímac" Nº3 de Línea fue un regimiento de caballería peruano presente en la guerra del Pacífico en la que actuó en la campaña de Lima hostigando a las fuerzas chilenas en su avance a la capital peruana. Historia Creación El regimiento Cazadores del Rímac tiene sus orígenes en los regimientos Lanceros de Lima y Cazadores a Caballo, ex-Húsares de la Guardia, ambos caballería de la Guardia Nacional. Tras ser destituido Luis La Puerta por Nicolás de Piérola, el ejército fue renovado, conformando nuevos ejércitos, mandos, divisiones y unidades. Los regimientos serían afectados por las reformas impuestas en la orden general del Ejército del Perú. El artículo 2º dictamina específicamente que: "Por resolución suprema de la fecha, se ha dispuesto que el Regimiento Provisional de "Lima" Nº1 y "Cazadores a Caballo" Nº4, se refundan en uno solo con el nombre de Regimiento "Rímac" Nº3, nombrándose 1º jefe de este al Coronel graduado don José Mariano Alvizuri"
Acciones Ya teniéndose noticias del avance chileno a Lima por Pisco, Piérola comisiona al Coronel Pedro José Sevilla Yturralde a resguardar el camino de Pisco a Lurín con el regimiento Cazadores del Rímac de 365 plazas (el historiador Mariano Paz Soldán le asigna 333 plazas). Acompañaban al regimiento 150 infantes montados comandados por el Coronel Victorino Arciniega y la columna montada Guerrilleros de Cañete mandada por el agricultor don Celestino Conde.
miniaturadeimagen|izquierda|Coronel Pedro José Sevilla Yturralde
El regimiento observa al enemigo durante su avance, informando a Lima de cualquier movimiento. Hace acto de presencia en los pozos de Jagüey los días 16 y 17 de diciembre, consignado en el "Diario de la marcha del Capitán de Navío Patricio Lynch, al frente de la 1º Brigada de la 1º División..." chilena, que relata que: "La caballería peruana... se contentó solamente con observar el trabajo desde lejos, haciendo de cuando en cuando descargas, que... no dieron en el blanco".
El 18 de diciembre, en el Valle de Cañete, hostiga a las fuerzas chilenas exploradoras que bajan a descansar a la hacienda de Herbay Bajo. Los Cazadores del Rímac, parapetados en un foso, iniciaron una descarga contra los Granaderos a Caballo, que rechazaron a los peruanos. Toda la noche, el Coronel Sevilla y Arciniega, defendieron con insinuado tesón los fosos y tapiales de Herbay y sólo a las 5 de la mañana del día siguiente, abandonaron sus defensas dirigiéndose a Cañete. Se retira al pueblo de Mala, donde recibe órdenes supremas por telégrafo, para que se sitúe en el pueblecito de Calango, y auxiliado por la gente de la zona, hostilice al enemigo.
Sevilla informa a Piérola sobre las acciones en Herbay, y en los otros dos telegramas, ambos bandos se adjudican la victoria, supuestamente haciendo huir a los enemigos, lo cierto de ellos es haber tomado prisionero al soldado de los Granaderos Estanislao Carrizo.
Los Cazadores del Rímac y los montoneros emboscan a las fuerzas chilenas en la hacienda de Bujama, ocultos en los matorrales. Observaron a los jinetes enemigos, que acamparon y hasta desensillaron. Cuando vieron que ningún enemigo se encontraba montado, rompieron los fuegos. Los infantes chilenos cargaron sobre los matorrales, y entonces los peruanos tocaron retirada.
El 23 de diciembre sólo hubo pequeñas escaramuzas, y Paz Soldán nos refiere que: "Los propios que mandó Sevilla a Lima, haciendo saber su peligrosa situación y el camino que pensaba seguir, no volvían, porque cayeron en poder del enemigo (el día 26)"
El Dictador Piérola da órdenes a Sevilla de replegarse a la capital, antes de quedar copado por el enemigo con su regimiento.
Sevilla decide entrar a Lima por Cieneguillas. Se previene mal que tropas peruanas ocupan el valle y defienden especialmente el río Lurín. Se sabe que los chilenos se preparan a desembarcar en Chilca, por lo que se corre a la derecha hasta el pueblo de Calango, a 23 km de la costa, Valle de Mala, en demanda del camino de Cieneguilla por las serranías.
Paz Soldán relata que: "Con tal propósito se movió su regimiento de Calango en dirección a Pachacámac o Cieneguillas, el 25 de diciembre, pero el inexperto guía equivocó el camino y los metió en una encrucijada de cerros y quebradas de donde salieron con mil dificultades, el 27, al anochecer a las lomas del Manzano, muertos de hambre y sed, jinetes y caballos".
miniaturadeimagen|Lomas del cerro El Manzano
Sin embargo, el enemigo había trazado un plan y la trampa se cerraba sobre sus fuerzas en la marcha a Lima. El Coronel Orozimbo Barbosa, jefe de la 2º Brigada chilena de la 2º División, comenta en su parte a su superior: "A consecuencia de haber llegado a este campamento repetidos denuncios de que se aproximaba una fuerza enemiga de caballería salida de Calango, hice colocar en previsión de todo evento fuertes avanzadas de los distintos cuerpos a mi mando procurándoles una posición ventajosa desde la cual pudieran observar el movimiento y dirección del enemigo".
Combate de El Manzano
izquierda|miniaturadeimagen|205x205px|Mapa del lugar del Combate de El Manzano
El coronel Barbosa describe el combate en los siguientes términos: "El día 27 del corriente a las 6 p.m. el capitán de una de las avanzadas del Regimiento Curicó dio aviso de que en dirección al Manzano o Pueblo Viejo se avistaban fuerzas enemigas de infantería y caballería
Inmediatamente me trasladé al lugar amagado y en previsión de que las fuerzas avanzadas fueran numerosas y de que el jefe enemigo proyectara una sorpresa, ordené que todo el Regimiento Curicó se pusiera en marcha, con el objeto de reforzar sus compañías avanzadas y apoyarlas en el combate
A retaguardia de este regimiento, hice colocar cinco compañías del 3º de Línea, escalonadas en el trayecto que forzosamente tenía que recorrer en su marcha el enemigo, procurando evitar que en ningún caso puedan cruzarse sus fuegos y ofenderse recíprocamente.
El resto del Regimiento 3º de Línea, Lautaro, Batallón Victoria y la batería de artillería, recibieron también órdenes de estar listas para el ataque, y al efecto ocuparon las posiciones que estimé más ventajosas para cortar la retirada del enemigo."
Paz Soldán relata: "Una hora después (7 de la noche) entraban a la quebrada del Manzano, que se hallaba dominada por la derecha por un elevado barranco; por la izquierda por otros cerros; la división chilena estaba oculta en las zanjas de esos cerros, y cuando supuso que todo el regimiento estuviera ya dentro de la quebrada rompió sus fuegos de fusilería; felizmente el cuerpo fue divido en tres cuerpos para pasar por la quebrada, lanceros y la banda (de música) a vanguardia, el parque (de la 1º brigada de caballería) al centro y los carabineros a la retaguardia."
Tras un corto Consejo de Guerra en el Regimiento Cazadores del Rímac Nº3, se decidió marchar de frente y romper las filas enemigas que los rodean.
Paz Soldán explica que: "Al oír los primeros tiros, avanzaron los lanceros y salvaron el peligro; los del centro se defendían pie en tierra, porque el sitio no permitía maniobrar de otro modo; los de la retaguardia, al mando del Capitán Ascona, que aún no había entrado al fondo de la quebrada, (se) desplegaron en guerrilla."
Barbosa aclara que: "Quince minutos después de empeñada la acción, temeroso, a causa de la oscuridad de la noche, de que puedan nuestras tropas ofenderse, mandé parar el fuego, orden que fue puntualmente obedecida. Veinte minutos más tarde, el enemigo repitió el ataque y dos veces sucesivas con cortos intervalos, pretendió abrirse paso a viva fuerza por entre las filas de nuestra infantería, la que repelió con bríos la acometida, consiguiendo tomarles algunos prisioneros y obligándolos por último a ponerse en fuga en completa dispersión, con dirección a los cerros que dominan la planicie en que tuvo lugar el encuentro."
miniaturadeimagen|207x207px|Representación alegórica chilena del combate de El Manzano
Paz Soldán describe que: "Los combatientes se hacían fuego a la quemarropa y al bulto, tal era la oscuridad de la noche; sin esta circunstancia no hubiera escapado un solo hombre del Rímac, pues se encontraba completamente cercado por las fuerzas enemigas; algunos escaparon trepando al escarpado cerro de la derecha, otros se quedaron ocultos tras algunas peñas. El Coronel Sevilla, pie a tierra (pues le mataron dos caballos), al ver la inevitable pérdida de su regimiento dejó su caballo, y peroraba a sus valientes soldados a no desmayar."
El Coronel Barbosa termina su parte: "A pesar de que la oscuridad de la noche era intensa, ordené a la escasa fuerza de Cazadores a Caballo que tenía a mis órdenes, saliera a cortar el paso de los fugitivos, designándole al efecto, se apostara en un portezuelo vecino al camino que había dado acceso al enemigo; hice avanzar al Regimiento Curicó y acampar diez cuadras más adelante de sus primeras posiciones, con orden de emprender antes del alba la persecución. Dos compañías del 3º de Línea fueron asimismo desplegadas en guerrilla a retaguardia de nuestra caballería con el objeto de apoyar sus movimientos.
A las 3 a.m., la infantería designada al efecto, reforzada por la caballería que pocas horas antes pedí al Cuartel General y que oportunamente se me envió, emprendí la persecución del enemigo acordonando por los infantes todos los cerros vecinos y enviando pequeñas fuerzas de caballería y de infantería a todas las quebradas y llanos en que oculto o fugitivo suponía estar el enemigo.
La persecución se prosiguió con toda actividad el día 28 y parte del 29, dando los favorables resultados que me prometía. Han caído en nuestro poder tres de sus principales jefes, siendo uno de ellos el comandante del Regimiento Rímac, señor Coronel Sevilla, 9 oficiales, 1 cirujano, 1 practicante, 1 telegrafista y 120 individuos de tropa.
El número de muertos que durante el combate y la persecución ha tenido el enemigo, pasa de 13, entre éstos el Teniente Coronel 2º Jefe don Baldomero Aróstegui.
Además de las ventajas anteriormente consignadas, se tomaron al enemigo más de 100 carabinas Remington, casi igual número de lanzas y sables y 120 caballos, y como complemento, más de 1000 animales entre vacunos, lanares y cabríos. Cayó asimismo en nuestro poder el aparato telegráfico de que se servía el enemigo, el instrumental de su banda de música, la documentación del regimiento e importantes comunicaciones privadas y oficiales."
Las bajas chilenas fueron la muerte por dos disparos del 2º comandante del Curicó, Teniente Coronel José Olano Arismendi, junto con 4 heridos chilenos. El regimiento Cazadores del Rímac perdió parte importante de sus tropas, quedando destrozado tras el combate y la persecución. Con la derrota, se designó a cumplir sus mismas funciones dentro del Ejército del Norte, pero bajo las órdenes directas del Estado Mayor General en la Hacienda de San Juan Grande, al regimiento de caballería Escolta de Su Excelencia.
Paz Soldán termina con estas palabras: "Los 137 dispersos se incorporaron, días después, al Ejército de Miraflores y San Juan"
Organización El Regimiento Cazadores del Rímac constaba de 1 escuadrón de lanceros, armados con lanza, sable y carabina, junto con 1 de flanqueadores armados con sable y carabina.
Armamento Las lanzas tenían asta de madera, medían 2.5 metros de largo, en la parte superior poseían punta de acero y regatón del mismo material en la parte inferior, ornada con una banderola bífida de seda bicolor (rojo y blanco) y sujetador de cuero para la mano.
Usaban carabinas norteamericanas modificadas en Perú de los mosquetones Remington Rolling Block, monotiro, calibre .50 pulgadas modelo 1871/1880 que poseían del embarque cedido por Costa Rica por una deuda anterior con el Perú.
Un pesado sable de caballería francés Chatellerault modelo 1839 o inglés modelo 1853 (para caballería ligera) unido al cinto de cuero por medio de dos tiros blancos engarzados en argollas complementa el armamento.