miniaturadeimagen|Gallinas ponedoras en una jaula en batería. Según la Comisión Europea, más de 200 millones de gallinas en la UE viven en jaulas.

El sufrimiento animal es la experiencia de estados afectivos negativos (como dolor, miedo, estrés o angustia) por parte de animales no humanos. A diferencia del concepto de bienestar de los animales, que designa el marco normativo y práctico orientado a garantizar condiciones de vida aceptables, el sufrimiento animal se refiere al fenómeno empírico de la experiencia de estados negativos, sus tipos, causas y magnitud. Desde mediados del siglo XX, el estudio científico de la sintiencia animal ha demostrado que un amplio rango de especies poseen los sustratos neurológicos necesarios para experimentar sufrimiento, lo que ha impulsado reformas legislativas, debates éticos y movimientos sociales orientados a reducirlo.

El sufrimiento animal es objeto de estudio de la etología, la neurociencia, la veterinaria y la ética animal, y constituye el problema central del campo del bienestar de los animales. Las principales fuentes de sufrimiento animal identificadas en la literatura científica incluyen la ganadería intensiva, la experimentación con animales, las prácticas de ocio con animales y los procesos naturales que afectan a los animales salvajes.

Bases científicas Neurobiología del dolor animal La investigación en neurociencia ha establecido que los vertebrados poseen nociceptores, vías nerviosas ascendentes y estructuras cerebrales análogas a las que procesan el dolor en los seres humanos. En mamíferos y aves, la presencia de sistemas de opioides endógenos y las respuestas conductuales ante estímulos nocivos, como la evitación, la vocalización y los cambios fisiológicos, constituyen evidencia convergente de la capacidad de experimentar sufrimiento. En peces, los trabajos de Lynne Sneddon a partir de 2003 demostraron la presencia de nociceptores en la trucha arcoíris y respuestas conductuales complejas ante estímulos dolorosos, abriendo un debate científico sobre la capacidad de sufrimiento en vertebrados acuáticos.

Sintiencia en invertebrados Investigaciones recientes han ampliado la discusión sobre la sintiencia a los invertebrados. Estudios en cefalópodos, especialmente pulpos, han documentado comportamientos indicativos de experiencia subjetiva, como la evitación condicionada de estímulos nocivos y la búsqueda activa de analgésicos. En 2021, un informe encargado por el Gobierno del Reino Unido y elaborado por Jonathan Birch y colaboradores de la London School of Economics concluyó que los crustáceos decápodos y los cefalópodos son seres sintientes, lo que condujo a su inclusión en la Animal Welfare (Sentience) Act británica de 2022.

Declaraciones científicas En 2012, un grupo de neurocientíficos firmó la Declaración de Cambridge sobre la Conciencia, que afirmó que los mamíferos, las aves y otros animales poseen los sustratos neurológicos que generan la conciencia. En 2024, la Declaración de Nueva York sobre la Conciencia Animal amplió este consenso, afirmando que existe una posibilidad realista de experiencia consciente en todos los vertebrados y en muchos invertebrados, y que cuando existe tal posibilidad, hay una obligación de considerar los riesgos para el bienestar de esos animales.

Tipos y manifestaciones del sufrimiento animal La literatura científica ha documentado y clasificado diversas formas de sufrimiento que los animales experimentan en distintos contextos. A continuación se describen los tipos principales, con especial énfasis en la ganadería intensiva, que por el número de individuos afectados constituye la fuente más ampliamente estudiada.

Mutilaciones y procedimientos dolorosos En la ganadería intensiva se practican de forma rutinaria diversas mutilaciones sin anestesia ni analgesia, documentadas como causantes de dolor agudo y, en algunos casos, crónico. Entre las más frecuentes se encuentran el corte de picos en gallinas ponedoras (para prevenir el picaje derivado del estrés del hacinamiento), la castración de lechones y terneros, el corte de colas en cerdos y ovejas, el descornado en bovinos y el corte de dientes en lechones. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha recomendado en varias ocasiones el uso de anestesia o analgesia en estos procedimientos, aunque su aplicación sigue siendo minoritaria en la práctica.

Confinamiento y restricción de movimiento El confinamiento en espacios reducidos que impiden el ejercicio de comportamientos naturales es una de las formas de sufrimiento más extendidas. Las jaulas en batería para gallinas ponedoras proporcionan un espacio aproximado de 550–750 cm² por ave (inferior a una hoja A4), lo que imposibilita extender las alas, anidar o perchar. Según datos de la Comisión Europea, más de 350 millones de gallinas ponedoras son mantenidas en la Unión Europea, de las cuales alrededor de 210 millones viven en jaulas enriquecidas. En España, cerca del 69 % de las ponedoras se crían en jaula, una proporción muy superior a la media europea del 40 %.

Las cerdas reproductoras son confinadas en jaulas de gestación durante la mayor parte de su vida reproductiva. Estas jaulas, de dimensiones apenas superiores al cuerpo del animal, impiden que la cerda se dé la vuelta, camine o realice comportamientos maternales como la construcción del nido. Los terneros de engorde han sido tradicionalmente criados en cajas individuales que restringen el movimiento y el contacto social, práctica prohibida en la UE desde 2007 pero aún vigente en otros países.

Separación maternal forzada En la industria láctea, los terneros son separados de sus madres habitualmente durante las primeras 24–72 horas de vida para destinar la leche al consumo humano. Tanto las vacas como los terneros muestran señales de estrés agudo tras la separación, incluyendo vocalizaciones prolongadas, agitación y disminución del apetito, comportamientos que pueden persistir durante días. En la producción porcina intensiva, los lechones son separados de la cerda a edades tempranas (frecuentemente entre los 21 y 28 días, frente a un destete natural que ocurriría entre los 3 y 4 meses), lo que se asocia con conductas estereotipadas y signos de estrés tanto en la madre como en las crías.

Estrés ambiental crónico Los animales en sistemas intensivos están expuestos de forma crónica a condiciones ambientales adversas. Las altas concentraciones de amoníaco y metano en instalaciones con ventilación insuficiente provocan irritación de las vías respiratorias, lesiones oculares y enfermedades respiratorias crónicas, especialmente en aves y cerdos. Estudios en naves avícolas han registrado concentraciones de amoníaco que superan frecuentemente las 25 ppm recomendadas como límite de exposición, lo que se asocia con queratoconjuntivitis, traqueítis y reducción de la función inmunitaria. Otros factores de estrés ambiental crónico incluyen la iluminación artificial inadecuada (ciclos de luz excesivamente prolongados para maximizar la producción), el ruido constante, la ausencia de sustrato para escarbar (en aves) o de materiales manipulables (en cerdos), y las temperaturas extremas en instalaciones sin climatización adecuada.

Alteraciones genéticas y crecimiento forzado La selección genética orientada a maximizar la producción ha generado líneas animales que experimentan sufrimiento derivado de su propia conformación corporal. Los pollos de engorde (broilers) modernos alcanzan el peso de sacrificio en aproximadamente 42 días, frente a los 84 días que requería la misma especie en la década de 1950. Este crecimiento acelerado provoca trastornos musculoesqueléticos (como discondroplasia tibial y deformidades en las patas), insuficiencia cardiovascular (síndrome de muerte súbita y ascitis) y dermatitis de contacto por la incapacidad de desplazarse.

En las vacas lecheras de alta producción, la selección genética para incrementar el rendimiento lácteo se asocia con una mayor incidencia de mastitis, cojera y trastornos metabólicos. Los pavos de engorde han sido seleccionados hasta el punto de que muchos individuos son incapaces de reproducirse de forma natural debido a su tamaño corporal.

Sufrimiento psicológico y conductual Los animales confinados desarrollan con frecuencia comportamientos estereotipados o anormales repetitivos, indicativos de sufrimiento psicológico crónico. Entre los más documentados se encuentran el mordisqueo de barrotes en cerdas enjauladas, el picaje de plumas en gallinas, el balanceo repetitivo en elefantes y grandes simios en cautividad, y la natación circular en peces de piscifactoría. La privación de contacto social en especies gregarias, la imposibilidad de realizar comportamientos naturales (como el baño de polvo en gallinas, el hozar en cerdos o la exploración del entorno en mamíferos) y la indefensión aprendida derivada del confinamiento prolongado constituyen formas adicionales de sufrimiento psicológico documentadas en la literatura científica.

Contextos del sufrimiento animal Ganadería intensiva

La cría intensiva de animales constituye, por el número de individuos afectados, la principal fuente de sufrimiento animal identificada por investigadores y organizaciones de bienestar animal. Según estimaciones de la FAO, cada año se sacrifican más de 80 000 millones de animales terrestres para la producción de alimentos a nivel mundial, la inmensa mayoría en sistemas de producción intensiva. A esta cifra se suman entre 1 y 2,7 billones de peces criados o capturados anualmente. Los tipos de sufrimiento descritos en la sección anterior (mutilaciones, confinamiento, separación maternal, estrés ambiental, alteraciones genéticas y estereotipias) se manifiestan de forma combinada y sistemática en estos sistemas productivos.

Experimentación con animales

miniaturadeimagen|Conejos en un laboratorio de investigación. Se estima que entre 115 y 200 millones de animales son utilizados anualmente en experimentación a nivel global. Se estima que entre 115 y 200 millones de animales son utilizados anualmente en investigación científica a nivel global, incluyendo ensayos de toxicología, investigación biomédica y pruebas de productos cosméticos e industriales. Los procedimientos pueden causar dolor, estrés, miedo y sufrimiento prolongado. El principio de las tres erres (reemplazo, reducción y refinamiento), propuesto por Russell y Burch en 1959, constituye el marco ético predominante para minimizar el sufrimiento en la experimentación.

Animales en el entretenimiento Diversas formas de uso de animales con fines recreativos generan sufrimiento documentado. La tauromaquia, los circos con animales, los zoológicos con condiciones inadecuadas y las carreras de animales han sido objeto de críticas por parte de científicos del bienestar animal y de movimientos de derechos de los animales. En la Unión Europea, al menos 13 Estados miembros han adoptado restricciones o prohibiciones parciales sobre el uso de animales salvajes en circos.

Animales salvajes

miniaturadeimagen|Un licaón devorando a su presa en el Parque nacional Kruger. La depredación es una de las principales causas de sufrimiento entre los animales salvajes. El sufrimiento de los animales que viven en estado salvaje, causado por la depredación, las enfermedades, el hambre, las condiciones climáticas y los desastres naturales, ha sido objeto de atención creciente en la ética animal. Dado que la mayoría de las especies animales siguen una estrategia reproductiva r (produciendo grandes cantidades de descendientes de los que la mayoría muere poco después de nacer), algunos autores argumentan que la mayor parte del sufrimiento animal en el mundo ocurre en la naturaleza. La investigación sobre posibles intervenciones para reducir este sufrimiento constituye un campo emergente vinculado a la ética animal y al altruismo eficaz.

Perspectivas éticas Utilitarismo y sufrimiento animal