Carlos de Villegas (San Antonio de Morayo, Real Audiencia de Charcas, 1 de marzo de 1824 – La Paz, Bolivia, 7 de enero de 1897) fue un militar boliviano, estadista y político que prestó servicio durante la Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana, la Guerra entre Perú y Bolivia y la Guerra del Pacífico. Fue considerado un destacado héroe de guerra en Bolivia y ocupó diversos cargos a lo largo de su vida, entre ellos el de ministro de Guerra. Fue padre del general boliviano Carlos Manuel de Villegas.

Al iniciar su carrera militar a temprana edad, Villegas participó en conflictos internos e internacionales a lo largo de las décadas centrales del siglo XIX, en un contexto de inestabilidad política en Bolivia. Durante las presidencias de Manuel Isidoro Belzu y José María Linares, combatió en defensa del gobierno frente a diversas insurrecciones y, en 1857, apoyó el ascenso de Linares al poder. Más adelante se apartó de Linares tras la ruptura encabezada por su ministro de Guerra, José María de Achá.

Bajo el gobierno de Achá, consolidó su trayectoria y alcanzó el grado de general, ocupando cargos en el Ejército y en la administración pública. En 1864 fue exiliado tras la llegada al poder de Mariano Melgarejo y posteriormente se reincorporó a la vida política y militar. En 1876, el presidente Hilarión Daza lo nombró ministro de Guerra, cargo desde el cual participó en la represión del levantamiento encabezado por Andrés Ibáñez. Durante la Guerra del Pacífico, comandó una división del ejército aliado y participó en la batalla de San Francisco, donde resultó herido y fue capturado. Tras el conflicto, continuó ocupando puestos de alta responsabilidad hasta su retiro a comienzos de la década de 1890.

Primeros años y carrera militar Nacimiento y juventud Villegas nació en San Antonio de Morayo, provincia de Chichas, el 1 de marzo de 1824. Sus padres fueron José Fausto Villegas y Agustina Aramayo de Villegas. Pasó sus primeros años en esa provincia, donde recibió una educación muy limitada, debido a la escasez de escuelas en esa época y a que estas se encontraban principalmente en las capitales. Aún joven, impulsado por su carácter aventurero, se alistó en el ejército y se distinguió con rapidez. El 22 de abril de 1838 fue ascendido a cadete como recompensa por su buena conducta.

Guerra de la Confederación e Ingavi left|thumb|El ataque al Pan de Azúcar durante la batalla de Yungay. Villegas, aunque joven, estuvo presente allí. Como cadete, participó en la campaña de la Confederación Perú-Boliviana. Villegas se destacó en la batalla de Buin el 6 de enero de 1839, así como en la batalla de Yungay, ocurrida en el mismo mes y año. Por su valentía y conducta durante esta guerra, adversa para Bolivia, recibió una medalla de honor por la «Pacificación del Perú». El presidente provisional José Miguel de Velasco ascendió al joven cadete al grado de alférez el 20 de mayo de 1839. Posteriormente, cuando Velasco fue proclamado presidente constitucional, Villegas fue ascendido nuevamente y recibió el grado de teniente el 20 de septiembre de 1840. Como teniente, participó en la campaña defensiva posterior a la invasión de Agustín Gamarra, dirigida por el general José Ballivián, contribuyendo a la victoria en Ingavi el 18 de noviembre de 1841. Tras esta victoria, Villegas fue ascendido al grado de capitán por el presidente provisional Ballivián el 21 de noviembre de 1841, tres días después del combate. Al mismo tiempo, fue condecorado con una medalla de honor y declarado «benemérito de la patria en grado heroico y eminente». Entre quienes marcharon al Perú después de Ingavi se encontraba Villegas, quien permaneció en el país vecino hasta la conclusión de los tratados entre Bolivia y Perú.

Villegas participó en diversas batallas que adquirirían relevancia en la historia militar de Bolivia. En Iruya y Montenegro, los bolivianos derrotaron a los argentinos, y en Yanacocha e Ingavi, derrotaron a los peruanos. Al impresionar a sus superiores en cada una de estas acciones, Villegas fue considerado un oficial ejemplar. Fue ascendido a mayor el 18 de noviembre de 1845, con sus despachos firmados por el presidente Ballivián. Alcanzó el grado de comandante el 31 de mayo de 1848, con sus despachos firmados por el presidente Velasco. El 18 de octubre de 1848 participó en la batalla de Quirpinchaca y, pocos días después, el 6 de diciembre, en la batalla de Yamparáez. En ambos enfrentamientos, Villegas defendió el régimen de Velasco frente a las sublevaciones de caudillos que intentaban arrebatarle el poder. El general Manuel Isidoro Belzu logró hacerse con la presidencia en los campos de Yamparáez. Respaldado por los sectores populares, a quienes prodigó favores, Belzu se opuso a los aristócratas del país. Villegas se unió a los adversarios de Belzu y, durante el período en que gobernó el partido belcista, se mantuvo entre los insurgentes, combatiendo en apoyo de José María Linares. El conflicto civil que se desarrolló en Bolivia en este período es considerada una de las más tenaces y sangrientas de la historia del país.

Caos interno Conflicto entre belcistas y linaristas Triunfo de Linares y condena a muerte de Villegas Durante la guerra civil entre belcistas y linaristas, encabezados por Belzu y Linares, Villegas se alineó con el bando de Linares en un contexto de alta polarización política y social. Según Kramer, en ese período Linares otorgó ascensos durante la insurrección, y Villegas recibió los grados de teniente coronel y coronel. Tras el triunfo de la causa linarista y la confirmación de esos grados, presentó su renuncia, aunque posteriormente se le volvieron a conferir los despachos.

En 1856, durante el gobierno del general Jorge Córdova, Villegas fue detenido en La Paz bajo la acusación de participar en una conspiración destinada a proclamar la presidencia de Linares. Junto con otros implicados fue sometido a juicio y condenado a la pena capital. No obstante, guiado por la clemencia que se atribuía a Córdova, el gobierno conmutó la sentencia por prisión para ocho de los conspiradores. Los tres restantes, el coronel Villegas, el mayor Eduardo Dávalos y el sargento Manuel Angulo, debían ser ejecutados el 8 de marzo.

thumb|277x277px|El conflicto del general Belzu con Linares permitió que Villegas ascendiera con rapidez dentro de las filas del ejército. Para 1858, ya era coronel.

La población de La Paz quedó profundamente conmocionada y recurrió a todos los medios disponibles para salvar a los condenados. A medida que estos se acercaban al patíbulo, el tono de las súplicas se transformó en amenazas, hasta el punto de que la multitud se armó para impedir la ejecución. En particular, destacaron dos jóvenes ciudadanos de Cochabamba, don Cupertino Méndez y don Pedro Nernuldes. El peligro de un choque entre el pueblo y las fuerzas armadas era inminente. El propio Córdova observó la escena desde los balcones del palacio, donde «el clamor popular ahogaba todo otro ruido».

Según fue consignado por Luis M. Guzmán en Historia de Bolivia, los hechos ocurridos ese día eran casi habituales en Bolivia. Aunque aprobó la clemencia mostrada, también condenó al partido belcista:

Al fin, la compasión triunfó sobre la severidad de las leyes militares. Los condenados mostraron valor y serenidad al marchar hacia el patíbulo. El general Córdova, conmovido por estos sucesos, no solo les otorgó el perdón, sino que hizo que los condujeran al palacio; los abrazó y los puso en libertad. Semejante generosidad debió ser reconocida y apreciada, pero la aptitud administrativa no nace de las fuentes del sentimentalismo político. Córdova era la continuación de un gobierno espurio condenado por la opinión nacional, y esa ilegitimidad no se purgaba con los nobles impulsos de un individuo.

Otro testigo de esos sucesos describió del siguiente modo el comportamiento de Villegas durante el trance:

Se me aseguró que había sido capturado uno de los linaristas más intransigentes, y este era el coronel, aún joven, Carlos de Villegas. Tenía muy buenas noticias sobre este militar y quise comprobar el gran valor personal que tanto se me había elogiado. Me puse en observación, valiéndome de mi posición y de mis relaciones. No es raro entre los militares bolivianos esos arranques de coraje que deciden una batalla... sin embargo, me ha asombrado ver a un joven, lleno de esperanzas, en medio de una carrera brillante, sentenciado a muerte, sereno y resuelto, sin mostrar deseo de vivir, esperando la muerte como se espera el alivio después de un día caluroso en nuestros Yungas, cuando la noche templa el ardor de un sol de verano. Así vi a Villegas, por informes durante su prisión y en el camino al patíbulo, orgulloso sin afectación, tranquilo sin apariencia; tenía un alma muy templada, y quizá por eso sus ideas filosóficas eran audaces e inconmovibles, como lo demostró después.

Caída de Linares El panorama político en Bolivia cambió con la caída de Córdova y el ascenso de Linares. La desorganización de los poderes del Estado e incluso de las instituciones sociales era completa. Linares emprendió un programa de reformas con la intención de modernizar el país, pero carecía de la paciencia y prudencia que exigían cambios de tal alcance. Volvieron las intrigas y conspiraciones, lo que lo llevó a proclamarse dictador para facilitar la promulgación de sus decretos. Debido a que castigó con extrema severidad a quienes resistían a su gobierno, empezó a perder popularidad hasta ser derrocado mediante un golpe de Estado el 14 de enero de 1861. Durante la administración de Linares, Villegas, que había combatido contra Belzu y Córdova, continuó en el servicio militar. Tras haber renunciado a los grados obtenidos durante el alzamiento linarista, fue «llamado nuevamente al servicio activo el 8 de septiembre de 1857, con el grado de coronel efectivo». Este despacho, firmado por el presidente Linares y el ministro de Guerra José María de Achá, fue expedido en Oruro el 1 de febrero de 1859. Villegas se mantuvo leal hasta que Achá traicionó a Linares y lo derrocó.

Gobiernos de Achá, Melgarejo, Morales y Ballivián thumb|206x206px|Villegas vivió exiliado durante gran parte de la presidencia de Melgarejo.

Durante la administración de Achá, Villegas sirvió como coronel en el «Escuadrón Bolívar», habiendo ocupado previamente el cargo de comandante general de Oruro. Por decreto del 19 de septiembre de 1862, Achá le confió de manera interina el cargo de ministro de Guerra. En ese período participó en la batalla de San Juan, el 15 de septiembre de 1862, y en el asalto a las barricadas de La Paz, el 16 de octubre, donde resultó herido. La Asamblea Legislativa Extraordinaria reunida en Oruro promovió a Villegas al grado de general de brigada por ley del 25 de junio de 1863. Posteriormente, fue elegido diputado por el distrito de Chayanta para la Asamblea Nacional de 1863, a la que concurrió en esa calidad. Ocupó sucesivamente los cargos de inspector general del Ejército, comandante general del departamento de Cochabamba, prefecto y comandante general del departamento de Oruro, presidente del Tribunal Militar y jefe de Estado Mayor.