La praticultura (del latín pratum, el prado, y cultura, cultivo) es el conjunto de prácticas y disciplinas encaminadas a la producción y aprovechamiento de la hierba para alimento del ganado.

Historia derecha|miniatura|Prado de siega en Cantabria, norte de España. La hierba es cortada por medios manuales o mecánicos para la alimentación del ganado. Al fondo se observan fardos enfundados de hierba seca de cortes anteriores. Hacia los años 7000 a.C., pueblos asentados en el sudoeste de Asia, lograron la domesticidad de animales herbívoros para servirse mejor de su energía y sus productos. La necesidad de alimentar a estos animales puede señalar un ancedente remoto de la praticultura, ejercida bajo pastoreo; sin embargo, las bases científicas de la praticultura propiamente dicha surgieron en el , del conocimiento de los principios ecológicos, y su aplicación extensiva ha comenzado a ser practicable con el desarrollo de la tecnología. Los nuevos conocimientos de las ciencias básicas y de su aplicación a la praticultura presentan un campo de experiencias ilimitado, ya que son muy complejos y variados los problemas que resolver, desde los grandes planteamientos de estructura agraria hasta la obtención e implantación de variedades de cultivo, de mejorar características y técnicas para su óptima aprovechamiento.

Principios Son principios que inspiran a la praticultura: asegurar la persistencia del pasto durante la época fijada para su aprovechamiento; mantener la fertilidad del suelo que lo sustenta; lograr la máxima calidad de la hierba; obtener de ésta el máximo rendimiento, mediante su transformación en productos ganaderos.

Dentro de los principios enunciados hay que tener en cuenta los beneficios indirectos que se desprenden de su aplicación, muy especialmente la detención de la erosión y la mejora del suelo. El enfoque actual de la praticultura es eminentemente ecológico, ya que ha de atender a las interacciones del medio, la hierba y los animales; entran también en juego factores ajenos al medio físico, como son: rentabilidad de las inversiones, mecanización de las labores, disponibilidad de mano de obra, necesidades de los animales, etcétera.

El prado En sentido estricto, es una comunidad de plantas herbáceas mesofíticas, que forman un tapiz más o menos denso y perenne, en equilibrio dinámico con el medio; considerado como cultivo, ocupa en el mundo el primer lugar en extensión y en producción totales.

En ciertos medios geográficos, el óptimo de la vegetación (clímax) está representado por prados naturales; este es el caso de los prados de montaña de tipo alpino, así como el de las grandes formaciones herbáceas del mundo: las praderas norteamericanas de gramíneas altas anuales, con tipos de transición a la estepa interior; las pampas sudamericanas; las sabanas de África, América del Sur y Australia, diseminadas de árboles caducifolios en la estación seca; las estepas continentales de gramíneas, de gran extensión en las regiones áridas del mundo, con sus variantes leñosas. Estas grandes formaciones son en parte susceptibles de transformación y reservan al mundo importantísimos recursos; sin embargo, la mayoría de los prados intensamente explotados responden, por su origen, a la acción del hombre, que ha provocado su extensión en zonas previamente deforestadas, estabilizando después la evolución progresiva de la vegetación en etapas intermedias (subclímax) de agrupaciones herbáceas, o bien partiendo de etapas inferiores por medio de cultivos y riegos. También se distingue entre prados permanentes, estabilizados como subclímax, y prados temporales, establecidos por periodos de uno o más años sobre tierra labrada y tratados como verdaderos cultivos. Con frecuencia, el prado temporal forma parte esencial de la rotación de cultivos agrícolas, con lo que puede mejorarse el rendimiento de la tierra, que se beneficia del papel que tiene el césped como reconstructor del suelo.

Distintos tipos de prado Por el modo de aprovechamiento, se distingue entre prado de diente, sometido a pastoreo, y prado de guadaña, del cual se extrae la hierba cortada sin que entre el ganado. Hay prados con fines especiales, como pueden ser los destinados a la producción de forrajes en las épocas críticas, o bien los productores de semilla, etc. Los prados de producción estacional pueden clasificarse según sus épocas de aprovechamiento. Por la flora puede referirse el tipo de prado al nombre de las plantas dominantes; así se habla de alfalfar, cervunal, prado de ballico, trébol, etc.

Las plantas del prado Las plantas que dominan en los prados pertenecen casi en su totalidad a las familias gramíneas y leguminosas, que con frecuencia muestran caracteres complementarios. Las gramíneas suelen tener raíces fasciculadas, densas, no muy profundas, que renuevan constantemente, proporcionando con ello al suelo un importante aporte de materia orgánica y estableciendo en él innumerables conductos que mejoran su estructura y, por tanto, aumentan la permeabilidad, capacidad de retención de agua, aireación, etc.; en general, las gramíneas absorben con dificultad el calcio del suelo y muy bien el potasio; las más valiosas, en los pastos de regiones templadas y regiones húmedas, pertenecen a los géneros Lolium, Dactylis, Phleum, Phalaris, Festuca, Agrostis, Poa y Cynosurus. Las leguminosas, por el contrario, suelen tener la raíz principal bien desarrollada y más profunda, por lo que muchas de ellas pueden soportar climas más áridos, permaneciendo verdes y productivas en los periodos secos; en los nódulos que se forman en sus raíces se fija el nitrógeno del aire, que asimilan y aportan al suelo en cantidades que llegan a varios centenares de kg/ha; en general, requieren más luz que las gramíneas y, a diferencia de éstas, absorben bien el calcio del suelo y peor el potasio; entre las más valiosas se encuentran muchas especies de los géneros Trifolium, Medicago, Vicia y Onobrychis.

La zona mediterránea, y concretamente la península ibérica, destaca por su riqueza en pratenses leguminosas; además de los géneros citados abundan los Hippocrepis, Coronilla, Astragalus, Hedysarum y Scorpiurus.

En los prados viejos suele haber muchas especies de otras familias que, en principio, deben eliminarse de la competencia con las pratenses más productivas; sin embargo, no todas ellas merecen el nombre de malas hierbas, pues parecen tener ciertas virtudes en la alimentación del ganado; en muchas de ellas se ha encontrado un mayor contenido mineral que en las pratenses cultivadas.

Práctica Son atributos de una buena pratense: su adaptación al medio, resistencia al corte, producción de renuevos basales, rapidez de establecimiento, «concurrencia» o agresividad frente a especies menos deseables, capacidad de vivir en densidad, floración tardía, máxima duración del periodo de crecimiento activo, continuidad y uniformidad de la producción, persistencia, alta producción de hoja, valor nutritivo, digestibilidad, palatabilidad y facilidad de conservarse en forma de heno. En prados de poca fertilidad o cierta aridez ha de tenerse en cuenta además la capacidad de mejora del suelo y la adaptación al sistema de aprovechamiento y al tipo de ganado pastante. Una buena combinación de especies puede reunir un óptimo de estas cualidades. La selección de variedades de cultivo (cultivares) se ha desarrollado intensamente a partir de la I Guerra Mundial, y es mucho lo que cabe esperar de esta técnica con la ayuda de la Fitogenética.

Para la valoración de los pastos es conveniente emplear técnicas universales utilizables en cualquier época del año. Con este criterio se han propuesto unidades de valoración química, aunque su valor indicativo siempre es parcial y depende en gran parte de los métodos de análisis, que deben completarse con los de digestibilidad in vivo. El rendimiento se expresa generalmente en peso de materia seca/ha en un tiempo determinado. Últimamente se han desarrollado métodos de valoración basados en la cantidad de clorofila por unidad de superficie del prado, y en su concentración con relación a los demás pigmentos. Puede ser práctico en ciertos casos expresar la producción del prado en productos ganaderos, por ejemplo, litros de leche por hectárea y año. Por carga se entiende el número de reses de la clase de ganado que se trate, o bien su equivalente en peso vivo, por unidad de superficie pastable; para facilitar las comparaciones hay establecidas equivalencias entre las distintas clases de ganado.

Principios básicos para la praticultura En la aplicación de los principios básicos de la praticultura se presentan numerosos problemas prácticos de carácter local, ya que están relacionados con el clima, el suelo, la flora, la fauna, la sucesión de los fenómenos biológicos, etcétera. En relación con la adaptación al medio, hay que considerar factores como intensidad y periodicidad de la luz, temperaturas del suelo y del aire y sus oscilaciones, cantidad y distribución del agua, contenido del suelo en nutrientes; cada uno de estos factores tiene dos valores entre los que es posible la vida de cada planta y un valor óptimo para su desarrollo normal. Una misma especie puede presentar variedades cuyo crecimiento está adaptado a unos óptimos locales (ecotipos), de gran interés en p.; pero, en general, especies afines presentan tendencias a unos óptimos semejantes. La producción de hierba es irregular a lo largo del año, pudiendo paralizarse al rebasar algún valor límite de los factores del medio. El máximo crecimiento suele tener lugar poco antes de la floración, que es el momento en que la planta alcanza una mayor superficie foliar con relación al área que ocupa (índice de área foliar o IAF); la humedad del suelo ayuda a movilizar las reservas acumuladas principalmente en la base de la planta, prestas a producir renuevos para continuar el crecimiento después del corte. La praticultura tiende a reducir los periodos de escaso crecimiento con la búsqueda e implantación de razas de floración tardía, con estímulos para alargar el periodo de aprovechamiento, como son los riegos y los abonos, y con una explotación más ajustada.

Implantación en el prado En la implantación de un prado hay que contar con las condiciones para la mecanización rentable de las labores a realizar: preparación del terreno, siembra, enmiendas, fertilización y recolección. Las pratenses se siembran generalmente a muy poca profundidad, sobre todo si el suelo es húmedo y pesado. Con las modernas sembradoras se regula bien la medida, más sembrando en líneas que facilitan la nascencia de las plantas en los suelos duros, por lo que puede ahorrarse mucha semilla. Las siembras puras son frecuentes en los prados cultivados para fines especiales; en los de diente, una buena mezcla de semillas proporciona un pasto más equilibrado en su crecimiento y un alimento más completo; además, el comportamiento complementario de las especies incluidas da lugar a un mejor aprovechamiento del suelo y de la luz, con lo que se obtiene una superficie foliar máxima; el conjunto del prado puede acusar menos las variaciones periódicas y permitirá alargar la temporada de producción.

Mezcla de semillas