thumb|right|250px|Una mujer dominante y un hombre sumiso practicando la feminización. La feminización, a veces feminización forzada (abreviada en idioma inglés como forcefem o forced femme),Fischer, Nancy L.; Seidman, Steven (2016). Introducing the New Sexuality Studies. Routledge, p. 351. y también conocida como sissificación, es una práctica en las subculturas de dominación y sumisión o kink, que implica la inversión de los roles de género y hace que un hombre sumiso asuma un rol femenino, lo que incluye el travestismo. Entre las variantes de esta práctica se incluyen el llamado «entrenamiento sissy» y otras variaciones, en las que se «entrena» al hombre sumiso para que se vuelva femenino.
Un hombre feminizado como fetiche sexual debe diferenciarse de ser una mujer transgénero, y las personas sumisas que la practican suelen ser hombres cisgénero. Se ha especulado que este fetiche tiene su origen en la presión social que ejerce la sociedad sobre los hombres para que sean tradicionalmente masculinos.
Práctica La feminización es una práctica en las subculturas de dominación y sumisión o kink, que implica la inversión de los roles de género: una pareja sumisa, normalmente un hombre, asume un papel femenino, a menudo para obtener placer sexual basado en la humillación erótica. Esto puede incluir el travestismo con ropa femenina, como lencería, maquillaje, joyas y perfume, actuar de manera (estereotípica o exageradamente) femenina, ser llamado por un nombre femenino, practicar sexo anal como pareja receptiva, llevar prótesis mamarias o la práctica del tucking.Blue, Violet (2006). "7: Cross-Dressing and Sissies". Fetish Sex: An Erotic Guide For Couples. Daedalus Publishing, pp. 119–140.
Los participantes en la feminización suelen representar juntos escenarios basados en la feminidad o la ropa (estereotípicamente) femenina de la pareja sumisa. Entre los escenarios más comunes se encuentran ser sorprendido probándose bragas o pintalabios; ser descubierto llevando lencería con volantes debajo de la ropa; ser una princesa; ser tratado como una «damisela en apuros» indefensa;Lindemann, Danielle J. (2012). Dominatrix: Gender, Eroticism, and Control in the Dungeon. University of Chicago Press, pp. 167–169. o ser contratado como mujer para un trabajo codificado como femenino, como enfermera, animadora, trabajadora sexual o mujer de negocios. En el HuffPost se describieron sesiones de feminización por parte de una dominatrix, afirmando que incluían prácticas humillantes para el sumiso «exhibiéndolo por ahí» vestido con tacones altos, maquillaje y lencería, mientras que otra dominatrix servía más como «animadora» de los hombres para que exploraran la feminidad.
A pesar del término «feminización forzada» —en tanto el escenario del juego de roles puede implicar que la pareja sumisa sea feminizada contra su voluntad—, se trata de una fantasía acordada por sus participantes. Si bien no todos los participantes están interesados en los aspectos BDSM de la feminización y pueden simplemente disfrutar de disfrazarse, también puede incluir actividades como azotes, pegging, bondage o humillaciones como burlarse del sumiso por tener un pene pequeño y blando, o referirse a su pene como clítoris. A la persona feminizada se le llama a veces «sissy» (término en inglés que se puede traducir aproximadamente como «afeminado» o «mariquita») y se puede decir que ha sido «sissificado».
Entrenamiento sissy y variaciones thumb|right|250px|Una de las variantes de la feminización forzada consiste en que el sumiso se disfrace como asistenta o sirvienta del hogar, con el traje clásico que la literatura y el cine ha normalizado. En subculturas kink, el «sissy training» o «entrenamiento de sissy» se refiere a un subconjunto de la feminización que consiste en un proceso guiado de transformación. Bajo la dirección de una pareja dominante (por lo general una mujer) un varón sumiso se seomete a un cambio estético y de comportamiento para que acepte un estilo de vida sumiso y femenino. La pareja dominante entrena lentamente al sumiso para que sea un sissy (lit., «afeminado» o «mariquita») con el tiempo, haciéndole adoptar comportamientos «ultrafemeninos» y participar en actividades (estereotípicamente) femeninas. Como parte de esto, es común que el sissy deba vestirse de mujer, se afeite el cuerpo, incluyendo el vello púbico, que aprenda a caminar en tacones, se maquille y use ropa interior femenina, para parecer más femenino. El entrenamiento sissy implica actividades no sexuales, como maquillarse o limpiar la casa, así como actividades sexuales. La práctica a menudo es altamente estructurada e incluye guías, calendarios de entrenamiento o programas digitales que ayudan a monitorear la obediencia y el progreso.
Una subcategoría más es el «entrenamiento de sirvienta sissy», un escenario comúnVarrin, Claudia (1998). The Art of Sensual Female Dominance: A Guide for Women. Carol Publishing Group, pp. 53–61. en el que la sissy asume el papel de sirvienta, encargándose de las tareas domésticas o sirviendo bebidas y comida en una fiesta, mientras se comporta de forma sumisa y lleva un uniforme de sirvienta con encajes y revelador, como un vestido de sirvienta francesa o un vestido de sirvienta de látex. La pareja dominante (generalmente una mujer) en un escenario de entrenamiento de sirvienta afeminada, puede actuar en el juego de roles supervisando las tareas domésticas de la sissy usando el castigo mediante azotes, humillación o ataduras, ya sea que la infracción sea real o inventada, o usando recompensas por el «buen» comportamiento, tales como permitir que el sumiso llegue al orgasmo.Boyd, Helen (2003). My Husband Betty: Love, Sex, and Life with a Crossdresser. Seal Press, pp. 176–179.
Otro subconjunto común es el «entrenamiento de slut» (lit. «entrenamiento de puta» o «entrenamiento de zorra»), en el que la pareja sumisa (por lo general una mujer) debe llevar ropa femenina «provocativa» que puede revelar mucha piel desnuda y mostrar las curvas de la sissy, mientras recibe burlas o se le reprende por ser supuestamente promiscua o excesivamente sexual. El entrenamiento consiste en hacer que la sissy, a menudo tímida o avergonzada, supere esas emociones, cambiando su mentalidad para actuar instintivamente de forma más provocativa y desinhibida. El entrenamiento puede incluir poses provocativas, como abrir las nalgas o exponer los genitales, y aprender a asumir instintivamente ciertas posiciones en determinados contextos.
Sociedad Según un artículo de HuffPost en el que se entrevista a trabajadoras sexuales, incluidas dominatrices y acompañantes, la feminización forzada es una de las fantasías sexuales más comunes entre los clientes de las trabajadoras sexuales: una dominatriz dijo que la gran mayoría de sus clientes quieren ser afeminados.
En el libro Dominatrix, de Danielle Lindemann, aproximadamente un tercio de una muestra de 305 clientes de trabajadoras sexuales estaban interesados en que los obligaran a travestirse. La fantasía es practicada en gran medida por hombres heterosexuales y cisgénero como parejas sumisas, aunque Vice señaló que también había hombres bisexuales y pansexuales presentes en una reunión de feminización sobre la que informaron, así como algunas personas de género fluido y transgénero. Sin embargo, en los escenarios de entrenamiento de zorras, la pareja sumisa no suele ser un hombre, sino una mujer. La pareja dominante también puede ser de cualquier género, si bien en los escenarios de entrenamiento de sirvientas, la dominante suele ser una mujer.
Kinkly describe el atractivo de la feminización como algo que proviene de la presión social que se ejerce sobre los hombres para que sean tradicionalmente masculinos, y cómo ser femenino puede hacer que los hombres se sientan culpables. Cuando un hombre que se siente atraído por la feminidad hace cosas consideradas femeninas como parte de un escenario en el que se supone que está «obligado» a hacerlas, esto puede proporcionarle una vía de escape para sus sentimientos y, al mismo tiempo, aliviar su culpa, ya que, dentro de la fantasía, es una fuerza externa la que le ha llevado a hacerlo. Debido a este estigma, puede seguir siendo difícil para cualquiera de los miembros de la pareja sacar a flote el tema de la feminización, sin saber cómo reaccionará el otro. Algunas personas también utilizan la feminización como una forma de explorar su sexualidad. Como práctica de juego de roles BDSM, la feminización puede resultar atractiva para los sumisos, ya que les hace sentir vulnerables y refuerza su papel. Las parejas dominantes pueden a su vez disfrutar de la feminización por sacar a relucir la personalidad femenina del sumiso, o por humillarlo eróticamente por su falta de masculinidad.
En su libro Fetish Sex, la escritora Violet Blue afirma que, aunque desde una perspectiva externa esta práctica puede parecer como que devalúa a las mujeres, las parejas sumisas que la practican suelen tener mucho respeto por ellas. En Gender Reversals and Gender Cultures, Sabrina P. Ramet escribe que, si bien la fantasía puede parecer contradictoria en su tratamiento de la feminidad como fuente de humillación, ya que a menudo se combina con el femdom —ya que se podría suponer que la ropa femenina del sumiso sería un símbolo de la superioridad femenina dentro de un juego de roles de femdom-feminización, las dos fantasías son independientes incluso dentro del juego de roles, ya que la humillación proviene del tabú cultural sobre el que un hombre vista ropa de mujer. Ramet, Sabrina P. (1996). Gender reversals and gender cultures: anthropological and historical perspectives. Routledge, pp. 12–14.
La feminización, como kink o fetiche sexual, no es lo mismo que ser una mujer transgénero. No obstante, según Ana Valens, que escribe para The Daily Dot, la feminización forzada continúa siendo una fantasía común entre las mujeres trans, debido a que a través de las fantasías de feminización estas pueden satisfacer su necesidad estigmatizadas por ser mujeres incluso antes de que haber admitido tener tal necesidad.
Representaciones culturales La artista visual Río Sofia creó en 2019 una serie de autorretratos con el tema de la feminización forzada, influenciada por la revista Forced Womanhood! y compartiendo su nombre. La feminización apareció en un episodio de la serie de televisión Ley y orden: Acción Criminal, que fue descrita como una representación poco realista por la autora Helen Boyd en su libro My Husband Betty.Boyd, Helen (2003), pp. 176–179.
Referencias
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