El Canto VI de la Odisea de Homero, subtitulado Llegada de Ulises al país de los feacios en la versión en prosa de Luis Segalá y Estalella (1910),Homero. La Odisea: CANTO VI. Llegada de Ulises al país de los feacios. Traducción de Luis Segalá y Estalella (1910). Vía Wikisource. es el primero de los cuatro cantos (o libros) que conforman el llamado «episodio de los feacios» (cantos VI al VIII y XIII). En este canto, Odiseo, tras siete años con Calipso en Ogigia y un naufragio provocado por Poseidón, llega desnudo y exhausto a la isla de Esqueria. Allí tiene su primer contacto humano significativo desde su partida de Troya.

Bajo el auspicio de Atenea, el encuentro entre el náufrago y Nausícaa, hija del rey Alcínoo, se convierte en un momento clave: marca el paso de la hostilidad divina (encarnada por Poseidón) a la hospitalidad humana (xenía) regida por los valores feacios.Pereira, Roberto. Nausícaa en la Odisea: El Simbolismo de la Hospitalidad y la Pureza en la Épica de Homero. Vía Revista Literaria El Candelabro. Consultado el 29 de enero de 2026. Este giro narrativo restaura la esperanza y pone en marcha el retorno definitivo de Odiseo a Ítaca.

Este canto destaca por su lirismo en el encuentro con Nausícaa, presentado como un momento de delicadeza humana que encarna los valores de la hospitalidad sagrada (xenía); y por servir de preludio a los relatos apologéticos de Odiseo (cantos IX–XII), donde el héroe narra en primera persona sus aventuras previas ante los feacios.

Argumento

Atenea interviene en sueños de Nausícaa, la hija del rey Alcínoo, instándola a lavar las ropas en el río para preparar su futuro matrimonio (vv. 25-40). La princesa, acompañada de esclavas, llega a los lavaderos de agua abundante y cristalina (vv. 85-95). Lavada la ropa, la tienden sobre los guijarros; luego, ellas mismas se bañan, se ungen con aceite perfumado, comen junto a la orilla y juegan a la pelota, con Nausícaa destacando por su gracia, como Artemisa entre sus ninfas (vv. 96-109). La pelota cae en un remolino profundo; el grito de las ninfas despierta a Odiseo, que duerme oculto entre arbustos cercanos, desnudo y cubierto de sal. Emerge cubriéndose sólo con una rama frondosa. Las esclavas huyen aterrorizadas, pero Nausícaa, sostenida por Atenea, permanece firme y no retrocede (vv. 110-149). Odiseo, a distancia respetuosa, le dirige un discurso astuto: compara a la princesa con Artemisa para halagarla y luego suplica humildemente un trapo para cubrirse y orientación hacia la ciudad (vv. 149-169). Nausícaa responde que no le parece vil ni insensato, ordena a las esclavas que le den vestido y aceite, y espera a que se lave en un lugar apartado (vv. 186-210). Atenea lo embellece milagrosamente, haciendo que parezca más alto y atractivo; Nausícaa, en su interior, desea en silencio un esposo así (vv. 227-237).

Odiseo recibe instrucciones precisas de Nausícaa para evitar murmuraciones al entrar en la ciudad: debe seguir de lejos el carro de la princesa, y esperarla en un hermoso bosque de álamos consagrado a Minerva (Atenea), junto al camino, donde mana una fuente y se extiende un prado, hasta que ella y las esclavas lleguen al palacio. Entonces debe entrar solo, dirigirse directamente a la reina Arete, abrazar sus rodillas y suplicar hospitalidad (vv. 255-315). El canto termina con Odiseo sentado en ese bosque sagrado, elevando una plegaria agradecida a Atenea (vv. 316-328).

Este canto marca un giro decisivo: Odiseo pasa del aislamiento total y la hostilidad del mar a la primera muestra genuina de hospitalidad (xenía) por parte de mortales. La valentía, inteligencia y piedad de Nausícaa prefiguran la acogida refinada de los feacios, en contraste con la brutalidad de los cíclopes o la impiedad de los pretendientes. El episodio, preámbulo de la acogida del héroe en la corte del rey Alcínoo (Canto VII), anticipa el relato de sus aventuras (Apólogos: cantos IX-XII).

Estructura y contenido

Mientras Odiseo duerme «entre los espesos arbustos de la selva umbría» (Canto V, vv 465-474), Atenea va al palacio del rey feacio Alcínoo en Esqueria. Allí penetra como un soplo de viento en la estancia donde duerme la princesa Nausícaa, la del lindo peplo, que está en edad de casarse, y le dice en sueños:

Despierta Nausícaa admirada del sueño y con ansias de boda. Acude a su padre el rey cuidando de ocultarle sus florecientes nupcias:

Al punto aparejan un carro de fuertes ruedas, propio para mulas en el que cargan sus espléndidos vestidos y una cesta con toda clase de gratos manjares y viandas. Una vez en el río de lavaderos perennes lavan la ropa y la tienden a secar al sol con orden en los guijarros de la costa. Nausícaa y sus esclavas se bañan, se ungen con pingüe aceite y se ponen a comer en la orilla del río hasta que, saciadas, juegan a la pelota, mas no todas:

Atenea hace que la pelota caiga en un remolino. Las esclavas gritan y despiertan a Odiseo que sale de entre los arbustos cubriendo sus partes verendas con una rama frondosa:

Nausícaa quedó sola e inmóvil pues Atenea le dio ánimo y libró del temor á sus miembros. Odiseo pide ayuda a la princesa con dulces e insinuantes palabras:

La princesa acoge al héroe pues no le parece ni vil ni insensato. Se presenta a él como la hija del magnánimo Alcínoo, cuyo es el imperio y el poder en este pueblo y le brinda alimentos: esclavas, dadle de comer y de beber y lavadle en el río, en un lugar que esté resguardado del viento. Después de lavarse y ungirse de pingüe aceite de la cabeza de Odiseo colgaban ensortijados cabellos que a flores de jacinto semejaban. Admiróse la doncella:

Para evitar habladurías y maledicencias le da a Odiseo instrucciones muy concretas de cómo llegar:

Odiseo llegó al bosque consagrado a Minerva cuando se ponía el sol. Se sentó en él y suplicó:

Temas y comentarios La intervención divina de Atenea y su protección   Atenea actúa como guía del héroe: — Entra en los sueños de Nausícaa haciendo que se aproxime a Odiseo, que necesita ayuda. — Sostiene la presencia de ánimo de la princesa, que no huye ante el náufrago desnudo de aspecto miserable (vv. 139-140): se quedó sola e inmóvil la hija de Alcínoo, porque Minerva dióle ánimo y libró del temor a sus miembros. Siguió, pues, delante del héroe sin — Tras el baño, embellece a Odiseo con un aura divina para que cause buena impresión en la corte feacia, haciendo que parezca más alto, vigoroso y atractivo (vv. 229-235): hija de Júpiter, hizo que apareciese más alto y más grueso, y que de su cabeza colgaran ensortijados cabellos que a flores de jacinto La hospitalidad sagrada (xenía)   Odiseo recibe la xenía por vez primera tras su forzada estancia con la ninfa Calipso en Ogigia (Canto V): Nausícaa le da vestido, aceite, comida y ayuda práctica para llegar a la ciudad y entrar en el palacio de Alcínoo. Esta recepción hospitalaria contrasta con la brutalidad de los cíclopes (Canto IX) o la impiedad (hybris) de los pretendientes (cantos I, II, XVII, XVIII, XX y XXII), y prefigura la acogida refinada de los feacios (cantos VI, VII y VIII). Astucia (metis) de Odiseo en su encuentro con Nausícaa   Odiseo suplica ayuda a la princesa con un discurso mesurado y halagador: la compara con Artemisa, mostrando su metis incluso en la miseria. Nausícaa responde con valentía, inteligencia y piedad, permaneciendo firme y dando instrucciones precisas para evitar habladurías. La transformación física y simbólica del héroe   Atenea embellece milagrosamente a Odiseo: lo hace más alto, vigoroso y con cabellos como jacintos. De náufrago cubierto de sal pasa a figura casi divina, simbolizando el paso del aislamiento salvaje a la reinserción social, preparado para presentarse ante Alcínoo y la realeza feacia. La plegaria final con reproche a Atenea   Odiseo implora ayuda a Atenea en el bosque sagrado de álamos consagrado a ella; pero le reprocha sin caer en la blasfemia que no siempre lo ayudó. El héroe se muestra humano: no es un súbdito pasivo de los dioses, sino una persona pragmática, valiente y directa, capaz de reclamarles por su abandono. Su tono respetuoso pero firme, refleja la relación ambivalente que mantiene con la divinidad: dependencia, confianza, pero también exigencia.

La ayuda de Atenea a Odiseo Este canto marca el inicio de una ayuda decidida de la diosa, contrastando con ausencias suyas anteriores.   Así, en la Telemaquia (cantos I-IV), Atenea ayudó más a Telémaco que a Odiseo. Y en el Canto V vimos inacción de la diosa o intervenciones limitadas en momentos críticos. Atenea logró en el Olimpo que Zeus ordenara a Calipso liberar a Odiseo y envíara a Hermes para transmitir la orden; pero después, cuando Poseidón desató la tormenta que destruyó la balsa de Odiseo tras diecisiete días de navegación, Atenea no actuó. Sólo intervino al final, calmando las aguas después del naufragio de Odiseo, y aconsejándolo para aferrarse a una roca. Odiseo se lo reprocha en su plegaria (vv. 324-328): hija de Júpiter, que lleva la égida! ¡Indómita deidad! Atiéndeme ahora ya que nunca lo hiciste cuando me maltrataba el ínclito dios que bate la . La ayuda de Atenea había sido tardía e indirecta.   A partir del Canto VI la protección de Atenea es más cercana, tangible y activa, tras el abandono que Odiseo sintiera en Ogigia y en el mar. Desde ahora la diosa hará apariciones frecuentes en los cantos siguientes: guía en el palacio de Alcínoo (Canto VII), ayuda en los juegos de Esqueria (Canto VIII), asistencia a Odiseo en Ítaca para ocultarlo y su transformación en mendigo (Canto XIII), y más.

Véase también Feacios Odisea Ilíada Eneida Anexo:Figuras de la mitología griega

Notas

Referencias

Bibliografía adicional

Enlaces externos Proyecto Perseus, Perseus Digital Library (en inglés). «Odisea, Libro 6», texto griego original, traducción y herramientas de análisis.

Categoría:Literatura antigua de la guerra de Troya