Isabelle Ferreras (nacida el 21 de agosto de 1975) es una socióloga y politóloga belga. Es profesora de sociología en la Universidad de Lovaina (Louvain-la-Neuve, Bélgica) donde está afiliada al Centre de recherches interdisciplinaires Démocratie, Institutions, Subjectivité. También es investigadora asociada sénior en el Programa de Trabajo y Vida Laboral de la Facultad de Derecho de Harvard. Además, Ferreras es miembro titular de la Fundación Nacional Belga para la Ciencia (FNRS, Bruselas). Desde la primavera de 2017 ha sido miembro del grupo denominado Classe Technologie et Société en la Real Academia de Ciencias, Humanidades y Artes de Bélgica, donde en 2021 y 2022 ocupa el cargo de presidenta de la academia, así como presidenta de su grupo.
Ferreras trabaja en sociología política, sociología económica y teoría política. Se interesa por temas como las experiencias de los trabajadores, la igualdad democrática en las sociedades capitalistas, el gobierno corporativo, las relaciones entre trabajadores y empleadores, los sindicatos y el mercado laboral. En 2017, Ferreras publicó un libro titulado "Las empresas como entidades políticas: Salvando la democracia mediante el bicameralismo económico", que recibió gran atención en el ámbito académico. También es cofundadora del movimiento #DemocratizingWork y coautora de su manifiesto.
Educación En 2004, Ferreras obtuvo su doctorado en sociología por la Universidad de Lovaina y una maestría en ciencias políticas por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). En 2000, Ferreras fue profesora visitante en la Universidad de Wisconsin-Madison. En 2005, se graduó del Programa Sindical de Harvard.
Obra Los intereses de Ferreras se centran en la tensión entre el Estado, las empresas y los trabajadores en un mundo globalizado, y en particular en la gobernanza de las empresas y la democracia en el lugar de trabajo. Ha desarrollado lo que denomina una «sociología política crítica del trabajo» y su trabajo se centra en lo que ella denomina la «contradicción capitalismo/democracia».
En 2016, Ferreras y Hélène Landemore publicaron un artículo donde argumentan que las empresas pueden considerarse análogas a los Estados. Afirman que las empresas deberían gobernarse democráticamente debido a sus similitudes organizativas. Ferreras y Landemore abogan por la necesidad de un mayor desarrollo de una teoría política de la empresa. Además, Ferreras ha realizado varios estudios de caso empíricos de trabajadores en colaboración con diferentes colegas académicos. Junto con Jean De Munck, ha examinado la voz de los trabajadores en los procesos de reestructuración de una planta de Volkswagen en Bruselas. En otro estudio de caso cualitativo, Ferreras ha examinado una cooperativa de autónomos llamada SMart-Belgium como un caso de «experimentación institucional democrática para un mejor trabajo», junto con Julien Charles y Auriane Lamine.
Las empresas como entidades políticas En su libro «Empresas como Entidades Políticas: Salvando la Democracia a través del Bicameralismo Económico » (2017), Ferreras expone su teoría del gobierno corporativo democrático, según la cual las empresas deben ser reconocidas como entidades políticas y constituyen la institución que, en las sociedades democráticas, expresa con mayor claridad la tensión entre el capitalismo y la democracia. Las empresas dirigen la economía global, pero están controladas por inversores de capital. Al adoptar decisiones de gestión, estos inversores no solo condicionan el futuro de la empresa, sino también el de los trabajadores y el de la comunidad en la que esta se inserta. Ferreras propone democratizar las empresas para que se adapten al contexto de las sociedades democráticas mediante la implementación del bicameralismo económico. El libro consta de tres partes principales:
Parte 1 – Historia crítica del poder en la empresa: la progresiva transición del trabajo de la esfera privada a la pública Ferreras describe la transformación histórica del trabajo en nuestra cultura, que ha pasado del ámbito privado al público. El trabajo ya no se limita a la esfera privada, marcada en su momento por normas feudales y domésticas, y más tarde por la organización fabril. En sus orígenes, el trabajo se articulaba en torno a la relación entre el trabajador, los objetos físicos y las máquinas destinadas a su producción.Hoy en día, el trabajo forma parte de la esfera pública y democrática, y se caracteriza especialmente por el trabajo de servicios. Dado que esta forma de trabajo se centra en la relación entre trabajadores y clientes, el trabajo se vuelve inherentemente político. Además, las empresas industriales han introducido una estructura democrática de negociación y toma de decisiones entre empleados y trabajadores.
Parte 2 – ¿Qué es una empresa? Ferreras sostiene que las empresas no son únicamente estructuras jurídicas. A su juicio, también deben entenderse como entidades políticas, ya que en ellas se desarrollan actividades laborales y relaciones entre los empleados que trascienden el marco estrictamente legal. No obstante, las empresas siguen siendo consideradas espacios privados, lo que permite la persistencia de sistemas de jerarquía y dominación en el ámbito público. En este contexto, Ferreras considera ilegítimo el gobierno privado ejercido por los inversores de capital.
Ferreras distingue la existencia de dos tipos de racionalidad dentro de la empresa. La denominada racionalidad instrumental hace referencia al conjunto de normas que orientan la actividad empresarial hacia la producción de bienes externos, como la rentabilidad financiera para los inversores. Un ejemplo de este tipo de racionalidad se da cuando el trabajador concibe su actividad únicamente como un medio para obtener un salario. La segunda forma es la racionalidad expresiva, que caracteriza un conjunto distinto de normas y se manifiesta cuando el trabajador expresa su identidad y su compromiso personal con el trabajo. Esto sucede cuando se vincula a la empresa, por ejemplo, estableciendo relaciones con otros trabajadores o identificándose con la tradición empresarial. En estos casos, el trabajo deja de percibirse solo como un medio para un fin y pasa a estar marcado por ideales morales, éticos y políticos. Según Ferreras, ambas racionalidades entran en tensión, y el sistema bicameral que propone permitiría equilibrar la racionalidad instrumental con la expresiva.
Parte 3 – Mirando hacia el futuro: Del bicameralismo político al bicameralismo económico Ferreras propone organizar las empresas en un sistema bicameral de gobierno corporativo inspirado en las legislaturas políticas bicamerales. La idea es que esta organización de las empresas otorgue a los trabajadores los mismos derechos que a los inversores de capital. Tanto los inversores de capital como los trabajadores son esencialmente "inversores" en una empresa, aunque de diferentes maneras, y por lo tanto deberían tener la misma voz. El gobierno de las empresas debería incluir dos órganos representativos operativos, uno para los inventores capitalistas y otro para los trabajadores de la empresa. Las decisiones importantes de la empresa deberían aprobarse por mayoría de votos en cada órgano. De esta manera, los consejos de accionistas y los consejos de trabajadores deben acordar y adoptar los mismos textos y decisiones estratégicas. Ambos órganos tienen poder de veto, lo que significa que deben alcanzar acuerdos para que el gobierno de las empresas pueda legitimarse.
Inspiraciones y enfoque académico En su trabajo académico, Ferreras está influenciada e inspirada por Jürgen Habermas,Amartya Sen, Jean-Phillippe Robé, Joel Rogers y Joshua Cohen y Erik Olin-Wright.
Ferreras se considera una científica crítica y se inspira en la idea de Jürgen Habermas del científico social crítico, cuyo trabajo se basa en el interés constitutivo del conocimiento para emancipar a la humanidad ( Conocimiento e Interés Humano ). Busca ayudar a los ciudadanos a comprender mejor su situación en el momento histórico específico que viven, para contribuir a su capacidad de buscar la autonomía a nivel colectivo e individual y para influir en su propio futuro. Metodológicamente, trabaja hermenéuticamente para identificar las intuiciones críticas de los actores sociales sobre las situaciones que enfrentan.
El movimiento #DemocratizingWork En mayo de 2020, Isabelle Ferreras, Julie Battilana y Dominique Méda iniciaron una iniciativa global para democratizar el trabajo y los lugares de trabajo. Llaman la atención sobre cómo la pandemia de COVID-19 ha puesto de relieve lo que consideran "grietas y vulnerabilidades" de nuestra economía y sistema político. En concreto, las malas condiciones laborales de los trabajadores que mantuvieron a las sociedades en funcionamiento durante la crisis de la COVID-19 implicaron riesgos tanto mentales como físicos. Los autores señalan que los trabajadores suelen ser "miembros de comunidades radicalizadas, migrantes y trabajadores de la economía informal" a los que denominan "trabajadores esenciales". Los autores abogan por una "democratización de las empresas" y por que los trabajadores tengan voz y formen parte de la gobernanza de una empresa, así como por un aumento salarial. Además, Ferreras, Battilana y Méda argumentan que la vida de los trabajadores no debería regirse únicamente por las fuerzas del mercado y los inversores de capital. Hacen un llamado a la "desmercantilización del trabajo" y afirman que los humanos no son solo recursos o mercancías que instrumentalmente prestan un servicio a un empleador. Por el contrario, las personas se involucran y se involucran en sus trabajos, lo que Ferreras llama "inversión laboral". Las tres académicas han resumido su mensaje en un "manifiesto de trabajo" publicado en el libro Le Manifeste Travail – Démocratiser, Démarchandiser, Dépolluer. Poco después de anunciar públicamente la iniciativa como comunicado de prensa en 36 países, otras cinco académicas respaldaron el proyecto para crear conciencia en la comunidad académica de diferentes disciplinas. Se trata de Julia Cagé, Lisa Herzog, Sara Lafuente Hernandez, Hélène Landemore y Pavlina Tcherneva.
La iniciativa ha recibido amplia atención tanto en los medios de comunicación globales como entre los académicos. Hasta mayo de 2021, más de 6.700 personas habían firmado la iniciativa.
Informe encargado por el Gobierno español: Dos promesas a quienes trabajan: voz y propiedad El día 21 de febrero de 2025 en Madrid, compuesta por 13 expertas y expertos de España y de todo el mundo, la Comisión Internacional de Expertas y Expertos de Alto Nivel sobre la Democracia en el Trabajo fue creada por el Gobierno español con una misión clara: implementar el artículo 129.2 de la Constitución. Para cumplir su misión, la Comisión necesitaba identificar las herramientas necesarias para desarrollar una estrategia concreta de democratización del trabajo, un esfuerzo encaminado a fortalecer la calidad democrática, reducir la desigualdad y preparar a las sociedades para afrontar los retos de nuestro tiempo. En consecuencia, la Comisión trazó un camino hacia una auténtica democracia económica, describiendo maneras de democratizar las empresas y reuniendo el conocimiento y los instrumentos necesarios no solo para España, sino también para otros gobiernos europeos interesados en reimaginar el futuro del trabajo. Isabelle Ferreras actuó como Presidenta de la Comisión.
La Comisión de Personas Expertas tenía como misión examinar la aplicación del artículo 129.2 de la Constitución española como posible solución a la situación de crisis múltiple a la que se enfrentan España y todos los países del mundo, caracterizada por el aumento de la desigualdad económica y social y el agotamiento de los recursos naturales, lo que amenaza el futuro sostenible de todos.
El trabajo de la Comisión de Personas Expertas se dividió en tres mandatos: