Las ermitas de sanación en Guipúzcoa (País Vasco, España) son lugares de culto asociados tradicionalmente a prácticas de religiosidad popular relacionadas con la prevención y el tratamiento de enfermedades. Estas creencias forman parte de la medicina popular y combinan la devoción a determinados santos y advocaciones religiosas con rituales a los que se atribuían propiedades curativas.
Entre las prácticas documentadas se encuentran las oraciones, el contacto con imágenes religiosas, la utilización de agua procedente de fuentes vinculadas a las ermitas y la realización de determinados ritos físicos. Las personas acudían a estos lugares para solicitar la curación de enfermedades, aliviar dolencias o pedir protección frente a distintos problemas de salud. miniaturadeimagen|327x327px|Ermita Santa Marina de Asteasu
Elementos simbólicos Los principales son los siguientes: El agua: Muchas ermitas están situadas junto a fuentes a las que se atribuyen propiedades medicinales. No es solo agua bendita, sino "agua de vida" a la que se atribuían propiedades curativas y que podía beberse o aplicarse sobre el cuerpo. Los exvotos: Son objetos (figuras de cera, muletas, cuadros) que los fieles dejaban en la ermita como agradecimiento por la curación. En algunos casos, los exvotos representaban la parte del cuerpo afectada. El contacto físico: Entre los rituales documentados figuraban el contacto con imágenes religiosas y reliquias.
Principales ermitas sanadoras Estos son algunos ejemplos: Enfermedades de garganta: ermita de San Blas en Tolosa. Los fieles acudían con panes rodeados de cordones para su bendición, que posteriormente se colocaban alrededor del cuello como protección frente a las afecciones de garganta.
Dolores de cabeza: ermita de Nuestra Señora de Zikuñaga, en Hernani, y ermita de Santa Marina, en Asteasu. En estos lugares se practicaban rituales relacionados con la introducción de la cabeza en determinados huecos, a los que se atribuían propiedades curativas.
Retraso en aprender a andar: ermita de San Esteban, en Oñate. Las familias acudían a este lugar para solicitar que los niños comenzaran a caminar.
Retraso en el habla y tartamudez: ermita de Santa Engracia, en Aizarna. Las familias acudían con sus hijos para solicitar remedio frente a las dificultades en el desarrollo del habla.
Trastornos del sueño infantil: ermita de Santa Marina, en Asteasu, y santuario de Nuestra Señora de Uba, en Altza. Ambos lugares estaban vinculados a prácticas de religiosidad popular relacionadas con los problemas del sueño de los niños.
Niños llorones: ermita de San Bartolomé, en Cegama, y ermita de San Juan, en Anoeta. Las familias acudían a estos lugares con niños que lloraban de manera persistente.
Enfermedades de la vista: Santa Lucía, en Oñate, Nuestra Señora de Uba, en Altza, y la imagen de Santa Lucía venerada en San Esteban de Goiburu, en Andoáin. A estos lugares se acudía para solicitar la protección de la vista y el alivio de las enfermedades oculares.
Enfermedades de la piel: ermita de San Prudencio, en Lazcano. Se acudía a ella para solicitar la curación de tumores o quistes, aplicándose tradicionalmente sobre las zonas afectadas aceite procedente de la lámpara votiva. Estas creencias y prácticas de religiosidad popular han sido objeto de investigaciones etnográficas, entre ellas las realizadas en el marco del Atlas Etnográfico de Vasconia, proyecto impulsado por José Miguel de Barandiarán.
Véase también
Hospitales medievales en Guipúzcoa
Referencias
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