thumb|right|250px|Imagen de la carta satírica The Poor-Whores Petition.

Los disturbios antiburdeles de 1668 (también llamados disturbios de Messenger, por el nombre del alborotador Peter Messenger) tuvieron lugar en el Londres del siglo durante varios días de marzo, en la Semana Santa de 1668. Fueron provocados por los disidentes, que resentían la proclamación del rey contra los conventículos (cultos privados laicos), Greaves, Richard L. (1990). Enemies Under His Feet: Radicals and Nonconformists in Britain, 1664-1677. Stanford University Press, p. 195. mientras hacía la vista gorda ante los burdeles, igualmente ilegales. Greaves, Richard L. (2002). Glimpses of Glory: John Bunyan and English Dissent. Stanford University Press, p. 225. Miles de jóvenes sitiaron y demolieron burdeles en todo el East End, agrediendo a las prostitutas y saqueando las propiedades. Como lo describe el historiador Tim Harris:

Estos no fueron los primeros disturbios contra los burdeles en el Londres del siglo . Entre 1603 y 1642, se produjeron al menos veinticuatro disturbios el Martes de Carnaval (en su mayoría ataques de aprendices a burdeles y teatros con el pretexto de eliminar las fuentes de tentación durante la Cuaresma). Borsay, Peter (2014). The Eighteenth-Century Town: A Reader in English Urban History 1688-1820. Routledge. En cierta medida, se toleraban y rara vez se castigaba severamente a los implicados. Harris, T. (September 1986). "The Bawdy House Riots of 1668", en The Historical Journal, 29 (3): pp. 537–556. Sin embargo, los disturbios de 1668 fueron diferentes tanto en magnitud como en duración, ya que participaron miles de personas y se prolongaron durante varios días. A raíz de ellos, quince de los alborotadores fueron acusados de alta traición y cuatro presuntos cabecillas fueron condenados y ahorcados.

Samuel Pepys registró los acontecimientos en su diario los días 24 y 25 de marzo. Documentó el ataque a la propiedad de Damaris Page, dueña de un burdel, «la gran alcahueta de los marineros», «la alcahueta más famosa de la ciudad». Era una figura muy impopular debido a su práctica de reclutar a la fuerza a sus clientes, trabajadores portuarios, para la marina, y su casa de citas fue uno de los primeros objetivos de los disturbios. Compareció ante un magistrado local, Robert Manley, como víctima de los disturbios que había perdido importantes propiedades; fue una de las principales testigos contra Robert Sharpless, uno de los instigadores de los disturbios. Su testimonio tuvo un peso significativo durante el juicio, a pesar de ser una mujer soltera y propietaria de un burdel. Mowry, Melissa (2004). The Bawdy Politic in Stuart England, 1660–1714: Political Pornography and Prostitution. Ashgate Publishing, p. 89.

Durante los disturbios, se produjeron ataques contra la corte, el duque de York y los obispos. Se exigió la tolerancia religiosa y entre las consignas de los manifestantes se encontraba «¡Libertad de conciencia!». Los alborotadores redactaron «peticiones falsas» de las «pobres prostitutas» en las que se hacía hincapié en el apoyo a las prostitutas por parte de los católicos y de los anglicanos que lideraban la campaña contra el culto no conformista. Y una sátira dejó claro este punto en el debate sobre un proyecto de ley que se iba a aprobar en el Parlamento para la «tolerancia total de todos los burdeles», pero para la supresión de «todos los sermones, impresos, reuniones privadas, conventículos, etc». Marshall, John (2006). John Locke, Toleration and Early Enlightenment Culture. Cambridge University Press, p. 131.

Las prostitutas y propietarias de burdeles como Damaris Page y Elizabeth Cresswell, que se habían visto afectadas por los disturbios, publicaron La petición de las pobres prostitutas, una carta satírica dirigida a la amante del rey Carlos II, Barbara Villiers, lady Castlemaine. En ella le pedían que acudiera en ayuda de sus «hermanas» y pagara la reconstrucción de sus propiedades y medios de vida, y se burlaban de la extravagancia y el libertinaje de lady Castlemaine y la corte real. El comportamiento del rey, que había mantenido una serie de aventuras extramatrimoniales con cortesanas famosas, y el libertinaje de su corte se consideraban una de las causas de los disturbios.

Pepys menciona que los disturbios se percibían como manifestaciones antimonárquicas por parte de los aprendices de la clase trabajadora centrados en Moorfields, con ecos del puritanismo de la época cromwelliana. Señaló: «Cómo estos holgazanes han tenido la confianza de decir que hicieron mal en contentarse con derribar los pequeños burdeles, y no fueron a derribar el gran burdel de Whitehall».

Referencias

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