ʿAbd al-ʿAzīz ibn Shuʿayb ibn ʿUmar al-Qurṭubī al-Ballūṭī (En árabe: عبد العزيز بن شعيب بن عمر القرطبي البلوطي), conocido como Kouroupas (En griego: Κουρουπᾶς) en las fuentes bizantinas, fue el décimo y último emir de Creta. Gobernó desde el año 949 d. C. hasta la reconquista bizantina de la isla en 961 d. C.

Antecedentes Históricos La revuelta del arrabal de Secunda, en Córdoba, en marzo del año 818 d. C. contra el emir Al-Haquem I se había saldado con la muerte de miles de cordobeses y con el exilio de los supervivientes. Se calcula que unas 22.000 familias (más de 130.000 personas), entre musulmanas y cristianas, partieron al exilio cruzando el estrecho. Después de asentarse una parte en Fez el resto prosiguió hasta acabar conquistando la ciudad de Alejandría. De allí acabaron siendo expulsados por los abbasidas en el año 827 d. C. y haciéndose a la mar conquistaron Creta y otras islas del Egeo. Instauraron un emirato tributario de Bagdad con capital en la ciudad por ellos fundada, “Khandaq” (más tarde Candia, actual Heraclión).

Durante el periplo, uno de los integrantes llamado Abũ Hafs se había erigido líder. Era oriundo del Valle de los Pedroches y tras la conquista de la isla mediterránea fue nombrado primer emir. De esta forma inició una dinastía que reinó en Creta durante siglo y medio.

El territorio que estuvo bajo control del nuevo emirato no se ciñó solo a Creta, sino que se extendió a las islas de Thera (actual Santorini), Paros, Naxos, Kíthera, Sifnos, Astypálaia, Anydros, Íos, Melos, e incluso Egina (frente a Atenas).

La creación de una flota marítima fue uno de los pilares del estado cretenseandalusí y fue fundamental para no solo mantener el poder en los citados territorios sino también para mantener a raya a su principal enemigo: el Imperio Bizantino.

A lo largo del casi siglo y medio fueron numerosos los enfrentamientos entre ambos adversarios y fueron casi todos ellos fueron favorables a los descendientes de los desterrados de Córdoba. Los bizantinos tuvieron que hacer frente tanto las incursiones de los sarracenos de Creta como las de Levante, que utilizaron Creta como base avanzada o escala.

Debido a esto y a la situación de tener al enemigo en pleno corazón del estado (el mar Egeo) se llegó a generar un sentimiento de miedo y de respeto hacia los cretenses que se mantuvo hasta que a mediados del s. X, reinando a un lado Romano II (959-963) y a otro ʿAbd al-ʿAzīz ibn Shuʿayb y una vez recuperado económica y militarmente el Imperio se decidió poner fin a la situación por medio de un estrategos cuyo nombre tendría recorrido en la historia: Nicéforo Focas.

Ascendencia, gobierno y defensa del emirato ʿAbd al-ʿAzīz ibn Shuʿayb gobernó durante 12 años. Como su propio nombre indica era hijo de Shu'ayb II, octavo emir quien reinó aproximadamente entre 940 y 943 y sobrino de Ali ibn Ahmad, a quien sucedió en el trono. Su linaje se remontaba al conquistador y primer emir, Abu Hafs Umar al-Iqritishi. Los crónistas bizantinos le daban ampliamente el apelativo de “koroupas”, derivado de su apellido árabe “al-Qurtubi”, el cordobés. miniaturadeimagen|Los árabes de Iberia. En la única descripción que sobre él existe, Theodosios Diáconos nos presenta al último emir de Creta, como “viejo, pálido, lleno de dolores, pequeño, calvo y de rostro feroz”.

Los registros sobre su gobierno interno son fragmentarios, pero se sabe que mantuvo la tradición de hostigamiento a los bizantinos y de establecimiento de relaciones comerciales marítimas previas.

Durante su reinado, el emirato enfrentó crecientes presiones bizantinas. La estabilidad en otras fronteras del imperio y la paz con los búlgaros contribuyeron a la organización de un contingente amplio al mando de un general experimentado. De esta forma, al sur de Éfeso se reunió el contingente bizantino para preparar la invasión definitiva.

Abd al-Aziz mantuvo su posición. Los preparativos de guerra por su parte no se hicieron esperar. Desplegaron sus contactos internacionales buscando ayuda de los estados aliados. Si bien estos intentos más o menos desesperados no están tan documentados ya que no se mencionan en las fuentes bizantinas y en las árabes se mencionan escasamente.

Se sabe que los enviados de El cordobés acudieron primero ante el sultán ijsidí de Egipto, Unujur ibn al-Ijshid, poco inclinado a acudir a socorrer al emir cretense. Ante la falta de ayuda egipcia, los cretenses recurrieron al califa fatimí al-Mu'izz li-Din Allah para el cual si bien era una oportunidad de oro para presentarse como el verdadero campeón de la yihad a los ojos del mundo islámico no pudo o no tuvo tiempo de reaccionar antes de la catástrofe. Por último, el Califato Omeya de Córdoba tampoco reaccionó.

Varias circunstancias contribuyeron a que no se desarrollase una fuerza de apoyo. Por una parte, los dirigentes de los estados musulmanes estaban enfrentados y por otra, los espías que fueron enviados para valorar la preparación de las tropas de Nicéforo Focas regresaron a sus países transmitiendo la importante organización y la resolución a conquistar la isla que pudieron atestiguar.

La flota del emirato no se atrevió a atacar a la flota del estrategos Focas debido a su buen equipamiento naval, si bien se cree que algunas escaramuzas pudieron tener lugar. miniaturadeimagen|Representación del asedio de Chandax. En junio o julio de 960, el general y futuro emperador desembarcó en Creta con una flota de 308 barcos y 27.000 hombres, derrotando la resistencia inicial musulmana. Abd al-Aziz se refugió en la capital, Chandax, donde resistió un largo asedio que duró todo el invierno de 960-961. Según León el Diácono, la flota de Focas estaba compuesta por muchos dromones dotados de fuego griego.

Nicéforo intentó inicialmente apoderarse de Chandax por asalto, pero cuando no lo consiguió, decidió a someterla a un largo asedio. Para ello construyó un campamento fortificado frente a la ciudad y dispuso la flota a salvo en un fondeadero y cercano que le permitía bloquear la ciudad y destruir cualquier contacto naval enemigo.

La negativa de los estados islámicos a ayudar a sus aliados bajó la confianza de los musulmanes de creta y propició que se iniciase la evacuación de parte de la población de la capital si bien la mayoría permaneció en la ciudad durante el asedio hasta su capitulación.

Pérdida, cautiverio y consecuencias Tras un sitio de la ciudad duró aproximadamente 8 meses durante los cuales la hambruna y las enfermedades causaron estragos en la población cretense. Finalmente, el día 7 de marzo del año 961 la ciudad capituló y tras ella lo hicieron todas las provincias, así como las islas menores. Posterior a la rendición siguió una encarnizada matanza, acompañada de saqueo y destrucción; la toma de Khandaq se convirtió en un baño indiscriminado de sangre.

Ya fuese bien por la pérdida de vidas durante el asedio y la guerra como por la huida de parte de la población la repoblación de la isla posterior fue una necesidad. Esta se realizó con miles de soldados “bárbaros” aliados de su ejército que iban acompañados de sus familias. De manera que Creta fue repoblada con armenios, tsáconas, rusos y eslavos, entre quienes se distribuyeron tierras fértiles, y con el paso del tiempo constituyeron la nueva aristocracia cretense. miniaturadeimagen|Monasterio de Lavra en el Monte Athos. Debido al saqueo y a las pocas fuentes provenientes de los que fueron vencidos tenemos que intuir la riqueza del emirato cretense a través de datos secundarios tales como las riquezas del botín que se recogió en la campaña. Fueron 300 los barcos que se necesitaron para transportarlo y éste incluía según León el Diácono alfombras orientales,labores y tejidos en sedas e hilos de oro, armas de oro y plata, lámparas y puertas talladas en bronce, relieves en piedra, y, en general, objetos de arte de exquisita elegancia. Las puertas cinceladas en bronce del monasterio de Lavra, en Athos, procedían del botín obtenido en Creta y fueron arrancadas de sus mezquitas y palacios antes de su demolición.

Por otro lado, aquellos cretenses que habían escapado antes del sitio se dirigieron en barco principalmente hacia tres áreas de Dār al-Islām: Alejandría, Sicilia y España. En la ciudad del delta del Nilo los refugiados fueron fácilmente acogidos y sus barcos fueron incorporados a la fuerza naval preexistente. Aquellos que emigraron a Sicilia también fueron bien recibidos por la dinastía semiindependiente de los kalbitas. El tercer grupo de refugiados terminaron en Andalucía, la tierra que vio salir a sus ancestros.

Abd al-ʿAzīz ibn Shuʿayb fue capturado por las tropas bizantinas, así como su hijo mayor (Al-Nu’man, Anemas en griego) y toda su familia. Fueron llevados a Constantinopla dónde fueron exhibidos en la procesión triunfal organizada para celebrar la victoria de Nicéforo Focas.

Posteriormente, les otorgaron regalos y una finca, probablemente en las afueras de la ciudad o en una zona rural cercana, para que él y su familia se instalaran. Así mismo el Emperador Romano II le ofreció ser senador, propuesta que declinó al no aceptar el requisito de convertirse al cristianismo. Su hijo, Anemas, si se convirtió y entró al servicio Bizantino, luchando para el emperador. Murió en el sitio de Dorostolon en el 971. Algunos investigadores modernos consideran que la familia de la aristocracia bizantina Anemas descienden de este personaje.

Herencia del emirato de Creta miniaturadeimagen|Emirato de Creta La situación geográfica de Creta la ha convertido en un cruce de caminos importante en la historia por lo se ha convertido en una mezcla de culturas que han pasado por la isla. De los años de dominio islámico existen grandes trabajos de investigación basados en evidencias escritas, pero apenas se han realizado estudios arqueológicos, manteniéndose la mayoría de los objetos recuperados permanecen sin estudiar en los distintos archivos arqueológicos.

Los materiales encontrados son principalmente cerámicos, en los que se puede apreciar su gran similitud con los utilizados en diferentes zonas del dar al-Islam, así como monedas de las diferentes épocas del emirato.

Referencias

Fuentes Canard, Marius. (1971). «Iḳrīṭis̲h̲». En Lewis, B.; Ménage, V. L.; Pellat, Ch. & Schacht, J. (eds.). La enciclopedia del Islam, segunda edición. Volumen III: H-Iram. Leiden: E. J. Brill. pp. 1082– 1086. https://search.worldcat.org/es/title/495469525 Kazhdan, Alexander'''', Ed. (1991). El Diccionario Oxford de Bizancio. Oxford y Nueva York: Oxford University Press. ISBN 0-19-504652-8. ISBN 0-19-504652-8. Miles, George C. (1964). «Bizancio y los árabes: relaciones en Creta y en el área del mar Egeo»''. Dumbarton Oaks Papeles. 18 : 1– 32. doi : 10.2307/1291204. https://www.jstor.org/stable/1291204

Categoría:Monarcas de Europa del siglo X Categoría:Árabes del siglo X Categoría:Emires de Creta Categoría:Personas de la periferia de Creta